Historia

“A partir de cierto punto no hay retorno posible. Ese es el punto al que hay que llegar”. Kafka

Mi foto
Nombre: wilder buleje
Lugar: Lima, Lima, Peru

viernes, agosto 18, 2006

Una vez una voz

Índice

Subamérica
"La desigualdad es la peor marca de América latina"
Bernardo Kliksberg
"País"
"Anarquía"
"Un viaje con Fuentes"
Martín Caparrós
"Hombres y engranajes"
Ernesto Sabato
"Nueva Argentina"
Jorge Lanata
"Los buitres"
Martín Sivak
"Dura crítica a las razones de la crisis argentina"
Entrevista a Alain Touraine
"A Cavallo lo inventó Julio Ramos"
Entrevista a Roberto García
"Ojo por ojo"
Umberto Jara
"Qué país"
Martín Caparrós
"El enigma brasileño"
Jorge Edwards
"La musa de la historia"
Derek Walcott
"La seducción del poder"
Conversación entre Mario Vargas Llosa y Enrique Krauze
"¿Por qué fracasa América Latina?"
Mario Vargas Llosa
"Independencia y malinchismo"
Revista Proceso
"Las venas abiertas de América Latina"
"Malas costumbres"
Eduardo Galeano

China
"China, megapotencia"
Ignacio Ramonet

Europa
"Este mundo de la injusticia globalizada"
José Saramago

"El arte de documentar la historia"
Robert Fisk

África
"Los escritores, si escribimos con honestidad, lentamente podemos ir transformando el terreno"
Nadine Gordimer

América sin norte
"Las próximas guerras"
Seymour Hersh
"Dejen a Dios fuera de esto"
John Le Carre
"El petróleo y la hegemonía del dólar"
Luis Aguilar
"EE.UU. y su guerra con el reino invisible de Satán"
Norman Mailer
"Las drogas del miedo y la ilusión"
Michael Moore
"1492: La primera invasión de los globalizadores"
Entrevista a Noam Chomsky
"Cómo ganó Bush las elecciones del 2004"
Sandeep S. Atwal
"La estrategia Bush-Cheney: procurarse el petróleo del mundo"
Michael T. Klare

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miércoles, agosto 16, 2006

Lanata Argentina

Nueva Argentina

Jorge Lanata

En la medianoche del último día de la primavera del año 2001, en la Plaza de Mayo, dio sus primeros pasos una Nueva Argentina: en la plaza estaban el pibe de la ferretería que se quedó sin laburo y la chica del quinto piso que se duerme en la clase de inglés, y el comerciante cínico y porteño, aburrido de la vida, y los chicos de la facultad, y la señora del ingeniero, y el ingeniero que fue a regañadientes, y el matrimonio de porteros, y las chicas del sindicato mezcladas con las vendedoras de la galería, y los viejitos desesperados, y las viejitas que se empapan de cerveza, y el flaco de la vuelta que no puede zafarse de las changas y encontrar un laburo como Dios manda. En la plaza, en la medianoche del 20 de diciembre, estaban las tres hijas del doctor y el inspector de colectivos, y la maestra jubilada, y el médico que no terminó la residencia, y el dilettante de café, y el vendedor de flores y todos los que temen al futuro, los que desean y temen, y estaban ahí, enojados pero sonrientes, con la sonrisa de los que se animaron, de los que se animaron a ir hasta allá, hasta más allá, convocados por nadie, es decir por todos, todoconvocados, autoconvocados, estaban todos ahí sonrientes, y enojados, diciendo que no, diciendo que Cavallo hijo de puta, la puta que te parió.

Yo aprendí anche en la plaza que la gente, cuando marcha hacia la Historia, no va por la vereda, sino que camina por el medio de la calle. Yo había visto gente caminando por el medio de la calle hace mucho, hace muchas argentinas, cuando Perón llegaba a Ezeiza, y la gente iba al aeropuerto a pie, caminando por el medio de las avenidas y por encima de las aguas del río Matanza. Y fue anoche cuando lo recordé, viendo ahora a la gente caminar por el medio de la Nueve de Julio hacia la Plaza. Marchaban hacia la Historia y fue por eso que nadie permitió en aquella plaza que hubiera banderas distintas de la celeste y blanca, con la misma lógica que, horas atrás, Elisa Carrió me había dicho en un programa de televisión: hay que pulverizar a los políticos...esto no cambia si solamente se va Cavallo, porque De la Rúa, y Puerta, y Menem y todos son iguales. Acá hay que usar la lógica del puchero me dijo Carrió, y yo le pregunté cuál es, y ella explicó:

-¿Viste que arriba del puchero, cuando se enfría, se queda toda una capa gruesa de grasa? Bueno, a esa capa hay que sacarla toda y hay que recuperar la zanahoria y la verdurita...

Y ahí estaban, todos, en el comienzo de la recuperación de la verdurita, todos cantándole Cavallo hijo de puta en su casa de Ocampo y Libertador, y todos otros allá, en la plaza, y en el Congreso, y en Pueyrredón y Santa Fe, y en Córdoba y no sé qué, y en todos lados donde fuera necesario sacar aquella capa amarillenta, de grasa vieja, llena de Escasanys, y Cavallos, y Cotos, y Antonitos, y Menems, Ruckaufs y De la Sotas, y complete usted la frase.

Iba a decir que a la una y media terminó la noche pero en verdad habría que señalar que a la una y media empezó el nuevo día, a la una y media de la mañana del 20 de septiembre del 2001, Y el nuevo día empezó con un llanto, porque en el momento exacto en que el gobierno anunció la renuncia de Cavallo la policía empezó a disparar gases en la plaza lacrimógena, y la gente se dispersó hacia el Obelisco.
Esta historia empezó, en realidad, hace veinticinco años, y es la eterna historia de los acreedores y los ministros de lapicera fácil, que no tengo tiempo de contar ahora. Ahora solamente quisiera recordar que el día anterior a aquel último día de la primavera del año 2001 será recordado como el día de los saqueos y los cinco muertos, como aquel día en el que la gente les gritaba "¡Queremos trabajo!" a las cámaras de televisión, como aquel día en que decenas de miles de hambreados y unos pocos pescadores de aguas turbias salieron a buscar comida. Y hubo también, aquel día, un presidente que no escuchó y que -dicen las crónicas de la época- no escuchaba nunca. Pero la Historia no se acuerda de los sordos: que el presidente continúe durmiendo, y el viento sople solo.

@ revista veintitrés 2001

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Brasil

El enigma brasileño


Jorge Edwards

Cuando preparaba un primer viaje a Brasil a comienzos de 1957, a mis veinte y tantos años de edad, me encontré en una de las galerías de la Biblioteca Nacional de Chile con Raúl Silva Castro, crítico de la vieja escuela, hombre amable, generoso, de cultura literaria. Silva Castro escuchó mi proyecto y puso cara de pregunta o de duda. 'Brasil', me dijo al fin, 'es un país enorme, pero demasiado aislado por el idioma'. Repetí la frase a mi llegada a Río de Janeiro y el asunto se convirtió de inmediato en un chiste de grupo. '¡Un país muy aislado!', exclamaban mis amigos de Río, y soltaban la risa. Lo que ocurre es que la conciencia del enorme tamaño de Brasil, de su fuerza, de su capacidad no bien aprovechada, no bien entendida por el resto del mundo, es algo que domina y que se nota en todos los sectores del país. Yo había conocido desde Chile a escritores, poetas, cronistas, gente que suele tener una visión crítica o por lo menos irónica de estas cosas, y me sorprendía la sensación compartida por todos ellos de lo grande, lo original, lo único de la nación brasileña. No era fácil comprender a fondo el tema: entrar de verdad en el secreto. Porque en aquella sensación de grandeza había elementos de irritación, de frustración. Brasil era el país del futuro, como había escrito Stefan Sweig, pero parecía que ese futuro siempre quedaba postergado, que no llegaba nunca. Y no se sabía con exactitud, con claridad, de quién era la culpa.
En los días de ese primer viaje a Río se decidió el concurso del llamado Plano Regulador de la futura capital, Brasilia, construida por el presidente Juscelino Kubitschek en cumplimiento de un mandato constitucional. Se trataba de colocar la capital del país en el centro del vasto territorio, lejos de la delgada franja costeña, y se pensaba que así la nación conseguiría, por fin, el impulso que le faltaba, que daría el gran salto hacia el primer plano del escenario internacional. Mis amigos me llevaron a la casa, en los primeros contrafuertes de la 'floresta' del sur de Río de Janeiro, del arquitecto Óscar Niemayer, el diseñador del Parlamento, del Palacio de la Alborada, de los principales edificios públicos de la futura ciudad. Me acuerdo de haber cambiado un par de palabras con el arquitecto finlandés Alvar Aalto, uno de los miembros del jurado que acababa de premiar la propuesta de Lucio Costa. Se respiraba en el aire el concepto de la arquitectura en su forma utópica, extrema: la creación de una ciudad desde la nada, a partir de la mente humana, para la perfección de los hombres, algo así como un nuevo Renacimiento, y un Renacimiento que iba a tener lugar, esta vez, precisamente, en el Nuevo Mundo. Visité Brasilia casi treinta años más tarde, en los comienzos de la transición política brasileña, de su salida de la dictadura, y tuve la clara impresión de que la utopía inicial había perdido el rumbo hacía rato. Los buses cargados de empleados y de obreros partían en las tardes hacia un conjunto lúgubre de ciudades satélites. Los funcionarios hacían largas colas en el aeropuerto cada viernes en la tarde para escapar de la utopía por un par de días. Como se sabe, los utopismos, los milenarismos, las fundaciones y las refundaciones son parte de la historia latinoamericana. En el caso de Brasil, ese gigante aislado, como me dijo el crítico chileno, los intentos milenaristas son una historia siempre reveladora y mal conocida.
En estos días, en la misma biblioteca donde me encontré hace casi medio siglo con Silva Castro, acabo de toparme con un libro divertido y casi desconocido, Tres meses en Río de Janeiro, obra publicada en 1911 por Joaquín Edwards Bello. El joven autor había publicado su primera novela, El inútil, en 1910. Fue tan grande el escándalo en el mundillo social santiaguino, que Joaquín, el inútil de Joaquín, como se decía en la casa de mi abuelo paterno, optó por esconderse en una casa de mala fama de la calle Borja, allá por el barrio de la Estación Central. Poco después tomó un tren a Buenos Aires y se embarcó en un barco de carga a Río de Janeiro. Trabajó de botones en un hotel barato, fue reconocido ahí por un amigo de la familia e instalado en el Gran Hotel Sul América, en una especie de casa de campo tropical situada en la elegante Rua do Catete. Edwards Bello cuenta que en las habitaciones de al lado de la suya vivían el mariscal y senador Pires Ferreira con su esposa y su hija. El mariscal se había distinguido en la llamada Guerra de Canudos y había derrotado a Antonio Conselheiro, el profeta iluminado, el personaje de Euclides da Cunha y de Mario Vargas Llosa, en la última de las batallas de aquel conflicto, es decir, para entonces, en el último de los episodios del porfiado milenarismo latinoamericano. La hija del mariscal era un ser dulce, melancólico, encantador. Pires Ferreira, en cambio, era conocido como Vaca Brava. Vaca Brava contra los místicos del noreste. A Joaquín, a sus 23 años, por el hecho de andar bien lavado y bien vestido, con la ayuda del amigo de la familia, lo trataban de 'Excelencia'. Y le decían, entre Vaca Brava y sus visitantes, con palmadas amistosas en la espalda, que Chile era un 'país pequenino, porém corajoso'.
La gente de Brasil que he conocido a lo largo del mundo me ha hablado muchas veces de Chile como país pequeño. La idea del tamaño, de las dimensiones geográficas y demográficas, es una auténtica obsesión del nacionalismo brasileño. Un intelectual conocido, influyente en el Gobierno de Fernando Enrique Cardoso, me dijo hace poco que a ellos les interesaba la presencia de Chile en el Mercosur, pero no por su fuerza, precisó, sino 'por su inteligencia'. Algo hemos progresado en la imagen, pensé, y me reí por dentro. Ahora veo que Luis Ignácio da Silva, Lula, que tiene altas posibilidades, en este su cuarto intento electoral, de llegar a la presidencia de la República, ha tratado a Argentina de 'republiqueta'. Reconozco este lenguaje, pensé, y compruebo que a Lula le falta mucho que aprender todavía en materias de diplomacia. Pero lo que me interesó y me inquietó más fue la recuperación por parte de Lula de los viejos tonos de la grandeza, del nacionalismo, de esa noción iluminada, casi religiosa, del futuro, que suele reaparecer en la vida brasileña. Brasil, 'terre d'avenir', decía Sweig, y sabía que con esas palabras adulaba a sus anfitriones. Lo curioso del caso es que este nuevo lenguaje de Lula, que no tiene nada de nuevo, que se utilizó en los tiempos optimistas de Juscelino Kubitschek y, sobre todo, durante la dictadura de Getulio Vargas, ha provocado un alza evidente de su puntaje en las encuestas. Parece que Lula sugirió hace pocos días, en un discurso ante las Fuerzas Armadas, que Brasil podría haberse equivocado al firmar tratados internacionales de no proliferación nuclear. En otras palabras, agitó frente a los militares el señuelo del país como nueva potencia nuclear, ni más ni menos. Tampoco es un tema nuevo. En los tiempos del general De Gaulle y de la dictadura de los generales brasileños, la primera de la serie que después terminó por imponerse en toda la región, la idea gaullista de la disuasión nuclear nacional tentaba siempre a brasileños y argentinos. Yo trabajaba en la diplomacia chilena en Francia y observaba estos fenómenos desde una relativa cercanía.
Lula agrega, como es previsible y como es muy fácil hacerlo en estos días, el poderoso ingrediente antinorteamericano. Él sería el adalid de la 'dignidad brasileña', que los demás candidatos no representarían con la misma integridad, y lucharía para lograr un trato igualitario de parte de Estados Unidos y no de república bananera, esto es, de 'republiqueta'. Se demuestra una vez más que la política es una cuestión de lenguaje, de medios de comunicación bien empleados. Lula corrige su discurso populista tradicional, ya desmentido por las realidades económicas actuales, y encuentra en el viejo tono nacionalista, en la noción de una grandeza no reconocida, postergada, en cierto modo humillada, un punto sensible, una clave profunda, que probablemente va a llevarlo a la jefatura del Estado. El hombre es astuto, ha demostrado inteligencia, y es más que seguro que va a cambiar en el poder, puesto que el poder, y con más razón si se trata de un país grande, complejo, cambia siempre a las personas. Pero habrá momentos de navegación tormentosa, de eso tampoco me caben muchas dudas.
Siempre, desde aquel viaje remoto, he sentido que Brasil es un país fascinante y enigmático. Me ha planteado muchas preguntas y estoy lejos de tener todas las respuestas. Mi último libro publicado es un largo ensayo y una antología de textos de Machado de Assis, el clásico de la novela brasileña de finales del siglo XIX. Machado de Assis había nacido en los morros de Río de Janeiro, en lo que son las actuales favelas, y era hijo de una lavandera y de un pintor de paredes mulato, pero desconfió siempre de toda demagogia y de todo gigantismo. Escribía novelas a la manera de los humoristas ingleses del siglo XIX, con una sonrisa irónica, con distancia, pero así consiguió crear las atmósferas más cariocas, más latinoamericanas, de la literatura de su época. Tengo la impresión de que ahora sólo es una estatua frente a la Academia Brasileña de Letras, fundada por él, y un fantasma más bien desvaído. Pero me imagino que volverá pronto, cuando pase la fiebre de las promesas electorales y de las palabras infladas y huecas.

© El País
Viernes, 4 de octubre de 2002


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economia argentina

"A Cavallo lo inventó Julio Ramos"

Entrevista a Roberto García

Martín Sivak

Roberto García entra a su oficina con tres botones de la camisa desabrochados, vellos canos y entrecanos al aire, y la corbata desanudada.
-¿Pueden ser así las fotos?
-No, la imagen de la empresa... -responde, cínico, entre risas.
El director periodístico de Ámbito Financiero (Flores, 1945, fanático de Racing) combina expresiones del tipo "en mi barrio me enseñaron a no ser alcahuete" -con el argot empresarial: tercerizar para referirse a Montoneros, cum laude para resaltar la estatura académica de Carlos Rodríguez y board para hablar de los que manejan sus dineros en Estados Unidos. Dice que en él conviven el pensamiento liberal y el anarquista. Pero Chicago, no la
de los mártires, le tira mucho más: "¿Para qué sirve la Cancillería? ¿Para qué hay tantas embajadas? Este es un Estado obsoleto que no sirve y malgasta",
El lunes, García concluyó la presentación a las "Charlas de quincho" con una sugestiva descripción: "En todos los lugares se bebió más de lo que se comió: signo de los tiempos no por dieta sino porque la crisis obliga a no ocupar la boca".
-En el mundo financiero, en los quinchos, ¿qué otros signos de estos tiempos encontró?
-Me encuentro con muchos amigos que cobran buenos sueldos y piensan que van a caer siete escalones de un golpe.
-¿El nuevo ajuste contiene las medidas adecuadas?
-Nosotros, hace cinco años, dedicamos muchas páginas del diario a destacar la importancia del déficit cero. Pero el problema fue que De la Rúa, en lugar de ir a comprar el pan bien temprano, cuando está crocante, llegó a las seis de la tarde, cuando está gomoso. Llegan muy tarde a este concepto imprescindible.
-¿Por qué el diario pide estado de sitio?
-No, no lo pedimos. El estado de sitio está en la Constitución para situaciones graves.
-¿Usted quiere que De la Rúa se vaya antes?
-No. Queremos que le vaya bien. Nosotros a De la Rúa lo hemos ayudado. Hace años le hemos publicado, gratis, varios avisos. Teníamos buen trato, pero últimamente la relación se enfrío. Siempre lo definí como un "CBN (Cristiano de Barrio Norte) ahora Pilar" que supo que quería ser presidente y que sabe qué es lo que el país necesita. Pero no sabe cómo instrumentarlo. Para colmo, por momentos, el Presidente imita al De la Rúa de Videomatch.

Voces autorizadas de Ámbito Financiero cuentan otra historia. Hace varios meses De la Rúa, por información extraoficial, llegó a la conclusión de que el antioficialismo de Ramos respondía a su interés por radios FM que licitó el Comfer. Según esa versión, De la Rúa se reunió con Ramos y García y los chicaneó: dijo que había un Ramos (un pariente lejano del director) muy interesado. El director se sintió agraviado. "Me están tratando de extorsionador", dijo. La pelea casi pasa a mayores.

-Hace dos martes, Ámbito publicó: "Se habla de Ángel Rozas presidente", y generó rumores de renuncia del propio De la Rúa. ¿Por qué insisten con la política del rumor?
-Eso se decía sesenta días atrás. Simplemente lo publicamos porque era un tema de conversación de todos los sectores. No es la política del rumor.
-¿Cómo se construye un golpe de mercado?
-Antes era más fácil. Se juntaban algunos y generaban una corrida. Ahora, por la globalización, es mucho más difícil. Pero nunca ocurrieron esos episodios sin un terreno abonado por la incapacidad.
-¿Por qué cree que Cavallo está de vuelta?
-Hasta ahora presentó tres planes y creyó que la Argentina es la misma de hace diez años. Y se equivocó. Fue demasiado omnipotente. Ahora parece que cambió.
-¿La campaña por la libertad de Menem es sólo por la simpatía de Ramos a Menem?
-No hay esa campaña. La figura de la asociación ilícita es muy endeble y ha sido cuestionada por juristas de izquierda y derecha. ¡Aparte, es de país africano que un ex presidente vaya preso injustamente!
-En Alemania, la Justicia encontró elementos contundentes contra Kohl. En España hubo procesos contra Felipe González. Francia acaba de condenar a un ex canciller.
-Pero ni Kohl, ni González, ni Mitterrand fueron presos.
-Con Menem libre, ¿la situación económica estaría mejor?
-La situación no cambiaría. Pero Menem libre podría ayudar.
-¿Cómo?
-Encabezando una misión en Estados Unidos que pidiese ayuda a Bush. Eso dice Ramos.
-Pero Bush, a diferencia de Clinton, ya anticipó que no iba a dar ayudas como las que hubo a México con el "tequila".
-Eso tal vez valga para la Argentina, pero seguramente no vale para Brasil, que por otra parte creo que está peor que la Argentina. Lo que le gustaría a Estados Unidos, si la Argentina se derrumba, es que hubiera un cordón sanitario para el resto de la región.
-¿Para la Argentina es mejor que se produzca primero en Brasil?
-Es malo para todos. El default es malo. Eso que se decía, cuando yo era chico, que "cuanto peor mejor" es una estupidez.

Después de colaborar en Para Ti, García entró, a los 19 años, a la revista Primera Plana. Empezó en espectáculos con Ernesto Schoo. La primera nota difícil que le asignaron fue buscar a Frank Sinatra en San Luis. Al día siguiente le avisaron que era el Día del Inocente, 28 de diciembre. "Antes, las notas se escribían con informes previos de treinta a cuarenta páginas. No había la desidia y la irresponsabilidad con que se trabaja ahora, que todo es más veloz y televisivo: se mira, se escribe, se condena, se absuelve."
Después de seis años en Primera Plana, donde dice que aprendió de Osiris Troiani, Ramiro de Casasbellas y Tomás Eloy Martínez, fue echado "por los peronistas" y pasó a La Opinión. "La redacción estaba muy politizada y la mayoría militaba activamente. Hasta se juzgaba al vicedirector por lo que había hecho el día anterior."

-¿Sus simpatías dónde estaban?
-¿En ese momento? (piensa) A mí me había pesado haber viajado bastante en Primera Plana. Haber conocido algunos movimientos insurreccionales distintos a los de la Argentina, como los Tupamaros, en Uruguay. Yo tenía una suerte de menosprecio por el fundamento intelectual e ideológico que tenía la muchachada de Montoneros que estaba dentro del diario. Me parecía gente poco sustancial. Me molestaba esa cosa pequeña burguesa de querer salvar a la humanidad poniendo una bomba en una farmacia.
-De Tupamaros, ¿qué lo acercaba?
-Tenían una formación ideológica más fuerte, como diría Patricia Bullrich, y una actitud más romántica en la forma de hacer sus procedimientos. Yo veía que en la Argentina vos podías robar un banco, trescientos, pero eso no te acercaba al poder. El fenómeno de la conciencia revolucionaria en el pueblo, mira cómo estoy hablando, no se iba a generar de esa manera. De cualquier modo, los Montoneros estuvieron bastante cerca del poder.
-¿Cómo convive con el hecho de haber tenido esas simpatías y ahora ser director del principal diario empresarial de la Argentina?
-Yo tenía adhesión personal a alguna posición, alguna idea, que se correspondía con mi edad y de las cuales no he abdicado por estar en Ámbito Financiero. Lo que fui descubriendo, y en esa época no tenía idea, es la importancia de los condicionamientos económicos, que son más importantes que las entelequias que uno veía en los 70. Eso hace que tal vez uno tenga, ideológicamente, un grado de convivencia entre lo que puede ser un pensamiento anarquista y un pensamiento liberal.

García no piensa que la propiedad es un robo, como sostenía Proudhon en uno de los clásicos del anarquismo, pero sí defiende otra de las grandes ideas del anarquismo: destruir el Estado. El joven idealista abre paso a las tijeras del Estado mínimo del CEMA y dice: "¿Para qué sirve la Cancillería, tantas embajadas y la escuela de diplomáticos?
Creo en los vendedores de Once dispersos por todo el mundo y no en los embajadores que sólo van a cócteles y recepciones". Para García, en el Estado está la madre de casi todos los problemas.

-Para que el ajuste no sólo recayera en el Estado, el Frepaso y la UCR reclamaron a las empresas que tuvieron ganancias millonarias con este modelo que aportasen dinero para salvar la crisis. Por ejemplo, las privatizadas como Telefónica, que gana fortunas únicas en la Argentina.
-Sabés lo que pasa: nadie quería comprar ENTEL. Nadie. No se le puede echar la culpa a Telefónica y Telecom por la situación del país.
-Pero ustedes todos los días denuncian al monopolio Clarín y no a las telefónicas que, hasta la desregulación, tenían el monopolio de las comunicaciones.
-En el diario se ha cuestionado en tapa la forma en que algunas empresas fueron privatizadas. En general, siempre estuvimos contra los monopolios, aunque hay algunos -como el del hilo telefónico- que eran naturales.
-¿Por qué se oponen a las investigaciones de lavado de dinero?
-No nos opusimos a la investigación. Pero al principio estaba esa cosa fascista de que todos los que operaban con ese banco eran culpables.
-¿Los bancos lavan dinero en la Argentina?
-Realmente no lo sé. Acá hay dinero sucio, pero no todo el país es corrupto y evasor. Conozco mucha gente honesta.
-Hoy, en el diario, ustedes piden que Carrió se tome unas vacaciones.
-Creo que ella ahora se está manejando bien con la investigación. Con cautela.
-Eduardo Basualdo, el economista, estima que la cantidad de dinero de argentinos en el exterior ronda la cifra de la deuda externa. ¿Por qué cree que ocurre esto?
-Nadie confía en la Argentina. No es segura.
-¿Usted tiene dinero afuera?
-Tengo invertido acciones en Estados Unidos y muchos títulos de la Argentina.

García llegó a Ámbito Financiero en 1981, después del cierre de La Opinión y después de pasar por una revista de autos y de dar clases de periodismo. "Entré para hacer gremiales, pero después Ramos me pidió que hiciera política. En un momento se enfermó y me dio un rol más ejecutivo."
-¿Es muy difícil llevarse con Ramos?
-Sí, es difícil, pero no imposible, como está medianamente demostrado. Es una personalidad compleja. Escucha, atiende, discute, aunque le cuesta muchísimo imponerle una idea.
-¿Qué pelea me puede contar?
-Ayer mismo, por el criterio periodístico aplicado a la tapa. Pero antes todo era más fragoroso. Los dos éramos más jóvenes. Cuando él no está, uno se saca el pelo y hace de Ramos. Es una forma de respeto a Ramos, que es el dueño. La ventaja que tiene
Ramos es que no hay exigencias ideológicas. Acá no hay ningún tipo que discuta qué va a escribir. Se sienta, escribe y punto, salvo casos muy particulares.
-Si es cierto lo que dice, es curioso por qué siempre se escribe contra Alfonsín, el Frepaso y todo lo que queda a la izquierda de ellos.
-Eso no es así. Alfonsín ha sido bien tratado. Yo era muy amigo de Bernardo Grinspun, pero no sé si estaba preparado para conducir el país.
-Ámbito echó gente y bajó sueldos. ¿A quién responsabiliza?
-¡El país lleva años de recesión! Bajó la publicidad, y no hacemos como Clarín, que recurre al Estado.
-¿Lo nombraría a López Murphy para ordenar las cuentas del diario?
-No. La mayoría de los economistas argentinos no pasaron por el sector privado, no transpiraron una empresa, no pagaron una quincena. Pasan, en general, de la academia al Estado. Hasta se cuidan, como hizo López Murphy: no asesoró a bancos porque eso podía perjudicar su carrera para ser ministro.
-¿Quién es el economista ideal para el Ministerio de Economía?
-Yo no tengo demasiados ideales. Me puede gustar cómo piensa técnicamente Carlos Rodríguez, pero entiendo que carece de realismo para manejar un ministerio tan clave. No todos los cum laude son los mejores para el gobierno.
-Julio Ramos, entonces, sería otro: economista con experiencia en el sector privado.
-Creo que es una cuenta pendiente con la que alguna vez soñó.
-Lo está candidateando.
-No, no. Creo que tiene que haber un ministro como Ramos. Gente con experiencia en el manejo de empresas y que tienda líneas maestras. Luego que lo acompañen seis Machineas o López Murphy en una segunda línea. Mire, sin ir más lejos, a Cavallo lo inventó Julio Ramos. Él me mandó a Córdoba a realizar una serie de entrevistas que iban a ser seriadas. El primer día habló horas y al día siguiente me di cuenta de que no había grabado. Al día siguiente, cuando le dije, se puso contento y empezó a hablar por horas.

Revista Veintitrés, 2001

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martes, agosto 15, 2006

Buitres en Argentina

Los buitres

Por primera vez, hablan los acreedores más voraces de la Argentina.
Son el club de acreedores externos que quedaron fuera de canje. Son tan inflexibles que consideran a Cavallo “enemigo de los mercados”. Y quieren cobrar como sea. Hasta en el mundo financiero se los conoce como "buitres". Que piensan según su principal vocero.

Por Martín Sivak

Las grandes enciclopedias omiten, tal vez por incierto, el día en que los hombres conocieron a los buitres, pero apuntan que se alimentan de carne muerta. Los analistas económicos precisan que los "fondos buitres" engullen países en bancarrota y surgieron en el Perú del entonces nacionalista Alan García. En 1985, García anunció el no pago de la deuda externa y ganó unos pocos seguidores en la izquierda argentina que pintaba "Patria querida, dame un presidente como Alan García", pero en Wall Street nadie recurrió a la cal y el aerosol. El Fondo Elliot fue el primer "buitre" al comprar bonos regalados por 11 millones, luego no aceptó la reestructuración del gobierno peruano y se presentó a la Justicia. En un par de años esos 11 millones se transformaron en 58 millones de ganancias netas.
Los buitres cambiaron la Lima gris por la Buenos Aires de De la Rúa y Cavallo. El mecanismo es idéntico: pintarse la cara contra el canje del gobierno, presentarse en los tribunales estadounidenses y, en pocos meses, descorchar.
Los vultures (del latín vultur) de Wall Street llevan al cine a sus chicos a ver Harry Potter, les pagan bien a sus domésticas y hasta leen a Jorge Luis Borges. Es el caso de Hans Humes, portavoz de la Emerging Markets Creditors Association (EMCA), quien entre risas dice a Veintitrés que debió irse a la mitad de la película por el pánico de su hijo de cinco años.
-¿Les molesta que les digan buitres?
-(se ríe) No. Pero nosotros no somos vultures.

Fundada en octubre de 2000, la EMCA nuclea a otros fondos rapaces, como Pacific Investment Managment Company (PIMCO), Morgan Stanley Dean Witter Investment Management, Westem Asset Management Company (WAMCO), David L. Babson & Co., HBK Investment, MFS Investment Management, entre otras. Según cifras de la agencia de noticias Reuters, EMCA representa a más de 30 inversionistas que gestionan bonos emergentes por cerca de 40 mil millones de dólares. En su carta de presentación dicen que promueven los intereses de los tenedores de bonos y facilitan la comunicación entre ellos y con otros acreedores.
Humes, en su español aprendido entre cifras e inversiones donde se mezclan expresiones técnicas que los argentinos de a pie desconocen, deja las risas cuando pide una aclaración con letras grandes y máyusculas: "NUESTRA LUCHA NO ES CONTRA EL PUEBLO ARGENTINO". En tamaño normal dice que hay que creerle.

-Usted le dijo a El Diario de Chile que se encargará de que la Argentina no vuelva a los mercados financieros. ¿Cómo lo va concretar?
-Depende de la reacción... bueno. Hay que decir que acá en Nueva York hubo un rumor de que la Argentina está tratando de arreglar su deuda externa... El peligro para un país que deja de pagar sus deudas es que no puede ir a los mercados internacionales. Los países que no pagaron sus deudas pudieron volver a los mercados internacionales y tuvieron mucho éxito.
-¿Por qué quiere que la Argentina se declare en default?
-(risas) Bueno... Comprendemos que la Argentina tiene demasiada deuda, no la puede sostener. Quizá deba pedir un descuento principal. El problema con los países emergentes es el Club de París, no los créditos privados. En la Argentina comprendemos que el sistema financiero debe sobrevivir si queremos que la economía argentina sobreviva. Desde nuestro punto vista, el gobierno tiene el problema de que la economía no crece y no tiene dinero para pagar su deuda externa.
-Sigo sin entender por qué la insistencia en que la Argentina declare el default. En realidad, es la mejor manera de que ganen mucho y rápido.
-No insistimos con el default. Hasta ahora la Argentina está pagando, pero estamos preocupados. El canje doméstico está con garantía de los impuestos. Debe haber otro modo de realizar la reestructuración que sea justo y que no disminuya nuestros derechos como acreedores. Y también es interesante que cuando los países recompran terminan pagando. Pero esto que pasa en la Argentina no es una indicación de que van a pagar (se ríe). No sabemos. Sabemos que el 19 de diciembre hay un pago de 400 millones.
-Desde sectores del sistema financiero argentino se lo cuestiona a Cavallo por algunas medidas algo heterodoxas. ¿Coincide?
-No soy político. No tengo conocimiento profundo de la cuestión doméstica. La percepción aquí, en Nueva York, es que Cavallo ve al mercado como un enemigo. Es personal. Los mercados no se sienten muy cómodos con las cosas que ha hecho mal. Si hay un tipo que te golpea todos los días durante toda la secundaria y de pronto quiere ser tu amigo, uno no lo olvida. El mercado no olvida Cavallo ha sido muy agresivo.
-¿Se sienten más cómodos con (Daniel) Marx, el viceministro?
-Yo no sé.
-Eso salió publicado en la entrevista en Chile.
-Nosotros queremos tener una discusión con un representante del gobierno nacional. No es nada personal. Yo tengo mucha experiencia en renegociación de la deuda: empecé en el año 88 en Filipinas, Yugoslavia en 1989, Ecuador, Rusia. Siempre que un país quiere reestructurar la deuda habla con los acreedores. ¡Obvio! No hemos tenido la posibilidad de hablar.
-Usted señaló que Marx es más dialoguista.
-(largo silencio) No creo haberlo dicho.

Humes es graduado en Literatura, pero en 1988 empezó su carrera en un banco.
-¿Se arrepiente de haber cambiado la literatura por los bonos argentinos?
-(se ríe) Es lo que hago. No era muy buen profesor de literatura.
-¿Qué escritor argentino le gusta?
-Borges. Es increíble.
-¿Algún cuento en particular?
-Tendría que ver mis libros. Hace tanto tiempo...
-Pedro Pou, el ex presidente del Banco Central, toma clases sobre Borges.
-No sé quién es Pou.
-Es uno de los que defiende la dolarización. ¿Usted sugiere la dolarización?
-No soy economista. Si la Argentina hubiese hecho una devaluación hace dos años, ahora sería mucho más fácil. La impresión que tengo es que si ahora devalúa no va a tener control. Me encantaría tratar de ayudar a mejorar esta situación. No hemos hecho muchas inversiones en los últimos veinte meses, pero el año que viene estamos pensando en usar 25, 30 por ciento en nuestra economía. Quiero aclararle una cosa: para nosotros esta no es una lucha contra el pueblo argentino. Sabemos que la Argentina necesita un descuento, queremos que ese descuento sea justo.
-El 11 por ciento que cobran no es justo.
-Estamos esperando un redescuento fuerte, pero será más fácil que este redescuento adhiera el Club de Parfs y el FMI. El Club de París nunca sufrió un descuento. Y nosotros vamos a sufrir el segundo en menos de diez años. Hemos sufrido eso.
-¿Cuánto gana usted al año?
-Eso no tiene que ver con lo que estamos hablando. En los últimos años me he especializado en reestructuración, pero no en la universidad. Me formé en la práctica. Estamos estudiando el caso de los defaults en el último siglo. Nos interesa saber cuánto se recupera después del default. Estamos haciendo esos estudios.
-Dígame un promedio de sueldo anual de quienes hacen su trabajo, no su caso particular.
-No tengo la menor idea.
-¿Viene seguido a la Argentina?
-Iba al casamiento de la hija de un amigo que se casa el15 de diciembre y estaba pensando, pero tal vez no me van a dejar entrar (se ríe). Estoy bromeando.

Revista Veintitrés
Diciembre de 2001


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jueves, agosto 10, 2006

Saramago: Injusticia

Este mundo de la injusticia globalizada

José Saramago

Comenzaré por contar en brevísimas palabras un hecho notable de la vida rural ocurrido en una aldea de los alrededores de Florencia hace más de cuatrocientos años. Me permito solicitar toda su atención para este importante acontecimiento histórico porque, al contrario de lo habitual, la moraleja que se puede extraer del episodio no tendrá que esperar al final del relato; no tardará nada en saltar a la vista.
Estaban los habitantes en sus casas o trabajando los cultivos, entregado cada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó sonar la campana de la iglesia. En aquellos píos tiempos (hablamos de algo sucedido en el siglo XVI, las campanas tocaban varias veces alo largo del día, y por ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que no constaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de fenecer. Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron los niños, dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y, en poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesen por quién deberían llorar. La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló. Instantes después se abría la puerta y, un campesino aparecía en el umbral. Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le preguntasen dónde se encontraba el campanero y quién era el muerto. “El campanero no está aquí, soy yo quien ha hecho sonar la campana” fue la respuesta del campesino. «Pero, entonces, ¿no ha muerto nadie?” replicaron los vecinos, y el campesino respondió: «Nadie que tuviese nombre y figura de persona; he tocado a muerto por la Justicia, porque la justicia está muerta».
¿Qué había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras, metiéndolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada avance se reducía más. El perjudicado empezó por protestar y, reclamar, después imploro compasión, y finalmente resolvió quejarse a las autoridades y, acogerse a la protección de la justicia. Todo sin resultado; la expoliación continuó. Entonces, desesperado, decidió anunciar urbi et orbi (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en ella) la muerte de la Justicia. Tal vez pensase que su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y costumbres, que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos por la muerte de la Justicia, y no callarían hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido... No sé lo que sucedió después, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino a volver a poner los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez declarada difunta la Justicia, volvieron resignados, cabizbajos y con el alma rendida, a la triste vida de todos los días. Es bien cierto que la Historia nunca nos lo cuenta todo... Supongo que ésta ha sido la única vez, en cualquier parte del mundo, en que una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto tocar por la muerte de seres humanos, lloró la muerte de la justicia. Nunca más ha vuelto a oírse aquel fúnebre sonido de la aldea de Florencia, mas la Justicia siguió y sigue muriendo todos los días. Ahora mismo, en este instante en que les hablo, lejos o aquí al lado, a la puerta de nuestra casa, alguien la está matando.
Cada vez que muere, es como si al final nunca hubiese existido para aquellos que habían confiado en ella, para aquellos que esperaban de ella lo que todos tenemos derecho a esperar de la Justicia: justicia, simplemente justicia. No la que se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de vana retórica judicial, no la que permitió que le vendasen los ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo. Una justicia ejercida por los tribunales, sin duda, siempre que a ellos los determinase la ley, mas también, y sobre todo, una justicia que fuese emanación espontánea de la propia sociedad en acción, una justicia en la que se manifestase, como ineludible imperativo moral, el respeto por el derecho a ser que asiste a cada ser humano.
Pero las campanas, felizmente, no doblaban sólo para llorar a los que morían. Doblaban también para señalar las horas del día y de la noche, para llamar a la fiesta o a la devoción a los creyentes, y hubo un tiempo, en este caso no tan distante, en el que su toque a rebato era el que convocaba al pueblo para acudir a las catástrofes, a las inundaciones y a los incendios, a los desastres a cualquier peligro que amenazase a la comunidad. Hoy, el papel social de las campanas se ve limitado al cumplimiento de las obligaciones rituales y el gesto iluminado del campesino de Florencia se vería como la obra desalmada de un loco o, peor aún, como simple caso policial. Otras distintas son las campanas que hoy defienden y afirman, por fin, la posibilidad de implantar en el mundo aquella justicia compañera de Este mundo de injusticia globalizada los hombres, aquella justicia que es condición para la felicidad del espíritu y hasta, por sorprendente que pueda parecernos, condición para el propio alimento del cuerpo. Si hubiese esa justicia, ni un solo ser humano más moriría de hambre o de tantas dolencias incurables para unos y no para otros. Si hubiese esa justicia, la existencia no sería, para más de la mitad de la humanidad, la condenación terrible que objetivamente ha sido. Esas campanas nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia distributiva y conmutativa que todos los seres humanos puedan llegar a reconocer corno intrínsecamente suya; una justicia protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus negaciones.
He dicho que para esa justicia disponernos ya de un código o de aplicación práctica al alcance de cualquier comprensión, que ese código se encuentra consignado desde los cincuenta años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquellos treinta derechos básicos y esenciales de los que hoy solo se habla vagamente, cuando no se silencian sistemáticamente, más desprestigiados y mancillados hoy en día de lo que estuvieran, hace cuatrocientos años, la propiedad la libertad del campesino de Florencia. Y también he dicho que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tal y corno está redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de principios y a la claridad de objetivos, a los programas de todos los partidos políticos del mundo, expresamente a los de la denominada izquierda, anquilosados en fórmulas caducas, ajenos o impotentes para plantar cara a la brutal realidad del mundo actual, que cierran los ojos a las ya evidentes y temibles amenazas que el futuro prepara contra aquella dignidad racional Y sensible que imaginábamos que era la aspiración suprema de los seres humanos. Añadiré que las mismas razones que me llevan a referirme en estos términos a los partidos políticos en general, las aplico igualmente a los sindicatos locales y, en consecuencia, al movimiento sindical internacional en su conjunto. De un modo consciente o inconsciente, el dócil y burocratizado sindicalismo que hoy nos queda es, en gran parte, responsable del adormecimiento social resultante del proceso de globalización económica en marcha. No me alegra decirlo, mas no podría callarlo. Y, también, si me autorizan a añadir algo de mi cosecha particular a las fábulas de La Fontaine, diré entonces que, si no intervenimos a tiempo -es decir, ya- el ratón de los derechos humanos acabará por ser devorado implacablemente por el gato de la globalización económica. ¿Y la democracia, ese milenario invento de unos atenienses ingenuos para quienes significaba, en las circunstancias sociales y políticas concretas del momento, y según la expresión consagrada, un Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? Oigo muchas veces razonar a personas sinceras, y de buena fe comprobada, y, a otras que tienen interés por simular esa apariencia de bondad, que, a pesar de ser una evidencia irrefutable la situación de catástrofe en que se encuentra la mayor parte del planeta, será precisamente en el marco de un sistema democrático general como más probabilidades tendremos de llegar a la consecución plena o al menos satisfactoria de los derechos humanos.
Nada más cierto, con la condición de que el sistema de gobierno y de gestión de la sociedad al que actualmente llamamos democracia fuese efectivamente democrático. Y no lo es. Es verdad que podemos votar, es verdad que podemos, por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido, escoger nuestros representantes en el Parlamento; es cierto, en fin, que de la relevancia numérica (le tales representaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría impone, siempre resultará un Gobierno. Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: me refiero, obviamente, al Poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia. Todos sabemos que así y todo, por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja ver la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco más que un conjunto de formas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica. Y no nos percatamos, como si para eso no bastase con tener ojos, de que nuestros Gobiernos, esos que para bien o para mal elegimos y de los que somos, por lo tanto, los primeros responsables, se van convirtiendo cada vez más en meros comisarios políticos del poder económico, con la misión objetiva de producir las leyes que convengan a ese poder, para después, envueltas en los dulces de la pertinente publicidad oficial y particular, introducirlas en el mercado social sin suscitar demasiadas protestas, salvo las de ciertas conocidas minorías eternamente descontentas...
¿Qué hacer? De la literatura a la ecología, de la guerra de las galaxias al efecto invernadero, del tratamiento de los residuos a las congestiones de tráfico, todo se discute en este mundo nuestro. Pero el sistema democrático, como si de un dato definitivamente adquirido se tratase, intocable por naturaleza hasta la consumación de los siglos, ése no se discute. Mas si no estoy equivocado, si no soy incapaz de sumar dos y dos, entonces, entre tantas otras discusiones necesarias o indispensables, urge, antes de que se nos haga demasiado tarde, promover un debate mundial sobre la democracia y las causas de su decadencia, sobre la intervención de los ciudadanos en la vida política y social, sobre las relaciones entre los Estados y el poder económico y financiero mundial, sobre aquello que afirma y aquello que niega la democracia, sobre el derecho a la felicidad y a una existencia digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidad o, hablando con menos retórica, de los simples seres humanos que la componen, uno a uno y, todos juntos.
No hay peor engaño que el de quien se engaña a sí mismo. Y así estamos viviendo.
No tengo más que decir. O sí, apenas una palabra para pedir un instante de silencio.
El campesino de Florencia acaba de subir una vez mas a la torre de la Iglesia, la campana va a sonar. Oigámosla, por favor.

[Texto leído en la clausura del Foro
Mundial Social reunido en Porto Alegre]

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Kliksberg

«O sea, la expansión de la desigualdad, según el cálculo al que aludo, ha duplicado la pobreza en América latina. Le llaman incluso "pobreza innecesaria". Los datos abruman y obligan a pensar en soluciones innovadoras». Bernardo Kliksberg

"La desigualdad es la peor marca de América latina"

Se lo reconoce en todos los organismos internacionales como el experto que puede relacionar todas las variables deficitarias (salud, educación, empleo) y diagnosticar con certeza el tipo de políticas que pueden iniciar el despegue.

Asesor del BID, las Naciones Unidas, UNESCO, OIT y UNICEF, Bernardo Kliksberg es doctor honoris causa de cinco universidades extranjeras y profesor honorario de la de Buenos Aires.


Oscar Raúl Cardoso

— Qué hace que naciones como la Argentina, en la que los recursos naturales exceden cualquier demanda interna imaginable, sean incapaces de calmar el hambre de su población?

—América latina está planteada, en el análisis comparado, como un enigma. Esto es, una serie de países para los cuales, en los años 60, el pronóstico era similar al del sudeste asiático: sociedades condenadas al éxito. Hablamos de una de las dotaciones de recursos naturales más espectaculares de todo el planeta, fuentes de energía barata, posibilidades de producción agropecuaria extensibles permanentemente, materias primas estratégicas en cantidades fundamentales, una ubicación geoeconómica de primera línea y una población con muy buenas capacidades de desarrollo y sin los flagelos que tuvieron África o Europa, como grandes guerras. Sin embargo, ahora América latina es una región donde el 50% de la población está por debajo de la línea de pobreza; el 60%, en el caso de los niños. Las oportunidades para los jóvenes son muy estrechas: la tasa de desocupación juvenil es del 22% (el doble de la tasa de desocupación general, que es del 11%). América latina es hoy una sociedad potencialmente muy rica donde la gente está muy mal.

— Acaba de sugerir uno de los datos más relevantes: América latina no sólo desperdicia su presente, sino que está comprometiendo irreversiblemente su futuro.

— Las brechas educacionales con los países de desarrollo medio son fenomenales, no sólo con los de desarrollo más avanzado. En Corea, termina el colegio primario el 100% de los chicos y el colegio secundario, el 90%. En la región, del 25 al 50% de los chicos no terminan el cuarto grado de la escuela primaria, y en los tres más grandes —Argentina, Brasil y México— sólo uno de cada tres termina el colegio secundario. Mientras la inversión per capita en educación del Canadá es de 6 mil dólares por habitante por año, la del Perú es de 200 dólares por habitante por año, y la del país de América latina que más ha invertido en educación, el Chile democrático, es mil quinientos dólares por año. O sea, la brecha es cuatrocientas veces mayor. En salud, ha habido progreso porque la medicina está en plena revolución, pero los impactos no han llegado a buena parte de la población. En este momento, América latina tiene 2 millones 250 mil partos por año sin asistencia médica de ningún tipo. Según la Organización Panamericana de la Salud, una de cada 130 madres muere al parir. La tasa de muerte materna en EE.UU. es 28 veces menor. Una tercera parte de la población latinoamericana no tiene agua potable y hay muchos indicadores más que marcan el mismo rumbo.

— Y cada uno de ellos presenta un interrogante paradójico. ¿Cómo se responden?

— Las respuestas están en múltiples dimensiones. Pero la variable desigualdad es la más reveladora. La he explorado en profundidad y creo que ha sido totalmente descuidada por el análisis social en América latina. La desigualdad, en mi opinión, es un factor fundamental. En primer lugar, porque se trata de la mayor del planeta. El único punto en que coinciden todos los organismos internacionales actualmente sobre América latina es ése. Pero se hace referencia estrictamente a la desigualdad en la distribución del ingreso. América latina tiene el peor coeficiente GINI —que a medida que es mayor refleja más inequidad— del mundo: 0,57. Los de Noruega, Suecia, Dinamarca, que son los mejores, son de 0,25. La desigualdad en la distribución de los ingresos es de mucha magnitud: la brecha salarial en América latina entre los calificados y los no calificados tiende a expandirse crecientemente y es la mayor del planeta.

— ¿Pero la del ingreso no es la única desigualdad relevante, no es cierto?

—No, no lo es. Junto con esto hay una desigualdad fenomenal en el acceso a los activos productivos. La tierra, las maquinarias, la tecnología avanzada, etcétera. O sea, a bienes que hacen producir bienes. Otra desigualdad se da en el acceso al crédito, fundamental en el sistema capitalista. El estimado que se maneja es que habiendo en América latina 60 millones de Pymes, que son la principal fuente de empleo de la economía porque generan 160 millones de empleos, el 95% del crédito que se otorga en América latina va a parar al 5% de las empresas. Las Pymes están al margen de los circuitos de crédito fundamentales de América latina. Otra desigualdad es el acceso a una educación de buena calidad. En un siglo donde el futuro de las personas está en función de la educación acumulada, en un siglo que se inaugura como etapa de conocimiento intensivo, los estudios recientes sobre educación en América latina del BID, por ejemplo, dicen que los jefes de hogares del 10% de más ingresos tienen doce años de escolaridad; los jefes de hogares del 5% de menos ingresos tienen cinco años de escolaridad. Una brecha de siete años de escolaridad es determinante en términos de conseguir trabajo, de cuánto se va a ganar en él y de la estabilidad en él.

— ¿Además de la brecha en el número de años de educación no está la de las calidades diferentes de esa misma educación?

—Sí, todo esto sin hablar de la calidad de la educación. En calidad, la brecha se amplía todavía muchísimo más, si se tiene en cuenta que las diferencias entre la escuela privada y la escuela pública —en número de horas de clase anuales, en remuneración de los maestros, en utilización de instrumentos modernos de enseñanza— son muy significativas. América latina está llegando al año 2002 con una tasa de escolaridad de 5,2 años de escolaridad en promedio. O sea, menos que lo que insume una escuela primaria completa. En las tasas de deserción y de repetición ha habido avances importantes en la democracia, pero aún así son abrumadoras. Del 25 al 50% de los chicos, como mencioné, no completan el cuarto grado. Obviamente, no se trata de que los chicos de familias pobres no quieran estudiar; en un porcentaje alto, están desnutridos. No pueden aprender en la escuela en esas condiciones. Según la OIT hay 22 millones de chicos menores de catorce años de edad que trabajan. Tampoco pueden tener un rendimiento escolar satisfactorio. Y el tercer tema es que algunos estudios recientes dicen que la escuela influye en el 50% del rendimiento de los chicos, pero el otro 50% está determinado por la familia. Influye entonces si es una familia articulada, si sigue los estudios de los chicos, si está presente. Pero hay un proceso muy serio de destrucción de familias en América latina bajo el impacto de la pobreza.

— ¿La lista de desigualdades continúa?

— Sí, otra es la del acceso a salud de buena calidad. También ha habido un esfuerzo muy importante, pero la estratificación social en el acceso a salud en América latina es muy severa. Hay 82 millones de niños —son los datos 2002 de la Organización Panamericana de la Salud— que no tienen las vacunas mínimas. Existe una población enorme de madres que no tienen acceso a asistencia médica en el momento culminante de la existencia, el embarazo y el parto, porque están fuera de toda cobertura, de protección social. Hay demasiadas muertes innecesarias en América latina. Hay que considerar también la desigualdad en el acceso a las nuevas tecnologías. El número de usuarios de Internet en América latina se estima que representa entre el 1 y el 2% de la población. En Estados Unidos ese acceso está ascendiendo y ya debe superar el 50% de la población. El costo de una computadora en términos de salario real es una variable totalmente diferencial. El costo de una computadora en Estados Unidos equivale a quince días de trabajo; en países en desarrollo puede equivaler a una cantidad de meses de trabajo.

— Los datos estadísticos que usted ordenó son abrumadores. ¿América latina se ha colocado ya más allá de la salvación?

— No lo creo. Se trata de entender, realmente entender, lo que los indicadores nos dicen. Normalmente, la opinión pública ve que hay un problema de pobreza y otro de desigualdad. Los considera por separado. Mi humilde sugerencia es que una de las razones centrales del agravamiento de la pobreza es la expansión de la desigualdad. Ambos fenómenos están ligados y se retroalimentan. Hay una simulación econométrica, publicada por la revista de economía principal de los Estados Unidos, donde se demuestra que la desigualdad en los 60 era importante —América latina siempre tuvo desigualdad—, pero que actualmente es peor todavía. Si la desigualdad hubiera permanecido como en esa época, previamente a las dictaduras militares, la pobreza debería ser la mitad de lo que es hoy. O sea, la expansión de la desigualdad, según el cálculo al que aludo, ha duplicado la pobreza en América latina. Le llaman incluso "pobreza innecesaria". Los datos abruman y obligan a pensar en soluciones innovadoras. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud termina de hacer un desafío muy intenso al pensamiento creativo. Comisionó a 39 economistas de primera línea del mundo, encabezados por Jeffrey Sachs, para analizar las relaciones entre macroeconomía y salud, en los últimos cien años de la historia de la humanidad. Una de las conclusiones centrales es que, a diferencia de lo que dice el razonamiento convencional —que hay que crecer para que, una vez que se crezca, haya recursos disponibles para salud pública— los países que son considerados como historias de éxito económico tienen en común haber hecho grandes inversiones en salud previamente al crecimiento económico. El sur de Estados Unidos a comienzos del siglo pasado; Japón a comienzos del siglo pasado; en los últimos años Malasia, Taiwan, Hong Kong, Corea. Las inversiones en educación desde ya obedecen a la misma lógica. Y en salud tienen la calidad de prerrequisito de un crecimiento económico sostenido. Otro ejemplo posible: el cálculo de la Organización Mundial de la Salud es que si Africa hubiera contado con ayuda internacional y además hubiera tenido prioridades correctas y hubiera invertido en prevenir la malaria, años atrás, su producto bruto actualmente sería mayor en 100 mil millones de dólares.

— Esto obligaría a invertir la lógica actual "crecimiento primero, justicia después". ¿Puede hacerlo América latina?

—Es posible pensar —a pesar de todas las cifras abrumadoras— en una combinación como la que se dio en todas estas sociedades que estamos mencionando y como la que se da en una sociedad latinoamericana muy modesta que es normalmente citada como un ejemplo de desarrollo integrado, que es Costa Rica, que tiene indicadores mucho mejores en todos los campos: 18% de pobres frente al 50% de América latina; una tasa de esperanza de vida que es incluso mayor que la de Estados Unidos en tres meses y medio, y un nivel de logros educativos que hace que se haya convertido en un lugar muy importante para las inversiones en tecnología de punta porque tiene una población muy calificada. En todos esos casos, incluido el de Costa Rica, desde ya el caso de los países nórdicos, que son hoy el grupo más exitoso de la economía mundial en términos de logros combinados —están en los diez primeros puestos de todas las tablas, de desempeño económico y de desarrollo humano—, el punto común para tomar como referente es que hay políticas públicas agresivas en el campo social, o sea, un Estado responsable de abrir oportunidades para todos en los campos fundamentales: educación, salud, nutrición, acceso a tecnologías avanzadas actualmente. Hablo de políticas públicas agresivas con una buena gerencia social.

— ¿De qué se trata?

— Me he dedicado muchos años a esto —dicen que soy el fundador de la gerencia social— y creamos el primer programa de las Naciones Unidas en gerencia social. Se trata de una política pública agresiva con buena gerencia social, con total transparencia, desde ya libre de corrupción, combinada con el capital social. Este es el camino de superación para América latina y la Argentina, en particular.


Clarín, Domingo 6 de octubre de 2002


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El arte de documentar la historia

Robert Fisk

La lap top nos ha perjudicado. El pasado año, que lo dediqué a escribir una
historia de Medio Oriente, me constató que, independiente de la insensatez del hombre, la computadora no necesariamente nos ayuda a escribir o a investigar los pecados de nuestros padres. Soy un periodista que todavía se rehúsa a utilizar el correo electrónico y obligo a las personas a escribirme cartas de verdad, y me doy cuenta de que hacer esto reduce la cantidad de mensajes incorrectamente escritos y, a menudo, ofensivos que recibo. Se entiende que piense así, pero no se trata sólo de eso.
Junto con dos investigadores he peinado 338 mil documentos de mi biblioteca para el libro -mis cuadernos de reportero, periódicos, revistas, recortes,
comunicados gubernamentales, cartas, fotocopias de los archivos de la Primera Guerra Mundial, fotografías- y no puedo eludir el hecho de que la lap top me ha ayudado a destruir mis archivos, mis recuerdos y, ciertamente, mi caligrafía.
Mis notas sobre la guerra civil en Líbano, de finales de los años 70, muestran una escritura elegante y fácil de leer, hecha con pluma fuente azul pálido que se deslizaba majestuosamente por la página. Mis notas de la invasión estadounidense de Irak, en 2003, son ilegibles para cualquiera que no sea yo, porque no puedo alcanzar la velocidad a la que me tiene acostumbrado la computadora. He descubierto que ya no escribo palabras. Las represento, lo que es decir que dibujo algo que se les parece, que no puedo leer pero que tengo que interpretar cuando las transcribo. Debo agregar de inmediato que el presente artículo está siendo escrito a mano a bordo de un jet de Air France que salió de Beirut. Mientras escribo me doy cuenta de que me salto letras, palabras, expresiones porque sé lo que quiero decir, pero eso ya no aparece en la página.
Qué alivio volver a mis despachos sobre la invasión Soviética en Afganistán, de 1979 a 1980. Estos eran enviados con máquinas de télex, aquellos maravillosos armatostes que perforaban cintas. Y eso que los papeles, delgados como obleas, se desmoronan entre mis manos. Recuerdo a un funcionario de la oficina de correos de Kabul usando un soplete de soldadura para volverle a pegar la H a su máquina. Conor O'Cleery, del Irish Times, es mi testigo. Pero yo tengo cada memorándum y cada despacho que envié a mis entonces patrones del diario The Times.
Ahora usamos teléfonos -o correos electrónicos fácilmente desechables- pero mis mensajes de télex a Londres en esos terribles años de guerra, lo mismo que los del conflicto Irán-Irak entre 1980 y 1988, cuentan su propia historia. Cuando enviaba despachos desde El Cairo o Riad, una metida de pata -un último párrafo cortado, una cabeza poco elegante- eran cosas que cualquier corresponsal extranjero perdonaba fácilmente. Pero cuando emergí de las líneas de combate en Fao -de entre pistolas, bombas y cadáveres- encontraba difícil ver la omisión de una coma como algo que no fuera un acto de traición por parte de The Times. Pobres de los del buró de noticias. Y pobre del corresponsal.
Por supuesto, hay momentos ridículos en esta histórica "búsqueda de la verdad". Mis dos investigadores, después de sólo tres días de trabajo, no entendían por qué invariablemente tenían hambre a media mañana, hasta que nos percatamos que entre 1976 y 1990 la única forma en que catalogué mis vuelos por Medio Oriente fue anotando el destino y la fecha en los menús de las aerolíneas. Tres días de foie gras, caviar y champán fueron demasiado para mis dos valientes amigos.
De mi parte, durante muchas semanas no entendí la depresión profunda con la que me iba a la cama, o me despertaba, después de horas de escribir. La respuesta es simple: los cuadernos de notas y las cintas de télex, en su conjunto, se volvieron un archivo de sufrimiento, torturas y desesperación. Como periodista, uno puede catalogar esto sobre la base de lo cotidiano. Se va al hotel y se olvida de todo, para comenzar de nuevo al día siguiente. Pero cuando reúno las cintas de télex y los cuadernos, se convierten en un horrible y totalmente acusador testimonio de inhumanidad.
Las copias de télex se mueren en mis archivos a finales de los años 80 y los archivos de computadora llegan de pronto. Si bien siempre conservé una "copia dura" de mis despachos para The Independent, asumí que el bendito Internet preservaría la prosa que supuestamente forjé sobre el yunque de la literatura.
No fue así. Muchos sitios de web contienen sólo trozos de reportes fiskianos que sus dueños aprobaron, otros, aunque ilegales, simplemente desecharon reportes que no parecían emotivos. Siempre me divierte el número de instituciones que me telefonean cada semana a Beirut para corroborar citas, fechas o hechos. Google no los ayuda. Suponen -por lo general, correctamente- sí los ayudará la Biblioteca Memorial Fisk (que consta totalmente en papel). Todos están en lo cierto.
Desde luego he descubierto otros hechos "desmentidos". Durante años he descrito una reunión que tuvo el reportero Tony Clifton, de Newsweek, con Saddam Hussein a finales de los años 70, en la que viajó en un auto que conducía el mismo Saddam. Después de decirle al gran líder que algunos iraquíes no lo querían, el reportero fue llevado al centro de Bagdad. "Pregúntele a cualquiera si quiere o no a su presidente", le dijo Saddam Hussein a Clifton. Yo reporté esto para The Independent. Lo tengo en mis archivos.
Pero Clifton me dijo el año pasado que esto no era correcto. Ciertamente
entrevistó a Saddam, pero éste simplemente se rió de la pregunta y le dijo que hablara con todos los iraquíes que quisiera. Nunca lo llevó al centro de la ciudad. Ouch.
El primer pro cónsul en Irak, el retirado general Jay Garner, pasó mucho de su tiempo ridiculizando a Saddam Hussein, pero mis investigadores desenterraron una entrevista que le hice a Garner, cuando estaba protegiendo a los kurdos del norte de Irak, en 1991, en la que resaltó repetidamente lo mucho que Occidente debía "respetar" el gobierno de Saddam en el "territorio soberano" de Irak. Las búsquedas de mis investigadores en Google no lograron descubrir esta historia notable. Gracias a Dios por mis notas.
No soy ludita. Bien recuerdo haber machacado prosa churchilliana en la cinta de télex, en el lujoso lobby del hotel Sheraton de Damasco, que tenía una laguna interior, después de una narcotizante cumbre árabe. También recuerdo haber visto mi cinta de papel literalmente flotando y navegando en el lago artificial del Sheraton.
Ahora se nos dice que los correos electrónicos revivirán el arte del historiador. Yo lo dudo. Es muy fácil eliminar correos electrónicos y -si los gobiernos son los suficientemente generosos-, también es fácil conservarlos para los archivistas. Los historiadores sólo necesitarán un ejército de bien pagados investigadores para aventurarse en este océano. En otras palabras, los historiadores tendrán que ser ricos para escribir.
En lo que a mi concierne, tengo las fotografías de la Primera Guerra Mundial que pertenecían a mi papá. El mismo las tomó. También tengo la última voluntad por escrito de un joven soldado australiano (de 19 años, la edad de mi papá, entonces), condenado por asesinato y a quien mi padre debía ejecutar.
También tengo el largo testimonio de mi papá, en que argumentó su negativa a disparar contra el joven australiano. En el reporte de la ejecución no está la firma del subteniente William Fisk. Sin embargo, lo que sí prevalece es el recuerdo del castigo impuesto a Bill Fisk por negarse a disparar, y que consistió en desenterrar los cadáveres de soldados británicos del frente occidental de fosas improvisadas para llevarlos a sus tumbas militares.
Si todo esto fuera un correo electrónico, a saber quién lo hubiera desechado.

© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

Los luditas eran un grupo de trabajadores ingleses que a principios del si-glo XIX protestaban contra los cambios que trajo la Revolución Industrial destruyendo máquinas en las fábricas.


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Las próximas guerras

Seymour Hersh

Lo que pude hacer ahora el Pentágono en secreto [extractos]
The New Yorker

La reelección de George W. Bush no fue su única victoria este otoño último. El Presidente y sus consejeros sobre seguridad nacional han consolidado un control sobre los análisis estratégicos y las operaciones encubiertas de las comunidades militares y de inteligencia hasta un grado inigualado desde el surgimiento del estado de seguridad nacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. Bush tiene una agenda ambiciosa y agresiva para usar de ese control –contra los mullahs en Irán y otros objetivos en la guerra contra el terrorismo en curso– durante su segundo mandato. La CIA continuará siendo degradada y la agencia servirá cada vez más, como lo expresa un consultor gubernamental que tiene estrechos lazos con el Pentágono, como “colaboradores” de la política que emane del presidente Bush y el vicepresidente Dick Cheney. Este proceso ya está en marcha. A pesar de la situación de seguridad en deterioro en Irak, la administración Bush no ha reconsiderado el propósito de su política de largo plazo en el Oriente Medio: el establecimiento de la democracia en toda la región. La reelección de Bush es vista al interior de la administración como la prueba del apoyo norteamericano a su decisión de ir a la guerra. Esto ha reforzado la posición de los neoconservadores en el liderazgo civil del Pentágono que abogaron por la invasión, lo que incluye a Paul Wolfowitz, el Subsecretario de Defensa, y Douglas Feith, el Subsecretario de Política de Defensa. Según un ex funcionario de inteligencia de alto nivel, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld se reunió con la Junta de Jefes de Estado Mayor (Joint Chief of Staff) y les dijo, en esencia, que los pesimistas habían sido escuchados y que el pueblo americano no había aceptado su mensaje. Rumsfeld añadió que Estados Unidos estaba decidido a permanecer en Irak y que no habría más conjeturas al respecto. “Ésta es una guerra contra el terrorismo e Irak es tan sólo una de las campañas. La administración Bush mira esto como una enorme zona de guerra”, me dijo el ex funcionario de alto nivel de inteligencia. “Después, nos vamos a ir a la campaña en Irán. Hemos declarado la guerra y los chicos malos, dondequiera que estén, son el enemigo. Éste es el último hurra. Hemos conseguido cuatro años y se quiere acabarlos diciendo que ganamos la guerra contra el terrorismo”. Bush y Cheney pueden haber establecido la política, pero es Rumsfeld quien ha dirigido su implementación y quien ha absorbido mucho de la crítica pública cuando las cosas fueron mal, ya sea que se tratara del abuso de prisioneros en Abu Ghraib o la falta de suficientes blindajes para los vehículos de los infantes (GI) en Irak. Tanto los legisladores demócratas como republicanos han pedido la renuncia de Rumsfeld, y él no es alguien que goce de gran admiración en los círculos militares. Sin embargo, su nuevo nombramiento como Secretario de Defensa nunca se puso en duda. Rumsfeld se hará incluso más importante durante este segundo período. En entrevistas con funcionarios y ex funcionarios militares y de inteligencia, se me dijo que la agenda ha sido determinada desde antes de la elección presidencial, y que buena parte de la misma habría sido responsabilidad de Rumsfeld. Se expandiría la guerra contra el terrorismo y se colocaría la misma bajo el control del Pentágono. El Presidente ha firmado una serie de declaraciones y de órdenes ejecutivas dando autorización para que grupos secretos de comandos y otras fuerzas especiales lleven a cabo operaciones encubiertas contra objetivos sospechosos de terrorismo en 10 países en Oriente Medio y el Sur de Asia. La decisión del Presidente le permite a Rumsfeld conducir las operaciones fuera de registros, es decir, libre de las restricciones legales impuestas a la CIA. Bajo la ley actual, las actividades encubiertas que se llevan a cabo en el extranjero por parte de la CIA deben ser autorizadas por una declaración presidencial y debe informarse de las mismas a los comités de inteligencia del Senado y la Casa Blanca. (Las leyes se promulgaron después de una serie de escándalos en la década de los años 70 que implicaban a la CIA en espionaje doméstico e intentos de asesinatos de líderes en el extranjero). “El Pentágono no se siente en la obligación de reportar nada de esto al Congreso”, dijo el ex alto oficial de inteligencia. “Ni siquiera lo llaman ‘operaciones encubiertas’; eso se parecería mucho a la frase de la CIA. A su modo de ver, se trata de ‘reconocimiento a ocultas’ (black reconnaissance). Ni siquiera se lo van a decir a los CINC’s –los jefes de comando regionales norteamericanos–. (El Departamento de Defensa y la Casa Blanca no dieron respuesta a los pedidos de que comentaran esta historia). En mis entrevistas, se me dijo reiteradas veces que el siguiente objetivo estratégico era Irán. “Todos están diciendo: ‘No puedes hablar en serio acerca de poner a Irán como objetivo. Mira a Irak’”, me dijo el ex funcionario de inteligencia. “Pero éstos dicen: ‘Ya hemos aprendido algunas lecciones, no en lo militar sino en cuanto a cómo lo hicimos políticamente. No vamos a poyarnos en agentes de poca importancia’. Nada de finales de atolladero, y ésa es la razón de que la CIA esté allí”. ... (Comentando la posición internacional en las negociaciones en curso con Irán en el tema nuclear, dice:) Un diplomático occidental me dijo que los europeos creían que, en tanto los Estados Unidos se negaran a implicarse (en las negociaciones), estaban en lo que llamó una posición de posición de pérdida y pérdida. “Francia, Alemania y el Reino Unido no pueden por sí solos tener éxito, y todos lo saben”, dijo el diplomático. “Si los Estados Unidos permanece fuera, no tenemos el nivel suficiente y nuestro esfuerzo colapsará”. La alternativa sería ir al Consejo de Seguridad, pero cualquier que impusiera sanciones sería probablemente vetada por China o Rusia, y entonces “las Naciones Unidas sería culpada y los americanos dirían: ‘la única solución es bombardear’”. La administración de Bush ha estado llevando a cabo misiones secretas de reconocimiento dentro de Irán por lo menos desde el último verano. Buena parte de ello se centra en información de inteligencia e información sobre posibles objetivos a propósito de regiones iraníes nucleares, químicas y de misiles, tanto las que han sido declaradas como tales como las que no. El objetivo es identificar y aislar tres docenas, y tal vez más, de objetivos de ese tipo que pudieran ser destruidos en ataques de precisión y breves incursiones de comandos. “Los civiles en el Pentágono quieren ir a por Irán y destruir tanta infraestructura militar como sea posible”, me dijo el consejero gubernamental con estrechos lazos con el Pentágono. Algunas de las misiones implican una cooperación extraordinaria. Por ejemplo, el ex alto funcionario de inteligencia me dijo una fuerza de comando de operaciones norteamericana ha sido colocada en el Sur de Asia y está trabajando ahora estrechamente con un grupo de científicos y técnicos paquistaníes que habían tenido tratos con los iraníes. (En el año 2003, la AIEA reveló que Irán había estado recibiendo en secreto tecnología nuclear de Pakistán por más de una década y que no había comunicado dicha información a los inspectores). La fuerza de operaciones americana, con el auxilio de la información de Pakistán, ha estado penetrando hacia el este en Irán desde Afganistán a la caza de instalaciones subterráneas. Los miembros del equipo de operaciones, o sus agentes reclutados en la región, escondían aparatos de detección remota –conocidos como olfateadores– capaces de tomar muestras de emisiones radioactivas en la atmósfera y otra evidencia de programas de enriquecimiento nuclear. Conseguir dicha evidencia es una seria preocupación para la administración Bush. El ex alto funcionario de inteligencia me dijo: “No quieren cometer ningún error de inteligencia como los de las Armas de Destrucción Masiva, como en Irak. Los republicanos no pueden tener eso dos veces. No se guarda compostura si la mula te pega dos veces”. El funcionario añadió que el gobierno de Pervez Musharraf, el presidente paquistaní, obtuvo un alto precio por su cooperación: la garantía norteamericana de que Pakistán no tendría que soltar a A.Q. Khan, conocido como el padre de la bomba nuclear paquistaní, ni la AIEA ni a ninguna otra autoridad internacional para su interrogatorio. Por dos décadas, Khan ha estado vinculado a un amplio consorcio de actividades de mercado negro nuclear ... “’Dinos lo que sabes de Irán dejamos que AQ Khan se vaya’. Es la versión de los neoconservadores de una ganancia a corto plazo con un costo a largo plazo. Quieren probar que Bush es el hombre antiterrorista que puede con Irán y la amenaza nuclear, contra el objetivo a largo plazo de eliminar el mercado negro de la proliferación nuclear”. El acuerdo se produce en un momento en que Musharraf, según un ex funcionario diplomático paquistaní de alto nivel, ha autorizado la expansión del arsenal de armas nucleares de Pakistán. “Pakistán aún necesita parte y suministros, y necesita comprarlos en el mercado clandestino”, dijo el ex diplomático. “Los Estados Unidos no han hecho nada para detener esto”. Ha habido también una estrecha y en gran medida desconocida cooperación con Israel. El consejero gubernamental con lazos con el Pentágono dijo que los civiles del Departamento de Defensa, liderados por Douglas Feith, han estado trabajando con consejeros y encargados de planeamiento israelitas a fin de desarrollar y refinar los potenciales objetivos nucleares, de armas químicas y de misiles en Irán. (Después de Osirak, Irán ha colocado muchos de sus sitios nucleares en áreas remotas del este, en un intento de mantenerlas fuera del alcance de ataques de otros países, en especial Israel. Sin embargo, la distancia ya no presta más esa protección: Israel ha adquirido tres submarinos capaces de lanzar misiles crucero y ha equipado parte de su aviación con tanques de combustible adicional, poniendo a los F-16I israelitas dentro del rango de la mayor parte de los objetivos iraníes.) “Creen que se pueden destruir desde el aire las tres cuartas partes de los objetivos potenciales, y una cuarta parte está demasiado cerca de centros poblados, o están enterrados demasiado profundamente, como para ser alcanzados”, dijo el consejero. Inevitablemente, añadió, algunos sitios sospechosos deben ser revisados previamente por equipos de comando americanos o israelitas –en actividades de vigilancia en tierra– antes de ser destruidos. (Refiriéndose a la postura del presidente Bush que enfatiza la importancia de la solución diplomática con Irán, menciona:) En las entrevistas que he tenido a lo largo de los últimos dos meses, se me dio un punto de vista mucho más duro. Los halcones en la administración creen que pronto quedará en claro que la aproximación de negociación europea no puede tener éxito, y en ese momento la administración actuará. “No se trata de un conjunto de propuestas de opciones ante el Consejo de Seguridad Nacional”, el ex alto funcionario de inteligencia me dijo. “Ya han pasado esa puerta. No se trata de si haremos algo contra Irán. Ya lo están haciendo”. El objetivo inmediato de los ataques sería destruir, o al menos desbaratar temporalmente, la capacidad de Irán de convertirse en potencia nuclear. Pero hay otros motivos, igualmente buscados, en funcionamiento. El consejero gubernamental me dijo que los halcones en el pentágono, en discusiones en privado, han estado instando a un ataque limitado sobre Irán porque creen que esto podría llevar al derrocamiento de los líderes religiosos. “En el alma de Irán hay una lucha entre nacionalistas secularistas y reformadores, por una lado, y, por el otro, el movimiento islámico fundamentalista”, me dijo el consejero. “En cuanto el aura de invencibilidad de los mullahs se destruya, y con ello la capacidad de engañar al Occidente, el régimen iraní colapsará”, al igual que los antiguos regímenes comunistas en Rumania, Alemania Oriental y la Unión Soviética. Rumsfeld y Wolfowitz comparten esa creencia, dijo. “La idea de que un ataque americano sobre las instalaciones nucleares de Irán produciría un levantamiento popular es una idea extremadamente desinformada”, dijo Flynt Leverett, un académico del Oriente Medio que trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional de la administración Bush. “Hay que comprender que la ambición nuclear en Irán encuentra respaldo a lo largo de todo el espectro político, y los iraníes percibirán los ataques a estos lugares como ataques a sus ambiciones de ser un elemento de gran importancia en la región y una nación moderna tecnológicamente sofisticada”. Leverett, que ahora es un miembro de categoría del Centro Saban para la Política del Medio Oriente, en el Instituto Brookings, advirtió que un ataque americano, si ocurre, “producirá una reacción violenta contra los Estados Unidos y una acción de apoyo en torno al régimen”. En noviembre de 2004 The Times informó que Bush había establecido un grupo Interagencias para estudiar si “serviría a los mejores intereses de la nación” darle al Pentágono un control completo sobre la propias unidad paramilitar de élite de la CIA, que ha operado en secreto en puntos problemáticos alrededor del mundo por décadas. Las conclusiones del panel, que deben ser entregadas en febrero, son ya conocidas, según creen muchos ex funcionarios de la CIA. “Parece que en verdad va a ocurrir”, me dijo Howard Hart, que fuera jefe de la división de operaciones paramilitares de la CIA antes de retirarse en 1991. Ha habido otra evidencia de la usurpación por parte del Pentágono. Dos ex funcionarios clandestinos de la CIA, Vince Cannistraro y Philip Giraldi, que publican Intelligence Brief, un boletín para sus clientes comerciales, informaron el último mes la existencia de un amplio decreto presidencial antiterrorista que permitía al Pentágono “operar unilateralmente en varios países donde se perciba una clara y evidente amenaza terrorista. … Varios de estos países son países amigos de los Estados Unidos y son importantes socios comerciales. La mayoría han estado cooperando en la guerra contra el terrorismo”. Los dos ex funcionarios listaron algunos de los países: Algeria, Sudán, Yemen, Siria y Malasia. (Posteriormente, el ex funcionario de alto nivel de inteligencia me dijo que Túnez está asimismo en la lista). ... Bajo el nuevo enfoque de Rumsfeld, se me dijo, se permitiría a los operativos militares norteamericanos pasar en el extranjero como hombres de negocios extranjeros corruptos que buscaban comprar artículos de contrabando que podrían usarse en sistemas de armas nucleares. En algunos casos, según los consejeros del Pentágono, podría reclutarse a ciudadanos locales y pedírseles que se unan a las guerrillas o a los terroristas. Esto implicaría potencialmente organizar y llevar a cabo operaciones de combate o incluso actividades terroristas. Algunas operaciones probablemente ocurrirían en naciones donde hay una misión diplomática norteamericana, con un embajador y un jefe local de la CIA, dijo el consultor del Pentágono. El embajador y el jefe local no necesariamente tendrían conocimiento, de acuerdo a la actual interpretación del Pentágono de sus requerimientos de reporte. ... “Es una gentileza darle el poder a Rumsfeld, dándole el derecho de actuar rápidamente, de modo decisivo y letal”, me dijo el consejero del Pentágono. “Es una zona global de fuego libre”.

Traducción en exclusiva para Prensa Islamlatino del artículo de Seymour Hersh


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ARGENTINA

Alain Touraine y su dura crítica a las razones de la crisis argentina

Eduardo Febbro
Publicado en Pagina 12

Para el veterano analista francés, experto en Argentina, echarle la culpa al FMI es la salida fácil. Touraine habla de los factores internos de la crisis, la falta de política, los excesos y las faltas de los argentinos a lo largo de muchos, muchos años. Falta de conciencia nacional, falta de empresarios y políticos honestos, males que ve Touraine.
El sociólogo francés Alain Touraine sigue siendo, a los 75 años, un interlocutor vivaz, lleno de ideas, incisivo y por momentos cínico. Y sigue siendo un enamorado observador de América Latina y de Argentina en particular, país al que le dedicó años y muchas páginas. En este reportaje con Página/12, Touraine analiza la crisis del país, despeja responsabilidades y con toda dureza explica ciertas características de los argentinos que le parecen conducentes al fracaso permanente. En su discurso, este pensador francés recorre también su cambio de posición desde aprobar el achique del Estado y alentar ciertos aspectos del menemismo, a su actual horror hacia el neoliberalismo y la globalización.

- ¿Cómo ve la bancarrota del país?
- Es bien evidente que la Argentina conoció un período muy favorable entre el 91 y el 95, por lo tanto no había nada extraordinario en reconocer el aspecto positivo de ese período. La gente discute si el FMI u otra institución se ha portado mal con Argentina o no. Yo no veo las cosas así y voy a hablar de una manera brutal. Lo que pasó con la Argentina es que es un país que ha tenido desde el comienzo una riqueza tan grande, una vida cultural tan brillante y un nivel de vida tan alto que... nunca se puso a trabajar. No se industrializó, vivió de exportaciones primarias y luego con un enorme sistema de distribución, primero propio y luego a través de préstamos extranjeros, es decir, la plata dulce de los años 70. Argentina siempre ha sido un país en el cual la gente se define con relación al Estado o con relación al movimiento cultural internacional. Es un país en el cual no hubo y no hay un proceso de desarrollo. Argentina tiene una clase media muy grande y un Estado descompuesto: o es un golpe de Estado, o es la CGT de ciertas épocas. El problema mayor es la descomposición de la clase política y la descomposición de la voluntad de ser. No hay conciencia nacional fuerte y muchos argentinos, que son muy cultos, se van al extranjero.
- ¿Y hoy?
- En mi opinión, si el FMI y otras fuentes de dinero apoyan o permiten la sobrevivencia del sistema actual, un sistema a la vez de corrupción y de incapacidad de tomar decisiones. Me parece que sería una decadencia sin fin. Creo que en el momento actual el problema argentino es que no hay nadie, ningún grupo dirigente ni una elite, que pueda tomar la responsabilidad de transformar la situación del país. No creo que la plata del FMI sea positiva porque pasa por el Estado, es decir, por un sistema de corrupción. Creo que es fundamental que haya una lógica económica de recuperación. A partir de eso, y ahí tengo mis dudas, se puede pensar en una recomposición de fuerzas sociales, pero estamos muy lejos de eso. También se necesita una recomposición de la capacidad política del país y también estamos muy lejos. El mundo peronista era un mundo ampliamente corrupto. La crisis argentina no es una crisis del Fondo Monetario Internacional, no es una crisis de tal o cual cosa. No. Ocurre que después de medio siglo de tantas y tantas cosas se acabó, es decir, este país riquísimo –porque la Argentina no es un país pobre– no tiene ninguna capacidad de transformarse y de tomar decisiones.
- Usted sugiere que el peronismo y Eduardo Duhalde no tienen los medios de transformar la situación, como tampoco el radicalismo.
- Usted me dice que el presidente de la Argentina se llamaba Fernando de la Rúa. Usted es el único que lo sabe. Digamos que yo creía que había un abogado de no sé qué barrio que se llama De la Rúa. Nunca hizo nada, aunque es posible que tenga cualidades personales, pero no se trata de eso. En cuanto a Duhalde, no quiero opinar sobre él, pero me parece que la mayor parte de los argentinos piensan que Duhalde no va a durar tanto, es decir, que todavía no es una solución. En el momento actual puede ser positivo, pero creo que la enfermedad es más profunda: en la Argentina hay un enorme déficit de capacidad de decisión política, de análisis y de convencer a la gente. No hay capacidad de gobernar, no hay referencias a prioridades nacionales, etc. La Argentina es un país desestructurado donde ya ni siquiera hay sindicatos. Existen también muy pocos sectores que se interesan en la competitividad. Los patrones argentinos están acostumbrados a ganar beneficios en los pasillos de la Casa Rosada.
- Usted describe un país que se acabó, que perdió.
- Mire, yo no diría eso, pero... Hay que acordarse también de que en el 90 el país se derrumbó. Son dos veces en diez años. Entonces, es un país que, como unidad, como país y como sistema político, ha muerto. Yo no creo bajo ningún punto de vista que la Argentina no tenga futuro. Pienso que sí. Pero es importante reconocer que la crisis actual es más que una crisis coyuntural. La Argentina es un caso excepcional con un proceso de subdesarrollo que no se ha encontrado en ninguna parte del mundo. Este país tiene que reconstituir su capacidad de tomar decisiones y aceptar ganancias y pérdidas con diferentes clases sociales. Es evidente que el país no puede recuperarse si no es ayudado. Le recuerdo que la Argentina ha sido muy protegida por el FMI. Ahora, déjeme ser un poco más pesimista que todo esto. Yo creo que hay muchos países, muchas regiones y muchos sectores que salen del mapa, que desaparecen en el desorden o el caos, que entran en una economía ilegal y criminal o viven de ayudas exteriores. Durante muchos años nos acostumbrados a pensar que el proceso histórico es un proceso de integración.
- En ese proceso entró igualmente la Argentina.
- En realidad, hoy estamos viviendo un período de intensa desintegración. La mitad de América Latina está debajo del agua... y si digo la mitad soy generoso. Por eso hay que tomar muy, muy en serio la crisis argentina. Es un país tan avanzado, tan educado. La Argentina no es cualquier país y el hecho de que hoy se encuentre en dificultades profundísimas era una cosa impensable hace 10 años. Y sin embargo, es posible. No creo que la supervivencia de los países latinoamericanos esté asegurada en el momento actual. Hasta el momento estuvimos acostumbrados a ver crisis profundas en los países andinos, Ecuador, Venezuela, Perú. Creo que lo mejor que podemos hacer hoy para ayudar a los países latinoamericanos es no oponernos a que esos países conozcan un período de inmenso pesimismo. La reconstrucción de un país supone ciertas condiciones. En suma, la crisis Argentina revela un mal muy profundo, una advertencia que va mucho más lejos que el caso argentino. No se trata solamente de la Argentina. En tres años estaremos en una situación donde América Latina estará totalmente incorporada a la zona de libre cambio. Creo que es importante que América Latina no sea incorporada únicamente al sistema norteamericano. Esto supone la existencia del Mercorsur y, a su vez, eso supone la existencia de Argentina. De manera un poco ingenua, pensé que los europeos podrían interesarse en recomponer el Mercosur para establecer una zona de libre cambio entre Europa y el sur de América Latina. Pero me doy cuenta de que ni el gobierno español ni el gobierno francés se interesan en esto... y es una pena. Es muy grave y muy negativo. - Después de la crisis que sacudió a la Argentina, ¿cuál es la validez de los movimientos internacionalistas contra la mundialización?- No hay considerar esos movimientos frente a lo que está pasando en la Argentina porque se crearon antes. No sé si esos movimientos van a tener consecuencias importantes, pero tienen un significado importante. Durante diez o quince años, el mundo entero aceptó la idea de que la globalización resuelve todos los problemas. Frente a esa visión optimista, esta gente yotras personas hemos dicho desde hace años que el mundo actual es un mundo que carece de sentido, que es contradictorio. Los movimientos antiglobalización han tenido un impacto importante porque dijeron la verdad. El concepto de la economía internacional y de los países que descansan únicamente en la apertura del comercio internacional, en fin, eso son cosas carentes de toda verdad concreta, de toda base teórica. Yo considero que hoy en día ya no se pueden decir tonterías como se dijeron en el foro de Davos durante tantos años. La existencia de esos movimientos constituye, por lo tanto, un progreso.
- Se acabó la ficción de la “globalización feliz”.
- Para mí no existió nunca. Lo que me molesta es que toda esta historia de la globalización es una operación puramente ideológica. Se habla de globalización, de internacionalización cuando, en realidad, se trata de establecer un sistema capitalista extremo sin ningún control político y social. Para alguna gente esto es una condición del éxito, yo diría que es una condición del fracaso con ese telón de fondo del aumento de las desigualdades. Siento que el mundo está más enfermo de lo que se cree. No quiero ser cínico pero la derrota de la Argentina debe hacer que la gente se dé cuenta de cuán enfermo está nuestro mundo para que un país de un nivel tan alto se hunda.
- ¿Esa enfermedad también alcanza el corazón de los sistemas democráticos?
- La democracia, ¿qué es la democracia? Hay regímenes autoritarios y regímenes no autoritarios. Regímenes democráticos es mucho decir. La democracia no es solamente la existencia de elecciones libres, lo que es fundamental, por supuesto. Lo que llamamos democracia es un sistema en el cual las demandas populares pasan a través de instituciones políticas, representativas, y llegan a transformarse en medidas políticas y administrativas. Eso supone movimientos desde abajo, eso supone una vinculación entre el sistema político y las demandas sociales, y eso supone una capacidad del Estado de dar una importancia suficiente a las demandas internas.
- Si la crisis Argentina encierra para usted tantas lecciones, ¿qué significan entonces los atentados del 11 de setiembre?
- Esta ilusión de los años 90 de un mundo apacible dominado por la hegemonía norteamericana no vale más. Hay que reorganizar la vida económica y social mundial. El único problema es saber si los norteamericanos se van a dar cuanta o no de que tratan al resto del mundo como un objeto sin importancia. En esto tengo más optimismo que en otros casos. Es mejor que el mundo actual tenga un poco más de conciencia de la naturaleza de la situación en la que vivimos. Pero pensándolo mejor, no estoy seguro de que Estados Unidos van tener conciencia crítica.

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miércoles, agosto 09, 2006

nadine gordimer

"Los escritores, si escribimos con honestidad, lentamente podemos ir transformando el terreno"


Silvia Cherem
2003

Hace algunos años, durante una emisión televisiva en Estados Unidos, el actor
Winston Ntshona aconsejó a la escritora Nadine Gordimer: "Vive como hombre". Los espectadores creyeron que sus palabras eran una broma o una afrenta sexista para provocar a esta mujer, cuya estatura apenas rebasa el metro 50. Pero Ntshona, también sudafricano y cómplice de Gordimer en la lucha contra el apartheid, reconocía así su valentía e integridad, no obstante su condición de mujer y su color blanco.
"Es desafortunado que el espíritu de lucha esté confinado al sexo masculino", lamentó en entrevista Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura 1991 y quien visitó
México como vicepresidenta del Pen Club Internacional. "Sin embargo Ntshona supo halagarme".
"Guerrillera de la conciencia", en palabras de Seamus Heaney, Nadine Gordimer (Springs, Sudáfrica, 1923) ha sido partícipe de la transformación sudafricana.
Junto con su esposo, Reinhold Cassirer, luchó en la clandestinidad por derrocar la política del apartheid, levantó su voz para hacer pública la injusticia y se resistió al exilio a pesar de que más de una vez su vida peligró y sus novelas fueron censuradas (Burger's Daughter fue prohibida durante más de 12 años).
Como amiga y colaboradora cercana de Nelson Mandela, encarcelado 27 años como prisionero político, fue miembro activo del Congreso Nacional Africano, brazo político de la liberación nacional de los negros. En los 70 y los 80, durante los años más cruentos de la segregación racial del apartheid, mantuvo la espada desenvainada tanto con su activismo político como con su obra literaria, que incluye más de 200 cuentos y 13 novelas alusivas a la historia reciente de Sudáfrica, así como varios volúmenes de ensayos que han sido traducidos a una decena de idiomas.
A pesar de que ha obtenido los máximos galardones literarios y una veintena de doctorados de las más prestigiadas universidades del mundo, Gordimer ha optado por mantener su vida en la intimidad. Casi no concede entrevistas, mantiene un caparazón de antipatía que ahuyenta a los extraños, y sus filosas declaraciones cercenan el diálogo.
Más de una vez, ante el acoso de los medios, ha declarado que jamás escribirá una autobiografía.
Sin embargo, en esta entrevista, que intentó dejar inconclusa, logró desnudar aspectos personales de su vida hasta hoy desconocidos. A sus 80 años, recién cumplidos el 20 de noviembre en la Ciudad de México, puso la historia en blanco y negro. Aún la desvelan los anhelos y los proyectos: "soy ya bisabuela, el Nobel ha magnificado mi voz, y motivos justos no me faltan para seguir a pie juntillas".

La voz del Nobel

Críticos y lectores arguyen que la visión moral y la imaginación de Nadine
Gordimer han dado forma y contenido a la historia reciente de Sudáfrica. ¿Cree usted
que la literatura en general, y la suya en particular, han tenido la capacidad de influir
a los gobernantes y a sus pueblos en la toma de decisiones?


Los escritores debemos ser modestos a este respecto. Si pienso hacia atrás en tiempos recientes, el único país en el que los escritores han logrado modificar el peso de la balanza es en Francia: Emile Zolá con su histórico J'accuse, en el Caso Dreyfuss, o Camus, Sartre y Simon de Beauvoir, durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no sé de nadie, salvo de aquellos escritores que se volvieron políticos como Václav Havel, que realmente hayan logrado tener una influencia determinante. Y, en general, los escritores no son buenos políticos.
Sin embargo, quienes tratamos de mostrar las verdades sociales de nuestros países en conflicto, sí podemos influir en aquellos lectores que viven en sociedades más libres. La gente comienza a entender qué sucede en una sociedad opresiva. En la televisión ven imágenes de los alborotos, las protestas masivas, los asesinatos, las persecuciones con gases lacrimógenos, pero no saben cómo se sentía la gente el día que fue a protestar, si había discusiones familiares, las complicaciones generacionales y las rupturas provocadas porque un miembro de la familia se unió a los movimientos de liberación y otros no. Conocí cientos de casos de parejas que se disolvían por esto, hombres y mujeres que creían que su compañero ponía en riesgo a la familia.
Las historias literarias no sólo muestran la opresión, sino que aluden a los sentimientos y a cómo la gente enfrenta esta realidad. El lector generalmente entiende y simpatiza con los personajes, y es posible que pueda influir en su gobierno para presionar y generar cambios. Un ejemplo de esto sucedió con Barclay's Bank, con sede en el Reino Unido. Cuando tuvieron su junta de accionistas, los miembros de los grupos contra el apartheid aprovecharon para hacerles saber que sus bancos en Sudáfrica eran cómplices de las políticas racistas: los empleados sólo podían ser blancos y jamás un negro podía ser acreedor de un préstamo. La influencia cobró su efecto e impusieron restricciones y sanciones financieras.
Los escritores, si escribimos con honestidad, lentamente podemos ir transformando el terreno. Y obviamente hablo de escribir literatura y no propaganda, porque aunque ésta implique una causa justa, siempre sonará falsa a los ojos del lector.
Cualquier revolucionario, por más valiente o maravilloso que sea, es un ser humano con virtudes y debilidades, y sólo la literatura puede resquebrajar su aureola de santo.

Declaró que tenía años esperando el Nobel y que después de ser nominada por años, perdió la esperanza...

Eso es mentira absoluta. Jamás lo preví, ser nominada no quiere decir que hubiera estado sentada esperándolo. Quienes se sientan a anhelar el Nobel, no lo reciben. Uno no escribe para recibir premios, si vienen qué bien, pero ése no puede ser el aliciente. Sé de dónde salió esa información. Cada vez que me nominaban, un periodista me llamaba para decirme que estaba a horas de ser galardonada, y me preguntaba cómo me sentía. Mi respuesta siempre era la misma: "si recibo el Nobel, te lo diré entonces. Adiós". Me molesta que los periodistas reporten tan mal, por eso no doy entrevistas.

Mi pregunta iba en otro sentido. El premio se le otorgó finalmente en 1991, en el momento que iniciaba la transición en su país. Dos años antes, P.W. Botha renunció como presidente y F.W. de Klerk lo sucedió; sólo meses antes, Nelson Mandela fue liberado de la prisión. Aunque literariamente no haya duda de la calidad de su obra,¿habrá tenido su premio, en ese preciso contexto, una motivación política?

Ninguna. El presidente de mi país ni siquiera me felicitó. Estaba yo en Estados
Unidos cuando fue anunciado mi Nobel y cuando regresé a mi casa, mis camaradas me hicieron una recepción maravillosa en el aeropuerto. Ahí estaba el Arzobispo Desmond Tutu y los miembros de la Asociación Africana de Escritores. El máximo honor es saludar a alguien tocando el cuerno ceremonial de vaca y así me recibieron. Pero del gobierno, nada.
Finalmente, eso es parte del pasado. De Klerk ya está felizmente pescando en su hermosa granja. El pueblo sudafricano no es vengativo. ¿Dónde más un hombre que mantuvo un gobierno de esa naturaleza puede permanecer en su patria? Vive en Sudáfrica como cualquier otro ciudadano, sin que nadie lo moleste. Esto muestra la increíble tolerancia de los negros de mi país, que son un ejemplo a seguir.

¿En qué medida le gusta o le enfada el mito que se ha creado alrededor de Nadine Gordimer?

Soy muy reservada y así me comporto: me niego a sumarme a grupos o a dar entrevistas. Al obtener el Nobel se ve uno acosado por toda clase de personajes que buscan utilizar nuestro nombre. ¡Podría uno pasar la vida yendo a congresos! A veces me pregunto si saben qué Nobel obtuve. Me invitan a extrañas reuniones, desde salvar a la ballena hasta congresos de dentistas. Mi amiga Susan Sontag me dijo: "Nadine, tienes que aprender a decir: gracias, pero no". Así me la he pasado, diciendo que no.
Yo era así aún antes del Nobel. Nunca acepté hacer presentaciones públicas ni fui a book tours para presentar mis libros. Sólo lo hice con Burger's daughter, porque al estar censurada en mi país, quise darle voz afuera.

Con el Nobel vino el acoso, pero también su voz se vio fortalecida para defender las causas en las que usted cree.

Eso sólo nos sucede a quienes obtenemos el de literatura o el de la paz. A los otros, físicos y científicos, nadie les hace caso. Es cierto, mi pequeña voz se convirtió en otra mucho más sonora. Hace tres años acepté ser embajadora de buena voluntad de los proyectos de desarrollo de las Naciones Unidas. Dudé en aceptar el cargo porque atenta contra mi naturaleza reservada, pero estoy muy interesada en que África se desarrolle con el apoyo del primer mundo, sin que ello implique sumisión.
Otra de mis preocupaciones es el SIDA. En Europa y en Estados Unidos aún piensan que el problema les es ajeno, que atañe a los países subdesarrollados o a India o África. No es cierto, es la nueva plaga del milenio y hay que enfrentarla. Acabo de poner mi grano de arena. Hay un dicho que dice es mejor prender una vela, que lamentar la oscuridad. Veía que los músicos eran capaces de organizar grandes eventos para recaudar fondos, y pensé que los escritores nos manteníamos atados de manos.
Decidí encender la vela. Se me ocurrió editar una antología de 20 cuentos cortos grandes nombres en una edición comercial. Pedí a mis amigos escritores –desde Arthur
Miller, José Saramago, Kenzaburo Oé y Gunther Grass, hasta Woody Allen– que eligieran una historia ya publicada que los representara adecuadamente, y que la donaran sin pago, liberando los derechos. Lancé al mar una botella con un mensaje, y los 20 respondieron que sí. Sus historias son maravillosas y totalmente diferentes. Yo soy la número 21, con The ultimate safari, que relata la historia de una pequeña niña que atraviesa el Parque Kruger para escapar de la guerra en Mozambique. Elegí este cuento por ser corto y bueno. Para octubre del año que entra, el libro estará editado en inglés, alemán, italiano y francés, y convencí también a las casas editoriales para que sólo cobren costos. Lo recaudado será destinado a la lucha contra el SIDA. El libro se llamará Telling tales, porque alude a contar una historia y al hecho que los escritores "cuenteamos" sobre alguien. Veré que Telling Tales se publiqué también en español.

Complicidad, amor y traición

Siempre se aplaude el hecho de que permaneció en Sudáfrica en los peores años de la represión. Sin embargo, sé que usted consideró emigrar a Zambia.

En la década de los 70, me resultó muy difícil, como blanca y como opositora del gobierno, permanecer en mi país. En aquellos años, en el Congreso Nacional Africano trabajábamos mano a mano blancos, indios y negros, pero de repente el movimiento La Conciencia Negra comenzó a permear todos los espacios. Más que buscar una adhesión ideológica de izquierda, su interés era concentrar su fuerza sólo en los negros. Insistían en que sólo los negros podían comprender a los negros, y lograron convencer a muchos de que se alejaran de nosotros.
Mi esposo y yo sentimos que nos estaban marginando y empujando a relacionarnos con los liberales blancos, con quienes no teníamos nada en común. Ellos querían un cambio, que las leyes se relajaran, pero no estaban dispuestos a combatir el apartheid. No aceptaban, por ejemplo, el voto negro. Así es que de repente sentimos que no encajábamos ni con los blancos liberales que eran timoratos, ni con los negros que creían que tenían que hacer el cambio por sí solos. Nos negábamos a vivir en Sudáfrica como blancos privilegiados y por eso pensamos en emigrar a Zambia o al sur de Rhodesia. Mi esposo. Reinhold, era europeo y prefería emigrar a Londres; yo no podía alejarme de África. Por eso, finalmente nunca partimos.

Reinhold Cassirer fue su segundo esposo, vivió con él 48 años hasta que murió a los 93 años. Su vida cobró sentido al lado de este hombre que fundó Sotheby's en Sudáfrica y fue uno de los dealers de arte más respetados. Hábleme de él, ¿seconocieron en la lucha contra el apartheid?

No. Cuando lo conocí en 1953, yo pertenecía a un pequeño grupo de escritores en Johannesburgo. Tenía 29 años, era madre de una niña de 2 años y estaba ya divorciada. Charles, un amigo poeta y traductor que en El Cairo había compartido cuarteles con Reinhold, fue quien me lo presentó en Sudáfrica. En ese entonces yo sólo había publicado un pequeño libro de historias y acababa de terminar The lying days, mi primera novela y la única de corte autobiográfico. Hoy me arrepiento un poco de ella, es mala y tiene un tinte revanchista contra mis padres. Se publicó cuando mi relación de amor con Reinhold iniciaba. La lucha y las censuras vinieron después.

Dice que su amigo compartió cuarteles con Reinhold en El Cairo. ¿Fue durante la Segunda Guerra Mundial?

Sí, cuando obtuvo la ciudadanía sudafricana, se unió al ejército, y de 1940 a 1945 estuvo en Egipto, como parte de los servicios de inteligencia ingleses. Monitoreaba las transmisiones alemanas y las traducía al inglés. Era europeo, de una distinguida familia alemana, los Cassirer. Sus tíos eran Ernest, el filósofo; Paul, el art dealer, y Bruno, uno de los más importantes editores de arte del siglo XX.
Como todos los judíos de clase media alemana, tuvo una educación privilegiada. Cursó un doctorado en filosofía en Heidelberg, estudió en Suiza con Golo Mann, el hijo de Thomas Mann, y en la Escuela de Economía de Londres. Tenía un montón de títulos, de aquellos que se tornan inservibles cuando uno se convierte en refugiado. Durante sus años universitarios perteneció a un grupo socialista que protestaba contra Hitler y más de una vez fue arrestado e interrogado por la Gestapo.
En 1935, cuando Reinhold tenía 27 años, los nazis expropiaron el negocio familiar, una importante fábrica de cables eléctricos, y se lo entregaron a la industria Siemens, una trasnacional que aún hoy la gente desconoce que fue cómplice del nazismo. Reinhold logró salvar de las garras nazis gran parte de la colección de arte de su padre. Con un amigo, subió la obra a un tren y partieron a Holanda, cuando los interrogaban argüían que la obra era "del joven pintor" y que la expondrían en Ámsterdam.
Su padre, Hugo Cassirer, había tenido contactos comerciales por todo el mundo y como le vendía cables a mineros de Sudáfrica, Reinhold decidió refugiarse ahí. Llegó en 1935, recién casado entonces con una muchacha alemana. Consiguió trabajo como administrador en una compañía minera y fue su manera de sobrevivir de 1936 a 1939, cuando se enlistó en el ejército sudafricano para combatir a los nazis.

Su vida es argumento de libro.

Un libro privado. Reinhold regresó a Sudáfrica años después y lo conocí en 1953. Para entonces ambos estábamos divorciados. Sus conocimientos políticos y estratégicos sirvieron a nuestra lucha contra el apartheid... Ya te conté demasiadas cosas de mi intimidad, quisiera terminar.

En 1958, vivió por vez primera la mordaza de la censura sudafricana cuando publicó A world of strangers. Alguna vez dijo que quien experimenta la censura, jamás se recupera de ello. ¿Aún lo siente así?

No. Hoy pienso que censurarme fue un halago, le temían a mi obra y me pagaron con el honor de ser su enemiga. Tuve la suerte de escribir en inglés, mi lengua madre, y como tenía editores en Inglaterra y Estados Unidos, mis libros se publicaron en el extranjero, donde comenzaron a movilizar conciencias. Sin embargo, el hecho de no tener lectores en mi propio país, me hizo sentir extraña, como un fantasma.

¿Alguna vez fue arrestada o su vida corrió peligro?

Siempre estuve en peligro, pero nunca fui arrestada. Mi esposo y yo escondíamos a refugiados negros en casa, los ayudábamos a cruzar la frontera y estábamos involucrados en todas las acciones clandestinas. Hubo muchos que perdieron su vida, otros que pasaron sus días encerrados en prisión. Nunca había hablado de esto y no quiero sonar jactanciosa. Así lo hicimos, me siento satisfecha.

¿Son estos prisioneros de carne y hueso los que han llegado a sus cuentos y novelas, por ejemplo, en la novela My son's story?

Sí. Sin embargo, jamás escribiré nada autobiográfico.

En My son's story y en numerosos cuentos como "My generation gap" está presente el tema de la traición, una constante en su literatura.

Es curioso que lo hayas notado. No puedes imaginarte en qué medida vivíamos inmersos en ese espantoso ambiente de traición. Creíamos que la gente con la que nos reuníamos, compartía nuestros valores, pero más de una vez sucedió que tratábamos con espías del gobierno que nos tildaban de comunistas.
En las reuniones hablábamos de las persecuciones, y discutíamos si había viabilidad de cambiar las leyes, planeábamos mítines o manifestaciones. Uno de mis maravillosos amigos, involucrado hasta el cuello en la causa antiapartheid, vivió situaciones muy peligrosas en aquellos años. Inclusive pertenecía a una organización del extranjero que becaba a gente que queríamos sacar del país. En algún momento fue detenido sin juicio, sin derecho a abogado y constreñido en prisión.
Hoy nos reímos porque cuando se casó, invitó como testigo de honor a otro de nuestros compañeros de lucha, el mismo que con el paso del tiempo supimos que era el espía. Era tan cercano, que nunca pasó por nuestra mente que fuera un canalla. Por eso, el asunto de la traición se convirtió en una obsesión. Es más, estoy hablando contigo y pienso en eso. Pareces gente de bien, pero uno nunca sabe...
El gobierno conspiraba de una manera brutal. Ponía a su gente en las prisiones para escuchar. Me acuerdo de un hombre que fue apresado, ¿quién iba a dudar de él?, parecía un luchador genuino, y también resultó ser un felón. Cuando estuvo detenido con los revolucionarios legítimos, escuchó sus pláticas y reportó todo. Navegaba como paloma.

También ha novelado la traición en el amor.

Invadía todos los espacios y todas las relaciones, hasta las familiares. Esto me hacía pensar que la traición es parte del comportamiento humano. Pensaba en mis propias traiciones... y de eso no quiero ya hablar.

Coetzee, a diferencia de usted, cuestiona la viabilidad de la sociedad sudafricana postapartheid. Pareciera que la mancha del racismo no es posible borrarla.

No quiero criticarlo, porque Coetzee es un brillante escritor y amigo. Sin embargo, me es difícil entenderlo: se fue de Sudáfrica y vive en Australia. En nuestro país hay ya libertad de expresión y pienso que tenemos mucho aún qué hacer como escritores. Yo me siento muy orgullosa de haber vivido los suficientes años para vivir el cambio. En los 80, mi esposo y yo llegamos a creer que vendría una guerra civil, que acabaríamos asesinados.
Apenas serán 10 años en abril próximo y las transformaciones no pueden darse de un plumazo. El racismo viene desde 1652 cuando Jan van Riebeeck, comerciante holandés, estableció un campo de la Dutch East India Company para que los barcos, en su trayecto a la India, resurtieran combustible en el Cabo de Buena Esperanza. Cercó su jardín para marginar a los negros, y así comenzó la historia. Luego, a través de los siglos, ingleses y holandeses impidieron que los negros tuvieran voz, estudios o trabajo.
Cuando mis niños iban a la escuela en Sudáfrica, el gobierno concedía 10 veces más presupuesto a la educación de niños blancos que a la de los negros. Hoy es igual para todos indistintamente de color o raza. Hay problemas, no los niego, pero estamos creando la infraestructura para dar igual oportunidad a todos. Por darte un ejemplo más, donde yo vivo, antes un barrio de blancos, comparto el espacio con una mayoría negra.
Los blancos huyeron a Australia o Canadá para no verse expuestos a un gobierno negro.

Con respecto al rol político del escritor, Octavio Paz –quien la trajo en aquellos años cuando México no tenía relaciones con Sudáfrica–, me dijo que la condición para que un intelectual pueda mantener su visión crítica, es la sana distancia con el poder. Cuando el apartheid cayó, al parecer usted detentó cargos públicos...

En 1994, el gobierno pasó a manos del Congreso Nacional Africano, la gente con la que yo había peleado durante décadas y la institución a la que aún hoy pertenezco. Ellos me nominaron como parlamentaria. Me conmovieron, pero siempre supe que no tenía el carácter para ser política. Recordé a mi amiga la escritora Natalia Ginzberg, miembro del Partido Comunista Italiano, que después de haber participado en el parlamento, nunca más volvió a escribir nada bueno. Bajo su inspiración, rechacé el cargo.

Identidad e infancia

Nadine, su padre era un judío de Latvia, y los Cassirer también eran judíos.Sin embargo, me sorprende que hace unos días en la conferencia de prensa, cuando le preguntaron los reporteros sobre su origen judío, respondió sin cortapisas que era sudafricana. Dijo que es racista que los blancos velen sólo por los intereses de los blancos, los negros de los negros, o los judíos de los judíos. Pareciera que usted se avergüenza de su origen.

Eso es completamente falso. Lo que dije es que la religión o la raza no son motivos de orgullo o vergüenza. Aunque no crecí en un contexto religioso, jamás he negado mi origen. Soy judía porque mis dos padres fueron judíos, y también mi esposo.
Sin embargo, eso no quiere decir que me sienta miembro del "pueblo elegido", porque eso implica un peligro y no estoy dispuesta a cargar con etiquetas bíblicas. ¡En Sudáfrica los blancos se creían los elegidos! Soy judía, y soy una sudafricana blanca. Cargo con esas tres identidades.

Si bien ha dicho que le preocupa el Medio Oriente, nunca se ha pronunciado en torno a ello.

He sido muy cercana a Amos Oz y a Edward Said, recientemente fallecido. El hecho de que pudiera ser abierta y honesta con ambos, explica mi posición. Considero que debe haber justicia en ambos lados: israelíes y palestinos. La estéril pared que los israelíes construyen entre ambos pueblos es un desastre. Debe haber dos estados separados, dos vecinos independientes cuya seguridad y soberanía esté garantizada a nivel internacional.
Por otra parte, el mundo árabe más de una vez ha insistido en liquidar a Israel y arrojar a los judíos al mar, y considero que debe garantizar y reconocer el legítimo derecho de Israel a existir. Te pido que esto quede claramente reportado en tu nota.
Mi sueño era juntar a Oz y a Said, porque tenían mucho más en común de lo que ellos se imaginaban. Nunca lo logré, y ahora Said ya murió.

Quiero recuperar su infancia, cuando esa pequeña niña, protegida por la minoría blanca, leía a los 6 años con avidez los libros de la biblioteca del pueblo minero de Springs, vedados a los negros.

Así se despertó mi curiosidad, quizá nací con cuerdas especiales para encontrar mi propia voz. Devoraba todo y muy pronto dejé la literatura infantil para pasar a Upton Sinclair, Maupassant, Chejov, D.H. Lawrence. A los 9 años ya escribía, y a los 14 vi publicado mi primer trabajo, The quest for seen gold, en la sección de niños del Johannesburg Sunday Express. Veía muchas cosas en el pequeño pueblo en el que nací, y durante mi adolescencia cuestioné la realidad que me circundaba.

Se ha dicho que The jungle de Upton Sinclair fue el punto de quiebre.

Quizá es una exageración decirlo así, pero con ese libro tuve conciencia de la forma en que se trataba a los trabajadores, y ese mismo maltrato era el que veía a mi alrededor.

En la información disponible de su infancia, hay lagunas. En sus diarios, que usted depositó en la Biblioteca Lilly de la Universidad de Indiana, hay una breve referencia a una enfermedad por la que su madre la sacó de la escuela de monjas a la que asistía.

No quiero entrar en ese tema que implica las extrañas actitudes de mi madre.
Ya está muerta. Tuvo sus "razones" y me puso una tutora en casa. Me eduqué leyendo.
De niña tenía una relación adorable con mi madre, era la enfant cherie, pero eso se acabó cuando tuve conciencia en la adolescencia. Me rebelé contra todo.

¿Estaba realmente enferma?

No, muchos años después supe que mi defecto congénito en el corazón es muy común. Ya cumplí 80 años, tuve dos hijos y jamás me ha afectado. Me cuesta trabajo entender que mi madre me sacó de la escuela a los 11 años condenándome a una vida de soledad, y que jamás regresé.

¿Nunca volvió?, pero en todos sus currículums se afirma que cursó su
licenciatura en la Universidad de Witwatersrand.


Sólo fui un año y, si me aceptaron, fue porque ya estaba publicando libros.

De los pocos textos autobiográficos está un cuento titulado "Mi padre se va de casa" que habla de Latvia, pueblo natal de su padre, Isidore Gordimer. ¿Cuál era su relación con él?

Es muy triste, nunca lo conocí verdaderamente, porque mi madre era la figura dominante en la casa. Él llegó a los 13 años a Sudáfrica sin familiares, educación o pertenencias. Mi madre provenía de una familia judía inglesa de sólida clase media, que emigró a Johannesburgo cuando ella tenía 6 años. Su lengua materna era el inglés, era una mujer educada, y siempre se sintió afortunada de haberse casado con un hombre limitado para poder ella lucir su superioridad. Ella tenía todo el control. Supervisaba mis tareas y las de mi hermana mayor, y culturalmente fue quien nos formó. Con mi padre tuve escaso contacto.

¿Cuándo murió?

Ya entrado en los 70 años. Ya era yo grandecita, iba en mi segundo matrimonio, pero me influía todavía entonces el pensamiento de mi madre que argüía que la vida humilde de mi padre no tenía interés ni importancia. Él mantuvo sus costumbres: cuando comíamos huevos con tocino, él se comía sólo los huevos; ayunaba en el día de Yom Kipur e iba al templo en el aniversario de la muerte de sus padres, que jamás supe cuándo o cómo murieron. Ahora lamento nunca haberle preguntado nada. Por eso escribí aquella historia que imaginé viajando en Hungría con Reinhold, mi hija, su esposo francés, y algunos amigos.
Nos subimos a un tren para conocer los poblados circundantes y de repente llegamos a una estación: Latvia. Al siguiente día, los hombres se fueron a cazar aves, porque esa era la motivación del viaje, y yo me fui a pasear al poblado abrumada por la infancia de mi padre. Meses después, escribí ese cuento imaginando lo que debió haber sido emigrar a los 13 años sin saber inglés, llegar a aquella estación de trenes, viajar al puerto de Riga y tomar el barco a Sudáfrica.
Mi padre jamás regresó a Europa, a diferencia de mi madre que viajaba constantemente. Él nunca quiso conocer París o Londres. Pasó su vida en Sudáfrica. Había algunas fotos antiguas de su shtetl y un par de álbumes, pero mi madre, que era de las que una vez al año llegaba a escarbar el juguetero para tirar "lo inservible", seguramente algún día le rompió sus recuerdos: "esto ya no lo necesitas".

¿Se sentían sus padres orgullosos de que fuera usted escritora?

Creo que sí. No me motivaron a hacerlo, y tuve la enorme suerte que me dejaran en libertad. Nunca creyeron que fuera yo ningún prodigio.

Uno de los cuentos que más me impresionan es la "Carta de su padre" en Hay algo ahí fuera, donde personifica al padre de Kafka quejándose del testimonio literario de su hijo. Supongo que esta carta apócrifa está inspirada en la experiencia de ser madre.

Me pareció la venganza de los padres porque seguramente Kafka fue insoportable como hijo. Lo escribí a comienzos de los 90. Mis hijos ya eran grandes, inclusive ya era yo abuela.
Al educar a mis hijos me preocuparon las cosas usuales. A mi segundo matrimonio traje a mi hija que tenía 2 años y medio; y mi esposo, a la suya de 4 ó 5 años. Juntos tuvimos a Hugo. No fue una situación fácil ser madrastra. Me preocupaba favorecer a alguno de los hijos sobre los otros. Reinhold en este sentido era maravilloso y todo lo resolvía fácil.

¿Cómo vivieron ellos la vida de clandestinidad, la conciencia contra el apartheid?

No los involucramos en la lucha. Ahora que hablamos como adultos se quejan
que le dábamos demasiada importancia a la política y que les faltó atención.

Afinidades y carencias

Sé que se ubica cómodamente en la izquierda política. Recientemente vi que firmó una carta de apoyo a cinco cubanos apresados en Estados Unidos.

Sí. Estados Unidos se jacta de ser la mejor democracia del mundo y, por ello, se espera un estándar de comportamiento acorde. La forma en que han tratado a esos cinco hombres se asemeja al maltrato de las más sangrientas dictaduras. No se les permite ver a sus familiares, ni siquiera a un niño de 10 años. ¡Así se comporta la gran democracia americana! Cuba no es ningún ejemplo democrático, pero es un país cercado. Su economía no puede desarrollarse por el bloqueo norteamericano.

¿Sólo por el bloqueo norteamericano? Su respuesta pareciera una manera de justificar a Castro, que lleva 44 años en el poder.

Castro no vivirá para siempre y no es justo que se castigue a los cubanos por su presencia y su régimen. ¿Qué peligro representa para Estados Unidos esa pequeña isla comunista? Ya no existe la URSS, y Cuba no es una plataforma con capacidad de propagar el comunismo. ¡Uno se puede burlar a carcajadas de los conservadores norteamericanos! Si retiraran el bloqueo, y esa gente pudiera desarrollarse, otra historia cantaría para los cubanos.

¿Es usted amiga de Castro?

He ido a Cuba, pero a él no lo conozco. A pesar de los errores, en Cuba he visto muchas cosas buenas. No existe la desnutrición, los niños con el vientre inflado que uno ve en África. Gozan de vestimenta apropiada y de educación. Los pobres cargan su pobreza con dignidad. Lo que les falta es desarrollo, tener fuentes de trabajo...

¿Libertad?

Eso también, pero lo primero es tener qué comer. La libertad de expresión viene después, requiere cierto nivel de educación intelectual.

Pareciera que en su discurso hay una doble moral, porque usted ha vivido en carne propia lo que es la opresión y la censura.

Estoy totalmente en contra de la opresión de la libertad y se los he dicho también a los cubanos. Insisto que no se puede equiparar el estándar de comportamiento entre el gran Estados Unidos y este pequeño país, que espero que algún día se convierta en una democracia. ¿Por qué mantienen los norteamericanos su base en Guantánamo? ¿Has visto cómo la gran democracia trata a esta gente? No excuso a Castro, pero cuestiono a los estadounidenses.

Hace unos días cumplió usted 80 años. Más de 70 años como escritora, más de 30 libros, el Booker Prize, el Nobel, ¿qué falta, qué la enorgullece, qué lamenta?

Siempre me he quejado que los periodistas no hacen las preguntas correctas porque deseaba que me preguntaran justamente aquello que lamento. Así es que te lo voy a decir a ti. Estoy orgullosa de mi humilde parte en la liberación de mi país; me avergüenzo de muchas cosas privadas cuando le he fallado a gente cercana; y lo que más lamento es no haber aprendido a hablar o a escribir un lenguaje africano. Nací y crecí en Sudáfrica y no conozco ninguna de sus 11 lenguas: zulú, setswana, xhosa... Cuando mis amigos hacen una broma, quedo fuera. No lo soporto.

En su obra la muerte es una obsesión, ¿le atormenta?
No tengo miedo, ni tampoco religión. Soy atea, como mi esposo. Creo que la muerte es el final del camino; no hay vida posterior. Cuando muera, quiero ser cremada y que mis cenizas desaparezcan. No me interesa tener epitafios, tumbas, ni ningún tipo de permanencia. Es aquí y ahora donde yo he vivido.

Silvia Cherem, periodista mexicana
silviach@entrevistas.com.mx


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martes, agosto 08, 2006

No es una guerra de dios, dejen a Dios fuera de esto

John Le Carré

Ocho de octubre de 2001. 'Empieza el bombardeo', chilla el titular de hoy del normalmente circunspecto Guardian. 'Batalla unida', se hace eco el igualmente cauto Herald Tribune, citando a George W. Bush. Pero, ¿con quién se ha unido? ¿Cómo acabará esto? ¿Qué les parecería con un Osama Bin Laden esposado, con un aspecto más sereno y más parecido a Cristo que nunca, ante una tribuna donde están sus vencedores y con Johnny Cochrane como defensor? Los honorarios no serían ningún problema, eso está claro.

¿O un Bin Laden hecho añicos por una de esas bombas inteligentes que, según parece, son capaces de matar terroristas escondidos en cuevas pero dejan la vajilla intacta? ¿O hay alguna otra solución que no se me haya ocurrido y que evite que convirtamos a nuestro gran enemigo en un gran mártir para aquellos para los que ya es un ser casi divino? Sí, hay que castigarle. Hay que llevarle ante la justicia. Como todo ser cuerdo, no veo otra salida. Enviemos alimentos y medicinas, suministremos ayuda, recojamos a los refugiados muertos de hambre, a los huérfanos tullidos, los pedazos de cuerpos -lo siento, 'daños colaterales'-, pero no hay más opción, hay que cazar a Bin Laden y a sus terribles secuaces.

Lamentablemente, más que el merecido castigo, EE.UU. añora en estos momentos más amigos y menos enemigos. Y lo que se está reservando, como nosotros los británicos, es aún más enemigos; porque tras todos los sobornos, amenazas y promesas con que se ha remendado esta coja coalición, no podemos evitar que, cada vez que un misil mal dirigido se lleve por delante un pueblo inocente, nazca otro bombardero suicida, y no se ve cómo eludir este endiablado ciclo de desesperación, odio y, de nuevo, venganza. La maquillada grabación televisiva y las fotografías de Bin Laden sugieren que se trata de un hombre con un narcisismo homoerótico, lo que quizá nos dé alguna esperanza. Cuando posa con un Kaláshnikov, asiste a una boda o consulta un texto sagrado, muestra con cada gesto de autoadoración que es tan consciente de la cámara como un actor. Tiene altura, belleza, gracia, inteligencia y magnetismo, todos ellos grandes atributos, a menos que se sea el fugitivo más de moda del mundo y se haya huido, en cuyo caso son un incordio difícil de disfrazar. Pero el más grande de todos, a mis fatigados ojos, es su apenas contenible vanidad masculina, su apetito por la teatralidad y su inmensa pasión por estar en el candelero. Y puede que este rasgo sea su perdición y le induzca a un acto final dramático de autodestrucción, producido, dirigido, escrito e interpretado hasta la muerte por el propio Osama Bin Laden. Según las reglas del terrorista, por supuesto la guerra se perdió hace tiempo. Según nosotros, ¿qué victoria podríamos obtener equiparable a las derrotas ya sufridas, por no hablar de las que nos esperan?

El 'terrorismo es teatro', me dijo en 1982 en Beirut un agitador palestino de voz suave. Hablaba del asesinato de los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich, pero podría estar hablando de las Torres Gemelas y del Pentágono. Al difunto Bakunin, evangelista del anarquismo, le encantaba hablar de la propaganda del Acto. Es difícil imaginar unos actos de propaganda más teatrales y potentes que estos. Bakunin en su tumba y Bin Laden en su cueva deben de estar frotándose las manos mientras nos embarcamos en un proceso tan caro a los terroristas de su calaña: duplicamos a toda prisa nuestras fuerzas policiales y de inteligencia y las dotamos de más poder, suspendemos derechos civiles básicos y limitamos la libertad de prensa, imponiendo puntos negros informativos y una censura secreta, nos autoespiamos y, lo que es peor, violamos mezquitas y acosamos en la calle a pobres ciudadanos porque nos da miedo el color de su piel.

Y los miedos compartidos -¿me atrevo a volar?, ¿debería llamar a la policía para hablarles de esa pareja tan rara del piso de arriba?, ¿sería más seguro no conducir por Whitehall esta mañana?, ¿ha vuelto mi hijo sano y salvo del colegio?, ¿se han hundido mis ahorros de toda la vida?- son justo los miedos que nuestros atacantes desean que tengamos.Hasta el 11 de septiembre, EE UU era feliz machacando a Putin por su carnicería en Chechenia. Le decían que la violación rusa de los derechos humanos en el norte del Cáucaso -todo el mundo estaba de acuerdo en la existencia de tortura generalizada y asesinatos equivalentes a un genocidio- obstaculizaban unas relaciones más estrechas con la OTAN y EE UU. Incluso había voces - entre ellas la mía- que sugerían que Putin se uniera a Milosevic en La Haya; acabemos con los dos juntos. Bueno, adiós a todo eso. En el seno de la nueva gran coalición, Putin parecerá un santo en comparación con algunos de sus compañeros de cama.¿Nadie se acuerda ya de la protesta contra lo que se consideraba colonialismo económico del G-8? ¿O contra el saqueo del Tercer Mundo por las incontrolables multinacionales? Praga, Seattle y Génova nos mostraron turbadoras escenas de cabezas rotas, vidrios rotos, violencia callejera y brutalidad policial. Blair estaba profundamente impresionado. Pero el debate siguió siendo válido, hasta que se ahogó en la oleada de patriotismo, hábilmente explotado por Estados Unidos SA. Mencione hoy Kioto y se arriesgará a ser tildado de antiamericano.

Parece que hubiéramos entrado en un nuevo mundo orwelliano en el que nuestra fiabilidad como camaradas en la lucha se midiera por el grado en que invocáramos el pasado para explicar el presente. Insinuar un contexto histórico para las atrocidades recientes equivale a justificarlas. Quien esté con nosotros no lo hace. Quien lo haga, está contra nosotros.Hace 10 años me estaba convirtiendo en un pelma idealista al contar a todo el que quisiera escucharme que con la guerra fría nos estábamos perdiendo una oportunidad irrepetible de transformar la comunidad mundial. ¿Dónde estaba el nuevo Plan Marshal?, suplicaba. ¿Cómo es que los y las jóvenes de los Cuerpos de Paz Estadounidenses, de los Servicios de Voluntariado en el Extranjero y de sus equivalentes europeos no se presentaban a millares en la antigua URSS?¿Dónde estaba ese estadista de categoría mundial, ese hombre moderno, con la voz y la visión necesarias para definirnos los auténticos, aunque menos llamativos, enemigos de la humanidad: la pobreza, el hambre, la esclavitud, la tiranía, las drogas, las guerras incontroladas, la intolerancia racial y religiosa, la avaricia?

Ahora, de la noche a la mañana, gracias a Bin Laden y los suyos, todos nuestros líderes son estadistas de categoría mundial, que proclaman sus voces y sus ideas en lejanos aeropuertos mientras ponen plumas en sus nidos electorales.Ha habido mucha mención desafortunada, y no sólo del signor Berlusconi, a la cruzada. Naturalmente, implica una exquisita ignorancia de la historia. ¿Realmente proponía Berlusconi liberar los santos lugares de la cristiandad y castigar a los paganos? ¿Lo proponía Bush? ¿Soy un impertinente si recuerdo que perdimos las cruzadas? Pero no pasa nada: se reprodujeron mal las palabras de Ber-lusconi y la referencia presidencial ya no es operativa.Mientras tanto, el nuevo papel de Blair como intrépido portavoz de EE UU avanza rápido. Habla bien porque Bush habla mal. Visto desde el extranjero, Blair es, en esta asociación, el veterano estadista inspirado, con una legitimidad intachable, mientras Bush (¿osa uno decir esto estos días?) prácticamente ni fue elegido.Pero, ¿qué representa Blair, el veterano estadista? Ambos van subiendo en sus respectivas puntuaciones y, si se saben sus libros de historia, son conscientes de que una buena puntuación el Día 1 de una peligrosa operación militar no garantiza la victoria el día de las elecciones.¿Cuántas bolsas de cadáveres estadounidenses puede soportar Bush sin perder el apoyo popular? Puede que tras los horrores de las Torres Gemelas y el Pentágono los estadounidenses quieran venganza, pero tienen poco aguante respecto a derramar más sangre estadounidense.Blair, como le dice todo el mundo occidental salvo algunas voces desabridas de su país, es el elocuente caballero andante de EE UU, el valiente y leal paladín de esa delicadísima criatura del Atlántico: la Relación Especial. Otra cosa muy distinta es si se ganará el favor de su electorado con ello, porque Blair fue elegido para salvar al país del hundimiento, no de Osama Bin Laden. La Gran Bretaña que lleva a la guerra es un monumento a 60 años de incompetencia administrativa. Nuestros sistemas sanitario, educativo y de transportes están en la ruina. Está de moda describirlos como 'tercermundistas', pero hay lugares del Tercer Mundo que están mucho mejor.La Gran Bretaña que Blair gobierna está marchita por un racismo institucionalizado, una dominación del hombre blanco, unas fuerzas policiales caóticamente administradas, un sistema judicial estreñido, una riqueza privada obscena y una vergonzosa e innecesaria pobreza pública. En su reelección, caracterizada por una deprimente escasa asistencia a las urnas, Blair reconoció estos males y humildemente admitió que estaba advertido y debía corregirlos.Así que, cuando percibimos el noble latido de su voz mientras a regañadientes nos conduce a la guerra, y nuestro corazón se eleva con su incuestionable belleza retórica, vale la pena recordar que también puede estar advirtiéndonos, sotto voce, que su misión ante la humanidad es tan importante que quizá tengamos que esperar otro año para esa urgente operación médica, y muchos más para poder subirnos a un tren seguro y puntual. No estoy seguro de que éstos sean los temas de la victoria electoral dentro de tres años. Al ver a Blair, y al escucharle, no puedo evitar tener la impresión de que está en una especie de sueño, caminando peligrosamente por un peligroso y propio tablón para arrojarse al mar.¿He dicho guerra? Me pregunto si Blair o Bush habrán visto alguna vez a un niño hecho pedazos, o habrán presenciado el efecto de una batería de bombas sobre un campo de refugiados desprotegido. Ver cosas tan terribles no es condición necesaria para el generalato, y no es una experiencia que desee a ninguno de los dos. Pero me asusta ver rostros políticos sin un rasguño brillando a la luz del combate y escuchar voces políticas pijas endureciendo mi corazón para la batalla.Y, por favor, señor Bush, de rodillas se lo pido, señor Blair, dejen a Dios al margen. Imaginar a Dios luchando en la guerra es atribuirle los peores locuras de la humanidad. Si algo sabemos de Dios, cosa que no pretendo, es que prefiere envíos eficaces de alimentos, equipos médicos especializados, comodidad y buenas tiendas de campaña para los sin techo y los desposeídos, y la aceptación decente y sin peros de nuestros pecados pasados junto a la voluntad de enmendarlos. Prefiere que seamos menos avariciosos, arrogantes y evangélicos, y que despreciemos menos a los perdedores.

No se trata de un nuevo orden mundial, aún no, y no es una guerra de Dios. Es una acción policial horrible, necesaria y humillante para reparar el fallo de nuestros servicios de inteligencia y nuestra ciega estupidez política de armar y explotar a fanáticos islamistas para que lucharan contra el invasor soviético, y después abandonarlos en un país devastado y sin líderes. Por ello es nuestro triste deber buscar y castigar a un puñado de fanáticos religiosos moderno-medievales que, por esa misma muerte que nos proponemos asestarles, adquirirán talla de mito.Y cuando acabe, no habrá terminado. En las secuelas emocionales de su destrucción, los siniestros ejércitos de Bin Laden, en lugar de desaparecer, reclutarán a más gente. Lo mismo ocurrirá con el núcleo de callados simpatizantes que les dan apoyo logístico. Con cautela, entre líneas, se nos invita a creer que la conciencia de Occidente se ha vuelto a despertar ante el dilema de los pobres y desposeídos de la Tierra. Y es posible que del miedo, la necesidad y la retórica haya nacido un nuevo tipo de moralidad política. Pero, cuando callen las armas y se logre una paz aparente, ¿EE UU y sus aliados se mantendrán en sus puestos o, como ocurrió al final de la guerra fría, colgarán las botas y volverán a casa, a sus patios traseros? Aunque esos patios traseros nunca vuelvan a ser ese lugar seguro que una vez fueron.

Jueves, 18 de octubre de 2001
El País de España
www.elpais.es

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lunes, agosto 07, 2006

Caparrós

País

Martín Caparrós

Honestos conciudadanos, compatriotas, coclasemedios, cocacerolos: PUAJI. Sí, a ustedes se los digo, con todo mi cariño, PUAJ.
¿No les da un poco de vergüenza, honestos míos, vecinitos, tomar la calle con tal vehemencia y celo para hablar solo de sus bolsillos desvirgados?
¿Mostrar que de verdad es la única víscera que les funciona y que el resto y que el resto les importa dos carajos ochenta remarcados?
¿Resultar tan curiosamente parecidos al rey de la cuota cuando gritaba que su Ferrari era suya suya suya?
¿No disimular siquiera, no tratar de hacer como si el hecho de que sus compatriotas se recaguen de hambre les importara un poco? ¿No decir sí, nuestros depósitos nos duelen pero también estamos acá para buscar alguna solución a la miseria de millones? No, ¿no? Mis queridos, hermanitos de leche: PUAJ, REPUAJ.

-Calma, Don tranquilo, que ya no esta para estos trotes
-Tiene razón, me tranquilizo. Intento. Pero la verdad que el jueves pasado me ataqué: verlos así, tan ellos mismos.
Allí estaban, sañudos. Yo me preguntaba cuantos de ellos habían votado la formula Menen-De la Rúa. Me preguntaba como hicieron para hacerse los tontos todos estos años, cuando muchos hablábamos de lo que pasaba y de los que iba a pasar y ellos seguían hundiéndonos en la mierda con su indiferencia, porque el sol de Cancún y menos mal que hay orden y la cuota del aire.
Ahora se sorprenden que el País rico y pujante se haya derrumbado. En el 95 había casi tantos desocupados como hoy, pero ellos seguían encantados con el modelo Cancún¬cuota y lo seguían votando. Y lo votaron de nuevo en el 99 pero limpito, modelo progre¬conserva. Y trataba de decirme, también, que la cacerola no tiene por qué ser eso, que puede servir para tantas otras cosas: que seguramente va a servir para otras cosas. (Veía, hoy martes 15, santafesinos desatados, movilizaciones en todo el país, y me preguntaba si la cacerola de teflón seria solo el aporte porteño al gran sainete patrio.)
Pero aquella noche era eso claramente, y puede resultarles complicado: pensaba que si no eran capaces de preocuparse por sus compatriotas por solidaridad o por decencia, que lo hicieran por o menos por cautela: si siguen poniendo al corralitos y sus dineros como medida para todas las cosas van a empezar a odiarlos, cacerolas, los morochos los que no temen los corralitos porque no pueden ni soñar con la papilla. Va a ser bruto: la famosa guerra social o civil que ahora aparece tanto en los papeles, en su peor versión posible. Y todo, por supuesto, por culpa del PAÍS.
-Es que este País no tiene destino.
-No, ¿viste? Este País nos ha jodido siempre y nos seguirá jodiendo.
Dicen –lo escucho tanto–, y viene el que te explica que es la herencia española o alguno con ínfulas clásicas que recita que se come a sus hijos o el psicólogo de turno que te tira con el Edipo mal resuelto.
Nunca en mi vida escuche hablar tanto del PAÍS. Los cacerolos porteños piden por sus ahorros y si mismos, y culpables son los políticos, los jueces y el PAÍS. El PAÍS es el lugar de los males –que nada tiene que ver con nosotros, paisanos de él. El PAIS son los otros, habría dicho el viejo Sartre, con perdón.
(La etimología a veces es graciosa. Busque en el Corominas la palabra PAÍS y resulta que remite a PAGO, del latín PAGUS, aldea; hasta la etimología les colabora cacerolos: sin PAGO no hay PAÍS.)
En estos días de desazón, el PAÍS es una fábula utilísima. Es la PATRIA dicha de otra manera, sin encomio: la PATRIA es el PAÍS cuando algo nos enorgullezca; cuando no, queda PAÍS nomás. El PAÍS, últimamente, es motivo de sorpresas imposibles:
-Éste es un PAÍS extraordinario, tiene de todo y sin embargo mira como le va.
-Sí, ¿y te acordás como era en 1921? El más rico de América Latina, el séptimo del mundo era, hace solamente ochenta años.
En estos días todos los comentarios extranjeros –y algunos argentinos– insisten en que esto es un error: un PAÍS tan bien al que le va tan mal.
Como esos matrimonios perfectos cuyos cónyuges no paran de matarse:
-Qué raro, están hechos el uno para el otro y se pelean todo el tiempo.
-Sí, que raro.
El PAÍS es algo así: Algo tan distinto de lo que debería –según quien sabe el destino. Si fuéramos Ecuador o Zambia todo seria más fácil, no tendríamos la culpa: solo mala suerte de haber nacido mal. Pero somos el gran PAÍS que no termina de ser: hay que salvarlo de semejante devastación –devolverlo a lo que nunca fue– y los cacerolos salen a la calle munidos de banderas argentinas porque no quieren hacer política:
-Yo no hago política, yo quiero que me devuelvan mi plata, chorros hijos de puta.
Que vos pusiste ahí con tu forma de hacer política: hacerse el boludo y dejar que otros la hagan por vos. Le contesta el otro pero bajito, por si acaso.
El cacerolo ahora hace pero dice que no, y sigue hablando del PAÍS. Si la patria es el refugio de los canallas, el PAÍS es el subrefugio para no pensar en que PAÍS, y para corremos por la sentimental barata:
-¡El PAÍS está amenazado, tenemos que unirnos todos para salvarlo, compatriotas!
Es lo mejor del efecto PAÍS: como hay PAÍS, hay que salvarlo.
De la anarquía, del caos, del derrumbe. Entonces nos unimos: olvidamos felices quien es DUHALDE porque ahora nos dice que sin él se vendría la anarquía y que lo único que los argentinos no pueden tolerar es la anarquía. ¿Es mejor este orden? Volví a escuchar una canción extraordinaria: El mono relojero, se llama, y la compuso Kapanga cuando Mister Ed era el orgulloso jefe de la mejor policía del mundo y cerró todo a las tres de la mañana:

Se te nota fachoide, / con olor a represión. / General sin uniforme, /
Boris Karloff es mejor. / Sos el mono relojero, / te compraste el reloj; / si vos no podes dormirte, / ¿por qué voy a dormir yo? / Ándate a dormir vos / yo quiero estar de la cabeza, / poder tomarme una cerveza / y emborrachar mi corazón. / Dejate de joder, / si estas mas duro que una mesa, / pero yo estoy de la cabeza; / somos los dueños del reloj.

La canción esta llena de sutiles sugerencias pero ahora nos hacemos los boludos, buscamos en el olvido la esperanza. Así nos va.

Y nos dejamos currar por tantas cosas. El viejo truco de la economía, por ejemplo: la idea de que la economía es una técnica con mecanismos propios y autónomos. El domingo en Pagina 12 Eric Calcagno proponía una solución casi demasiado sensata. El problema macroeconómico dicen ellos es que si abren el corralito se les dispara el dólar y si cierran el corralito no se activa la economía. Necesitan trabar la máquina que inventaron, pararla, porque si anda explota. Sin embargo quieren seguir dándonos la misma máquina. Calcagno proponía algo lógico: distribuir la plata entre los que no a van a usar para comprar dólares sino fideos: Los pobres. Pero eso, claro, se llama redistribución, sacarles a los ricos, no usar los impuestos que las petroleras ni siquiera pagan para dársela a los bancos sino a los pobres, etcétera. Osea: que la economía no existe, no es más que una rama menor de la política.
O si no nos dejamos de currar por el viejo curro del mercado: la idea de que el Estado no tiene que intervenir sino dejar que los mercados se regulen solos.
Eso, hasta que los mercados tienen algún problema. Y entonces usan a sus muchachos del Estado: en nombre del liberalismo, los bancos liberales aprietan al Estado para que cierre el mercado financiero en corralito.
Mientras se la llevaron con pala, que el Estado no se meta. Ahora sí, porque sino se derrumba el sistema. Y así sucesivamente y en el medio Mister Ed que se pelea un poquito con banqueros o hispanos o banqueros hispanos pero poco y tiene mucho miedo de buscar para esa escaramuza la alianza lógica del pueblo movilizado porque entonces después como lo para, así que se nos queda en el medio el muy mediano, y colgado de la brocha y asustándonos con la anarquía si no lo soportamos. Porque ÉL es el PAÍS, insiste, nuestra ultima esperanza, y para salvar a uno hay que salvar al otro.)

-¿Y qué quiere, que lo dejemos que se hunda? No sea animal, Don, no se vaya al carajo. No hay un PAÍS que salvar, hundir o elevar en el concierto de las naciones, que nunca toca Mozart, siempre Ricky Martin. No hay un PAÍS, da igual que se llame Argentina o Pumilandia, que la bandera sea amarilla con pintitas, que juremos con gloria morir o amarnos con locura; lo que hay son 37 millones de personas, historias, voluntades, maneras de convivir que pueden cambiar mucho y la pregunta es tonta: ¿Queremos salvar ese PAÍS que siempre nos hundió –así nos vuelve a hundir– o tratar de hacer otro? ¿Queremos, como los carcerolos, que los bancos vuelvan a hacer lo que siempre hicieron o buscar formas nuevas?
¿Queremos, como Mister Ed, acabar con la anarquía que producen los chicos de la calle a las tres y diez de la mañana o con el extremo poder de fondo y de los ricos?
¿Queremos, en síntesis, ser responsables y reproducir todo lo mismo una vez más, o permitimos siquiera otras opciones?

Aunque sea imaginaria, digo, total lo más probable es que nos caguen. Pero darnos por lo menos el gusto de no pensar en gris todo de nuevo. Usted dirá, señor, señora, y ya me imagino que dirá.
Yo de usted pienso cosas peores.

Reproducido de Revista Veintitrés
17 de enero de 2002


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Anarquía

Martín Caparrós

Que dantesco: pocas batallas hubo, en patria tan colmada de batallas, como aquella. Y todo por tan poco. Resultó que los dueños habían pirado con la guita y los miles de pollos de aquel criadero de pollos se quedaron reclusos sin pitanza. Era lógico: la empresa estaba quebrada y los pollos ya no servían a sus dueños; un dueño
de verdad no sigue alimentando pollos cuando han dejado de servirle. Nadie sabe cómo fue el proceso: cuándo empezaron a rondarse unos a otros, apuntarse miradas recelosas, empellones, cacareos cocoritos, cuál lanzó el picotazo inaugural. Sí supimos, días más tarde, cuando alguien abrió la puerta del criadero abandonado, que
tantos pollos habían comido pollo. Fue dantesco, salvo para los dueños: parece que se reconvirtieron a la fabricación de perfume francés.

-Imagínense ustedes, queridos conciudadanos, lo que sería de nuestra patria abandonada, amenazada por la anarquía: ¡un criadero de pollos sin control!
-¡Míster Ed, Míster Ed!
(Grita el pueblo en silencio).

-Por eso, subdititos, lo fundamental es mantener el orden, no dejar que esto nos desborde, y para eso estoy yo. Yo, que los voy a salvar de la anarquía; yo, que yo que yo que... yo.
Hacía mucho que no hablábamos tanto de anarquía; ya era hora. Y hay pocas palabras tan ambiguas. Su origen está claro: an-arquía en griego es no-poder, no-mando. Pero la palabra se empezó a usar en el siglo XVII como un ataque de los gobiernos hacia sus enemigos –los que no los querían como gobiernos. En la Revolución Francesa, por ejemplo, la derecha acusaba a los jacobinos –que creían en un poder supercentralizado– de "llevar la nación a la anarquía"; ellos negaban. Recién en 1840 un fulano, Proudhon, se definió a sí mismo anarquista y orgulloso de serio.
Desde entonces el anarquismo tuvo distintas versiones y encarnaciones y tuvo, incluso, su momento de gloria entre 1880 y 1937, poco más o menos.

Anarquía es una palabra ambigua, casi dos palabras. Que tienen, incluso, dos definiciones en el diccionario. Si anarquía es "desorden, confusión, por ausencia o flaqueza de la autoridad pública", también es el objetivo del anarquismo: "Concepción política que tiende a suprimir el Estado, a eliminar de la sociedad todo poder
con derecho de coerción sobre el individuo".

El anarquismo supone que el hombre puede ser mejor que lo que parece y mucho mejor que lo que es, y peleó siempre por eso. Supone que los hombres son capaces de convivir sin querer afanarse, joderse, dominarse: es admirable poder creerlo –y a veces me ilusiono. Supone que el hombre no necesita que le digan lo que tiene que hacer, que lo repriman, para no hacer cagadas: cree en sus capacidades para distinguir lo bueno y coordinarse libremente para conseguirlo; la anarquía es orden sin poder, decía una consigna.
El anarquismo supone, también, que la propiedad es un robo y que todo debería ser de todos: a cada quien según sus necesidades.
El anarquismo parece irrealizable, y quizás lo sea; ése es, acaso, su mejor atributo: sirve como un parámetro, un juez, el horizonte.
-Así que me había salido medio anarco, el muy taimado. Yo ya me olía...

Los poderosos nunca dejaron de usar la palabra anarquía como espantajo aterrador: es su peor fantasma y consiguen transmitírselo a la mayoría; cuando una situación ya es difícil de empeorar amenazan con lo peor: se viene la anarquía.
Siempre recuerdo la mejor pintada que he visto en mi vida –Barcelona, 1977: "Burgués, tu pesadilla es mi sueño".

-Los argentinos aguantan muchas cosas, pero no toleran la anarquía.
Dijo Míster Ed oficialmente, y repitió, por si acaso:
-Lo que no toleran es la anarquía.
Frente a los empresarios y los obispos que, sin duda, no toleran la anarquía. (Como dijo Clarín: "En dramático
pronunciamiento, la Iglesia advirtió ayer; sin vueltas, que existe 'el peligro de anarquía' en el país" –para Clarín "la" iglesia no opina: advierte, anuncia.)
Por una vez parece casi cierto. En la Argentina, ahora, hay un poquito de anarquía. No mucho, pero algo más que hace unos meses: desconcierto y dispersión del poder, tan concentrado, que nos malgobernaba. Después de una década de poder tan preciso, tan compacto, ahora aparece levemente licuado –mucho menos que los salarios, por supuesto– y todos tratan de imponer su interés: banqueros, el petiso Aznar, gobernadores en la quiebra, lobbies petroleros, obispos purpurina, industriales truchos, verdaderos industriales (dos y una prima), dueños de vacas, los demás. Y el gobierno, escaso de poder, anuncia cosas que después desanuncia cuando lo presionan. Los poderosos están rehaciendo sus alianzas y hay espacios vacíos, patinazos, idas y otras idas y más vueltas.
El poder aparece un poquito licuado, entre otras cosas, por el miedo del Poder a los poderes sueltos. Entre ellos aparecen los nuevos –cacerolos, pobres enardecidos– y un factor que estaba ausente: el miedo de los poderosos habituales es un nuevo factor de poder. Es lo que ellos llaman anarquía: que el poder esté un poquito confuso, ligeramente más repartido, que tengan que tomar en cuenta a los que desdeñaban. Por eso Míster Ed tuvo un lapsus, un momento de verdad excesiva:

-Lo principal que tiene que hacer el Gobierno es reconstruir el poder.
Dijo el otro día en Página 12, cuando cualquiera habría pensado que lo primero era paliar el hambre horrible, salvar a los enfermos, beneficiarse a su señora. Pero no.
-Quien pudiera poder, quien lo tuviera, quien supiera qué hacer con ese trucho que sólo sirve cuando es poco, y muchos lo tienen, cual si nadie lo quisiera.
En la Argentina hace muchos años que el poder se usa, sobre todo, para conservar el poder. Ahora pareció, por unos días, que se habían dado cuenta, que lo querían usar para otra cosa: para sacar a su sistema del abismo y mejorarlo levemente. Pero no: volvieron a ver cómo hacen para permanecer –guiños al Fondo, concesiones a banqueros y empresarios, proyecto de pesificación en 1 a 1. Para eso vuelven a agitar el famoso fantasma de la anarquía y su corolario natural: el teorema del hombre fuerte, patrón del gallinero.
-Acá lo que pasa es que es todo un kilombo, mire vea.
-Sí, se necesita un hombre fuerte, uno que ponga orden, que los ponga a todos en vereda.
(Sería bueno, en este momento en que declina, averiguar qué es realmente el poder de los políticos.
En qué consistía, por ejemplo, el poder de De la Rúa, que se disolvió como una pompa.
Los políticos no tienen, no piensan, no seducen, no huelen a azahares.
Pareciera que su poder sólo se basa en poder asegurarles a sus mandantes –los ricos, los Estados Unidos– que van a poder hacer lo que les mandan con un mínimo de oposición y un máximo de vaselina.
Fuera de eso, no sirven pa' mierda. Pero nos quieren hacer creer que son la condición para que la guerra de pollo contra pollo no nos suceda a todos.)

Es cierto: aquella guerra de pollo contra pollo fue brutal; el problema es cuando la usan como metáfora artimaña. La guerra de pollo contra pollo es una metáfora taberre, como suelen serlo las metáforas en política: formas de engañar pollos. No tiene en cuenta el hecho de que los hombres no somos pollos. O quizás sea una expresión de deseos: los deseos de todos los que siempre quisieron –y muchas veces lograron– que fuéramos gallinas.

Pero a veces no somos y podemos pensar formas, buscar entendimientos, alianzas contra el dueño fugitivo. Ahora, dicen, toda la preocupación del gobierno consiste en evitar que confluyan dos protestas, cacerola y olla, los clasemedios empobrecidos y los pobres empobrecidísimos. A propósito, este domingo y lunes los piqueteros marchan hacia Plaza de Mayo: si los cacerolos buenos se les unen puede ser un gran día.
Ahí sí puede haber una dosis interesante de anarquía: de la nuestra, repartir el poder en pedacitos. Lo que ellos llaman anarquía es pollo contra pollo; lo que yo, pollo con pollo –y cagarse en el patrón del frigorífico. Míster Ed nos apura con aquella: la amenaza de la anarquía aparece cuando no hay nada que prometer. Antes nos curraban con el 1 a 1 y la libertad de los mercados. Ahora nos corren con el miedo a lo que vendrá: ya ni siquiera nos ofrecen espejitos y collares; es un dato de que estamos jodidos.
-Preclaro, Caparrós. ¿Ya empieza a darse cuenta?
-De a poquito, mire. No sea cosa que me ponga subversivo.

Nos amenazan con la anarquía y anarquía, en síntesis, quiere decir que hay un momento en que –ellos temen que se pueda barajar y dar de nuevo. Ese momento es breve, se va perdiendo, pero algo queda flotando en el ambiente. Ahora no podemos barajar y dar de nuevo porque no tenemos ni idea de qué dar, qué juego, qué baraja. Nos hemos pasado tanto tiempo pensando que era impensable que ni siquiera lo pensamos. Y el momento se pasa pero, sospecho, va a volver. Si estos son días de reflujo, nos van a servir para entender que podemos tener algún poder: ahora podemos pensar para qué usarlo.
Hay, por ejemplo, en muchos barrios asambleas pero, por el momento, discuten medidas inmediatas, y es totalmente lógico. Pero si hay un momento en que muchos estamos de acuerdo en que es necesario discutir el país, es éste. Por estar, están de acuerdo incluso muchos con los que jamás estaríamos de acuerdo. No es poco. Sólo habría que empezar a hacerlo: hay que encontrar maneras. Se me ocurría –entre otras– que el anárquico canal oficial de televisión, en lugar de pasar festivales de doma, podría hacer algo todavía más barato: personas debatiendo la Argentina. ¿Estamos en crisis? Denle, muchachos, que van a subir el rating –y van a demostrar que no todas sus palabras son tan truchas. Y que los pollos, para terminar con las metáforas malas, tenemos por fin alguna chance de ir al grano.

Tomado de revista veintitrés 2001

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Un viaje con Fuentes

Por Martín Caparrós, Buenos Aires
15/1/2002

Nos habíamos encontrado la noche anterior, por casualidad, en el lobby del hotel Alvear: Carlos Fuentes llegaba de una cena en la Quinta de Olivos. Eran las dos de la mañana y el hombre estaba fresco cual lechuga fresca: muy sonriente. En la Quinta de Olivos vive el presidente y yo no pude evitar el lugar común:
- ¿Y, fue muy aburrido?
- ¿Aburrido?
- Bueno, tú conoces la fama de Fernando de la Rúa.
- De ninguna manera.
Me dijo Fuentes, casi indignado:
- Yo soy un viejo amigo suyo y siempre me ha parecido una persona muy educada, agradable, un buen conversador.
- ¿Lo viste con esperanzas, con expectativas?
-No exactamente: lo vi muy sereno. Sabiendo todo lo que sabemos, y lo que leemos en los periódicos, esperas encontrarte un hombre "apanicado", como dice Fox, que ha inventado ese verbo. Pero encontré un hombre muy, muy,
muy sereno.

Son formas de llamarlo. Pero eso fue la noche anterior. Esta mañana, el comedor de Alvear resplandece: en el comedor Alvear hay tapices salmón, servilletas salmón, salmón en cada plato; están buscando un salmón para
maitre pero tienen problemas sindicales. Carlos Fuentes resplandece también: suele sucederle. Y retornamos la cuestión local:

- El problema de la Argentina empezó en los años 40, cuando este país tenía una enorme reserva de divisas porque le daba de comer a Europa y al mundo, tenía todo. Entonces fue la dilapidación populista de Perón y Evita, luego el desastre de los gobiernos militares, los fracasos de la democracia, las crisis políticas constantes, la apelación a los recursos para seguir aparentando sin aumentar las bases de la producción, del trabajo, de la escolaridad, de todo lo que creó la grandeza argentina desde el siglo XIX. Y por fin vino Carlos Menem, que escarbó el final del barril y lo dilapidó y no le dejó a De la Rúa más que el barril vacío. ¿y con un barril vacío qué haces? Pues si estás encuerado te pones el barril y sales a la calle de hombre barril. No puedes hacer otra cosa que salir gritando ayúdenme, ayúdenme, y a ver qué pasa.

En estos días, en Buenos Aires, empresarios, políticos e intelectuales de grandes ligas se han reunido en un Foro Iberoamericano que organiza Fuentes. Un banco paga la movida y la prensa le está dando mucha relevancia, pero ningún diario contó lo que ahora cuenta él: que en su discurso de cierre Felipe González les dijo al presidente, ministros y jefes de la oposición que el desastre argentino era culpa de ellos:
- Felipe les dijo: lo que pasa es que ustedes no quieren hacerse cargo de su país, y mientras no se hagan cargo van a ir de crisis en crisis y van a acabar muy mal; deben hacerse cargo, no echarle la pelota a los otros. Ustedes están siempre diciendo que la culpa es del otro: ése es un vicio argentino. Bueno, tú lo sabes.
- ¿Y los políticos argentinos?
- Lo aplaudieron.
- Creían que la culpa era de otros.


"Carlos Menem escarbó el final del barril y lo dilapidó y no le dejó a De la Rúa más que el barril vacío".

El desayuno está movido: algunos participantes del Foro pasan a saludar. Ahora se han juntado el escritor argentino Tomás Eloy Martínez, el ex canciller mexicano Bernardo Sepúlveda, el científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo, y alguien hace el chiste clásico sobre Bogotá –que pasó de ser la Atenas a la Apenas de América-. Patarroyo dice que estaba muy ocupado pero vino igual:


-Es que nos convocó Carlos, tú sabes, y a Carlos es imposible decirle que no.
Fuentes sí lo hace: el privilegio y la obligación del intelectual es saber decir no. Así que le pregunto por uno de sus blancos más frecuentes: el presidente Bush.
- Es un prodigio: tonto pero perverso. Bush es un hombre de una mediocridad espantosa que en este momento goza de la popularidad que le da ser el presidente de Estados Unidos en una situación de conflicto. Pero estos entusiasmos
acaban por gastarse: la gente se va a cansar. Tú puedes lucir las banderas un mes, dos meses, but you can't keep on waving the flag forevermore. Los americanos solamente piensan en cómo les va en el bolsillo. Si además viene la recesión y se culpa a Bush, pues Bush va a perder las elecciones legislativas dentro de dos años y la presidencial dentro de cuatro. Y goodbye Mr. Bush, ¿verdad?

Dice Fuentes y habla de Roosevelt, "el mejor presidente americano del siglo pasado", y de Clinton, "el presidente más culto que ha tenido Estados Unidos, un hombre con quien puedes hablar de Cervantes, de Marco Aurelio, de Faulkner, tranquilamente".

- Y sin embargo es probable que se lo recuerde más por los puros que se fumaba o no se fumaba en el Salón Oral... y los que le metía por ahí a Mónica Lewinsky. Pero esa es la pequeña historia.
- Pero es lo que ha quedado como imagen, ¿no?
- Sí, no sé, me parece tan estúpido quedarse en eso. Y además la vida privada de la gente qué demonios le importa a nadie, ¿verdad?
- Pero en un país tan moralista como los Estados Unidos...
- No, les interesa más la cartera que la moral. Como les fue muy bien económicamente le perdonaron todas las faltas veniales a Clinton.
- ¿Son moralistas mientras no les afecte el bolsillo?
- Exacto, y ah también son patrióticos mientras no les afecte el bolsillo.
- ¿Crees que la caída de las torres marcó realmente un cambio de epoca.
-Sí. El sueño del fin de la guerra fría, del fin de la historia, del nuevo orden internacional, se vino abajo con las torres. De ese sueño ya no queda más que humo y escombros. De modo que hay que construir. El terror y el horror de lo sucedido no debe desanimarnos; al contrario, debe reanimarnos para ir al fondo de los grandes problemas que no hemos atendido y que son la causa mediata del terror y de la formación de grupos como éstos. El problema sigue siendo la inmensa injusticia global: hay 3.000 millones de personas que viven en la pobreza, la mitad del género humano está viendo en la televisión todo el santo día la imagen de la prosperidad. Esto tiene que crear violencia y más terrorismo y asaltos de todo tipo a las estructuras del poder moderno. La forma en que se presenta la modernidad ofende mucho a los que están fuera de la modernidad sobre todo a los que no tienen comida o escuelas u hospitales. Quizás gracias a las torres gemelas podamos solucionar esos problemas. Y no cuesta mucho: para sentar a todos los niños del Tercer Mundo en un pupitre o para curar problemas de salud básica en el mundo se necesita más o menos lo que los Estados Unidos gastan en cosméticos –13.000 millones de dólares– o los europeos en helados –11.000 millones ¬cada año.
- Quizás sería bueno invertir los términos: si los americanos se empiezan a maquillar con helados y los europeos comen rimmel, empezarían a ahorrar ese dinero y el mundo mejoraría.

Fuentes se ríe y dice que ésa le gustó, que la va a repetir. Entonces le pregunto por qué lo harían: por qué los paises desarrollados entregarían parte de sus excedentes.
- Porque si no lo hacen corren mucho peligro. Se trata de un problema de clarividencia política: deben hacerlo para no tener brotes de terrorismo o de insurrección universal contra la injusticia, como puede ocurrir. Cuando ya se conocen las armas del terror, como lo ha demostrado Bin Laden... No creo que los pobres hayan movido a Bin Laden, para nada, pero los pobres del mundo ya se dieron cuenta de que es posible atacar las fortalezas del poder y de la riqueza. Entonces el ejemplo de Bin Laden va a cundir y es muy imortante prevenir: la única manera es fomentando el desarrollo, la seguridad, la educación, el progreso de esos 3.000 millones de hombres y mujeres. Este despilfarro de recursos, esta mala distribución de la riqueza tienen que corregirse, incluso por razones económicas: para que los países de desarrollo económico y tecnológico tengan mercados, tengan consumidores. Si no, ¿a quién le van a vender sus productos? Y, sobre todo, para evitar explosiones. Si no, la lección del terrorismo va a ser aprendida por los desposeídos...
- ¿La amenaza del terrorismo es la única forma que tienen los desposeídos de hacer entender sus razones? ¿No hay otras...?
- Casi ninguna. Porque nunca han sido oídos. Nunca se ha entendido esta mecánica. Lo entienden George Soros o Carlos Slim, porque dicen "oye, si no tenemos consumidores, ¿qué va a pasar con nuestras industrias, de qué vamos a vivir nosotros los grandes empresarios?" Los empresarios en este momento ven más lejos que los políticos; mucho más lejos. - ¿Quiere decir que la acción de Sin Laden y compañía, si consigue esa conciencia, habrá tenido efectos colaterales beneficiosos?
-Sí, si logra eso. Pero como realmente hay mucha ceguera en el mundo político, no sé si vaya a pasar.
-¿No es sorprendente que un hecho tan violento tenga efectos eventualmente positivos?
-No, para nada. Ha pasado muchas veces en la historia. Muchas veces sólo un tamborazo como éste despierta a la gente de sus sueños. En México, la insurrección chiapaneca es un buen ejemplo. Nos sacó la ilusión de que ya éramos país del Primer Mundo, que era la idea que vendía el gobierno de Salinas, y vimos que no, que seguíamos siendo un país del Tercer Mundo con enormes rezagos, con un problema indígena, con graves desigualdades en el reparto de la riqueza y de la tierra, y que había que solucionarlo.

Carlos Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa fueron los vértices del boom de la novela latinoamericana. Después, la novela les quedó escasa: Vargas quiso ser presidente, García quiso hacer presidentes. Fuentes entrar en los círculos más áulicos y le pregunto si cree que los poderosos de verdad lo escuchan:
- Sí, claro, me escuchan. Y después hacen lo que se les da la gana.
- ¿Sirven para algo los intelectuales en América Latina?
- Ya lo creo. ¿Cómo no van a servir? Van dándole forma a lo disperso, van juntando lo que de otra manera no se entendería. Dan memoria. Sin memoria un pueblo está perdido. Creo que la responsabilidad del escritor se ciñe a dos palabras: imaginación y lenguaje. Y que la contribución a la imaginación y al lenguaje es la contribución social del escritor. Porque una sociedad sin imaginación y sin lenguaje cae muy pronto presa de las tiranías. Lo primero que atacan Hitler o Stalin son los escritores: los encarcelan, los matan, los exilian. Por algo será...

Dice Fuentes, y que el escritor tiene además un compromiso político igual al de cualquier ciudadano, "que puede militar, votar, optar, criticar, opinar... O no". Le pregunto cómo se nutre, qué lee, y me dice que el Financial Times, el Herald Tribune, El País y The Economist, "que me parece la mejor revista de información del mundo aunque no esté de acuerdo con su filosofía política, en tanto que revistas como Time o Newsweek se han ido al fondo, son versiones inferiores de la revista People".
- En toda esa lista no hay ningún medio latinoamericano...
- Leo los periódicos de mi país. Reforma, del cual soy colaborador, y La Jornada.
- ¿Y qué opinas del papel que están jugando los medios en América Latina?
-Pienso que toda forma de comunicación siempre puede ser mejor que lo que es. Por un lado_hay un problema de contenidos: seguimos siendo más receptores que emisores. Estamos siempre reproduciendo, inclinándonos ante lo que nos mandan. y no generamos noticias: ahí hay un trabajo tremendo por hacer. Y siento que solemos ser mejores en las páginas editoriales que en las de información. Éso me Rreocupa mucho: lo básico es informar todos los días y saber definir qué es una noticia. Hay un cuento de cuando Gabo era jefe de redacción de El Espectador, un
periódico de Colombia, en Barranquilla. Ya había cerrado la edición y lo llamaron para decirle "no cierre, hay una noticia muy importante". "¿Cuál?" "Ha muerto el cónsul de Japón en Barranquilla". "Pero ¿cómo voy a detener la edición para decir que murió el cónsul de Japón en Barranquilla, de qué me está hablando?" "No, es que se lo comió un cocodrilo". Entonces sí era noticia de primera página.

Dice Fuentes, y se ríe con entusiasmo y migas de croissant. Sus relaciones con el periodismo son largas y fructíferas –salvo algunas veces. Como aquella, hace décadas, en que salía con una holandesa muy guapa que Emilio Azcárraga, el zar de Televisa, le envidiaba sin pausa. Hasta que una noche, en una fiesta, el Tigre se decidió:

-Oye, Carlos, te la cambio por la libertad de prensa.
-Ni soñando.
Le contestó Fuentes, con la carcajada. Acaba de pasar una semana de descanso en el Copacabana Palace y se lo ve bronceado, rozagante. Pero ahora estamos casi serios. Somos esclavos de nuestros títulos: le pregunto qué siente cuando escucha la palabra poder, con perdón del compañero Goebbels.

- Pues, retomando al compañero Millán de Astray, quiero sacar la pistola y disparar. No, eso no es en serio. Sé que el poder es una palabra multifacética, ambigua, que hay muchos poderes en la vida. Hay el poder del niño, que es un gran poder, y nunca se habla de eso. Sólo se habla del poder político. Que debe ser criticado, limitado, vigilado
constantemente: no hay que dejar pasar ni un día en que el poder actúe con impunidad. Creo que esa vigilancia ciudadana sobre los actos de es indispensable: el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente –citemos a Lord Acton. Pero actúa con más sensatez si se sabe vigilado. Es una función de la inteligentsia, de la prensa y de la ciudadanía.
- ¿Dónde está el verdadero poder en este mundo donde parece que los políticos tienen cada vez menos capacidad de decisión e intervención?
- Bueno, Sharon tiene mucho poder y lo usa. Bush tiene mucho poder y lo usa. Quizás Bill Gates tenga más poder que George Bush, pero Bill Gates no puede apretar botones nucleares, ni mandar ejércitos, y eso es una gran diferencia.
- ¿Cómo te colocas en las cercanías del poder para mantener cierta salud?
- Yo no me coloco en esas cercanías: me convocan. Me invitan a una cena, a una charla, y me entero de cosas. Pero siempre manteniendo mi independencia: no les debo nada. Ahora estoy escribiendo una novela que se llama La silla del águila, la silla presidencial mexicana: también por eso me interesa observar cómo se comportan estos camaradas. Para un novelista observar la conducta de quienes están en el poder es sumamente interesante. El poder es una especie de termómetro: hay gente que se marea muy fácilmente, que pierde toda noción de la realidad, que cree que el poder lo es todo y lo puede todo, y así les va.

Dice Fuentes y se sonríe y soporta el ataque del croissant que no le deja tregua. Aunque nada tanto como el dulce de leche: Fuentes vivió parte de su adolescencia en Buenos Aires y el cine argentino y le debe al dulce de leche sus rastros de acné.
El croissant se le rinde y yo aprovecho para preguntarle si cree que la política, desprestigiada por esos usos del poder,
sigue siendo un instrumento válido.

- La política es un instrumento indispensable. Bueno o malo, tenemos que actuar públicamente, que elegir personas, que tener una representación política. Si tú quieres decir que es un mal necesario, pues digamos que es un mal necesario. Pero yo creo que también puede haber una virtud política, un arte de gobierno, y me basta haber leído algunos clásicos, de Aristóteles para acá, pasando por Hobbes y Rousseau y Maquiavelo, el mero mero, para saber que ésto es posible, deseable... indispensable. Pero sí no, hagamos como Mark Twain cuando le hablaban de lo terrible que es envejecer: Yes, but consider the alternatives. Bueno, pues consideremos la alternativa de un país sin gobierno: nos estaríamos matando los unos a los otros. Tiene que haber una instancia de Estado, de gobierno, pero tiene que estar sujeta a derecho, constantemente investigada y limitada.
- La cuestión es que después de una larga temporada en la que se creyó que la política era la forma de mejorar el mundo, ahora no hay casi jóvenes en América Latina que mantengan esa idea. ¿Te parece que la pueden recuperar?
- No, yo creo que lo que ha pasado, y me parece muy positivo, ,es que la gente en América Latina ha descubierto sus propios poderes no el poder sobre los demás, o el poder con los demas. Y eso se manifiesta en la sociedad civil, en la literatura, en el cine, en las artes, en las organizaciones no gubernamentales, en las asociaciones de barrio, en el movimiento feminista, en el movimiento gay, en sindicatos independientes, en asociaciones agrarias, en fin, por todas partes.

En estos días porteños Fuentes no ha parado: cansa ver cómo se agita este señor. Entre otras cosas acaba de presentar su última novela, Instinto de Inez, con una actuación al borde de sir Laurence, recitando fragmentos sobre música de Berlioz con un brío de Pavarotti en celo. Ahora es mediodía de varios días después pero seguimos en un salón del Alvear, algodoncito rococó: los frutos secos en vez de los croissants, un aperitivo en lugar del café. Le pregunto por qué América Latina no funciona y Fuentes toma un trago: .
-Porque nos quedamos sin techo en 1820, y desde entonces estamos tratando de reconstruirlo. La monarquía española representaba un techo para sus colonias. Con la independencia nos quedamos a la intemperie y hace 200 años que tratamos de construir un techo nuevo pero nunca lo acabamos.. .
- ¿Y por qué somos tan malos construyendo techos?
- Porque no podemos construir techos sin cimientos. Creímos que bastaba la imitación extralógica de leyes y constituciones democráticas y que teniendo esas leyes íbamos a transformarnos rápidamente en repúblicas prósperas y democráticas como Francia o Estados Unidos. Es lo que yo he llamado las repúblicas Nescafé: repúblicas instantáneas que no funcionaron. No hemos podido crear las instituciones políticas democráticas capaces de dar estabilidad suficiente al crecimiento económico equilibrado de nuestros países, al crecimiento social equilibrado. Hay momentos estelares, de ir al fondo de los problemas, como la presidencia de Cárdenas en México o el Frente Popular en Chile. Son momentos, pero no hay la continuidad, luego viene algo que nos echa para atrás, nos traiciona...
- ¿Y ahora?
- Ahora tenemos gobiernos de legitimidad democrática y sociedades civiles cada vez más fuertes, más diversificadas... La democracia es como la libertad: no se obtiene nunca totalmente pero se busca.y en esa búsqueda está la democracia y está la libertad. Lo malo es no buscarla, cruzarse de brazos ante las circunstancias o permitir que un tirano te pisotee o te mate. Pero también tenemos una gran masa de marginados que empieza a decirse "sí, qué bonita es la democracia, pero a qué horas como, y dónde está mi techo y mi trabajo y mi salario". Y éste es el peligro para la democracia latinoamericana, que si no produce resultados más visibles, la gente diga "ah, pues entonces mejor la mano dura, venga Hugo Chávez"...
- ¿Qué piensas de Hugo Chávez?
- Me parece un bufón, pero un bufón peligroso.
- ¿Por qué peligroso?
- Porque puede acabar con las libertades en Venezuela. Ha creado una dictadura plebiscitaria que ya se le está agotando. Y un demagogo-¬populista, cuando se le agota la política y pierde popularidad, en general acude a la mano dura, al autoritarismo. Es muy peligroso.
- ¿También Colombia te preocupa?
- Colombia es un desastre. Otro foco de inestabilidad terrible. La intervención americana me parece muy peligrosa. Después de los eventos del once de septiembre puede ser la puerta para una intervención más grande en nombre de la seguridad de los Esfados Unidos: que por la¬ puerta de la inestabilidad colombiana, y del combate al narcotráfico y la guerrilla se nos cuelen por todas partes. "Ustedes son el patio trasero de la seguridad y vamos a intervenir para mantenerla".
- ¿Sigues considerando que la mejor forma de terminar con el narcotráfico es legalizar la circulación de las drogas?
- Absolutamente. Porque siempre va a haber drogadictos, como siempre va a haber borrachos. Cuando Roosevelt levantó la prohibición del alcohol siguió habiendo borrachos pero ya no hubo Al Capones. Si legalizas la droga va a seguir habiendo drogadictos pero ya no mafias de narcos. La situación actual es una injusticia terrible, porque no habría oferta de México y Colombia si no hubiese demanda norteamericana. Las grandes ganancias se quedan en Estados Unidos, donde aterrizan aviones con droga, ingresa el dinero a los bancos y ahí no hay ninguna intervención contra esta gente. Es muy desigual, muy injusto y permite a los Estados Unidos señalar con un dedo flamígero a Colombia y a México con sus certificaciones anuales. Es una situación con la que hay que acabar. Y ahí Bush y Fox tienen un acuerdo básico de no culparse mutuamente sino de tratar de resolver el problema. ¿Pero cómo se resuelve el problema si no legalizas? No, no hay manera.

Ahora dos jóvenes se acercan a pedirle un autógrafo y Fuentes me lleva a pasear por el mundo. Dice que es probable que el ántrax sea una cuestión de terrorismo interno –"¿o ahora nos vamos a creer que la violencia y el terror son monopolio del mundo islámico?" – y después dibuja un cuadro completísimo de la situación en Oriente Medio, con palos para los dirigentes: "Sharon, que depende de la violencia para subsistir" y "Arafat, un cacique local que no logra establecer las bases de la nación palestina".

- ¿Crees en esa hipótesis de choque de civilizaciones que ha circulado últimamente?
- Para nada, es una pendejada suprema del señor Huntington, ¿Qué choque de civilizaciones? ¿Hablamos del Mediterráneo, que está hecho a partir de fusión de civilizaciones? Ahí precisamente donde suceden estas cosas es un mundo donde se han encontrado el islam y el cristianismo, que son la base de la cultura española, por ejemplo, y de toda la cultura occidental moderna. Porque si la herencia grecolatina no pasa por el islam a través de Andalucía y Toledo no habría renacimiento europeo, simplemente. Entonces ésta es una cuenca de encuentro cultural, de comunidad, no de choque de civilizaciones.
- Pero ahora da la impresión de que amplios sectores del islam identifican Occidente como su enemigo principal…
- Sí, porque viven baio regímenes autoritarios y no pueden identificar a sus regímenes como los enemigos. A un egipcio le cuesta mucho decir que Mubarak es el culpable, o a un árabe que el rey Fahd es el culpable. Entonces se desvía o se sublima la oposición hacia Occidente, a los Estados Unidos. Que tienen mucho que ver, yo reconozco los fallos terribles de la política exterior norteamericana y el resentimiento que genera. Un resentimiento subrayado por la difusión de las imágenes del estilo de vida occidental opulento, bello, sin olores.

Los vasos se están vaciando y se impone la pregunta por su presidente: Fuentes me dice que el principal problema del gobierno Fox es su debilidad parlamentaria unida a su falta de habilidad para la negociación política.
- Y sus conflictos se acentúan debido al hecho de que el presidente dice cosas no muy pensadas y viaja demasiado; la gente quiere verlo sentado en su despacho, trabajando, pero él parece preocuparse más por su imagen pública que por el funcionamiento del gobierno...
- ¿Se le está agotando el capital de confianza inicial?
- Creo que sí, tenemos que ver resultados pronto. ¿Cómo puede funcionar un gobierno con tres gabinetes, sobre los cuales el presidente no tiene verdadero control? En México hay el gabinete oficial, el gabinete ampliado y los asesores de un gabinete de la casa presidencial: eso crea una confusión respecto a quién toma las decisiones y quién habla y cómo habla.
- ¿Y se ven efectos sociales y económicos para el común de la gente?
- No, se ve una cosa terrible. Supongamos, de parte de Fox y su equipo, la mejor buena voluntad y la mayor eficacia: se les viene encima la recesión americana. Y después del once de septiembre una situación aún peor. Porque todas las válvulas de escape de la economía mexicana se empiezan a cerrar. Le van a echar candado a la frontera; en consecuencia va a haber menos trabajadores migratorios que envíen dólares y el petróleo, el turismo, las exportaciones mexicanas van a bajar: todos los indicadores van a sufrir un grave descenso. Entonces llega el momento de decidir qué hacemos. Ojalá Fox tome el ejemplo de Roosevelt: que emplee los recursos internos del país, active el mercado interno, cree infraestructuras, atienda los problemas básicos de la población. Como hizo Roosevelt en la crisis, mucho peor que ésta, de 1932. Pero tampoco se quiere admitir la gravedad de la situación. Se supone que estamos todavía en el mundo de jauja de los años 90. Y ese mundo ya se acabó.
- Y al mismo tiempo da la impresión de que con el efecto Talibán todos los demás problemas han pasado a segundo término, y que eso puede ser muy duro para nuestro continente.
- Sí, hay mucho temor de que América Latina deje de ser asunto prioritario para los Estados Unidos. Cuando Bush se encontró con Fox, antes del 11 de septiembre, declaró que consideraba a México la prioridad número uno de sus relaciones exteriores, cosa que le sentó muy mal a Tony Blair. Pero hoy México ya no es la prioridad, salvo en el sentido de que tiene una frontera común y hay que cuidar su seguridad.
- ¿Y crees que esto puede haber influido en la sobreactuación de Blair últimamente?
- Sí, mucho, mucho. Él quiso probar que él era el aliado número uno, no México ni quien fuera: que ése era su privilegio
- Le dio un ataque de celos...
- Sí, sí, los ingleses son muy celosos de su socio referente. Son el Estado 51 de la Unión. Les encanta serio, it tickles them.
- ¿Y Castro? ¿Le sigue haciendo cosquillas a alguien?
- ¿Castro? Seamos piadosos. No, me preocupa la sucesión de Castro, porque es evidente que este hombre no se va a ir hasta que se muera. Me preocupa en qué medida la sucesión está preparada para no provocar un baño de sangre entre castristas y anticastristas. Ojalá sea democrática y tranquila.
- ¿No crees en la sucesión de Raúl?
- Creo que eso dura unos meses, un año como mucho. La figura histórica es su hermano. Hasta donde sé, parece que hay un grupo apto que se ha formado en el dogma revolucionario pero es capaz de conducir una transición política. Pero mientras los americanos mantengan una actitud totalmente agresiva y negativa frente a Cuba no se está preparando una
buena transición y se equivocan quienes piensen lo contrario, porque si algo le ha dado poder a Castro ha sido la política de los Estados Unidos.
Sin la enemistad norteamericana Castro se hubiera caído hace mucho tiempo por movimientos internos de descontento en Cuba, sin más, pero los gringos le han dado la bandera de "yo y la revolución estamos aquí para defenderlos del ogro imperialista". El día que Estados_Unidos le diera un abrazo, Fidel Castro se derrumba, se Convierte en polvo. En este tema Estados Unidos ha sido particularmente ciego e intolerante. Han abrazado a muchos gobiernos totalitarios, empezando por China: la excepción cubana es un error fatal de su política exterior. Hacer de Cuba esa excepción simplemente porque quieren el voto del exilio cubano en Florida es muy pobre para un país fuerte que debe tener una política exterior fuerte: es una gran debilidad.

Esa noche Carlos Fuentes empezaba a cumplir 73 años. Era sábado y estábamos en un club de tango de un suburbio porteño: una pista de básquet convertida en milonga, matrimonios añosos, bailarines eximios. Un presentador de ocasión tomó el micrófono para decir que estaba entre nosotros el mayor escritor latinoamericano, y todos aplaudieron. Fuentes saludaba con su inclinación cortita de cabeza; después le pregunté cómo le resultaba eso de escuchar todo el tiempo tanto elogio, tanto gran escritor.

- Me mato de risa, me muero de risa. Yo me veo todas las mañanas en el espejo y digo: ¿gran qué? ¿Ese señor que se va a rasurar y a lavar los dientes?
- ¿Pero no te da cierto escalofrío...?
- No. Además recuerda que detrás de todo gran hombre entre comillas hay una gran mujer diciéndole che no sos tan grande, no te lo creas, no seas pendejo... Y yo por fortuna tengo esa mujer.
Dice y se ríe mucho. Esa mujer está del otro lado de la mesa pero no nos oye: tangos resuenan más y más. Entonces le pregunto por las formas del recuerdo, cómo se imagina que será recordado. Debe ser extraño, también, tener garantizada tu avenida.
- Lo que yo nunca querría es ser estatua: a las estatuas las cagan las palomas. En cambio una estampilla me gustaría más. Es bonito eso de la estampilla: sirves para la comunicación y, además, te están lamiendo todo el tiempo.
Dice Fuentes y, otra vez, suelta la carcajada.

(Nota: la conversación entre Carlos Fuentes y Martín Caparrós tuvo lugar antes de la renuncia de Fernando de la Rúa a la presidencia de Argentina)



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mailer

"Me horrorizaría ejercer influencia alguna; sin embargo, me gustaría ser alguien… por mi ineficacia. Turbar las mentes sí; dirigirlas, no". Ciorán



EE.UU. y su guerra con el reino invisible de Satán

Norman Mailer

Estados Unidos quiere la dominación del mundo, pero su pueblo es un desentendido buscador de placeres. Lo que se requiere, entonces, es una fábula con moraleja para asustarlos en las galerías de tiendas y diversiones. El 11 de septiembre llegó muy a tiempo.
Los buenos novelistas y los buenos periodistas mantienen una búsqueda paralela.
Siempre intentamos encontrar aproximaciones mejores que la verdad establecida, porque es común que esa verdad se tuerza en aras de poderosos intereses.
Los periodistas se aventuran en este meritorio e intrincado camino cavando la dura tierra en busca de esas criaturas viscosas que llamamos hechos, que casi nunca son lo suficientemente claros como para aflorar como ciertos o falsos.
Los novelistas trabajan de manera diferente. Comenzamos con ficciones, es decir, hacemos suposiciones acerca de la naturaleza de lo real. Puesto de otra manera, vivimos con hipótesis que, si están bien elegidas, pueden enriquecer nuestro intelecto y —siempre hay la esperanza de que enriquezcan también el entendimiento de algunos lectores. Después de todo, las hipótesis son una de las incisivas formas en que intentamos estimar lo que pudiera ser la realidad. Cada nuevo fragmento de evidencia que nos allegamos sirve para debilitar o fortalecer una hipótesis. Con una buena premisa podemos acercarnos más a lo real. Una premisa pobre debe ser descartada tarde o temprano.
Analicemos por un momento el estado súper excitado en que se hallan un hombre o una mujer cuando los invaden los celos. Su razón se acelera, sus sentidos se tornan más alertas. Si una mujer cree que su esposo tiene un amorío, entonces cada vez que él llega a casa ella está más alerta de su presencia de lo que había estado en las semanas previas, o meses, o años. ¿Será culpable? ¿Será signo de desasosiego la manera en que dobla la servilleta? ¿Está siendo él demasiado complaciente? Los sentidos de la mujer se avivan ante la posibilidad de que otra mujer —llamémosle Victoria— sea el objeto de su atención. Pronto, la mujer se convence de que él mantiene un romance con Victoria. Definitivamente.
No hay duda. Pero luego, una mañana cualquiera ella descubre que la dama está en China. Peor. De hecho, Victoria da clases en Pekín desde hace seis meses. Ergo, la hipótesis fue refutada. Si la esposa sigue convencida de que su esposo le es infiel, otra mujer debe ser la causante.
El valor de una hipótesis es que puede estimular nuestro entendimiento y avivar nuestra concentración. El riesgo es que puede distorsionar. Las buenas hipótesis dependen de preguntas reales, es decir, preguntas que no siempre generan respuestas felices.
Lo que me intriga de las buenas hipótesis es que guardan una relación cercana con la buena ficción. La novela seria busca situaciones y personajes que puedan ser lo suficientemente vivos como para sorprender al escritor. Si uno comienza con una suposición, es frecuente que las acciones de los personajes conduzcan el relato por rumbos algo distantes del plan inicial. En ese sentido, las hipótesis no sólo se parecen a las ficciones, sino que pueden compararse con los reportajes —una vez que se presenta la situación los sucesos subsecuentes pueden actuar como personajes sorprendentemente vivos, que cotejarán o refutarán el desarrollo de la situación que uno imaginó en un principio. El valor de una buena hipótesis, como el de una buena ficción, es que siempre enriquecen el intelecto del autor y el lector —aunque todo resulte más o menos como esperábamos o el devenir de los hechos sea muy diferente.

Una buena novela, como una buena hipótesis, se vuelve un ataque a la naturaleza de la realidad. (Si el término ataque suena muy violento como noción, piénsenla como indagación intensa.) Pero el presupuesto básico es que la realidad es siempre cambiante —mientras más intensa es la situación, más imprevisible será el desenlace. Ninguna buena novela llega nunca a la certeza total, a menos uno sea Charles Dickens y escriba Un cuento de Navidad. Siendo así, pocas hipótesis llegan alguna vez a un cierre.
En el camino a Irak, no se nos ofrecieron sino algunos cuentos para explicar por qué fuimos tan evidentemente temerarios en favor de la guerra.
Una hipótesis que surgió pronto es que una guerra así sería ruin. No derramemos sangre por petróleo. Ese fue el grito. Otros brindaron una razón mucho más virtuosa que los intereses petroleros estadounidenses: conquistar Irak democratizaría el Medio Oriente. Felizmente se arreglarían los problemas entre Israel y Palestina. En el proceso, esto resultó estar más cerca de un cuento de hadas que de una proposición lógica.
A su vez, el gobierno de Bush nos recalcó la idea de las armas de destrucción masiva. Eso enraizó en el entendimiento estadounidense, cual relato de suspenso y espionaje. ¿Localizaríamos esas pesadillas antes de que voláramos en pedazos?
Este fue el argumento más generalizado para ir a la guerra.
Hubo otras hipótesis: ¿encontraríamos a Osama Bin Laden pronto o no lo encontraríamos? Ello se volvió un cuento corto sin final. En vísperas de la guerra, surgió en la noche una sangrienta novela de culto. Se llama Conmoción y Espanto: ¿podemos clavar a tiempo la estaca en el corazón de Saddam Hussein? Los buenos estadounidenses sentían que íbamos a la caza de Drácula.
Hipótesis vívidas. Ninguna se sostuvo. No supimos entonces las razones y aún no comenzamos a ponernos de acuerdo: por qué nos embarcamos en esta guerra, la más miserable de todas. El principio conocido como Navaja de Occam sugiere que la explicación más simple, la que con mayor facilidad responde a una variedad de cuestiones separadas relativas a un asunto desconcertante, es la que tiene mayor probabilidad de ser la explicación correcta. Y de la fórmula del buen obispo Occam puede emerger una respuesta: marchamos a esta guerra de tan total magnitud porque fue la solución más simple que el presidente y su partido hallaron para salir del empantanamiento inmediato en que Estados Unidos se encontraba.

El primer problema es que el futuro científico de la nación y sus posibilidades tecnológicas parecía estar en aprietos. Los empleos en las fábricas estadounidenses estaban en peligro de desaparecer, rebasados por la cantidad de mano de obra en los países del Tercer Mundo. Nuestros expertos sufrían por empatar las habilidades tecnológicas de Europa y Asia. Las relaciones entre la mano de obra estadounidense y las corporaciones amenazaban llegar a la confrontación. Pero no era ésa la única nube de tormenta sobre nuestra tierra.
En 2001, antes del 11 de septiembre, se ensanchaba la grieta entre la cultura popular y el fundamentalismo. Desde el punto de vista de la derecha religiosa, Estados Unidos se tornaba descuidado, patán, irreverente y flagrantemente inmoral. La mitad de los matrimonios estadounidenses terminaban en divorcio. La Iglesia católica sufría una serie de angustiosos escándalos.
Enfrentados al espectro de una superpotencia, nuestra propia superpotencia, fuera de orden en lo económico y lo espiritual, la mejor solución pareció ser la guerra. Eso podría ofrecer una avenida para recuperar América —no unificando el país, presten atención, de ninguna manera. Para ese momento, eso era casi imposible. Pero dado que el país estaba profundamente dividido, tal vez hubo que escindirlo más aún, de tal modo que la mitad, a la que unos pertenecían, se hiciera mucho más poderosa. Para ello se incitó a los estadounidenses a vivir con todas las incertidumbres de los mitos intentando soslayar el borde filoso de la indagación que implican las hipótesis.
La diferencia es crucial. Una hipótesis abre el intelecto al pensamiento, a la comparación, a la duda, a lo esquivo de la verdad. Los mitos, por su parte, son hipótesis congeladas. Cuestiones muy serias se responden declarativamente, y no hay manera de reabrirlas. Se buscan lecciones morales para niños. El bien prevalecerá sobre el oscuro enemigo. Para el gobierno de Bush, el 11 de septiembre llegó como liberación. Se nos incitó a preocuparnos por la seguridad en cualquier galería comercial de Estados Unidos. El mito avasallador no era simplemente el peligro del Islam, sino su cercanía con nosotros. Para oponer los temores que generamos en nosotros mismos, debíamos invocar nuestros más dinámicos mitos estadounidenses. Debemos guerrear constantemente contra el invisible reino de satán. Plantarnos en el Armagedón y luchar por la patria. Esto fortaleció la convicción de que América era excepcional y Dios tenía especial interés en ella.
Dios quería que nosotros fuéramos una patria superior a otras naciones, un ámbito para elevar su visión a mayores glorias. Así, el mito de las fronteras, que exigió nuestra presteza para luchar sin límite, se volvió parte de nuestra excepcionalidad. "Hagamos lo que haga falta".

Para que el capitalismo estadounidense sobreviviera, se hizo requisito esta excepcionalidad en vez de la cooperación con otras naciones avanzadas. Desde el punto de vista de los líderes de la nación, iban 10 años de iniciativas perdidas, 10 años en el frío, pero ahora América tenía la oportunidad sacar provecho de la gran bonanza que se le cruzó en el camino en 1991, cuando la Unión Soviética se fue a la bancarrota en la carrera armamentista. En ese punto, o así lo consideran quienes creen en la excepcionalidad, Estados Unidos pudo y debió haber tomado el mundo y salvaguardado nuestro futuro económico por décadas, por lo menos, para contar con un siglo de hegemonía por delante. En cambio, los excepcionalistas se vieron consumidos por la frustración al ver todas las cautelas y lábiles rodeos del gobierno de Clinton. Nunca fueron tan detestados los liberales. Pero ahora, el 11 de septiembre brindaba una oportunidad para que Estados Unidos resolviera algunos problemas. Ahora se podría embarcar en la gran aventura de un imperio.
Los promotores de la excepcionalidad resultaron ser realistas de hueso duro.
Estaban preparados a aceptar el hecho de que la mayoría de los estadounidenses tal vez no abrigara ningún deseo real de dominación global. América ama el placer, lo que, para fines de estos promotores de lo excepcional, era tan malo como ser amante de la paz. Así, la invasión debía presentarse mediante una narración edificante. Esto significaba que la razón invocada para la guerra tenía que tener una vida muy independiente de los hechos. Los motivos ofrecidos al público estadounidense no debían tener conexiones cercanas con las probabilidades. La fantasía sirve ese propósito. Por ejemplo, llevar democracia a Medio Oriente. Protegernos contra las armas de destrucción masiva. Estos asuntos debían penetrar los hogares con toda la parafernalia de hechos, datos que supuestamente confirmaran los motivos. Para que esto funcionara, debía comprometerse a la CIA. Gran parte de la gente de la CIA está motivada por su propia carrera. Hacer carrera no necesariamente significa hacer un trabajo de inteligencia correcto. Como en otros sectores de la burocracia, la gente con logros en dicha agencia es gente que trepa porque sabe lo que pide la superioridad. Terminan así produciendo lo que sienten que su país requiere, o su carrera, o el siguiente paso que dan. Cuando tales factores se contradicen unos con otros, el trabajo de inteligencia sale perjudicado. Así, la CIA se vio muy comprometida con la jugada de entrar a la guerra contra Irak.
Muchos analistas que contaban con información de que Irak tenía muy poco que ver con armas de destrucción masiva se rindieron. La necesidad de que la superioridad cumpliera las expectativas del presidente los escindió. Así que avanzamos en la creencia de que Irak era una amenaza, y nos dijeron que las hordas iraquíes nos recibirían con flores.
Sin embargo, la democracia no es antibiótico que se inyecte a un cuerpo
contaminado. No es el suero mágico. Más bien la democracia es una gracia. En su estado ideal es noble. Es imposible creer que gente tan endurecida, mentirosa y trascendentalmente cínica como Karl Rove o Dick Cheney —por ofrecer los ejemplos más a mano— hayan creído que una democracia rápida iba a ser posible en Irak.

En términos muy crudos, espero que por lo menos Cheney esté en Irak por una razón: petróleo. Sin control pleno del petróleo de Medio Oriente, los problemas económicos de Estados Unidos continuarán expandiéndose. Es por eso que permaneceremos en Irak en los años venideros, porque nada se gana con retirarse después de adosar este nuevo Estado semiopresivo. Si se pretende que es una democracia, tendremos sólo una victoria nominal. Regresaremos a Estados Unidos con todos los problemas que nos llevaron a Irak, más el gasto de unos cientos de miles de millones de dólares perdidos en el lodazal.
Me parece que si los demócratas desean trabajar una nueva serie de valores y actitudes para sus futuros candidatos, no sería mala idea que pensaran más creativamente en la cuestión para la cual, hasta ahora, tienen sólo débiles e inútiles sugerencias: cómo llevarse un poco del voto de los fundamentalistas.
Si para 2008 los demócratas esperan hacerse de una fracción significativa de tales votantes, tendrán que hallar candidatos y operadores en el terreno que puedan esparcir su voz por el sur —es decir, encontrar el equivalente de misioneros demócratas que trabajen con esa buena gente, que tal vez viva en el temor de la ira de Jehová, pero que ama a Jesús, lo ama mucho más. Si a estas personas se les trabaja con celo suficiente, muchos podrían llegar a reconocer que esos tan despreciados liberales viven en el verdadero espíritu de Jesús cuanto más que los republicanos. Crean o no en cada una de las palabras de las Sagradas Escrituras, son esos liberales y no los republicanos quienes se preocupan por la suerte de los pobres, los afligidos, los necesitados y los desesperanzados. A esos liberales les importa inclusive el bienestar de los criminales en nuestras prisiones. Son más propensos a cuidar los bosques, refrescar el aire de las ciudades y sanear los ríos. Sería muy angustioso para un buen fundamentalista tener que votar por un candidato que no lee las Sagradas Escrituras todos los días, y tal vez algunos se pregunten: ya no sé dónde situar mi voto. Me he unido a las filas de los indecisos.
Hay que darle poder a esas personas. Más poder a aquellos dispuestos a vivir en la indecisión implícita en la democracia. Después de todo, es la democracia la que le brindó a la gente el poder y la virtud de las buenas preguntas, sin restringir el asunto a las clases superiores.

Traducción: Ramón Vera Herrera
© Copyright 2005 Norman Mailer



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"¿Que diferencia hay entre ficción y un reportaje periodístico o un libro de historia? Se trata de sistemas opuestos de aproximación a lo real. En tanto que la novela se rebela y transgrede, aquellos géneros no pueden dejar de ser sus siervos" Mario Vargas Llosa




Hombres y engranajes

Ernesto Sabato

(c) Emecé Editores1951, 1985


Justificación

Uno se embarca hacia tierras lejanas, indaga la naturaleza, ansía el conocimiento de los hombres, inventa seres de ficción, busca a Dios. Después comprende que el fantasma que se perseguía era Uno-Mismo. Pág. 11

Allí, en 1938, supe que mi fugaz paso por la ciencia había concluido. ¡Cómo comprendí entonces el valor moral del surrealismo, su fuerza destructiva contra los mitos de una civilización terminada, su fuego purificador, aun a pesar de todos los farsantes que aprovechan de su nombre! Pág. 13

De todos modos, reivindico el mérito de abandonar esa clara ciudad de las torres –donde reinan la seguridad y el orden– en busca de un continente lleno de peligros, donde domina la conjetura. Pág. 13

Introducción

Así es nuestro tiempo. El mundo cruje y amenaza derrumbarse, ese mundo que, para mayor ironía, es el producto de nuestra voluntad, de nuestro prometéico intento de dominación. Es una quiebra total. Dos guerras mundiales, las dictaduras totalitarias y los campos de concentración nos han abierto por fin los ojos, para revelarnos con crudeza la clase de monstruo que habíamos engendrado y criado orgullosamente. Pág. 15

El siglo XX esperaba agazapado como un asaltante nocturno a una pareja de enamorados un poco cursi. Esperaba con sus carnicerías mecanizadas, el asesinato en masa de los judíos, la quiebra del sistema parlamentario, el fin del liberalismo económico, la desesperanza y el miedo. En cuanto a la Ciencia, que iba a dar solución a todos los problemas del cielo y de la tierra, habían servido para facilitar la concentración estatal y mientras por un lado la crisis epistemológica atenuaba su arrogancia, por el otro se mostraba al servicio de la destrucción y de la muerte. Y así aprendimos brutalmente una verdad que debíamos haber previsto, dada la esencia amoral del conocimiento científico: que la ciencia no es por sí misma garantía de nada, porque a sus realizaciones le son ajenas las preocupaciones éticas. Pág. 16-17

Esta crisis no es solo la crisis del sistema capitalista: es el fin de toda esa concepción de la vida y del hombre, que surgió en Occidente con el Renacimiento. De tal modo que es imposible entender este derrumbe si no se examina la esencia de esa civilización renacentista. Pág. 17

Tal como Bardiaeff advirtió, el Renacimiento se produjo mediante tres paradojas:
1) Fue un movimiento individualista que terminó en la masificación
2) Fue un movimiento naturalista que terminó en la máquina
3) Fue un movimiento humanista que terminó en la deshumanización
Que no son sino aspectos de una sola y gigantesca paradoja: la deshumanización de la humanidad.
Esta paradoja, cuyas últimas y más trágicas consecuencias padecemos en la actualidad, fue el resultado de dos fuerzas dinámicas y amorales: el dinero y la razón. Con ellas el hombre conquista el poder secular. Pero –y ahí está la raíz de la paradoja– esa conquista se hace mediante la abstracción: desde el lingote de oro hasta el clearing, desde la palanca hasta el logaritmo, la historia del creciente dominio del hombre sobre el universo ha sido también la historia de sucesivas abstracciones. Pág. 17-18

El capitalismo moderno y la ciencia positiva son las dos caras de una misma realidad desposeída de atributos concretos, de una abstracta fantasmagoría de la que también forma parte el hombre, pero no ya el hombre concreto e individual sino el hombre-masa, ese extraño ser todavía con aspecto humano, con ojos y llanto, voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima. Este es el destino contradictorio de aquel semidiós renacentista que reivindicó su individualidad, proclamando su voluntad de dominio y transformación de las cosas. Ignoraba que también él llegaría a transformarse en cosa. Pág. 18

Y aunque la soledad del hombre es perenne, no sociológica sino metafísica, únicamente una sociedad como esta podía revelarla en toda su magnitud. Así como ciertos monstruos solo pueden ser entrevistos en las tinieblas nocturnas, la soledad de la criatura humana se tenía que revelar en toda su aterradora figura en este crepúsculo de la civilización maquinista. Pág. 18

I) LA ESENCIA DEL RENACIMIENTO

La esencia del hombre laico

Entre el derrumbe del Imperio Romano y el despertar del siglo XII el mundo occidental se sume en lo que propiamente debería llamarse “edad media”. El hombre se sumerge en los valores espirituales y solo vive para Dios: el dinero y la razón emigran hacia mejores territorios, refugiándose en Bizancio, en el imperio musulmán, entre los judíos. Bajo la doble presión de la ética cristiana y del aislamiento militar, el hombre de Occidente renunció durante seis siglos a las dos potencias que mejor parecían representar los halagos de la materia y del pensamiento, la tentación del espíritu mundano. Pág. 22

Hacia la época de las Cruzadas comienza el despertar de Occidente, gracias a un conjunto de factores concomitantes: el debilitamiento del poder musulmán, la relativa tranquilidad de las ciudades después de tantos siglos de lucha y destrucción, la pérdida de las esperanzas en el advenimiento del reino de dios sobre la tierra, la reapertura del comercio mediterráneo. ¿Cuál de todos ellos es el factor último? No es fácil discriminarlo. Pero en cambio es fácil advertir que debajo de todos ellos actúan dos fuerzas fundamentales: la razón y el dinero. Pág. 22 y 23

El dinero había aumentado silenciosamente su poderío en las comunas italianas desde las Cruzadas. La primera Cruzada, la Cruzada por antonomasia, fue la obra de la fe cristiana y del espíritu de aventura de un mundo caballeresco, algo grande y romántico, ajeno a la idea de lucro. Pero la historia es tortuosa y era el destino de este ejército señorial servir casi exclusivamente al surgimiento mercantil de Europa: no se conservaron el Santo Sepulcro, ni Constantinopla, pero se reiniciaron las rutas comerciales con Oriente. Pág. 23-24

Así comenzó el poderío de las comunas italianas y de la clase burguesa. Durante los siglos XII y XIII, esta clase triunfa por todos lados. Sus luchas y su acenso provocaron transformaciones de tal largo alcance que hoy sentimos sus últimas consecuencias. Ya que nuestra crisis es la reducción al absurdo de aquella irrupción de la clase mercantil. Pág. 24

Del naturalismo a la máquina

La primera actitud del hombre hacia la naturaleza fue de candoroso amor, como en San Francisco. Pero dice Max Scheler, amar y dominar son dos actitudes complementarias y a ese amor desinteresado y panteístico siguió su el deseo de dominación, que había de caracterizar al hombre moderno. De este deseo nace la ciencia positiva, que no es ya mero conocimiento contemplativo sino el instrumento para la dominación del universo. Actitud arrogante que termina con la hegemonía teológica, libera a la filosofía y enfrenta a la ciencia con el libro sagrado.
El hombre secularizado –animal instrumentificum– lanza finalmente la máquina contra la naturaleza, para conquistarla. Pero dialécticamente ella terminará dominando a su creador. Pág. 25

El diablo reemplaza a la metafísica

El fundamento del mundo feudal era la tierra, como consecuencia esta sociedad es estática, conservadora y espacial.
En cambio, el fundamento del mundo moderno es la ciudad; la sociedad resultante es dinámica, liberal y temporal.
En este nuevo orden prevalece el tiempo sobre el espacio, porque la ciudad está dominada por la razón y el dinero, fuerzas móviles por excelencia. Pág. 26

La característica de la nueva sociedad es la cantidad. El mundo feudal era un mundo cualitativo: el tiempo no se medía, se vivía en términos de eternidad y el tiempo era el natural de los pastores, del despertar y del descanso, del hambre y del comer, del amor y del crecimiento, de los hijos, el pulso de la eternidad; era un tiempo cualitativo, el que corresponde a una sociedad que no conoce el dinero. Pág. 26

Desde el siglo XV los relojes mecánicos invaden a Europa y el tiempo se convierte en una entidad abstracta y objetiva, numéricamente divisible. Habrá que llegar a la novela actual para que el viejo tiempo intuitivo sea recuperado por el hombre. Pág. 27

El intercambio comercial de las ciudades italianas con Oriente facilitó el retorno de las ideas pitagóricas, que habían sido corrientes en la arquitectura romana. Pero es con la emigración de los eruditos griegos de Constantinopla cuando en Italia comienza el real resurgimiento de Platón y, a través de él, de Pitágoras. Cosimo recoge a los sabios y él mismo sigue sus enseñanzas en la Academia de Florencia. De este modo, el misticismo numerológico de Pitágoras celebra matrimonio con el de los florines, ya que la aritmética regía por igual el mundo de los poliedros y el de los negocios. Con razón sostiene Simmel que los negocios introdujeron en Occidente el concepto de exactitud numérica, que será la condición del desarrollo científico. Pág. 28

Este es el hombre moderno. Conoce las fuerzas que gobiernan al mundo, las tiene a su servicio, es el dios de la tierra: es el diablo. Su lema es: todo puede hacerse. Sus armas son el oro y la inteligencia. Su procedimiento es el cálculo. Pág. 29

La mentalidad calculadora invade finalmente la política: Maquiavelo es el ingeniero del poder estatal. Se impone una concepción dinámica e inescrupulosa, que no reconoce honor, ni derechos de sangre, ni tradición. ¡Qué lejos estamos de aquella cristiandad unida en su fe contra los infieles! Pág. 30

El poder es el ídolo máximo y no hay fuerzas que puedan impedir el desarrollo de los planes humanos. Pág. 30

Complejidad y drama del hombre renacentista

Una doctrina no traduce unívocamente una época, sino se forma de manera compleja; en parte por el desarrollo autónomo y puramente intelectual de las ideas anteriores –por o en contra de esas ideas–, en parte como manifestación del espíritu de su tiempo. Pág. 31

Por eso es falso afirmar que el “Renacimiento es una vuelta a la antigüedad”. La historia no retorna jamás. Lo que hay es un retorno de ciertas características del espíritu greco-latino, en la medida en que también había sido un espíritu ciudadano, el producto de una cultura de ciudades, una civilización. Pág. 31

La importancia del cristianismo se revela hasta en aquella actividad del espíritu que, por su naturaleza, parece más alejada: la ciencia positiva. Mucho se sorprenderían los anticlericales de barrio si se les dijese que la ciencia occidental nació gracias a la Iglesia y no obstante es así. Pág. 32

En cuanto al burgués, había insurgido como realista, preocupándose solamente por lo que tenía delante de las narices, desconfiando de toda suerte de abstracciones. Pero con palancas y ruedas no se hace la ciencia moderna: es necesario unir los hechos en un esquema racional y abstracto. Por eso, paradojalmente, la ciencia positiva no pudo surgir sin la ayuda de la iglesia, pues mientras su faz técnica y utilitaria proviene de la burguesía, su lado teórico, la idea de una racionalidad del Universo (sin la cual ninguna ciencia es posible) proviene de la escolástica. Pág. 33

De este modo, apenas la burguesía ha llegado a la etapa de la ciencia, hace suyo el tema de la abstracción, que caracterizaba a la escolástica, pero lo instrumenta a su modo, uniéndolo al saber concreto y utilitario, entrelazándolo a los poderes temporales de la máquina y el capitalismo y, a través del número, al tema de la belleza en la proporción, que es típico del humanismo. Y así, en este fugaz reinado pitagórico, oímos la última parte de una compleja partitura, en que los temas iniciales aparecen complicados y entrelazados de tal manera que apenas puede distinguirse a Platón de Aristóteles, a las preocupaciones prácticas de las metafísicas, a la aridez escolástica de la intuición concreta. Pág. 33-34

Solo podremos entender la complejidad del Renacimiento y el dramático dualismo de nuestro tiempo si admitimos que ese tiempo nuestro nació como interacción de los pueblos de distinta raza y tradición. Pág. 37

II) EL UNIVERSO ABSTRACTO

El gigantesco vórtice

La afluencia de las riquezas de Indias aceleró el proceso capitalista en Europa y la centralización de las monarquías. Durante la Guerra de los Cien Años, las fortalezas feudales se habían convertido en nidos de ladrones y aventureros, en el último reducto de una clase antaño caballeresca pero ahora empobrecida y rabiosa. La aristocracia feudal sucumbió ante el poder monárquico-capitalista. Los grandes poderes centrales necesitaban grandes sumas de dinero para sus burocracias y ejércitos, y esas sumas solo podían dárselas los grandes señores de las finanzas: la centralización del poder político resultó así la contrafigura de la centralización financiera. Pág. 42

El descubrimiento de América y la Reforma aceleran el ritmo, mayores riquezas, gigantescos mercados y fuentes de materias primas y la ética calvinista: la riqueza no es nada sospechoso sino el signo de la bendición divina. Pág. 43

Al desarrollo del capitalismo correspondió un paralelo desarrollo de la industria. Y el avance del conocimiento científico fue la contraparte de este proceso, en un complejo movimiento recíproco: las necesidades técnicas forzaban los avances de la ciencia pura y estos traían nuevas posibilidades a ala técnica. Pág. 43

Hacia el poder mediante la abstracción

El dinero y la razón otorgaron el poder secular al hombre no a pesar de la abstracción sino gracias a ella. La idea de que el poder está unido a la fuerza física y a la materia es la creencia de personas sin imaginación. Para ellos una cachiporra es más eficaz que un logaritmo, un lingote de oro es más valioso que una letra de cambio. Pero la verdad es que el imperio del hombre se multiplicó desde el momento en que comenzó a reemplazar las cachiporras por logaritmos y los lingotes de oro por letras de cambio. Pág. 43

No debe sorprendernos que el capitalismo esté vinculado a la abstracción, porque no nace de la industria, sino del comercio; no del artesano, que es rutinario, realista, estático sino del mercader aventurero, que es imaginativo y dinámico. La industria produce cosas concretas, pero el comercio intercambia esas cosas, y el intercambio tiene siempre en germen la abstracción, ya que es una especie de ejercicio metafórico que tiende a la identificación de entes distintos mediante el despojo de sus atributos concretos. Pág. 44

Los logaritmos, en fin, terminan por imponerse sobre la cachiporra, lo abstracto concluye por dominar lo concreto. No fueron las máquinas quienes desencadenaron el poder capitalista, sino el capitalismo financiero quien sometió la industria a su poderío. Pág. 45

El fantasma matemático

En la elaboración de la ciencia el hombre opera con esa intrincada mezcla de ideas puras, sentimientos y prejuicios que caracteriza a su condición; investiga acicateado por manías de grandeza, por preceptos éticos o estéticos, por empecinamiento o por ese vanidoso amor a sí mismo que suele llamarse Amor a la Humanidad. Pero aunque los sentimientos o los juicios de valor intervengan en la elaboración de la ciencia, nada tienen que hacer con la ciencia hecha. Pág. 47

La ciencia estricta –la ciencia matematizable– es ajena a todo lo que es más valioso para el ser humano: sus emociones, sus sentimientos, sus vivencias de arte o justicia, sus angustias metafísicas. Pág. 48

El nuevo fetichismo

El hombre no es un mero objeto físico, desprovisto de alma; ni siquiera un simple animal: es un animal que no solo tiene alma sino espíritu, y el primero de los animales que ha modificado su propio medio por obra de la cultura. Como tal, es un equilibrio –inestable– entre su propio soma y su medio físico y cultural. Pág. 53

El hombre es el primer animal que ha creado su propio medio. Pero, –irónicamente– es el primer animal, que de esa manera, se está destruyendo. Pág. 53-54

La gran ilusión del progreso

El avance de la técnica hizo nacer el dogma del Progreso General e Ilimitado, la doctrina del better-and-bigger. Todo lo que era nieblas, desde el miedo hasta la peste, iba ser iluminado por la Ciencia. No importaba que algunas zonas de la realidad, como lo social, presentaran todavía aspectos desagradables: ya la Razón y los Inventos encontrarían la forma de resolver esas dificultades, ya se dominarían las fuerzas de la sociedad como se habían dominado las de la naturaleza. Pág. 54

El dogma del Progreso fue la fase final del largo proceso de secularización iniciado en Occidente a partir de las Cruzadas; la secularización del propio sentimiento religioso. Porque esto fue una especie de religión laica, hecha a base de moralidad burguesa, de culto por la Razón y la Fraternidad, de creencia en una Humanidad Mejor. De aquel tiempo proviene ese tipo de cientista que cree en la unificación de los hombres mediante la Ciencia, aunque hasta hoy no haya servido más que para su mutua destrucción. Pág. 55

Es fácil, en efecto, demostrar la superioridad del avión sobre la carreta, pero ¿cómo demostrar el progreso moral o político? Pág. 56

El paraíso mecanizado
Los teóricos del maquinismo sostuvieron que la máquina al liberar al hombre de las tareas manuales, dejaría más tiempo libre para las actividades del espíritu. En la práctica las cosas resultaron al revés y cada día disponemos de menos tiempo. Pág. 57-58

Hacia la ignorancia por la ciencia

Los doctrinarios del Progreso habían imaginado que la humanidad avanzaría de la Oscuridad hacia la Luz, de la Ignorancia hacia el Conocimiento.
La realidad ha resultado mucho más complicada, y si esa previsión ha resultado cierta para la humanidad como un todo, ha resultado diametralmente equivocada para el hombre individual. A medida que la ciencia ha avanzado hacia ala universidad, y por lo tanto hacia la abstracción, se ha alejado del hombre medio, de sus intuiciones, de su capacidad de comprensión. Pág. 59

Nuestro lenguaje cotidiano se ha formado bajo la presión del mundo cotidiano: seres humanos, muebles, vehículos de transporte, emociones, libros, enfermedades. Pero cuando la ciencia avanzó hacia lo infinitamente grande y hacia lo infinitamente pequeño, ninguna de estas palabras resultó ya apta para designar los nuevos entes. Pág. 60

De este modo, el hombre medio vive subyugado y en la adoración de los nuevos ritos. De este modo ha retornado a la ignorancia, después de un breve tránsito por el siglo de las luces. Pero a una ignorancia infinitamente más rica y más vasta, porque no es el negativo de la ciencia de Aristóteles, sino de la ciencia reunida de Einstein, Pavlov, Freud, Rusell, Carnap, Poincaré, Husserl, Heidegger y Whitehead.
Y mientras más imponente es la torre del conocimiento y más temible el poder allí encerrado más insignificante es el hombre de la calle, más incierta su soledad. Pág. 61

El superestado

James Mill, en el buen tiempo viejo, imaginaba que cuando todos supieran leer y escribir estaría asegurado para siempre el reinado de la Razón y de la Democracia. ¡Pobre hombre!
(…)
Es extraño que todavía haya gente que siga creyendo en ese mito. Es extraño, también, que siga teniendo fe en la Opinión Pública, como si ese fetiche no pudiera crearse a voluntad mediante la propaganda. Pág. 62

La tumba del hombre-cosa

He ahí el fin del hombre renacentista. La máquina y la ciencia que había lanzado sobre el mundo exterior, para dominarlo y conquistarlo, ahora se vuelven contra él, dominándolo y conquistándolo como a un objeto más. Ciencia y máquina se fueron alejando hacia un olimpo matemático, dejando solo y desamparado al hombre que les había dado vida. Triángulos y acero, logaritmos y electricidad, sinusoides y energía atómica, unidos a las formas más misteriosas y demoníacas del dinero, constituyeron finalmente el Gran Engranaje, del que los seres humanos acabaron por ser oscuras e impotentes piezas. Pág. 64


III) LA REBELIÓN DEL HOMBRE

La dialéctica de la crisis

La religión cristiana es el sincretismo de la filosofía griega con los elementos dinámicos de los judíos y maniqueos; y así, desde sus mismos orígenes, contendrá en su seno dos fuerzas contrapuestas: según las épocas, los pueblos y los hombres que la adoptaron, el cristianismo desplazó su acento entre la contemplación y la acción, entre la esencia y la existencia… Pág. 70

La rebelión de los románticos

El romanticismo es una rebelión contra la ciencia y el capitalismo: opone el individuo a la masa, el pasado al futuro, el campo a la ciudad, la naturaleza a la máquina. En su culto del individuo es, pues, un retorno a los ideales del Renacimiento. Pero en su alzamiento contra la ciencia y el capitalismo, se entronca con el espíritu medieval. Lewis Mumford muestra cómo esa tentativa tenía que resultar históricamente un fracaso. Sus representantes fueron tenidos por locos o cubiertos de ridículo, fueron empujados al alcohol o hacia las remotas islas del Pacífico. Pág. 71

La revuelta contra la máquina empezó en el siglo XVIII, cuando ésta alcanzaba sus triunfos más resonantes. Pág. 72

El marxismo

El mundo de la máquina aparecía solidarizado al mundo del dinero y el ataque contra el maquinismo asumió el carácter de simultáneo ataque contra el capitalismo: muchos románticos, asqueados de la brutalidad mecánica, se entregaron al socialismo. De este modo, mientras algunos huían a islas ajenas o a épocas pretéritas, otros ensayaban nuevas utopías sociales. Pág. 73

Sea como fuera, el marxismo apareció y se desenvolvió bajo el signo de la ciencia y de la técnica. Paradojalmente fue, también, un producto del dinero y la razón. Y su levantamiento –y esto es muy significativo– no fue contra la máquina sino contra el uso capitalista de la máquina. Fue un intento de quebrar la temible alianza del dinero y la razón, liberando la razón y poniéndola al servicio del hombre, humanizándola. Pág. 74

Es cierto que la conquista de las fuerzas naturales tiene una grandeza que eleva esa tarea por encima de los burdos deseos utilitarios, y que la conquista de los continentes desconocidos, del mar y del aire, tuvo a menudo la grandeza de las epopeyas. Mas no es menos cierto que grandes y temibles fuerzas se fueron engendrando por debajo de esta arrogante civilización, oscuras fuerzas que no pertenecen a la esencia del capitalismo, sino a la del maquinismo: no la desocupación, la miseria, la taylorización industrial, que son atributos de una sociedad basada en el dinero; sino la mecanización de la vida entera, la taylorización general y profunda de los seres humanos, dominados cada día más por ese engendro infernal que se ha escapado de sus manos y que desde algún tenebroso olimpo planea la destrucción total de la humanidad entre sus tentáculos de acero y matemáticas. Pág. 75

La reacción existencial

Desde el Renacimiento, la ciencia y la filosofía se habían lanzado a la conquista del mundo objetivo. Aspiraban a develar las leyes que rigen el funcionamiento del Universo, para ponerlas al servicio del hombre. Pero para ello había que prescindir del yo, había que investigar el orden universal tal como es, de manera que sus leyes, una vez encontradas, iban a tener la implacable validez de los hechos, que no dependen de nuestra voluntad ni de nuestros deseos. Para lograr ese conocimiento objetivo, el hombre se valió de la razón –cuyas leyes son independientes de los deseos humanos– y de la observación del mundo externo. Pág. 78

Así pasó siempre: es curioso que el hombre empiece a interrogar el vasto universo antes de interrogar a su propio yo. Pág. 78

¿Qué sentido podría tener una Sociedad Futura donde se hubiese logrado descartar los sentimientos y las emociones? Es falso que el hombre desee ese pensamiento objetivo y desinteresado: quiere el conocimiento trágico, que se amasa no solo con la razón sino con la pasión y la vida. El hombre se rebela contra lo general y lo abstracto, contra el principio de contradicción; porque el hombre de carne y hueso es justamente la contradicción: es y no es, es santo y es demonio, ama y odia, es pequeño y a la vez es capaz de portentosas hazañas. Pág. 79

IV) LAS ARTES Y LAS LETRAS EN LA CRISIS

La literatura del yo

Dada la reivindicación del individuo, de su experiencia concreta e intransferible, es lógico que los representantes de la revuelta contemporánea hayan recurrido a la literatura para expresarse, ya que solo en la novela y en el drama puede darse esa realidad viviente. Pero no a esa literatura que se solazaba en la descripción del paisaje externo o de las costumbres burguesas, sino a la literatura de lo único, de lo personal. Pág. 83

La palabra novela representa hoy algo bastante diverso a lo que representaba en la pasada centuria. Y no es tanto que el escritor no pueda trascender su propio yo, para realizar una descripción objetiva de la realidad: es que no le interesa más. O, por lo menos, no le interesaba hasta hace muy poco tiempo, en que ha comenzado a surgir una nueva síntesis de lo subjetivo y de lo objetivo, precursora de la vasta síntesis espiritual a que asistiremos como superación de la crisis contemporánea (si es que las tremendas fuerzas materiales en juego nos lo permiten). Pág. 84

De la realidad a la superrealidad

Lo que está en crisis no es el arte sino el concepto de realidad que dominó en Occidente desde el Renacimiento. Para ese concepto “la” realidad es la mera realidad del mundo externo, la ingenua realidad de las cosas como las sienten nuestros sentidos y la concibe nuestra razón. Desde el naturalismo de los pintores y escultores italianos hasta el impresionismo francés, casi todo el arte occidental responde a esta concepción. No hay que engañarse con la mera liberación técnica que supone el impresionismo: en el fondo es la culminación de todo ese afán de objetividad y de naturalismo; es el fin y no el comienzo de un concepto de la realidad artística. Pág. 86

“Vuestra civilización es vuestra enfermedad; mi barbarie es mi restablecimiento”. Gauguin a Strindberg

El arte de cada época trasunta una visión del mundo, la visión del mundo que tienen los hombres de esa época y, en particular, el concepto que esa época tiene de lo que es la realidad. La civilización burguesa tiene también su concepto: es el de una realidad externa y racional. Esto si que significa una deshumanización, porque la genuina realidad incluye al hombre ¿y desde cuándo el ser humano está desprovisto de interioridad y cómo es posible suponer que el hombre sea solamente racional?
A cada tipo de cultura ha correspondido una diferente concepción de la realidad y en definitiva esa concepción está asentada en una metafísica y hasta en un ethos diferente. Pág. 88

No obstante, cuando decimos que el arte trasunta el concepto de realidad que tiene una época o una cultura, no queremos decir que siempre exprese lo que está en el ánimo de todos. Quizá eso suceda en ciertos momentos felices y culminantes de una civilización. Pero cuando una época se acerca a la crisis, son los artistas los que, gracias a su hipersensibilidad, anuncian los tiempos por venir, los tiempos que, como corrientes secretas y subterráneas ya fluyen debajo de la época, prontos a convertirse en poderosos torrentes visibles que arrastrarán los viejos conceptos como animales muertos o troncos caducos.
El arte de hoy es la reacción violenta contra la civilización burguesa y su Weltanschauung. Es por lo tanto cierto que se desentiende de su realidad y que a menudo la hace trizas. Pero aun cuando esa actitud haya sido a veces meramente iconoclasta, aun cuando en ocasiones haya lindado con la simple locura, siempre ha mostrado que estaba haciendo crisis un anquilosado concepto de la realidad, un concepto que no representa ya nuestras más profundas angustias. Pág. 89-90

Ortega y la deshumanización del arte

Pero cualquier pretensión de reducir el arte y la abstracción, debe ser considerada como una actitud deshumanizadora, no porque lo abstracto no sea también humano sino porque lo humano es algo más que eso: es lo abstracto y lo concreto y loo irracional, la máquina y la naturaleza, la ciencia y el arte. Pág. 96-97

Pero sea cual fuere su origen psicológico, desde el punto de vista de su esencia el arte abstracto es hoy la expresión de la mentalidad científica de nuestro tiempo. Y, como tal, lejos de representar un arte revolucionario, caracteriza a una cultura que declina. Pág. 97

Una literatura trágica

Si es un sofisma hablar de la deshumanización del arte contemporáneo en bloque, exigiría la revisión del significado de todas las palabras la extensión de este juicio a la literatura de hoy.
Es esta una literatura verdadera, difícil y trágica, con una dureza que desconoció el siglo XIX, excepto en aquellos escritores que intuyeron el derrumbe. Lejos de decaer, la novela y el drama han profundizado los grandes enigmas éticos y religiosos: desde Dovstoievsky hasta Graham Greene, pasando por Kafka, la gran literatura de nuestro tiempo es eminentemente metafísica y sus problemas son los problemas del hombre y su destino. Pág. 98

El problema es ser o no ser. El problema es la transitoriedad de todo lo terrenal: la frágil felicidad del amor, las ilusiones de la adolescencia, los instantes de comunicación con el semejante. Todo marcha, inexorable y angustiosamente, hacia la muerte. Pág. 98

Nuestros dioses no son los dioses luminosos del Olimpo, que alumbraron al artista occidental desde el Renacimiento: son los dioses oscuros y crueles que presiden el derrumbe de una civilización. Pág. 99

La literatura de hoy no se propone la belleza como fin –que además lo logre es otra cosa–. Es más bien un intento de profundizar el sentido de la existencia, una encarnizada tentativa de llegar hasta el fondo del problema. Pág. 100

Y cada palabra está respaldada por el escritor-hombre, nada está dicho en vano, por mero juego, por pura habilidad lingüística. Y cuando lo está, como muchas veces en Joyce, constituye un defecto y no una virtud. Pocas veces en la historia se ha dado ese tipo de escritor que, como T.E. Lawrence, Andre Malraux o Saint-Exupery, forma un solo e inseparable ser con el hombre de carne y hueso que lo respalda. Nunca, como hoy, se ha tenido tanto desprecio por las meras palabras. Pág. 100

La literatura ha dejado de pertenecer a las Bellas Artes, para ingresar en la metafísica. Pág. 101

Trascendencia y limitación del surrealismo

En 1916, en esa Suiza que parece la quintaesencia del espíritu burgués, del jardincito nacionalista y respetuoso, Tristan Tzara inició el movimiento Dadá, rebelión destructiva y nihilista contra una sociedad caduca. Con verdadera furia, estos espíritus moralizadores se echaron contra los lugares comunes y la hipocresía de la burguesía. Porque no debemos engañarnos: todo el insurgimiento del espíritu contemporáneo –desde Van Goh a los existencialistas– tiene un profundo sentido ético. Pág. 101

Nuestro tiempo es el de la desesperación y de la angustia, pero paradojalmente, solo así puede abrirse la puerta de una nueva y auténtica esperanza. Pág. 102-103

No basta ahora con destruir: tenemos que comprender. No basta con volver a los fetiches de África Central: tenemos que averiguar, por entre las grietas de una Iglesia a menudo nefasta, cuál es el misterio judeo-cristiano que ha dominado toda la civilización de Occidente y ha impuesto una nueva forma del espíritu humano. Pág. 108

Es necesario comprender que el hombre no es solo irracionalidad sino también racionalidad, que no solamente es instinto sino también espíritu. ¿O vamos a renunciar a los más grandes atributos de la raza humana justamente en nombre de su regeneración?
Vivimos el momento en que es necesaria una nueva síntesis. El que no comprenda esta necesidad no podrá comprender a fondo los problemas del hombre de nuestra época. Pág. 108

¿Y entonces qué?

Para Berdiaeff, la Historia no tiene ningún sentido en sí misma: no es más que una serie de desastres y de intentos fracasados. Pero todo ese cúmulo de frustraciones está destinado a probar, precisamente, que el hombre no debe buscar el sentido de su vida en la historia, sino fuera de la historia, en la eternidad. El fin de la historia no es inmanente: es trascendente. Pág. 109

No es extraño pues, que ahora nos preguntemos qué es el hombre. Como dice Max Scheler, ésta es la primera vez en que el hombre se ha hecho completamente problemático, ya que además de no saber lo que es, también sabe que no sabe. Pág. 111

Creo que el enigma empieza a ser menos enigmático si invertimos la cuestión: no preguntar cómo es posible que se luche cuando el mundo parece no tener sentido y cuando la muerte parece ser el fin total de la vida; sino al revés, sospechar que el mundo debe de tener un sentido, puesto que luchamos, puesto que a pesar de toda la sinrazón seguimos actuando y viviendo, construyendo puentes y obras de arte, organizando tareas para muchas generaciones posteriores a nuestra muerte, meramente viviendo. Pues, ¿no será acaso que nuestro instinto es más penetrante que nuestra razón, esa razón que no descorazona constantemente y que tiende a volvernos escépticos? Los escépticos no luchan y en rigor deberían matarse o dejarse morir en medio de una absoluta indiferencia. Y sin embargo la enorme mayoría de los seres humanos no se dejan morir ni se matan y siguen trabajando enérgicamente como hormigas que por delante tuvieran la eternidad.
Eso sí que es grande. ¿Qué valor tendría que trabajásemos y viviéramos entusiasmados si supiéramos que nos espera la eternidad? Lo maravilloso es que lo hagamos a pesar de que nuestra razón nos desilusione permanentemente. Como es digno de maravilla que las sinfónicas y los cuadros y las teorías no estén hechos por hombres perfectos sino por pobres seres de carne y hueso. Pág. 111-112

Ni dos guerras mundiales, ni la barbarie mecanizada de los campos de concentración han hecho vacilar la fe de esos adeptos del Progreso Científico. Ni siquiera los ha hecho meditar el que los peores excesos sucedieron en el país que más lejos había ido en el perfeccionamiento científico. El dogma sigue en pie. No importan las torturas, las Gestapos y Chekas. Todo eso no tiene importancia porque es transitorio: a la Humanidad le espera una Edad de Oro, en que todos seremos iguales y en que la felicidad reinará para siempre. Mientras tanto, hay que perseguir o aniquilar a los que ponen en duda ese Brillante Futuro, hay que quemar sus libros y proscribir sus doctrinas, hay que denunciarlos como decadentes, contrarrevolucionarios y vendidos. Pág. 113

El poder físico de los Estados es hoy tan tremendo que parece inútil plantearse soluciones teóricas al problema del hombre. Sin embargo, es lo primero que debemos hacer, cualquiera sea la posibilidad de su realización. Pág. 113

El hombre debe luchar hoy por una nueva síntesis: no una mera resurrección del individualismo, sino la conciliación del individuo con la comunidad; no el destierro de la razón y de la máquina sino su relegamiento a los estrictos territorios que le corresponden. Pág. 114

Mientras la máquina se mantuvo en la escala humana y bajo el dominio de su creador, representó un triunfo del hombre, una expresión de su capacidad de trascender sus fronteras biológicas. Porque a diferencia de los otros animales, el hombre se caracteriza por su capacidad para rebasar los límites de su cuerpo físico: desde el momento en que empuña un hacha o lanza una jabalina, ya este extraño animal comienza a sobrepasar su estructura carnal y ósea para alargar su brazo primero, para multiplicar luego su fuerza mediante la palanca y su rapidez mediante el carro y la nave. Pág. 114

Pero así como la máquina empezó a liberarse del hombre y enfrentarse a él, convirtiéndose en un monstruo anónimo y ajeno al alma humana, la ciencia se fue convirtiendo en un frígido y deshumanizado laberinto de símbolos. Ciencia y máquina fueron alejándose hacia un olimpo matemático, dejando solo y desamparado al hombre que les había dado vida. Triángulos y acero, logaritmos y electricidad, sinusoides y energía atómica, extrañamente unidos a las formas más misteriosas y demoníacas del dinero, constituyeron finalmente el Gran Engranaje del que los seres humanos acabaron por ser oscuras e impotentes piezas. Pág. 117

Será menester, ahora, recuperar aquel sentido humano de la técnica y la ciencia, fijar sus límites, concluir con su religión. Pero sería necio prescindir de ellas en nombre del ser humano, porque al fin de cuentas también son también producto de su espíritu. Como sería absurdo prescindir de la razón, por el solo hecho de que nuestros ingenuos predecesores la hayan elevado a la categoría de mito. Pág. 117

El reino del hombre no es el estrecho y angustioso territorio de su propio yo, ni el abstracto dominio de la colectividad, sino esa tierra intermedia en que suele acontecer el amor, la amistad, la comprensión, la piedad. Solo el reconocimiento de este principio nos permitirá fundar comunidades auténticas, no máquinas sociales. Pág. 118

… el poder meramente físico no puede ser argumento para resolver los grandes enigmas del espíritu humano: podrá aniquilarlos, no resolverlos. Pág. 119

¿Por qué ha de alcanzarse lo absoluto, como pretenden los filósofos, mediante el conocimiento racional de todas las experiencias, y no por algún éxtasis repentino e instantáneo que ilumine de pronto los vastos dominios de lo absoluto? Pág. 120

Pero lo admirable es que el hombre siga luchando a pesar de todo y que, desilusionado o triste, cansado o enfermo, siga trazando caminos, arando la tierra, luchando contra los elementos y hasta creando obras de belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil. Esto debería bastar para probarnos que el mundo tiene algún misterioso sentido y para convencernos de que aunque mortales y perversos, los hombres podemos alcanzar de algún modo la grandeza y la eternidad. Y que si es cierto que Satanás es el amo de la tierra, en alguna parte del cielo o en algún rincón de nuestro ser reside un Espíritu Divino que incesantemente lucha contra él, para levantarnos una y otra vez sobre el barro de nuestra desesperación. Pág. 121

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Ojo por ojo

La verdadera historia del Grupo Colina

Umberto Jara

© Carvajal S.A. 2003

Entonces, la estrategia de defenderse asesinando a un terrorista en la misma medida en que ellos asesinan, tiene una debilidad de origen: matándolos se les da más razones para su inmolación. Pág. 10

El uso de la guerra clandestina o guerra de baja intensidad es funcional para políticos como Fujimori, que pretenden convertir el oprobio en una conquista. Pág. 12

Este libro ha sido escrito en el obligado pero estimulante y solidario exilio argentino. El desarraigo, entre sus varios y sacrificados beneficios, enseña la virtud de la mirada equilibrada y serena sobre el tumulto de la historia reciente. Pág. 13

Una estrategia muy seguida por Fujimori y Montesinos, fue la de la distracción, trasladando el centro de la atención hacia otros para evitar la acuciosa mirada sobre ellos. Pág. 16

Las alas del deseo

Los sobrevivientes quedaron en libertad para ir a contar la pesadilla. Era parte del estilo senderista, dejar sobrevivientes no por razón de piedad sino como recurso de guerra: buscaban que el pavoroso relato de los retornados de la muerte golpee el ánimo de sus compañeros para, de ese modo, debilitar la moral del contrincante. Pág. 20

Fernando Belaunde, el Presidente de ese entonces, un buen señor diestro en confundir las tareas de gobierno con las artes de la retórica. Pág. 21

… Fujimori reveló pronto que su concepto de pragmatismo estaba reñido con la mínima lealtad. Pág. 31

Si advirtieron diferencias, establecieron dudas o mutuas desconfianzas, cada uno las guardó para sí; ambos se necesitaban. Uno tenía el vehículo; el otro conocía el camino. La ambición era la misma. Ese día, a finales de abril de 1990, al amparo de su eficacia, el abogado Vladimiro Montesinos Torres se convirtió en asesor de Alberto Fujimori, el próximo presidente de la República del Perú. Pág. 33

Y ya se sabe, el delito obliga a la complicidad. Pág. 33

La referencia a J. Edgar Hoover tiene un sentido. El periodismo peruano, a veces aficionado a la metáfora que descalifica antes que a la información rigurosa, bautizó a Montesinos con el adjetivo más ruidoso y más a la mano: el Rasputín del régimen fujimorista. Vladimiro reaccionó con una demanda judicial, no tanto por sentirse insultado sino por el equívoco. Su modelo no era el monje ruso, aquel campesino rústico y alucinado cuyas extrañas dotes parasicológicas influyeron en el descalabro final del zarismo. Era otro el personaje favorito de Montesinos. Su maestro, si cabe, el espejo en que se miraba, era alguien muy distinto: Edgar Hoover, un hombrecillo cuya biografía lo registra como hijo de un padre con problemas psiquiátricos y una madre capturada por los ritos de la religión católica. El hijo de esa pareja, que siempre firmó como J. Edgar Hoover... Pág. 42

No cultivó la lectura como un placer intelectual, sino como una fuente de información. Ese era el valor que la daba y de allí provenía el impulso para su afición de lector. Pág. 43

Montesinos sabía que en política no juegan los afectos sino las necesidades, los intereses y, sobre todo, las interdependencias. Y le sumó a las lecciones aprendidas, su audaz determinación favorecida por una ausencia de criterios morales. Pág. 47-48

Tampoco fue un político tradicional en la preservación del botín: no existe la casa en Miami, la cuenta bancaria en Suiza o en Las Bahamas, la casa de verano en una playa exclusiva o los inmuebles y regalos de lujo a las amantes. Su mesura oriental, su capacidad de silencio y su acceso a ignotos aliados japoneses, parecen tener eficacia en la impunidad alcanzada, y en eso se distingue del disparate de su cofrade Montesinos apabullado por evidencias de flagrantes videos grabados con él como protagonista de exorbitantes entregas de dinero a políticos y empresarios. Pág. 55

Cuando se rasga la intimidad, la luz se cuela por todo lado… Pág. 56

Voces Clandestinas

En el Perú, en los años finales del siglo XX, las desproporcionadas diferencias económicas alentadas por las disparidades raciales y culturales, estallaron detonadas por un rencor agazapado, tan incontrolable que no paró hasta convertirse en una infernal confrontación entre connacionales. Pág. 84

“Después se realizó la Mesa Redonda de junio del 91, en la Comandancia General con la autorización de Fujimori. Esa reunión fue la que cambió la historia, para bien y para mal. Y le digo para bien porque en esa Mesa Redonda se aprobó aplicar la guerra de baja intensidad y se pasó a luchar de manera eficaz contra el terrorismo; y para mal, porque por esas acciones ahora nos llaman asesinos" (General sin identificar). Pág. 101

... Y es una contradicción hablar de fuerza sucia. Toda guerra por definición es sucia. Pág. 142

... Un líder nunca debe ir al escenario de la derrota. Pág. 146

... Es que la historia del capitán Colina muestra el gran riesgo que se corre trabajando en inteligencia: era un oficial infiltrado en Sendero y al ser capturado lo mató un miembro del Ejército pensando que era senderista". Pág. 153

... El tiempo suele tamizar los recuerdos. La mirada hacia atrás amaina la emoción, el sobrecogimiento, la angustia del momento en que ocurren los hechos. Quizá por eso el hombre puede tolerar la faena del recuerdo, pero también, por lo mismo, suele desgastar, diluir, olvidar las miserias del pasado. Pág. 155

... Así vivió Lima en 1992. Pero la tragedia adicional de esa pesadilla fue un efecto a futuro que se infiltró sin condolencia alguna en el modo de vivir de sus gentes: la costumbre de la muerte y el hábito de la violencia convirtieron a Lima en la ciudad que es hoy en día, un lugar en el que sus habitantes se relacionan a través de la agresión, de la embestida al prójimo, con poco espacio para respetos elementales y necesarias solidaridades. Pág. 156

“Montesinos sirvió para la guerra antisubversiva pero después del 95 debió irse". Pág. 158

Luis Alberto Arana Franco (fue quien delató a Abimael Guzmán) Pág. 173

Con el relato asoma nítida la explicación a la ferocidad que Lima soportó entre mayo y julio del 92: a cada golpe asestado Sendero replicó con un atentado cada vez peor. Y, como efecto de la radicalización de la guerra, ocurrieron dos matanzas, una tras otra, una por cada lado. Pág. 175

El escándalo político se hizo más intenso y aunque el gobierno, en ese momento, gozaba de amplia aprobación ciudadana por la reciente captura de Abimael Guzmán y el cese de los atentados terroristas, Fujimori, Montesinos y Hermoza sabían el riesgo que empezaban a correr. De modo que utilizaron el oxígeno de esos días para trazar un camino de salida. La fórmula la armó Montesinos y, como la mayoría de las propuestas que haría en el futuro, esa pasaba por el camino judicial. Más que abogado, era un porfiado leguleyo convencido hasta la testarudez de que la formalidad judicial era una excusa suficiente y un escudo capaz de proveer seguridad. En alguna medida, no le faltaba razón en un país en el cual toda tropelía puede revestirse con un fallo judicial. Pág. 191-192

En el delito los cómplices son siempre una carga insegura. Pág. 195

… el problema de una guerra inventada es ver cómo terminarla. Pág. 205

... Una vieja regla dice: "Nunca pierdas de vista a tu enemigo". Pág. 208

... La vanidad mal utilizada trae problemas. Pág. 209

... pero la actitud del general Hermoza sí me decepcionó. Decía que yo era como un hijo para él, le acepté los sacrificios más extremos, incluso ir a prisión. Me decepcionó totalmente" (Santiago Martin Rivas). Pág. 210


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"Me preguntas tu también y yo te escucho;
contesto que no te puedo contestar... tú mismo debes encontrar
la respuesta". Walt Whitman


Qué país

Informe urgente sobre la Argentina que viene

Martín Caparrós

Grupo editorial Planeta, Argentina 2002

1 LA IRRUPCIÓN

LOS PRINCIPIOS

... Alguna vez habrá que desvelar ese misterio: nuestro misterio. Lo cierto es que ahora atacamos de nuevo. Ya se ven, en marchas y contramarchas de variadas ciudades, carteles que hablan de la Argentina: somos, otra vez, eficaces en lo único que sabemos hacer bien: producir íconos. Pág. 17

... Por primera vez en la historia de la Argentina, creo yo, la gente tiene de manera autónoma la idea de que puede ser libre por sí misma, sin jefes, sin intermediaciones. Pág. 18

LUIS ZAMORA: Ahí quedó claro que los votos no servían para nada. Pág. 18

CLAUDIO LOZANO: Y el tipo de salida de la población no tuvo que ver simplemente con la inducción de algún operativo que ciertos sectores quisieron hacer sino que mostró que tenía una dinámica propia y excedía todo tipo de control. Pág. 19

ARTEMIO LÓPEZ: El símbolo por excelencia del proceso que se inaugura en el 76 son los bancos. Desde el punto simbólico, que te roben los bancos, que te defrauden de esta manera, es demasiado. Pág. 19

ELISA CARRIÓ: Lo que hay todavía es un Estado con un remanente de poder coactivo y una coalición dominante con restos de ese poder, con un poder residual, que es lo que permite todavía la pacificación, la votación de la ley de emergencia, pero que en realidad es lo que resta del régimen, mucho más que el poder de una clase política. Ese poder está licuado, disuelto. Pág. 23
(...)
Yo estoy hablando del poder de la democracia, del poder de la República, es decir, del poder institucional. Pág. 23

VÍCTOR DE GENNARO: ... perdieron la batalla cultural, o sea que perdieron el gran poder de convencernos de qué es lo bueno. Por eso tienen que mantenernos en la ignorancia del debate, en la confusión, y todos los días laburan para eso y para atomizar nuestras perspectivas. Pág. 24

JOSÉ NUN: ... la falta de dinero y la falta de trabajo implican falta de libertad. Pág. 25

ERIC CALCAGNO: Todos los modelos, siempre, acumulan, producen y distribuyen. Pág. 27

EL DIA MENOS PENSADO
Historias del alzamiento

VÍCTOR DE GENNARO: El genocidio impune de ayer es el que permite el genocidio de hoy. Pág. 42

LUIS D'ELIA: Para mí el 19 y el 20 de diciembre (del 2001) terminó la dictadura militar en la cabeza y en el corazón de nuestra gente. Pág. 45
(...)
El gobierno anunció como si nada que la desocupación en los próximos meses va a ser el 30 por ciento. ¡Nos vamos a morfar entre nosotros! En ese contexto ya no creo que nadie pueda operar. Si vamos a un 30 por ciento de desocupación, vamos a eso: a un escenario duro. Si la gente hace eso, voy a estar con la gente, con nuestro pueblo, porque 30 por ciento de desocupación es una hambruna miserable en el país de los alimentos. Pág. 47

AMANCAY ARDURA: Por primera vez en la Argentina el pueblo en las calles voltea un gobierno (...) El gobierno cayó por un conjunto de situaciones, pero fundamentalmente por la gente en las calles. Pág. 48

IVÁN HEYN: El aparato militar de la dictadura no está desmontado. Al contrario, es una máquina de reprimir en la provincia de Buenos Aires. En Capital no se ve tanto, pero en la provincia es infernal. Pág. 53

2. EL PASADO PESADO

LA BOLSA O LA VIDA

La crisis de la economía

... Si hay algo que nos trae, ahora, esta vieja sensación de ‘dejá vu’ es que la economía ha vuelto a ocupar un lugar desmedido en nuestras vidas. Las horas-banco por argentino de diciembre y enero deben haber sido otro récord mundial que nuestra modestia nos impedirá reclamar en el Guinness. Pág. 59

... Cuando ya a esta altura debería estar más que claro que la economía no existe; que es una rama menor de la política. Pág. 59

... Aquí el exceso es evidente: no hay separación entre la economía y la política, los grandes empresarios llaman por teléfono a los ministros y les dan órdenes. Pág. 60

ELISA CARRIÓ: ... que la única lucha contra la corrupción que valía era atacar el nudo central de complicidad entre el sector privado y el público y los actores centrales del régimen. Pág. 64

CLAUDIO LOZANO: Ahí empezó un tipo de organización económica cuya característica es un régimen de acumulación financiera con permanente salida de capitales al exterior. Pág. 64
(...) Entonces el endeudamiento era simplemente un mecanismo de ampliación del ciclo de negocios de una firma; permitía obtener mejor renta, más ganancias. Pág. 64-65.
(...) hubo predominio de la inversión financiera en detrimento de la inversión productiva. Pág. 65 (...) Esa crisis se resolvió sobre la base de la primera absorción de deudas privadas que pone en marcha el inefable Cavallo: el Estado todavía podía absorber deuda. En 1989 (la primera ocurrió en 1982) viene la segunda crisis importante; ahí ya no es tanto la cuestión internacional sino la quiebra del aparato estatal sobre endeudado al extremo (…) lo que determina la crisis es el desbarajuste internacional que provoca el efecto Tequila. (...) se profundiza un cuadro mundial de recesión- y al mismo tiempo una nueva quiebra del sector público argentino, que llegó a niveles de endeudamiento colosales. Pág. 65
(...) en 1975 había 22 millones de habitantes y menos de 2 millones de pobres, mientras que actualmente no llegamos a 37 millones de habitantes y tenemos cerca de 15 millones de pobres. Pág. 66

MARTÍN CAPARRÓS: Nuestros ricos siempre fueron niños felices, despreocupados, convencidos de que no hay futuro y que lo único que cuenta es el aquí y ahora: hasta podrían resultar simpáticos, si no fuera porque los que pagan sus veleidades somos los otros, la Argentina. Pág. 67

(...) Los capitales vienen a aprovechar un mercado interno todo lo que puedan; a ellos no les importa de dónde van a sacar la ganancia, lo que les importa es obtener ganancia. Pág. 69

ESTE PAÍS: Un estudio de FLACSO dice que, en los 10 años del Menemismo, las empresas privatizadas ganaron 9.000 millones de dólares extra por la cláusula de indexación de las tarifas según la inflación de Estados Unidos. Pág. 69

JULIO NUDLER: Por en algún momento eso deja de ser así. Cuando sentís que no tenés nada que perder, empezás a reclamar. Y todo eso degenera en una carrera de precios, salarios, dólar, etc., que hace que el sistema estalle y arrastre a todo el tinglado político, que está prendido con alfileres ante una sociedad que -como dice el alcalde de Nueva York- tiende a la tolerancia cero. Pág. 71

CLAUDIO LOZANO: Ése es el conjunto de actores: no todos operan en la misma dirección, sobre todo en los momentos de crisis. Porque el momento de crisis por definición impide que todos realicen ganancias extraordinarias (que sí consiguen cuando no hay crisis). O sea que ahí comienzan los problemas. Pág. 72-73
(...)
Ahora, colapsado el régimen de acumulación anterior -un régimen que sólo funciona si el Estado puede pagar deuda o tomar más deuda-, si tenés una nueva situación internacional donde no te ingresan capitales para poder financiar tu pago, lo que necesitás es generar un mecanismo para conseguir esos capitales que ya no llegan. Comienza un proceso donde quienes tienen más capacidad para presionar son los que están asociados al comercio exterior, los que producen el ingreso de dólares. Como, por otra parte, vos no tenés una oferta exportable muy dinámica -porque está sostenida en producciones de baja elaboración, en recursos naturales-, para conseguir un saldo en divisas importante -los 6.000 millones que tuviste a fines del 2001 y los 12.000 que vas a tener en el 2002- necesitás un mercado interno profundamente deprimido. Si ese mercado demanda pocas importaciones, el saldo comercial favorable de tu balance de pagos te sirve para empezar a equilibrar todas las otras cuentas en rojo: pagos de servicios al exterior, pago de intereses de la deuda, pago de utilidades, pago de la deuda privada. Pág. 73

(...) Como consecuencia, si tuviste bancos y privatizadas como dueños principales de la etapa que pasó -donde primaban los servicios públicos y financieros-, ahora estos sectores deben perder parte de las ganancias extraordinarias que realizaron y dejarles una parte importante a los exportadores, y debe haber un ajuste fiscal considerable para garantizar los pagos del Estado. Éste es el cambio cualitativo que modifica los predominios del bloque dominante. Esos grupos exportadores son parte de la comunidad de negocios que sostuvo la primera mitad de la década Menemista, cuando operaron cómo lobbystas para permitir el ingreso del capital extranjero. Cuando vos tomabas cualquier empresa privatizada tenías un capital local, un banco trasnacional que traía los títulos de deuda y un operador externo. Eso permitió una comunidad de negocios muy firme, con objetivos comunes, que fue la base de la estabilidad Menemista. A mediados de los noventa esa comunidad de negocios empezó a disolverse y los grupos locales empezaron a vender su participación y a tomar distancia, y vino el predominio claro de bancos y privatizadas. Hasta ahora, cuando los grandes grupos locales vuelven a ser los ganadores. Pág. 74

¿ARGENTINA?

ARGENTINITA
Nuevos pobres y dolores viejos

SUSANA TORRADO: La manera en que se organiza la producción crea este concepto de exclusión: están armando un sistema productivo y una fórmula de acumulación que deja mucha gente afuera. Pág. 85

MARTÍN CAPARRÓS: La criminalización de los pobres es una tradición: una manera de generalizar la amenaza que eventualmente representan para algunos. Pág. 89

RAÚL ZAFFARONI: Los ladrones no son ningunos revolucionarios, eso está claro. Lo que pasa que, si hubiera una huelga general de ladrones, el sistema se viene abajo. Imagináte que nadie roba nada más. Se va el sistema de seguros a la mierda. Se va todo el sistema de seguridad pública al carajo. Se van los bancos al carajo, porque todos vamos a tener la guita en casa. No sé cómo van a recaudar impuestos. Se va todo el sistema a la mierda: hay que repensarlo. Pág. 91

ARTEMIO LÓPEZ: El problema de la pobreza en la Argentina es un problema de política económica, no de política social. Pág. 91
(...)
Este cambio en las condiciones materiales de la clase media la ha llevado a reacciones que nadie esperaba: ese cierto clima que los políticos llaman anarquía y que creo que más bien es incerteza: cuando hablan de anarquía lo que dicen es "perdimos la certeza". Por eso confunden con guerra civil lo que es nada más que un reclamo masivo sobre las circunstancias de mierda en que se vive. Y esta incertidumbre me parece positiva en lo político. En lo económico arma un país mucho más injusto, más pobre, más decadente, más triste. Vamos a tener que acostumbrarnos a vivir con esto. Además hay que romper la idea de que de ésta salimos con una curvita de crecimiento. Nunca vamos a volver a ser como éramos. Pág. 93

MARTÍN CAPARRÓS: El encierro de los ricos argentinos necesitó tres elementos de infraestructura básica, tres símbolos menemistas: la autopista, el shopping y el barrio privado. Los tres aparecieron en California en los años 30… Pág. 93
(...)
En síntesis: ahora nuestros ricos se esconden detrás de murallas cada vez más tupidas: quieren ser invisibles. Pág. 94

TOMÁS ABRAHAM: Leé la opinión pública de hace 40 años: en esa época el ingreso por habitante era el doble de lo que es ahora, pero igual decían permanentemente que estábamos al borde del abismo. Pág. 94
(...)
Ni siquiera nos tienen pena: nos desprecian. Creo que extraño la soberbia argentina. Pág. 95

JOSÉ NUN: ... que me parece utópico pensar que estos 25 años de robo, de saqueo permanente, de mentiras, de corrupción generalizada y de bandolerismo que ha venido sufriendo la Argentina, no repercuta en amplios sectores de la población. Pág. 97
(...)
Te cito a Burke: "Para que triunfe el mal sólo se necesita que la gente buena no haga nada". Pág. 98

LAS NUEVAS AUSENCIAS
Trabajo, escuela, salud, futuro

JOSÉ NUN: El trabajo es un gran organizador de la sociedad: que no haya trabajo es gravísimo acá y en el Primer Mundo. Sólo que en el Primer Mundo tienen alternativas de sostén, de protección social y demás. Pág. 99
(...)
-Por eso la distinción que conviene hacer es entre opresión económica y explotación. Vos sufrís opresión económica cuando un sistema económico te quita posibilidades de supervivencia, no te da trabajo, no te da protección, te excluye, te margina. La explotación, en cambio, supone que vos trabajás para otro que se apropia de una parte del excedente que generás. Pág. 100
(...)
"Explóteme, no me deje afuera". Pág. 100
(...)
... no se trata de que cada vez más argentinos no tengan libertades que no pueden disfrutar; simplemente no son libres. Y no ser libre es ser esclavo. Pero peor todavía: es ser esclavo sin que haya siquiera un amo que lo mantenga... Pág. 101
(...)
... en un Estado socialista, si alguien tiene problemas o le falta algo la culpa es del Estado (...) En cambio el Estado capitalista moderno nos convenció a todos de que tenemos igualdad de oportunidades y de que si no llegás al "éxito" la culpa es tuya, ... Pág. 101

SUSANA TORRADO: En la Argentina uno de los datos más importantes, desde fines del siglo XIX, era la movilidad social y las expectativas que creaba. Pág. 103

MARTÍN CAPARRÓS: Yo creo que lo básico que le pasó a la Argentina en estos últimos 25 años es que fue renunciando progresivamente a esa idea de sí misma como país de futuro, que era constitutiva: la idea central que la Argentina tuvo de sí misma. La Argentina siempre estaba por ser, era la tierra de la gran promesa. Pág. 103
(…) antes, durante todo un siglo, el futuro era un lujo. Ahora, creo, es una necesidad. Pág. 104

SUSANA TORRADO: Ya no decimos "yo no sirvo" sino "el sistema no nos permite hacerlo". Pág. 105

CHRISTIAN FERRER: Esa idea específicamente argentina de que el ascenso social es un derecho con el cual se nace duró hasta hace unos 10 años. Pág. 106

ELISA C ARRIÓ: ... es que nosotros siempre creímos que el camino de la educación era el camino del progreso y del ascenso social y que nuestros hijos iban a estar inevitablemente mejor que nosotros (...) La nacionalidad se construyó sobre la escuela pública como motor del lazo social. El Menemismo hizo estragos esta concepción. Pág. 107

GUILLERMINA TIRAMONTI. La escuela es una institución de futuro, que prepara para el futuro, que tiene un horizonte de futuro; cuando el futuro es pura incertidumbre, la escuela tiene muchas dificultades. En la Argentina la idea del progreso tiene una presencia muy fuerte: si no ganabas en esta vuelta, en esta generación, podías ganar en la próxima. Y la escuela jugó un papel muy importante en esa posibilidad de prepararse para ganar. Esto ha desaparecido. Pág. 107
(...)
Ahora las escuelas funcionan sobre todo como reproductoras del origen social, con poca capacidad emancipatoria. Pág. 108

JOSÉ CARLOS ESCUDERO: En salud uno tiene que ser personalmente decente y razonablemente valiente (...) Si uno hace esto, lo demás viene solo (...) Quienes deseen una buena salud deben casi inmediatamente pelearse con los capitalistas... y en un país como la Argentina esto quiere decir ser derrotado casi siempre, para lo cual hay que ser valiente y tener las convicciones bien puestas. Pág. 109

GUILLERMINA TIRAMONTI: En síntesis, lo que hace la escuela en estos casos es convalidar una fragmentación que está en la sociedad. Me parece que el problema de la Argentina es que en estos años la escuela ha dejado de ser una institución de promoción social para ser una institución que cristaliza tu lugar social, el lugar social de los chicos. Pág. 111

ESTE PAÍS: Ginecólogos de hospitales porteños practican tactos vaginales con los dedos envueltos en bolsas de supermercado. Pág. 114

JOSE CARLOS ESCUDERO. Yo creo que lo único que está mejorando en la Argentina es la salud mental: la gente que está protestando en la calle tiene mejor salud mental que la que se queda en su casa. Pág. 115

JORGE LANATA: Irse es de alguna manera siempre un fracaso (...) Este país será una porquería, pero lo que le dio a todo el mundo se lo dio. Bueno, ahora se lo va a pedir. Pág. 116
(...)
El país está hecho por personas que a lo sumo no supimos defender bien lo que teníamos. O no lo entendimos. Pág. 117

MIGUEL REP: Pensar que tu hijo va a estar mejor en otro lado es una mierda, y además es humillante. Es la constatación de un fracaso grave, de nuestro fracaso grave. Pág. 119
(...)
¿Por qué no se van ellos? El país debe estar bueno, por eso se quedan. ¿Y por qué se quedan? Porque hay más para sacarle. Creo que realmente hay que echarlos, jubilarlos. En vez de darle un pasaje a tu hijo, dárselo a ellos. Hay que hacer que se vayan ellos. Pág. 120

IVÁN HEYN: Yo entiendo a la gente que se va, pero no me quiero ir de acá. Irme sería sentirme derrotado. Es dejar que el poder gane. Por eso no me quiero ir. El problema es que hay mucha gente que ya está derrotada. Y me encantaría que pudieran venir a un lugar donde no se sientan derrotados. Pág. 121

TULIO HALPERÍN DONGHI: Eso es la emigración: la rúbrica final de ese fracaso. Pág. 121

NO, LOS REPRESENTANTES
La crisis de la política

... La política es el primer desaparecido de la democracia. La reemplazó el engaño y el arreglo y, como los llaman política, pretenden que no nos demos cuenta. (...) La democracia equivalía a justicia social, a vida digna: La política era, entonces, el instrumento para acceder a esas delicias. Pág. 123

Es una suerte: hasta ahora, mientras no descubramos otra cosa, la política es la única herramienta que tenemos para mejorar en serio nuestras vidas. Pág. 124

POLíTICOS
Que se vayan todos

ELISA CARRIó. Nosotros los políticos somos presa de la incompetencia, de la corrupción y de la ignorancia. Pág. 126

IVÁN HEYN: La representación vive en un mundo aparte donde hay conspiraciones, poder, negociaciones oscuras, donde cada uno cree interpretar lo que está pasando abajo, pero ya te fuiste, te separaste, estás en una dinámica distinta. Pág. 126

JORGE LANATA: Que se vayan todos quiere decir que se vayan todos, literalmente, incluso los que parecen buenos. Porque los que parecen buenos estaban. Pág. 127
(...)
Me parece que a veces nos portamos como críticos de cine constantes; mejor, por una vez, hagamos la película. (...) nos equivocamos antes, bueno no nos equivoquemos ahora. Pero plantear que hoy no vamos a hacer nada porque nos equivocamos antes es un error, es una boludez. Pág. 128

ESTE PAÍS: En 1998 Henry Kissinger, el gran ideólogo de la globalización y el poder americano, dijo que "así como el temerario capitalismo del laissez faire del siglo XIX generó el marxismo, así también la globalización indiscriminada de los 90 puede generar un ataque mundial contra el concepto mismo de mercados financieros libres". Pág. 132

JORGE LANATA: Y en las elecciones de octubre sucedió algo nuevo en la Argentina en muchos años: el 60 por ciento de la población, por lo menos, decidió no otorgar ningún tipo de legitimidad a la corporación política. La corporación política se dio cuenta, pero decidió que... daba lo mismo. Y es importante señalar que De la Rúa, tras el cacerolazo del día anterior, fue por el establecimiento del estado de sitio. Pág. 133

CARLOS GABETTA: ... No importa tener una ley sino cómo funciona la sociedad. Pág. 135

PERONISMO
Éramos tantos pobres

LUIS D'ELIA: Esto significa que hay que ir con mucho cuidado, porque la gente vota a una identidad. Pág. 141

ARTEMIO LÓPEZ: El peronismo siempre golpeó, negoció con el poder de una manera muy particular, es tributario del Estado, es una ideología del poder que no puede pensarse por fuera de su vínculo con el Estado. Lo que cambia es que ahora el Estado es casi inexistente en muchos casos. Entonces es interesante ver cómo una ideología así puede pensarse sin ese aparato medio desaparecido. Pág. 143
(...)
El justicialismo, al desconstruir el Estado tal cual lo conocíamos hasta por lo menos mediados de los ochenta, selló buena parte de su propia crisis. Pág. 143
(...)
El que tiene una visión más histórica de los acontecimientos o roba más rápido o arma un país, o ambas asimetrías a la vez. Pág. 143
(...)
Pero lo que el peronismo perdió es la capacidad de transformar a las multitudes en algo socialmente productivo, que deje una impronta y que explique algo de lo que constituye en ese momento la vida social y política del país. Pág. 144
(...)
... El peronismo cada vez más está recluido en lo ritual. Pág. 144

VÍCTOR DE GENNARO: El poder lo tiene muy claro: no pueden permitir la organización, quisieron dinamitar las representaciones, lo organizado. Pueden permitir cualquier denuncia pero no pueden permitir la organización de nuestra fuerza. Ése es el cambio clave. La denuncia la chupan. Hasta ahí todo está bien, pero ¿cuál es el límite? Y... que construyas: eso te transforma en enemigo. Pág. 145

INSTITUCIONES
Arcas y arcadas

Hay que pensar que algo estuvo fallando en todo esto. Creo que está agotado el sistema presidencialista. Creo que ya no va más en América Latina ni en el mundo. Es un sistema irracional. Un país no puede estar pendiente de la salud física y mental de un individuo. Es ilógico. Creo que hay que pensar en un sistema parlamentario. Hay que adecuar los partidos a un sistema parlamentario, lo cual no es fácil. Pág. 146

Aparte no es cierto que un sistema presidencialista sea fuerte: si no tiene apoyo parlamentario no es fuerte. Pág. 146

ERIC CALCAGNO: Y eso a mí me dejó pensando bastante, en el sentido de que nosotros somos un país subdesarrollado no porque no sepamos crear y manejar tecnologías complejas, no porque tengamos un mal nivel educativo, sino por una falta evidente de organización. Pág. 150
(...)
Entre el policía francés y el policía argentino tal vez no existen muchas diferencias, lo que pasa es que el policía francés sabe que si se mete a jugar a la corrupción pierde muchísimo más de lo que gana. Pierde la seguridad social, pierde su plan de carrera, pierde el lugar en la sociedad que él ocupa. Y acá, en cambio, como no pierde nada, se va a la corrupción: de cabeza, se tira. Pág. 150

CARLOS GABETTA: … las democracias son siempre democracias de elite, en el sentido de que vos construís el poder dirigente. Pág. 151
(...)
Uno de los más claros síntomas de degradación de la democracia occidental es cuando todas las elites empiezan a coincidir. Pág. 151
(...)
En todos los países atrasados las elites culturales, políticas, económicas son todas más o menos la misma cosa. Pág. 151

POLíTICA
La democracia encuestadora

RAÚL ZAFFARONI: Pero si eternamente estás vendiendo todo lo que la gente quiere oír, al final el discurso político se vuelve monocorde. Todos dicen lo mismo. Nadie se distingue de nadie. Pág. 154

MARTÍN CAPPARRÓS: La política encuestadora se basa en la ausencia completa de reflexión, de propuestas; ya nadie piensa proyectos de país -y después se quejan de que los ciudadanos traten de encontrarlos en las colas de los consulados. Es curioso: se diría que los políticos no perdieron su lugar por no escuchar sino por escuchar demasiado; por no tener ninguna convicción. Pág. 154
(...)
Entonces es el Estado-espectáculo, la política-espectáculo. Son todos actores y actrices. Pág. 155
... Además, frente a la pérdida de poder del Estado, los políticos reaccionan simulando un poder que no tienen. Nunca sinceran el discurso y dicen "estamos en esta situación", limitados por la globalización y las grandes empresas... Pág. 155

IGLESIA, JUSTICIA, MEDIOS
En el nombre del Padre

LUIS ZAMORA. Creo que la Iglesia sigue teniendo el rol de sostén de los que dominan. Pág. 160

ELISA CARRIÓ. La Iglesia formó parte del régimen (…) Pero yo creo que la Iglesia son los fieles. Y acá la Iglesia son los obispos, y yo no tengo nada que ver con los obispos. Pág. 160
(...)
En todo caso la función de cualquier iglesia es estar del lado de los pobres y como fuerza moral de un pueblo. No hay diálogo sin verdad y justicia. Pág. 161

MARTÍN CAPARRÓS: Lo cual sólo hace más caricaturesco el papel de la Justicia como espacio donde se ponen en escena las relaciones de fuerzas. La Justicia siempre es eso, sólo que aquí se notó demasiado. Vamos de nuevo: La Justicia es el poder que se encarga de vigilar y garantizar el cumplimiento de las leyes. Pero esas leyes no son un absoluto: son, para decirlo suave, el resultado de un pacto entre los distintos sectores de una sociedad o, para decirlo de verdad: una expresión de las relaciones de fuerzas en una sociedad en un momento dado. El resultado de una lucha continua. Pág. 163-164

TOMÁS ABRAHAM: Y la política no la hacen los políticos solos. Pág. 165
(...)
Esa idea estática de que gobierna el rey es un engaño. Acá gobiernan muchos. Pág. 166.

CHRISTIAN FERRER: La máquina de la representación es mucho más poderosa que la máquina de la representación política. En cambio las tendencias a la autorrepresentación, a lo que se auto-organiza, son más débiles en la Argentina. Pág. 166

JORGE LANATA: Yo creo que los medios pueden exagerar tendencias que están en la sociedad, pero no pueden crearlas. Pág. 168

ARTEMIO LÓPEZ: Casi todo lo que los grandes medios apoyaron terminó mal. Cuando apoyaron candidaturas, fracasaron; cuando apoyaron gobiernos, también. Es bastante interesante eso también, porque es un elemento más que agregan incertidumbre. Págs. 169-170
CLAUDIO LOZANO: Es otro contenido fuerte de la crisis: la percepción general de que instituciones u organizaciones que deberían expresar, organizar o promover intereses de carácter colectivo o público estarán sujetas o subordinadas a intereses privados. O sea que no es una crisis parcial o meramente económica sino una crisis general de un orden que ya no puede reproducirse bajo condiciones elementales de consenso. Pág. 170
(...)
Claramente esto puede ser percibido como una crisis de hegemonía de las clases dominantes de nuestro país. Porque la sociedad ya no acepta que el rumbo que éstas imprimen e imponen sea lógico, sea razonable o sea justo. Es decir, no es natural, como sí lo fue en un tiempo, que las cosas sean así. Pág. 170
(...)
Es una crisis de hegemonía que tiene dos grandes contenidos: primero, la ausencia de una síntesis dentro del poder, de un proyecto que unifique a los que integran el poder económico de nuestro país. No hay síntesis entre acreedores externos, grupos empresarios locales, bancos, privatizadas... Hay dificultades para sintetizar una estrategia común que no implique pérdida de alguno. Esto produce una inestabilidad importante.
Y, segundo, hay un nivel de movilización y de organización de la sociedad que claramente pasa por afuera de lo que serían las estructuras de poder económico o los factores de poder político tradicionales. Hay organizaciones en el campo sindical, social, empresarial, e incluso experiencias partidarias, que claramente están por fuera de esas realidades. Eso marca la profundidad del cambio que estamos viviendo. Pág. 170


3. EL FUTURO IMPERFECTO

QUE SE VENGAN TODOS
La política de nuevo

... No sabemos quiénes somos nosotros. Nos constituimos, si acaso, ahora, como conjunto de damnificados, pero ese grupo es muy heterogéneo. Pág. 173

... Es complicado: desde que la democracia nos convención de que la política no servía para nada bueno, la Argentina se llenó de argentinos que quieren que alguien les arregla la vida, que te dicen que no les interesa la política y que lo que pretenden es vivir tranquilos, cada cual por su lado, paz familia y consumo. Y que, para eso, nada mejor que un buen papá: fulano arregla todo esto. Por eso ahora que ya no pudimos seguir disimulando, que quedó tan claro que nos habían mentido, que los reyes magos ni siquiera eran los padres, se hace más complicado reaccionar. Tanto que, al principio, hasta la cacerola salió a la calle a hacer política gritando que aborrecía la política: negando lo que hacía. Pág. 173-174

CRISIS
El horror del vacío

HORACIO GONZÁLEZ. Y sí. Acá lo que está en discusión es si va a existir un país histórica, memorística y territorialmente llamado Argentina. Está en discusión, porque las fuerzas mundiales no precisan de este lugar cuyo riesgo país es una forma irrisoria de decir que no existe. Existe como las nuevas naciones nigerianas, mediante el deporte, la selección nacional: no tiene lugar en el llamado concierto de las naciones. Ese concierto está totalmente desafinado ya: es un recuerdo del siglo XIX que lleva a la posibilidad de imaginar la política como forma de iniciar la unidad nacional. Pág. 175

LUIS ZAMORA: En fin, así como habían destruido a Aerolíneas, se empezó a ver cómo habían destruido a la Argentina. Pág. 176

VICTOR DE GENNARO. Si pudieras ver la Argentina desde el aire, toda la Argentina, lo que verías es que en todas las casas se está discutiendo lo mismo por primera vez en muchos años. Pág. 176
(...)
Ahora todo el mundo discute el futuro. Entonces, creo que todos somos conscientes. Pág. 176

ERIC CALCAGNO. Yo no creo que éste sea un momento de confusión. En las crisis grandes lo que sucede es de una claridad prístina. Porque cada actor social demuestra bien qué intereses defiende. Y lo muestra de manera descarnada. Pág. 176
(...)
Nos preocupamos por si vamos a los botes del lado izquierdo o del lado derecho. Mientras nuestra dirigencia timbea, después de que nos golpeamos contra el iceberg, no seamos tan estúpidos: acá se trata de empujar la pelota. Acá tenemos que patear todos para el mismo lado, no puede ser... Pág. 177

HORACIO GONZÁLEZ: ¿De dónde surgen entonces los grandes pensamientos políticos, el de Maquiavelo, el de Marx o el de Perón? De un mundo en desquicio, al que uno quiere darle algún orden. Entonces surge un dilema: ese orden puede ser represivo o puede ser un orden que pretende hacer que el mundo sea nuevamente vivible bajo condiciones mejores, y eso se llama revolución o cambio. Pág. 178

PIQUETES
Hacerse presentes

LUIS D'ELIA: Claro, a nosotros, los piqueteros, lo que no nos perdonan es eso: hacer visible la pobreza. Pág. 179
(...)
Pero no nos bancan porque los desestructuramos, les hacemos visible lo que no quieren ver. Pág. 179

MARTIN CAPARRóS. El corte de rutas es un invento relativamente nuevo: el recurso de quienes perdieron incluso su espacio tradicional de la protesta. Durante más de un siglo los trabajadores que querían reclamar algo se organizaban alrededor de su lugar de trabajo: la huelga, o incluso la toma, eran las formas habituales. Pero ahora, cuando los que protestan son ex trabajadores -que piden sobre todo volver a ser trabajadores-, el único espacio donde pueden expresarse es el público. Pág. 180
(...)
Para muchos, los patrones ya no son percibidos como los responsables, porque el problema se presenta como la falta de patrones. La culpa sería de los políticos que curran, no de los ricos que explotan. Es otro de los logros de la democracia de mercado. Pág. 180
(...)
En cualquier caso, con el gremialismo tradicional en la pendiente, hay una válvula que se rompió y que pierde: nadie sabe bien hacia dónde irá esa presión, pero es alentador que exista. O a mí me lo parece. Pág. 181

AMANCAY ARDURA: Por eso decidimos trabajar a fondo con ellos. Sabiendo que los desocupados son el detonante: la bomba es la clase obrera ocupada. Pág. 182
(...)
- El 65 por ciento del movimiento de la Corriente son mujeres. Pág. 184

LUIS D'ELIA. Uno de los cambios centrales es el hecho de que la clase obrera ya no está en las fábricas ni en los lugares de trabajo sino que se organiza por territorio. Pág. 185

AMANCAY ARDURA. Nosotros no libramos luchas al azar: siempre tratamos de luchar para ganar. No siempre se gana. A veces se pierde. Pero no luchamos por luchar, luchamos para ganar, para obtener cosas, triunfar en algo aunque el triunfo sea parcial, aunque el triunfo sea pequeño. Págs. 186-187
(...)
Y, segundo, siempre combinamos lo reivindicativo con lo político. Pág. 187

LUIS D'ELIA: Nosotros elegimos este segundo camino. El bipartidismo elige el otro. En esto hay una estrategia medio gramsciana: nos valemos de la fuerza de ellos para organizarnos y fortalecernos. Pág. 187

AMANCAY ARDURA. El hecho de que existan organizaciones de desocupados los vuelve locos, porque ellos inventaron ese mecanismo y nosotros se lo dimos vuelta. Pág. 188
(...)
Porque el que no tiene para comer no puede pensar en pelear la dignidad. Primero tiene que comer. Entonces hay que luchar por la comida y luchar contra el hambre. Pág. 189
(...)
Pero la clase obrera sola no lo puede hacer, los desocupados solos tampoco. En muchos lugares en el mundo la clase obrera ha dado enormes combates y no ha logrado atraer a las capas medias de su lado. En la Argentina, los de arriba han logrado hacer algo que a cualquier revolucionario lo pone muy contento: unir todo lo que han unido en su contra. Pág. 190

VÍCTOR DE GENNARO: No había una recuperación de la identidad actual, eran "ex", no eran "trabajadores desocupados", no. (...) Y se llama piquete no por casualidad: es un piquete como los que hacía la clase trabajadora, los piquetes de huelga. Pág. 190
(...)
En el '76 no se hizo eso. Se intervino algunos y se dejó a otros. Y cambió la esencia. Yo no estoy de acuerdo con esa tesis que sostiene que el neoliberalismo no quiere en la Argentina ningún sindicato: quería un modelo sindical. El neoliberalismo, el capitalismo, quieren un modelo único en lo partidario, en lo sindical, en lo religioso, en lo cultural, en lo comunicacional. En todas las áreas: es un modelo, es una sociedad determinada. Pág. 191
(...)
Y yo les dije: "No, muchachos; ustedes no tienen que pensar cómo hacer un sindicato, ustedes ya son un sindicato. Ése es el sindicato. Para mí, cualquier tipo de forma organizativa de los trabajadores que pelea por las reivindicaciones, pero que además quiere transformar la sociedad, eso es un sindicato". Pág. 192

ASAMBLEAS
La plaza pública

JOSÉ NUN: Para transformarse en una cosa proactiva las movilizaciones necesitan definir lo que todo movimiento social requiere: un nosotros, un ellos y un proyecto. Pág. 195

CHRISTIAN FERRER: Y el alarido, tanto como el gemido, es la expresión más visceral de una persona. Pág. 198

MARTÍN CAPARRÓS: Hace 25 años que venimos hablando con las palabras que nos dicen ellos: ellos nos han puesto las palabras en la boca. Pág. 199
(...)
-Yo creo que hay que pelear porque el pueblo no delegue el poder que recuperó. Pág. 200

HORACIO GONZÁLEZ: La novedad no es nueva en la historia. Pág. 203

MARTÍN CAPARRÓS: Militar, insisto, es otra cosa: es hacer política, no politiquería. Pág. 205

AMANCAY ARDURA: Por más que ellos hablen de anarquía, que digan "después de esto viene la anarquía". No, nosotros creemos que detrás de esas asambleas populares viene el germen del poder popular. Pág. 206

ELISA CARRIÓ: En la furia es imposible la construcción. Pero la furia sirve para la demolición. Pág. 207

LUIS D'ELIA: Ahora van a atacar a cualquier político por ser político. Eso me parece fascista. Pág. 209

CHRISTIAN FERRER: A veces pienso que en Argentina están dadas las condiciones objetivas para la consecución de una sociedad anarquista, incluso están dadas las condiciones subjetivas. Lo que falta, lamentablemente, son las bases culturales para una sociedad anarquista, esos fundamentos prácticos y éticos macerados durante décadas, como sucedió en la etapa anterior a la Guerra Civil Española. Pág. 209-210
(...)
Pero igual es algo nuevo. Y, en principio, esa reacción colectiva es algo favorable: saca a las personas de su aislamiento estadístico, las pone en conversación. El encuestador hace una muestra de un universo de 37 millones de argentinos con 500, 1000 personas: la encuesta pone a cada una en una situación de aislamiento con respecto a las demás. El encuestador va y le hace preguntas individualizantes que reciben respuestas individuales. En cambio cuando esas mismas personas están todas juntas y deliberan un tema, pueden llegar a la misma respuesta que le dieron al encuestador o a otra distinta. Pero han deliberado. Ésa es la diferencia central: constituyen una comunidad allí donde una muestra estadística es sólo opinión pública. Pág. 211

TOMÁS ABRAHAM: La democracia fuerte es fuerte; hiciste una cosa y te meten en cana, se terminó la joda. Una justicia rápida y muy práctica. Cuando digo fuerte es con ideas y con la fuerza de la ley. Pág. 212

ELISA, ASAMBLEA DE ALTO PALERMO: Quiero un cambio real, porque este sistema va a servir solamente para que cambien las figuritas, y eso no es lo que los argentinos estamos queriendo. Pág. 212

LUIS ZAMORA: Creo que la revolución en la Argentina se está dando en las cabezas, no se está dando en la toma del poder. Esto abre caminos para revoluciones de todo tipo, un cambio radical. Pág. 214

TOMÁS ABRAHAM: Éste es nuestro mundo. Es el mismo de antes, con virtudes y defectos: hospitalarios, fanfarrones, pedantes, chantas, de todo eso. Pág. 215
(...)
¿Cuál es el problema? Ninguno. Ése es el cambio cultural, contracultural: entender que se puede avanzar sin la dirigencia, los representantes, los que saben, las instituciones. Pág. 216

CARLOS GABETTA: Pero no podemos plantearnos una asamblea popular permanente, porque sería una ingenuidad. Pág. 217
(...)
Por ahora tenemos frenado el dinero: mañana se puede frenar la distribución de alimentos, de medicamentos y de otros insumos básicos. ¿Y qué vamos a hacer entonces? Vamos a entrar en la anarquía más absoluta. Y a los 2 meses de eso tenés el pedido generalizado de los mismos asambleístas que hoy piden representación directa; van a pedir mano dura, que alguien ponga orden. Ya conocemos esa historia. Entonces yo creo que los que tenemos alguna experiencia política, sobre todo los que trabajamos con las ideas, que conocemos un poco de historia y sociología, tenemos la obligación de advertir que esta confusión no puede durar mucho tiempo. Porque va a servir objetivamente a otros intereses. Pág. 217

JOSÉ NUN: Mi impresión es que por supuesto hay un futuro posible y mejor para la Argentina, pero hay que distinguir entre lo bueno y lo posible. Pág. 218

LUIS BILBAO: No tengo la mínima duda de que hemos asistido al parto de una nueva instancia de organización social que en un futuro momento de crisis será el punto a partir del cual, ya en un nivel completamente superior, se va a desarrollar la confrontación. Van a ser, alguna vez, un punto de partida. Pág. 219

PIQUETE Y CACEROLA
¿La lucha es una sola?

HORACIO GONZÁLEZ: Como no hay nada preciso, las dos identidades más presentes se forjaron a través de instrumentos que tienen fuerte presencia en los medios de comunicación: el piquete y la cacerola. Pág. 220

ARTEMIO LÓPEZ: Las proximidades socioeconómicas son mayores que nunca, aunque puede ser que los abismos culturales también lo sean. Pero los grandes problemas populares -desocupación, pobreza, abandono escolar, falta de vivienda, etcétera- son ahora problemas de las clases medias. Pág.. 221-222

INTELECTUALES
Ni una palabra más

JORGE LANATA. A mí me parece que la gente aprende de una manera distinta de la de los políticos: que aprende más lento, pero más inexorable. Los políticos, los intelectuales cambian más rápido; la gente cambia más despacio, pero cuando cambia, cambia en serio: no es tan snob. Pág. 226
(...)
El poder es siempre una ilusión doble: está el que lo ejerce y está el que lo sufre. Ahora el que lo sufre se dio cuenta de que eso puede cambiar. Para mí eso es lo más importante de lo que pasó. Pág. 226

CARLOS GABETTA. Otra de las cosas notables que suceden entre nosotros es la distancia brutal entre los intelectuales y la política. No hay intelectuales en la política. Los intelectuales en la Argentina no tienen ninguna influencia en la política, no son consultados, no funcionan como asesores. Son testimoniales y nada más. Pág. 227

LUIS BILBAO. Hay una labor que creo que debe ser cotidiana, sistemática, y en la cual estoy involucrado: tratar de educar y de convencer. Pág. 228
(...)
Podremos pensar en partidos políticos de verdad, no en sectas.
Pág. 228
(...)
Pero reconozco el papel del conocimiento y creo que es absurdo renegar de él. Pág. 228
(...)
Le diría entonces al periodismo, a compañeros, a amigos, que estudien antes de hablar. Pág. 228

CHRISTIAN FERRER. Unos necesitaban moralizar la política, otros necesitaban un pecado que enfatizar y los terceros, una víctima. Pág. 229

MIGUEL REP: Yo ahora quiero construir la totalidad a partir del dominio de los fragmentos. Pág. 230
(...)
La matanza de los setenta llevó a un vacío de la gente que tiene entre 40 y 55 y que ahora está ocupado por estos hijos de mil pura. Pág. 231
(...)
Es un vacío dirigencial enorme que hay que llenar y -ya que no están vivos- hay que hacerlo desde el mundo de las ideas. Eso es lo que deberíamos trabajar: el mundo de las ideas. Pág. 231
(...)
Hoy no es necesario un representante de las indignaciones nacionales. No hace falta un gran indignado, la indignación ya tiene sus canales. Ahora hay que ordenar un poquito eso y el orden viene por las ideas. Me parece que se necesita una capa que dé ideas. No pelearnos, porque ahora es más claro y ahora es más posible el poder. No "el poder" sino "el poder hacer algo", por ejemplo echarlos y tomas las riendas. Pág. 232

PATRIA
¿La vuelta de Obligado?

Como si fuera más importante la coincidencia de que Massera y o somos compatriotas que la diferencia de que él sea un asesino. Pág. 234

JORGE LANATA. ¿Sabes con qué lo empecé a pensar? Con el folklore. Pág. 235
(...)
Ortega y Gasset decía que la identidad de un país está armada por los sobreentendidos: lo que ya no es necesario explicar. Pág. 236

LAS COSAS DEL QUERER
Las propuestas

La política no es, como dicen los politiqueros, el arte de lo posible; la política es el esfuerzo de imaginar futuros y buscarles caminos y maneras. Pág. 238

PROPUESTAS

JORGE LANATA: Para mí hay que asociar la política a la cultura del trabajo: hay que incorporarle la idea de trabajo. Pág. 242
(...)
Uno tiene que subir al ring cuando está preparado para subir al ring (...) Para pasar a la ofensiva hay que elegir el tiempo, la hora y el lugar. Ésa es la conducción política, eso para mí es la clave de la conducción política. Porque cuando subís al ring, ahí o ganás o perdés. O te bajan en camilla o te declaran campeón. No hay joda. Pág. 243

ERIC CALCAGNO: El pragmatismo no es "como la situación no va, cambio mis principios"; es "cómo puedo hacer yo para actuar en una determinada situación de acuerdo con mis principios". Pág. 245

PROPUESTAS
¿Aquí están, éstos son?

VÍCTOR DE GENNARO: Hay que construir, y hay que empezar a gobernarnos. Y eso implica unificar nuestros recursos humanos, nuestros recursos económicos, comunicacionales, formativos. Significa ir construyendo en el campo popular un gobierno de nosotros mismos. Es empezar a priorizar y a tener un programa. No un programa que hacen cuatro técnicos en una pieza sino un programa que sea elaborado con el conjunto de la sociedad, con el conjunto de los sectores populares, y definido también por las prioridades del conjunto de los sectores populares. Pág. 246
(...)
Creo que estamos en condiciones de empezar a plantear y discutir cómo resolvemos la salud, la previsión, la educación, la justicia, la reactivación productiva. Primero hay que ser consciente de la voluntad de hacerlo. Yo creo que a esta altura, cada vez más mayoritariamente, no sólo es una posibilidad sino que es imprescindible que los argentinos gobernemos nuestra nación y no la dejemos en manos de estos sectores que han sido los beneficiarios de todo este sistema y cómplices de lo que nos pasó. Pág. 247

ELISA CARRIÓ: Entonces, cuando a mí me critican la falta de propuestas, yo me río y digo: "Ésa es la forma en que funcionó la Argentina en los últimos años, propuestas que no se van a cumplir y propuestas sin núcleo moral". Pág. 251
(...)
Entonces es muy difícil poder decirte cómo diseñar esto si no estoy segura de cuál es el cambio moral que lo acompañaría; tampoco creo en el voluntarismo institucional y he pagado un precio por eso: que uno diseñe instituciones desde la cabeza que realmente no tengan correspondencia con lo que tengan los actores. Yo me enganché con el Consejo de la Magistratura y después me di cuenta de que en manos de determinados hombres esas estructuras pueden ser más funcionales a la corrupción de lo que era incluso el sistema anterior. Pág. 251
(...)
-Creo que podemos ser, entre otros, quizá la transición entre lo viejo y lo nuevo. De alguna manera nosotros ya ganamos. Porque haber instalado el discurso y la palabra a través de la cual se pueda canalizar todo lo que mucha gente no podía decir, porque no sabía cómo decirlo, es una victoria. La victoria siempre es de la palabra. Por eso primero siempre estuvo el verbo. Pág. 253 (...)
-De hecho se está trabajando en todas partes, pero sin forzar; lo que sí queremos tener es un ARI en cada pueblo, que haya debate. Es muy difícil, porque este país está enfermo de mezquindad. En la política eso se nota. Nadie puede entender que cuando uno es generoso es cuando más recibe, que cuando uno pierde todo es cuando gana todo. Es muy difícil la construcción, porque muchas personas son muy inseguras; no son malas, pero creen que el otro les viene a sacar una porción de su poder, y entonces no hay todavía la necesaria generosidad para una construcción donde todo el mundo esté dispuesto a ceder y a abrir. Ésa es la enorme dificultad por la cual vamos casi a paso de hormiga, porque tampoco creo en la acumulación esa de poder para que después el propio número te dé enormes problemas de mezquindades y rivalidades. Pág. 256

JORGE LANATA. Cualquier proceso social necesita líderes individuales. Pág. 257
(...)
No se puede pensar la Revolución Cubana sin Castro o la de Octubre sin Lenin. Yo no entiendo la historia sin líderes, no hay, yo conozco la historia sin líderes. Pág. 258

ARTEMIO LÓPEZ:
… porque la destrucción de las certezas es la única forma que hace crecer a la ciudadanía. Hay que meterles a los políticos la sensación de que todo es absolutamente provisorio, y eso, me parece, es un síntoma de madurez. Pág. 259

TOMÁS ABRAHAM. Nosotros, la clase media argentina y ciertos sectores sindicales, que es clase media también, siempre tuvimos un anticapitalismo a la violeta. Siempre soñamos con Cuba siendo burgueses. Por eso pasaron las cosas que han pasado en este país. El socialismo se hace con asado, vino, pucho, en la mesa redonda pasándola bien. Pág. 260

CLAUDIO LOZANO: Nosotros somos de los que creemos que sólo podremos construir un nuevo orden social cuando la sociedad haya decidido vivir ese nuevo orden. Por lo tanto, la apuesta de democratización, discusión y participación directa no es un recurso adicional: es una condición para la construcción. Pág. 262

VÍCTOR DE GENNARO: La actitud sí: de poner en cuestionamiento todo. Entonces hay que pensar hasta dónde nos penetró el enemigo y nos hace perder tiempo en pelotudeces y no nos deja ver lo principal. Pág. 264

PROPUESTAS
¿Poder o no poder?

TOMÁS ABRAHAM. Toda esta crisis muestra que el sistema representativo fracasó porque nadie controlaba nada. Pág. 268
(...)
Ni el hippismo pudo vivir sin organizarse. Hay que delegar en un sistema de representación. Pero el problema es armar un sistema de control. Pág. 269

VÍCTOR DE GENNARO: Y sigue siendo también la gran verdad eso de enfrentarse todos los días al capitalismo. Raúl Zibecchi -un amigo uruguayo- dice una cosa espectacular: que si no se concreta la identidad como fundamento no sos sujeto, y si no sos sujeto no sos protagonista. No podés ser protagonista inconsciente, quedás liberado para que te usen para cualquier cosa. Pág. 272

PROPUESTAS
¿Poder qué?

ELISA CARRIÓ. Mis primeras medidas dependerían de dónde nos dejen, cómo esté el país en ese momento. Sinceramente creo que vamos a salir sin moneda: creo que la construcción de una Argentina nueva va a ser en el medio de una inmensa pobreza y sin moneda. Pág. 274

PROPUESTAS
¿La bolsa y la vida?

ERIC CALCAGNO: La corrupción funciona cuando son pocos, vos podés corromper a 2.000 funcionarios: corromper a 36 millones de personas es demasiado. Pág. 282

LUIS BILBAO: Una de las palancas de la tenaza es la dolarización y otra es el Plan Colombia. Pág. 295

ESTE PAÍS: En el corazón del problema argentino hay una crisis de confianza como sociedad y de confianza en el futuro de la economía. Pág. 297

JULIO NUDLER. En realidad, como neuróticos que somos, los argentinos queremos dólares, pero no queremos la dolarización. De lo que no nos damos cuenta es de que si queremos dólares sólo podemos tener dolarización. Pág. 297

PROPUESTAS
¿Los cambios posibles?

VÍCTOR DE GENNARO: A veces se intenta oponer la justicia social a la democracia: el capitalismo supuestamente es democrático, aunque se caga en la justicia social. Y el socialismo te garantizaba la justicia social pero no te daba democracia. Para mí no son antagónicas estas dos cosas, están esencialmente unidas: la democracia económica, política, social, cultural, sindical. Es más, uno se formó en la época en que leía que el socialismo era mayor democracia o que la justicia social era una perspectiva de socialismo nacional, hay muchas formas de explicitarlo. No sé qué nombre llevará la nueva sociedad que tenemos que construir. Pero sí creo que la autodeterminación, la pluralidad, la participación son cosas esenciales. Pág. 303
(...)
Pero sacar lo mejor de nosotros mismos en vez de lo peor s lo que hace a una organización colectiva diferente. Y para mí, en serio, una sociedad no autoritaria, no explotadora tiene que ser cada uno con la posibilidad de vivir con lo que hace y aportando lo mejor de uno. Pág. 304

LUIS ZAMORA: Lo que hay que discutir es si la Argentina tiene alguna posibilidad de avanzar por sí sola o si necesita integrarse a América Latina, apoyarse en la población, confrontar con la globalización capitalista, con el imperio. Si no confrontás con el imperio, no hay posibilidades, porque el imperio no te deja "vivir con lo nuestro". Pág. 305
(...)
Un punto imprescindible es la ruptura de todo lo que tenga que ver con la penetración. No puede seguir viniendo el inspector del FMI a decirnos nuestras cuentas o no puede haber un gobernante como Duhalde que le mande una carta a Bush pidiéndole disculpas porque tomó una medida dirigista y que nunca más la va a volver a tomar. Eso ni Di Tella se animó a hacerlo. En los setenta hablarían de dependencia, de colonización, de penetración. Pero en realidad esta dependencia es muy superior a la de los setenta, porque la penetración cultural es enorme a través de los intelectuales, los medios de comunicación, el periodismo, las fundaciones financiadas por los Estados Unidos y por Europa. Por eso la pelea contracultural es fundamental, si no, se termina en una idea totalmente autoritaria de que a una sociedad con una cultura capitalista la van a cambiar desde arriba un grupo de iluminados. Pág. 305

JOSÉ CARLOS ESCUDERO: Se puede hacer medicina preventiva eficaz por 40 dólares por habitante por año. La buena salud pública no es cara: si no, el éxito de Cuba no habría sido posible. Se ha engañado a la gente con que si aprovechamos la alta tecnología cara vamos a tener una buena salud. Es falso. La salud colectiva depende de la aplicación masiva de cosas que no son caras ni complejas. Los adelantos sanitarios que llenan los medios son aplicables a fracciones muy pequeñas de la población, independiente de su alto costo. Pág. 308
(...)
Los medicamentos tienen lobby, los viejos desnutridos no. Pág. Pág. 308
(...)
Los partidos hacen caja con la salud, y un porcentaje de esto va como comisión a los gestores de estos movimientos de fondos. Si vos movés 8.000 millones de dólares por año, en la Argentina de hoy, como lo hace la industria farmacéutica, tenés un peso político que se corresponde con esa suma. Pág. 308

IVÁN HEYN: Nosotros planteamos otras discusiones: cuál es el rol de la universidad en la sociedad, si generamos un conocimiento que no sabemos para qué sirve. Yo creo que una cuestión central es que los estudiantes nos apropiemos del proceso de producción del conocimiento para entender, a partir de ahí, para qué lo queremos utilizar socialmente. Pág. 311
(...)
Como está la universidad ahora, es lo más pedorro y choto que existe: forman profesionales para que el día de mañana vayan y tengan mayores ingresos y se caguen en la sociedad que los financió, que ajusten la misma universidad que los financió, que atiendan mal en los hospitales de la sociedad que los financió, ¿cómo defendés a la universidad pública? Lo que tenés que hacer es justificar esa institución. Eso se resuelve cuando vos encontrás cuál es tu rol como profesional en esta sociedad y desde dónde aportás a la transformación de la sociedad. Pág. 311
(...)
La idea nuestra fue empezar a articularnos con la gente, empezar a tener discusiones y ver desde dónde podíamos aportar. No desde la bajada de línea de "yo soy el universitario que estudió y te puedo explicar cómo se hace esto" sino intercambiarnos experiencias, para en ese intercambio generar un nuevo conocimiento. Pág. 312

PROPUESTAS
¿Vos, y cuántos más?

ARTEMIO LÓPEZ: Una alternativa es más difícil de construir, porque muchas veces, además, se hace caminando. Pág. 314

ELISA CARRIÓ. Hay que consolidar las relaciones y se tienen que unir los hechos, no los discursos. Pág. 315

HORACIO GONZÁLEZ. La unión de los partidos de izquierda da otro partido de izquierda...
Por lo tanto, tiene que haber ideas de izquierda y objetivos de izquierda, pero lo de izquierda puede no tener forma partidaria y puede no tener palabras de izquierda. Pág. 316

ELISA CARRIÓ: Aun cuando creyera en ese mundo idílico, sé que no es posible y que lo primero que hay que hacer es no engañar. A lo mejor ellos creen que es posible, yo creo que no lo quiero así y creo que no es posible. Si fuera posible en una de ésas lo pensaría mejor, pero creo que no es. Pág. 317

LUIS BILBAO: Es cierto que hay momentos históricos en que el capitalismo se puede mejorar y se pueden obtener grandes reformas y grandes conquistas dentro del sistema capitalista. Pero no en un período de crisis, y el mundo asiste a un período de crisis del capitalismo desde mediados de los setenta. Pág. 317
(...)
Lo que está en crisis no es el capitalismo argentino. Eso al mundo en todo caso le interesa muy poco. Hay crisis en el capitalismo en los tres grandes centros del imperialismo mundial. La crisis está en el corazón del capitalismo mundial y se expande a todo el planeta. Pág. 318

SUSANA TORRADO: Me parece que todo radica en la clase política. Que no funciona per se: tiene que ver con lo que es la clase hegemónica. Jorge Sábato, un sociólogo, decía que el capitalismo se mueve por razones psicosociales. Y decía que la Pampa Húmeda es tan rica que permitió la formación de la clase terrateniente y niveles de acumulación entre los mayores del mundo sin invertir, sin necesidad de nada. Se largaban ahí a pastorear, entonces no había necesidad de invertir. Pág. 319
(...)
¿Por qué nosotros tenemos que tener una clase política menos interesante que la que tiene el Brasil? A mí me preocupa, porque no veo cómo puede renovarse la dirigencia política. No veo por dónde podría venir la renovación. Entonces, estas expectativas que dicen "que se vayan todos" no veo cómo podrían satisfacerse. Por lo tanto, no veo cómo podrían satisfacerse las expectativas políticas de todo este movimiento de participación que hay ahora. Y eso crea incertidumbre política, y a mí me angustia. Pág. 319

ESTE PAÍS: ... hay muchas maneras de hacer que la famosa opinión pública diga lo que uno quiere. O que, por lo menos, calle lo que uno no quiere. Pág. 320

ERIC CALCAGNO: Hemos seducido a una hermosa muchacha, que ha accedido a ir a nuestra casa, y el Estado es la cama. No hay otra. Aquellos que dicen que el Estado no importa, que no tiene poder, se equivocan. Es el lugar donde hay que consumar la historia de amor. Pág. 320
(...)
El Estado es el instrumento que tenemos que utilizar: agarrar lo que quede Estado y hacer un Estado nuevo. Pág. 320

CARLOS GABETTA: Yo creo que la crisis de representación no sólo tiene que ver con que los representantes de los partidos son una manga de canallas sino en el mismo sistema de representación: cómo son los partidos, cómo se organizan, cómo subsisten, cómo se financian, cómo dirimen sus cuestiones de poder, cómo se desentienden de la voluntad de los que dicen representar. Entonces reemplazar a esos dirigentes no cambiaría gran cosa... Pág. 322
(...)
Plantearse situaciones revolucionarias se le pasa por la cabeza sólo a un delirante, como Altamira. En esa colecta -como dicen los franceses- ya pusimos. Y no es que haya abandonado la idea; simplemente, sé que los tiempos históricos no tienen nada que ver con mis deseos. Pág. 322

PROPUESTAS
¿Las armas al poder?

IVAN HEYN. Si vos te cargás todo el sistema de representación, político, democrático, estás generando una crisis de representación. Y en una crisis de representación, donde no hay legitimidad de nadie, una minoría puede controlar el poder. Pág. 324

LUIS BILBAO: El proletario es un trabajador asalariado que produce valor y plusvalía. Hace 30 años era muy raro encontrar a un médico que produjera valor y plusvalía, de acuerdo con las pautas de El Capital. Pero hoy un ingeniero, un arquitecto y hasta los abogados y médicos producen valor y plusvalía. Es decir, son proletarios. Claro que una cosa es y otra cosa es asumir que uno es. Pero éste es un problema histórico. Por eso decir "yo soy proletario". Pero lo va a tener que decir. Cuánto demorará en entender todo esto, en asumir que pueden cambiar el mundo y en querer cambiar, es algo que yo no te puedo contestar. Pero, estructuralmente, la sociedad es más proletaria que nunca. Tomo total conciencia de lo controversial de esta afirmación. Incluso a muchos hasta les puede sonar gracioso. Pág. 325

AMANCAY ARDURA. No basta con que las fuerzas armadas queden a un costado. No ha habido ninguna salida revolucionaria en el mundo si las fuerzas armadas no se parten y un sector viene al lado del pueblo. Hay condiciones en la Argentina para que esto ocurra, pero ya veremos. Pág. 328
(...)
No es por casualidad que la cúpula militar en esta crisis se quedó a un costado sino porque sabía que cualquier intentona de sostener el gobierno de turno dividiría a las fuerzas armadas. De esto lo que tratan de cuidar. ¿Ahora, hasta cuándo? Pág. 329

JOSE NUN. Este es un país de empresas pobres o quebradas y de empresarios ricos. Pág. 332

ELISA CARRIÓ: Creo que la verdadera revolución que tenemos que hacer es reconstruir el lazo. Por eso se están equivocando algunos grupos de izquierda: no son los sesenta. Y puede ser objetivamente una cosa peor o mejor, pero lo que se está jugando es más del orden de lo elemental y cotidiano. Nosotros teníamos lo elemental solucionado y estábamos peleando por una cosa superior. Ahora estamos peleando por las cosas más elementales: por el pan, por el reconocimiento del otro. Esto es importante, ahí está la vida. Yo no creo que la vida vaya mucho más allá de eso: del amor, de la libertad, del pan y del reconocimiento del otro. Ahora, ésta es la utopía. La pregunta que nos tendríamos que hacer es qué hicimos en todos estos años para que esto sea hoy una utopía. Eso es lo que tendríamos que entender. Pág. 334

PERSPECIVAS
Las marcas de la gorra

ARTEMIO LÓPEZ: Desde el punto de vista socioeconómico la mitad de los integrantes de las fuerzas armadas -el 60 por ciento de los suboficiales- está bajo la línea de pobreza. Pág. 344

LUIS BILBAO. Es probable que, si el movimiento social avanza, el gobierno decida reprimir; para eso no va a poder recurrir a los mecanismos clásicos de los años setenta: el secuestro, la desaparición. Entre otras cosas, porque ya no tiene el instrumento para hacerlo: los militares no están dispuestos a volver a hacer el trabajo sucio para que después se deshagan de ellos o los encarcelen; ya escarmentaron. Los Estados Unidos lo saben, y además les preocupa mucho el caso venezolano, donde un ejército se les dio vuelta y tomó partido en su contra. Por eso han cambiado su forma de intervención militar: ya no confían en los ejércitos nacionales sino que están empezando, a partir del Plan Colombia, a establecer sus propias bases, sus propias fuerzas en Latinoamérica. Esto, por supuesto, crea resentimientos en los ejércitos nacionales y produce una espiral del difícil pronóstico. Pág. 344

JOSÉ NUN: La democracia, como herramienta política, no nos sirve por el momento para intentar salir de este terrible laberinto político. Insistir en ella sería pretender tomar una sopa usando un tenedor. Pág. 346

ESTE PAÍS: Alfonsín me dijo que no, que necesitamos el ejército para controlar a la policía. Dijo "imagínese que si no hubiera ejército la policía haría lo que querría". Pág. 352

RAÚL ZAFFARONI: La ideología de seguridad nacional fortalecía a las fuerzas armadas, la ideología de seguridad urbana fortalece a la policía. Pág. 353

PERSPECTIVAS
Las almas y las armas

MARTÍN CAPARRÓS: Señores, para pedir sacrificios lo primero es armar una esperanza. (...) Señores, el sacrificio es un trueque, un negocio: si quieren currarnos con promesas, tienen que empezar por vendernos un pequeño sistema de creencias, algo que las garantice. Pág. 356
(...)
Ya sabemos que cuando un criollo decía sacrificio no estaba pensando en el viejo negocio de dar para conseguir algo: sólo trataba de ultimar a un animal que ya no le servía. Pág. 356

ELISA CARRIÓ: Lo que se rompió en diciembre fue el aparato cultural del miedo. Yo no creo que la sociedad haya cambiado decisivamente, pero hay mucha gente que perdió el miedo: ellos tienen que reconstituir el aparato cultural del miedo. No hay regímenes de capitalismo financiero de exacción sin aparato cultural del miedo. Como esto es de manual, lo van a intentar: no digo que lo logren, digo que lo van a intentar, y las fuerzas democráticas tienen que ser lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta y manejar ese proceso. Pág. 356
(...)
Algo del orden del valor común nos tiene que unir. No sólo la consigna. Porque qué pasa con el que le devolvieron sus depósitos y se vuelve a su casa. ¿Cómo empezamos: con Brecht de nuevo? Ésta es la gran lección que nos deja esta historia: nada de esto nos habría pasado si hubiéramos peleado por el otro y no por nosotros. Cuando el otro es nosotros entonces nada de esto sucede en las sociedades. Cuando el otro es el otro y nosotros somos nosotros no hay vínculo, no hay lazo, y yo no entiendo que me lo están haciendo a mí. Yo creo que ésta es una lección que en la memoria colectiva, si no la entendemos... porque ya vino varias veces, en realidad es circular. Y yo le tengo mucho miedo, porque para mí la historia es circular. Pág. 359

PERSPECTIVAS
El fin y los principios

JOSÉ NUN: Hay un dato histórico que me parece relevante: en ninguna parte del mundo se consolidaron democracias representativas sin grandes luchas populares, sin que hubiera enfrentamientos cuyo vector resultante fuera la democratización. En ningún lugar del mundo se consolidaron democracias representativas en contextos de alta desigualdad, polarización social, pobreza creciente. Sin el Estado de Bienestar no se hubieran consolidado ni siquiera las democracias occidentales después de la Segunda Guerra. Esta asociación entre el bienestar de la gente y la consolidación democrática me parece un dato insoslayable.
En América Latina quieren armar democracias dominadas por burguesías nacionales y extranjeras que operan como ladrones nómades o estacionarios y con enormes niveles de desigualdad y de polarización. Eso hace que acá se llame democracia representativa a una cosa que involucra a sectores cada vez más reducidos de la población. Un Estado de cada vez menos ciudadanos, entendiendo por ciudadanos a quienes gozan plenamente de derechos civiles, políticos, derechos sociales y culturales. Una democracia con manchones cada vez más grandes de falta de libertad, no digamos ya de igualdad, se condena a perder su derecho al nombre. Pág. 365

LUIS ZAMORA: Como movimiento estamos jugados a fondo a esto que te decía antes: a ver cómo hacemos una red que ayude, que esté al servicio de construir poder, contrapoder, contracultura, el partido democrático que está surgiendo desde abajo: el socialismo desde abajo. En eso estamos. Pág. 367

RAÚL ZAFFARONI: A mí me llama mucho la atención cómo la Argentina, que tiene escritores, plásticos, historiadores, científicos, no tienen políticos. Pág. 368

JOSÉ CARLOS ESCUDERO: De esto hay precedentes históricos: desde el punto de vista de la clase dirigente norteamericana, el peligro de Cuba en América Latina es que configura un modelo alternativo atractivo a una crisis latinoamericana que ya lleva un par de décadas, cuyo ejemplo extremo es el colapso argentino. Pág. 370

VÍCTOR DE GENNARO: Hay que humillar a ese pueblo que todavía sigue siendo antiimperialista. La CNN dijo el otro día que, según una encuesta que hicieron, "el pueblo más antiimperialista sigue siendo el argentino". Y no es joda, es así: somos esencialmente antiimperialistas. Pág. 375

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"El otro soldado, haciendo una raya en el suelo con el hierro de la lanza, como el destino que parte y reparte, dijo, Mira que somos desgraciados los de nuestro oficio, como si no bastara con practicar lo malo que la naturaleza nos dio, tenemos encima que ser brazo de la maldad de otros y de su poder". José Saramago

La musa de la historia

Derek Walcott

La historia es la pesadilla de la que intento despertar.
–James Joyce


I

El colonialismo es la experiencia común al Nuevo Mundo, incluso para sus escritores patricios, cuya veneración por el Viejo Mundo se lee como la idolatría del mestizo. Ellos también son víctimas de la tradición, pero nos recuerdan nuestra deuda hacia los grandes muertos, según la cual quienes rompen con una tradición son los primeros en temblar ante ella. De manera perversa fomentan su desprestigio, pero como su idea del pasado es la de un momento intemporal, si bien habitable, el Nuevo Mundo les debe más que a aquéllos que luchan con el pasado, pues su veneración matiza una arrogancia que resulta más dura que el rechazo violento. Están convencidos de que la tradición se perpetúa cuando la atacamos frontalmente, que la literatura revolucionaria es un impulso filial y que la madurez constituye la asimilación de los rasgos de todos nuestros ancestros.

Cuando estos escritores astutamente se describen a sí mismos como clasicistas y simulan indiferencia al cambio, lo hacen con una ironía que es tan propia de la angustia del conquistado como la furia lo es del radical. Si en un momento nos parecen falsos aristócratas, se debe a que han ido más allá de la confrontación de la historia, esa Medusa del Nuevo Mundo.

Estos escritores rechazan la idea de la historia como tiempo para volver a su concepto original de mito, el llamado parcial de la raza. Para ellos la historia es ficción y está sometida a una musa caprichosa, la memoria. Su filosofía, fundamentada en un desprecio por el tiempo histórico, es de carácter revolucionario, pues lo que recuerdan al Nuevo Mundo es su simultaneidad con el Viejo. Su visión del hombre es la de un ser elemental, habitado por presencias, y no una criatura encadenada a su pasado. Sin embargo, el método mediante el cual se nos enseña el pasado –el progreso desde el motivo al acontecimiento– es el mismo que utilizamos para leer narrativa. Con el tiempo, todo acontecimiento se convierte en una carga más para la memoria y está por lo tanto sujeto a la invención. Cuanto más se multiplican los hechos, más se petrifica la historia en mito. Así, mientras envejecemos como raza, nos vamos gradualmente percatando de que la historia está escrita, de que se trata de una suerte de literatura sin moralidad, que en sus registros el ego de la raza es indisoluble y que todo depende de si escribimos esta ficción a través de la memoria de la víctima o la del héroe.

En el Nuevo Mundo el ser esclavo de la musa de la historia ha dado lugar a una literatura de la recriminación y la desesperación, una literatura de la venganza, escrita por los descendientes de los esclavos, o una literatura del remordimiento, escrita por los descendientes de los amos. Dado que dicha literatura está al servicio de la verdad histórica, tiende a refugiarse, intimidada, en la polémica o a evaporarse en el pathos. La estética verdaderamente robusta del Nuevo Mundo no explica ni perdona a la historia. Se niega a reconocerla como una fuerza creadora o culpable. Esta vergüenza o temor reverente ante la historia se apodera de los poetas del Tercer Mundo, quienes ven en el lenguaje algo que los esclaviza, y quienes, en su furiosa sed de identidad, sólo sienten respeto por la incoherencia o la nostalgia.


II

Los grandes poetas del Nuevo Mundo, desde Whitman hasta Neruda, rechazan esta idea de la historia. La visión que tienen del hombre en el Nuevo Mundo es adánica. En su exuberancia, estos poetas lo presentan como un ser aún susceptible de inmenso asombro. Sin embargo, nuestro hombre ya ha saldado cuentas con Grecia y Roma, y camina en un mundo desprovisto de monumentos y de ruinas. Lo exhortan a resistir el temible imán de civilizaciones más antiguas. Hasta en Borges, donde el genio se antoja sigiloso, a resguardo del cambio, el hombre celebra una exaltación a un tiempo vulgar y abrupta: la vida de los llanos, a la que, mediante un estilo hierático, se le otorga un arcaísmo perentorio. La violencia se experimenta de manera simultánea con la historia. Así, la muerte de un gaucho no sólo repite sino que es la muerte de César. El hecho se diluye en mito. Aquí no se trata del hastiado cinismo que no ve nada nuevo bajo el sol: es una exaltación que todo lo percibe como renovado. Al igual que Borges, el poeta Saint-John Perse también nos conduce desde la mitología del pasado hasta el presente sin el más mínimo reacomodo. Esta es la expresión más profunda del espíritu revolucionario: es un llamado al espíritu a las armas. En Perse se despliega en toda su amplitud el elogio elemental a los vientos, los mares, las lluvias. La visión revolucionaria o cíclica se encuentra tan profundamente enraizada como la sintaxis patricia. Lo que Perse glorifica no es la veneración sino la perenne libertad: su héroe sigue siendo el vagabundo; el hombre que se mueve por entre las ruinas de grandes civilizaciones con todos sus bienes mundanos cargados sobre caravanas o mulas; el poeta que transporta en su cabeza culturas enteras, tal vez tocado por la amargura, pero él mismo desembarazado. Los suyos son poemas de solitarias o tumultuosas migraciones a través de los elementos. En espíritu son semejantes a los poemas de Neruda o Whitman, en tanto que también buscan espacios en los que la celebración de la tierra sea algo ancestral.


III

Los poetas del Nuevo Mundo que ven el "estilo clásico" como estancamiento, deben asimismo verlo como degradación histórica, y lo rechazan, pues encarna el lenguaje del amo. Esta forma de auto tortura surge cuando el poeta interpreta la historia en términos de lenguaje, cuando limita su memoria al sufrimiento de la víctima. Su admirable deseo de honrar al degradado ancestro reduce su lenguaje a una punzada fonética, al quejido de dolor, a la maldición de la venganza. El tono del pasado se convierte en un fardo insoportable, ya que para injuriar al amo o al héroe deben hacerlo en el idioma de éste, y esto supone un autoengaño. La visión que tienen de Calibán es la de un pupilo enfurecido. Les es imposible separar la furia de Calibán de la belleza de su forma de hablar cuando los parlamentos de Calibán son equiparables en poder elemental a los de su tutor. El lenguaje del torturador ha sido dominado por la víctima. Lo cual consideran antes una forma de servidumbre que una victoria. ¿Pero quién en el Nuevo Mundo no siente horror al pasado, ya sea descendiente del torturador o de la víctima?
¿Quién, en lo más recóndito de la conciencia, no clama en silencio por el perdón o la venganza? El pulso de la historia del Nuevo Mundo es el desbocado latido del miedo, los extenuantes ciclos de la estupidez y la avaricia. Las lenguas que asoman por encima de nuestras oraciones expresan el dolor de razas enteras a la oscuridad de un dios maniqueo: Dominus illuminatio mea, pues lo que fue traído a este Nuevo Mundo bajo el aspecto de una luz divina, la luz de la hoja de la espada y la del dominus illuminatio mea, era la misma iridiscente serpiente traída por un Adán contaminante, el mismo torturado Cristo exhibido con cristiano agotamiento; pero lo que también transportó el esclavo en sus entrañas ensemilladas fue una nueva nada, una oscuridad que sirvió para hacer más intensa la antigua fe.

Con el tiempo el esclavo se rindió a la desmemoria. Y esta desmemoria es la verdadera historia del Nuevo Mundo. Es también nuestra herencia; pero tratar de entender por qué sucedieron las cosas así, condenarlas o justificarlas, pertenece también al método de la historia, y las explicaciones se reducen siempre a lo mismo: "tal cosa sucedió por esto y esto otro", "esto es comprensible, pues...", y "en esos días los hombres eran así". Intercambiadas tales recriminaciones, el arrepentimiento del amo toma el lugar de la venganza del esclavo, y aquí la literatura colonial asume un tono fundamentalmente pietista, ya que puede tachar al arte verdaderamente grande de feudal y excusar a un arte pobre como digno fruto del sufrimiento.

A los poetas radicales la poesía se les antoja una suerte de homenaje a la resignación, un fatalismo esencial. Pero lo que atormenta a los grandes poetas no es tanto la presión del pasado sino el peso del presente:

hay tantos muertos,
y tantos malecones que el sol rojo partía,
y tantas cabezas que golpean los buques,
y tantas manos que han encerrado besos,
y tantas cosas que quiero olvidar.


–PABLO NERUDA



En los poetas el sentimiento de la historia se trenza con toda su crudeza a lo largo de sus nervios:

Tierra mía sin nombre, sin América,
estambre equinoccial, lanza de púrpura,
tu aroma me trepó por las raíces
hasta la copa en que bebía, hasta la más delgada
palabra aún no nacida de mi boca.


–PABLO NERUDA



Es este pasmo ante lo numinoso, este privilegio elemental de poder nombrar al Nuevo Mundo, lo que en nuestros grandes poetas aniquila la historia, una exaltación común a todos ellos, ya sea que provengan del linaje de Crusoe y Próspero, o del de Viernes y Calibán. Rechazan el linaje étnico en favor de una fe en el hombre elemental. La visión, la "panorámica democrática", no es metafórica, sino una necesidad social. Una filosofía política enraizada en un sentimiento de exaltación tendría que aceptar la creencia en un segundo Adán, la re-creación del orden entero, desde la religión hasta el ritual doméstico más sencillo. El mito del buen salvaje no reviviría, pues éste nunca ha emanado del salvaje sino que ha sido siempre la nostalgia del Viejo Mundo, su anhelo de inocencia. La gran poesía del Nuevo Mundo no tiene esas pretensiones de inocencia: su visión no es ingenua. Antes bien, su sabor, al igual que sus frutos, es una mezcla de lo ácido y lo dulce, las manzanas de su segundo Edén tienen el acidulado picor de la experiencia. En esa poesía hay una memoria amarga, y es esta amargura la que más tarda en secarse en la lengua. Lo agridulce es precisamente lo que la dota de energía. Las doradas manzanas de este sol están inyectadas de ácido. El sabor de Neruda es cítrico, la Pomme de Cythère de Aimé Césaire es irritante, Perse tiene el regusto de la fruta salada de la orilla del mar, la uvera, el fatpoke, o la almendra de mar. Para nosotros, habitantes del archipiélago, la memoria tribal está salada con la amarga memoria de la migración.

Para los sobrevivientes, para todas las tribus diezmadas del Nuevo Mundo que no sufrieron la extinción, su degradado arribo debería parecerles el principio, y no la conclusión, de nuestra historia. Los naufragios de Crusoe y de la tripulación de La tempestad señalan el fin de un Viejo Mundo. Poco debía importarle al Nuevo Mundo que el Viejo de nuevo se aprestara a volarse a sí mismo en pedazos, pues la obsesión por el progreso no está en la psique de los recién esclavizados. He ahí el amargo secreto de la manzana. La visión del progreso es la locura racional de la historia vista como tiempo secuencial, de un futuro sujeto a dominación. El conjunto de sus imágenes es absurdo. En los libros de historia, el descubridor coloca su bandeja de alimentos sobre la arena virgen, se arrodilla, y el salvaje hace lo mismo desde sus matorrales, presa de temor reverente. Son imágenes que han quedado estampadas en la memoria colonial; que la huella del pie de Crusoe o la impresión de la rodilla de Colón santificaron al mundo no son más que herejías. Semejantes imágenes blasfemas tienden a borrarse, como cómicos jeroglíficos del progreso. Y si la idea de lo Nuevo y lo Viejo se torna cada vez más absurda, ¿qué cosa debe sucederle a nuestra idea del tiempo, qué otra cosa podría sucederle a la historia misma, sino el que ella misma se esté volviendo absurda? No se trata de existencialismo. El hombre adánico, elemental, no puede ser existencial. Su primer impulso no es la autocomplacencia sino el pasmo, y el existencialismo es simplemente el mito del buen salvaje convertido al barroco. Las filosofías libertarias de este signo tienen su cuna en las ciudades. El existencialismo es lo mismo la nostalgia en el sofisticado primitivismo de Rousseau, como la enfermiza recurrencia en el pensamiento francés de la isla de Citera, ya se trate de la imaginería tuberculosa y febril de Watteau o la fiebre, vuelta delirio, de Rimbaud o Baudelaire. Los poetas del "Nuevo Egeo", de las Islas de los Bienaventurados, las Islas Afortunadas, las remotas Bermudas, la isla de Próspero, la Juan Fernández de Crusoe, o la de Citera; los poetas de todas esas rocas con nombres como cuentas de capilla saben que es aquí donde naufraga la vieja visión del Paraíso.

Pido una canción donde pueda estrellarse el arco iris,
donde pueda posarse el chorlito en playas olvidadas,
Pido esa liana que crece en las palmeras
(su obstinado futuro sobre el tronco del presente)
Pido el conquistador de armadura ya sin sello
tendiéndose a lo largo en una muerte de flores
/perfumadas
Y la espuma que incensa una espada que se herrumbra
en la pura luz azul de lentos cactus feroces


ÐAIMƒ CESAIRE

Pero para la mayoría de los escritores del archipiélago que sólo contemplan el naufragio, el Nuevo Mundo no ofrece exaltación sino cinismo, una desesperación ante los vicios que sienten que han de repetirse. Su malestar es una nostalgia oceánica por la más antigua cultura y una melancolía por la nueva, y este sentimiento puede llegar a ser tan profundo que desemboque en abierto rechazo del paisaje virgen, en una sed de ruinas. A los ojos de estos escritores, la muerte de las civilizaciones es arquitectónica, no espiritual; sembradas en su memoria están las imágenes de parras que ascienden por columnas quebradas, de terrazas muertas, de Europa como museo nutricio. Creen en la responsabilidad de la tradición, pero lo que los subyuga no es tanto la tradición, que está alerta, viva, y que es simultánea, sino la historia, y lo mismo puede decirse de los nuevos panegiristas del África. Para estos últimos la peor pérdida es la de los antiguos dioses, el temor de que el culto haya esclavizado el progreso. Así, el humanismo de la política toma el lugar de la religión. Ven a estos dioses como parte del proceso de la historia, sujetos como la tribu misma a ciclos de realización y desesperación. Como el concepto de Dios en el Viejo Mundo es antropomórfico, el esclavo del Nuevo Mundo se vio forzado a rehacerse a Su imagen, a pesar de frases tales como "Dios es la luz, y en él no hay oscuridad", y en este punto de intersección de una y otra fe, el poeta y el sacerdote esclavizados depusieron su poder. Pero la tribu sujeta aprendió a fortalecerse por medio de una astuta asimilación de la religión del Viejo Mundo. Lo que parecía rendición era una redención. Lo que parecía la pérdida de la tradición era su renovación. Lo que parecía la muerte de la fe era su renacimiento.

IV

Eliot habla de la cultura de un pueblo como la encarnación de su religión. Si esto es cierto, en el Nuevo Mundo debemos preguntarnos, en este orden: 1) si la religión que se le enseñó al esclavo negro fue asimilada como fe, 2) si dicha asimilación la ha alterado, y 3) si, de haber sido totalmente asimilada, o asimilada y alterada a la vez, es ahora necesario rechazarla. Dicho de otra manera, ¿puede existir una cultura africana –si excluimos el plano de la polémica artística y política– independientemente de una religión africana? De ser así, ¿de qué religión africana se trata?

El espectáculo que ofrecen los talentos mediocres cuando erigen antiguos tótems resulta más vergonzoso que la fe del converso del que se mofan, pero el resplandor de una religión literaria es de corta duración, pues la fe requiere más que de estilo. Llegado a esta etapa, el poeta polémico, al igual que el político, querrá producir una obra épica, convocar la grandeza del pasado, no como mito sino como historia, y profetizar en el sentido en que la arquitectura fascista puede ser vista como profética. Y sin embargo, mientras más ambicioso el celo, más difuso y forzado se vuelve, más tenazmente echa raíces en la investigación, hasta que la imaginación cede a la glorificación de la historia, el oído queda esclavizado: los glorificadores del tom-tom sordos al dínamo. Estos poetas épicos crean un pasado artificial, una cosmología difunta sin la fe tribal.

Lo que queda en el archipiélago es la fragmentación en facciones cismáticas, la cosmología privada del predicador ambulante. En estas islas todos los días florean las aceras con tales víctimas –mentes desfiguradas en su intento de comprender ambos mundos si no crean para sí un paraíso celestial del que sean el centro. Como los profetas del camino, el poeta "épico" de las islas vuelve su mirada a la antropología, a un catálogo de dioses olvidados, a un basural de fragmentos, artefactos y frases incompletas de un lenguaje muerto. Éstos se entregan a una recolección masoquista. El poeta de talante épico recorre con la mirada estas islas y no encuentra ruinas, y puesto que toda épica se funda en la visible presencia de las ruinas, mordido por el viento o por el mar, el poeta celebra lo poco que encuentra, la oxidada rueda para esclavos del ingenio azucarero, un cañón, cadenas, el ánfora sarrosa de los degolladores, toda la parafernalia de la degradación y la crueldad que exhibimos a modo de historia, no como masoquismo, como si los hornos de Auschwitz o Hiroshima fueran los templos de la raza. El inevitable resultado es la morbidez, y ese será el tono de cualquier literatura que respete una historia tal y que funde su verdad en la vergüenza o la venganza.

Y sin embargo es ahí donde tiene su origen la poesía épica de la tribu, en su identificación con el sufrimiento hebraico, la migración, la esperanza de una liberación de las ataduras. Pero con esta diferencia –el pasaje por nuestro Mar Rojo no era el de la esclavitud a la libertad, sino lo opuesto: las tribus llegaron a su Nueva Canaán encadenados. Hay en mucha de nuestra literatura este sentimiento residual, el lamento en aguas extrañas por un hogar perdido. La tenue búsqueda de un Moisés aún sobrevive en nuestra política. El concepto épico se comprimió en la canción popular; el anhelo de la masa, en chantre y coro, copla y refrán. Los poemas de los movimientos de restauración religiosa obtienen su fuerza del tono autohipnótico de sus responsos, de la monodia interminable como la esperanza tribal.

Conozco la salida de la luna, la salida de los astros,
Renuncia ya a tu cuerpo,
Iré con mi Señor cuando caiga la tarde,
Renuncia ya a tu cuerpo.

Pero esta monodia no es sólo de resignación, sino también marcial:

Josué peleó la batalla de Jericó,
Jericó, Jericó,
Josué peleó la batalla de Jericó,
Y los muros se vienen abajo.


El poema épico no es un proyecto literario. Ya está escrito: estaba escrito en las bocas de la tribu, una tribu que valerosamente había renunciado a su historia.


V

Mientras que las épicas de esclavitud y liberación del Viejo Testamento le proporcionaban al esclavo un paralelo político, la ética de la cristiandad atemperó los sentimientos vengativos de éste, haciendo al parecer más honda su pasividad. Para los amos no se trataba de un mundo nuevo, sino de una extensión del viejo. La visión del amo de un Paraíso terrestre le estaba vedada, y la recompensa ofrecida en nombre del sufrimiento cristiano vendría después de su muerte. Todo esto lo sabemos, pero lo relevante es el celo con que el esclavo abrazó tanto lo cristiano como lo hebraico, miró con ojos resignados la muerte de su panteón y, sin embargo, deliberadamente comenzó a investir su moribunda fe de convicción política. Los historiadores no logran hacer una crónica de esto, se limitan a levantar las estadísticas de la conversión. No hay un momento de conversión tribal en masa equiparable al de la luz que tiró del caballo a Saúl; por el contrario, aquello en que se nos pidió creer era una lenta, pesada queja de rendición, la inmensa y laboriosa conversión de los derrotados en buenos negros, o verdaderos cristianos, y por supuesto que canciones como ésta parecen la más despreciable expresión de los vencidos:

Voy a dejar mi espada y mi escudo,
A la orilla del río, a la orilla del río...
Ya no voy a aprender más de guerra,
Aprender más de guerra...


¿Cómo enseñar esto a manera de historia? ¿No son ésas palabras de los que han sido completamente vencidos, de los derrotados? ¿No se trata aquí de la perfidia cristiana, seductora de la venganza, la que movió a las tribus exhaustas a traicionar a sus dioses? Una nueva generación mira este tipo de conversión con desprecio, pues ¿dónde están las canciones de victoria, el desafío del guerrero capturado, dónde los nostálgicos cantos de batalla y las canciones de tiempo de cosecha, la siembra de la gran pastoral africana? Esta generación ve en la poesía épica de la canción de labor y en los tempranos blues tan sólo autodesprecio e inercia, pero la verdad, la profunda verdad es que, maniatado y humillado en cuerpo como lo estaba el esclavo, había en él, más allá de una simple fortaleza, una nota de agresión, y lo que una generación posterior juzga como derrotismo es en realidad la voluntad de una victoria del espíritu, pues tanto el guerrero cautivo como el poeta tribal eligieron el mismo campo de batalla propuesto por el agresor, el alma:

Guerrero soy, allá en el campo,
Y puedo cantar y gritar,
Y decir a los cuatro vientos que Jesús murió por mí,
Cuando me llegue allá al feliz paraíso,
Cuando me llegue al campo.

Lo que había sido robado al ladrón fue su Dios, pues el africano sometido había llegado al Nuevo Mundo cuando aún guardaba una elemental intimidad con la naturaleza y mostraba un terror más profundo a la blasfemia que el cristiano cansado e hipócrita. Bien pronto comprendió los rituales cristianos en torno de un redentor al que se había azotado, torturado y dado muerte, aunque tal vez haya retrocedido ante la idea de dividir y comer de su carne, pues en las culturas originales los dioses vencen unos sobre otros como guerreros, y para los guerreros no hay conversión posible en la derrota. Hay muchos ejemplos de este tipo. En la historia del archipiélago, la verdadera historia reside en la conversión de la tribu, y es éste el tema que nos concierne. Volvemos a lo que dijo Eliot –que una cultura no puede existir sin una religión–, y a otras cosas dichas que irradian esta idea –que la poesía épica no puede existir sin una religión. Aquí está el origen de la poesía del Nuevo Mundo. Y el lenguaje que usa es, al igual que la religión, el mismo del conquistador de Dios. Pero el esclavo ya se había apropiado del Dios de sus amos.

En la poesía elemental de la tribu la experiencia épica de la raza se condensa en metáfora. En una tradición oral el modo es simple: el responso es de final abierto, de manera que cada nuevo poeta añade sus propias líneas a la forma, en un proceso muy similar al del tejido o el baile, que se basan en el concepto de la historia de la tribu como algo interminable. No hay una caída mortal, ninguna signatura egoísta de efecto; en pocas palabras, no hay pathos. El blues no es pathos, no lo es la voz individual; se trata de un modo tribal, y cada nuevo poeta oral aporta su propio dístico. En el origen está la idea de que la tribu, habituada a la desesperación, también habrá de sobrevivir: no hay principio, pero tampoco un fin. El nuevo poeta entra en un flujo y se retira, así como el tejedor prosigue el patrón, de mano en mano y de boca en boca, como el convicto picapedrero pasa su mazo a otro:

Muchos días de pesar, muchas noches de aflicción,
Muchos días de pesar, muchas noches de aflicción,
Y una bola con cadena, a donde quiera que voy.

No historia, sino flujo, y como único sustento, el mito:

Moisés vivió hasta que se hizo viejo,
¿Y dónde estaré yo?

La diferencia estriba en la intensidad de la celebración. El ritmo pietista del misionero se ve espoleado hasta un frenesí marcial que el esclavo adapta a un modo tribal de acentos triunfales. Muy bien –habrán pensado el misionero y el mercader–, una vez que los tengamos bailando y aplaudiendo, reinará la paz, pero lo cierto es que el Dios de ambos –mercader y misionero– estaba siéndoles arrebatado por una fuerza sumergida que emergía durante las reuniones rituales, donde el ritmo subconsciente salía a la superficie y se apoderaba de uno, y donde de hecho el Dios hebraico-europeo cambiaba de color, pues los nombres de las deidades secundarias no importaban, Santa Úrsula o Saint Urzulie –el panteón católico se adaptó sin mayor resistencia al panteísmo africano. Los misterios católicos se adaptaron sin mayor resistencia al chamanismo africano. Pero no todos aceptaron al Dios del hombre blanco. Como preámbulo a la revolución haitiana, Boukman invocaba a Damballa en el Bois Cayman. Sacrificios de sangre, iniciaciones guerreras, torturas, fugas, revueltas, incluso la desesperación de los esclavos que perdieron la razón y comían tierra, éstos son los hechos históricos, pero lo que finalmente resulta importante es que la raza o las tribus fueron convertidas, se hicieron cristianas. Sin embargo, ninguna raza es convertida contra su voluntad. El amo del esclavo se encontraba ahora ante una imponente maleabilidad. El esclavo se convertía a sí mismo, cambiaba de armas, de armas espirituales, y al adaptar la religión de su amo, también adaptó su lenguaje, y es aquí donde empieza lo que sería nuestra tradición poética. Comenzaba un nuevo modo de nombrar las cosas.

La épica se condensó en la leyenda popular. El acto de la imaginación era el empeño creador de la tribu. Más adelante serán escritas esas leyendas por poetas individuales. Sus inicios son orales, familiares, la poesía de la lumbre que ilumina los rostros de una jerarquía compacta y primaria. Pero hasta la literatura oral se abre paso hacia el jeroglífico y el alfabeto. Aun hoy, en un gran número de islas, el poeta antillano se enfrenta a una lengua que escucha y que no logra poner por escrito, pues no existen símbolos para semejante lengua. Mientras más logra acercar mano y palabra a las minuciosas inflexiones del lenguaje interior y a las más sutiles precisiones de su oído, más caóticos aparecerán los símbolos en la página; cuanto más diminuto el dialecto regional, más excéntrica será la representación que haga de él, de modo que la función del poeta sigue siendo la de siempre: filtra y purifica, sin perder el tono y la fuerza del lenguaje común mientras echa mano de los jeroglíficos, los símbolos o el alfabeto del oficial. Ahora bien, dos de los más grandes poetas de este archipiélago provienen de islas de habla francesa patuá: Saint-John Perse, nacido y criado hasta bien entrada la adolescencia en la Guadalupe, y Aimé Césaire, de Martinica. Los dos comparten la experiencia colonial del lenguaje, el primero por privilegio, el segundo por privación. Por ahora no importa que uno sea blanco y el otro negro. Ambos son franceses, son poetas que escriben en francés. Bien, para empezar, es el lenguaje de Césaire el que resulta más abstruso, más surrealista, mientras que el francés de Perse es clásico. Aunque Césaire no escribió su gran poema, Cahier d’un retour au pays natal, en dialecto, es necesario que nos detengamos en su tono. Con toda la complejidad de su surrealismo, sus palabras a veces inventadas, para un oído familiarizado con el patuá francés, suena como un poema escrito tonalmente en criollo. Aspereza e impaciencia constituyen sus propiedades tonales, pero el lenguaje de Césaire en este gran poema revolucionario, o mejor, este poema en parte apropiado por los revolucionarios, no es proletario. El tono de Perse es asimismo majestuoso, inaugura un camino de conquista inevitable que, en su avance, establece sus posesiones; y al lector que intenta prestar oído puro al lenguaje de cualquiera de estos poetas, sin prejuicio, sin ser atendido por el susurro subliminal de la historia, le parecerá que por lo menos una cosa guardan en común: autoridad. Su dicción presenta otras similitudes, como, por ejemplo, la forma. En el Cahier d’un retour au pays natal, así como en los poemas en prosa de Saint-John Perse, desde los Elogios antillanos hasta Crónica, y más allá, se advierte un estricto armazón sinónimo compartido con la tradición de la lengua metropolitana, y que ambos debieron considerar como una herencia, a pesar de sus diferencias raciales y sociales, a pesar de la distancia que separaba a Perse del dialecto de los sirvientes y los pescadores, y a pesar de la fidelidad de Césaire a dicho dialecto. Las fuentes de esta dicción son al mismo tiempo antiguas y contemporáneas: la Biblia y la oda tribal tanto como la poesía francesa surrealista, los himnos proletarios de Whitman, y las leyendas orales o escritas de otras civilizaciones: el Mediterráneo y el oriente, en el caso de Perse; el Mediterráneo hebraico y el África, en el de Césaire. En cuanto a estructura visual, la poesía de ambos comparte la simetría de la oda en prosa, así como el que parezca ser traducción de una épica más antigua que confiere a los poemas un aire legendario. Tenemos aquí a dos colonos, o mejor aún, dos poetas cuya percepción formativa, cuya aprehensión de los mundos visibles de sus muy distintas infancias, se espiritualizaron en su jubiloso contacto con la lengua metropolitana. Dos poetas cuyas muy diferentes visiones del mundo dieron lugar a indiscutibles obras maestras, las cuales –y he aquí lo importante– no violentaban al lenguaje mismo; antes bien, lo perpetuaban en su grandeza gracias a dos modalidades opuestas de la fe: Perse, mediante la profecía y la nostalgia, Césaire, mediante la nostalgia y la polémica. Y sin embargo, como traductor, preferiría antes buscar un equivalente en inglés para Perse que para Césaire, por la sencilla razón de que Perse es acaso más simple, pues ahí donde su lenguaje se complica en los vocabularios de la arqueología, la biología marina, la botánica, etcétera, la lengua de Césaire se desliza al ras de las sutilezas del surrealismo moderno. Aun así, como antillano, me siento más próximo al tono de Césaire.

No sé hasta qué grado un poeta esté en deuda con el otro, pero cualquiera que sea la verdad bibliográfica uno percibe no un intercambio de influencias, no la imitación, sino el empuje oceánico de la lengua metropolitana, de su imperio si se quiere, el cual transporta a un mismo tiempo –alimentándose de tributarios coloniales tan poderosos– a poetas de una visión del mundo tan distinta como Rimbaud, Char, Claudel, Perse y Césaire. Es el lenguaje del imperio, y los poetas son, no sus vasallos, sino sus príncipes. Seguimos catalogando a estos poetas mediante un procedimiento equivocado, es decir, la historia. Seguimos jugueteando con las evidentes limitaciones del dialecto por patriotería, pero el gran poema de Césaire no pudo haber sido escrito en francés criollo porque no hay palabras para algunos de sus conceptos; faltan sustantivos para sus objetos, y aunque por un golpe de suerte llegaran a encontrarse, éstos difícilmente podrían ser expresados de manera visual sin los esfuerzos de un filólogo delirante. Ambos poetas manipulan una suprema retórica visionaria que bien puede traducirse al inglés. A veces suenan idénticos:

1. La estrecha senda del oleaje en la emborronadura de las
/fábulas...

–CÉSAIRE

2. Errante, ¿qué sabíamos del lecho de los abuelos, por más
blasones
que ostentase en su atabanada madera de las Islas?...
No
había nombre para nosotros en el viejo gong de bronce de la antigua morada. No había nombre para nosotros en el oratorio de nuestras
madres
(madera de jacarandá o de azombogo), ni en la móvil
antena de oro en la frente de las guardianas de color.
No estábamos en la madera de violero de la cítara o del
arpa; ni...

–PERSE

3. Pido una canción donde pueda estrellarse el arco iris,
donde pueda posarse el chorlito en playas olvidadas,
Pido esa liana que crece en las palmeras
(su obstinado futuro sobre el tronco del presente)
Pido el conquistador de armadura ya sin sello
tendiéndose a lo largo en una muerte de flores perfumadas
Y la espuma que incensa una espada que se herrumbra
en la pura luz azul de lentos cactus feroces

–CÉSAIRE



4. Señor de los tres caminos ante ti está un hombre que
ha andado mucho.
Señor de los tres caminos ante ti está un hombre que
ha andado mucho sobre sus manos que ha andado sobre
sus pies que ha andado sobre su panza que ha andado
sobre sus nalgas
Desde Elam. Desde Akkad. Desde Súmer.
Señor de los tres caminos ante ti está un hombre que
ha cargado mucho.
De verdad, amigos, he venido cargado desde Elam, desde Akkad, desde Súmer.

–CÉSAIRE



Perse y Césaire, hombres de ascendencia mutuamente desafiante, opuestos raciales, para utilizar el lenguaje de la política, patricio y conservador el primero, proletario y revolucionario el segundo, el clásico y el romántico, Próspero y Calibán: contrarios que fácilmente se equilibran, pero lo hacen sobre el eje de una sensibilidad compartida, y esta sensibilidad, con o sin la presencia de una tradición manifiesta, es la que se despierta al andar el camino que conduce a un Nuevo Mundo. Perse descubre en éste los vestigios del Viejo, vestigios de orden y jerarquía, en tanto que Césaire ve en él la evidencia de pasadas humillaciones y la necesidad de un orden nuevo, pero más profunda todavía es la verdad de que ambos poetas perciben este nuevo mundo a través del misterio. Su lenguaje nos tienta a la cita interminable: hay momentos en que uno escucha ambas voces simultáneamente, hasta que el tono es el de una sola voz para estos dos hombres diferentes. Si pensamos en uno como el marginado y en el otro como el privilegiado cuando leemos sus alocuciones al Nuevo Mundo, si debemos ver a uno como negro y a otro como blanco, no sólo dividimos, mediante procedimientos sociológicos, dicha sensibilidad, sino que negamos la amplitud de voz de cualquiera de estos poetas, y al mismo tiempo el poder de la compasión y el poder de la ira. No se trata de adelantar una tesis a favor de la asimilación y la reducción de los hombres a una común simplicidad: nos atraen, abiertamente, sus diferencias, pero lo que más nos asombra en ambos poetas es su exaltación, su portentosa exaltación en el seno de la posibilidad. Y no es que hablemos de una posible sociedad ideal; ésta sólo se encuentra en la obra tardía de Perse –una sociedad inaccesible a fuerza de su magnificencia. Hablamos, antes bien, de esa embriaguez de presencias que se percibe en Elogios y en Para celebrar una infancia, de la posibilidad del individuo caribeño, ya sea de linaje africano, europeo o asiático: esa enorme mañana de su posibilidad que delicadamente se entreabre, su cuerpo tocado por el rocío, sus nervios a tal grado afinados a la sensación que parecieran los de la mimosa; su memoria, ya de la grandeza o del sufrimiento, gradualmente borrándose al golpeteo recurrente de la llovizna que lava las incisiones ancestrales o tribales del cráneo coralino; la posibilidad de un hombre y su lenguaje despertando aquí al asombro. Así como el lenguaje de Perse al final se vuelve más trabajado y artificial, así también la retórica tardía de Aimé Césaire se encamina hacia la heráldica; pero las primeras magnas obras de ambos se ofrecen al lector tan profundamente enraizadas y dóciles como la vid.

Pero estos poemas están en francés. El hecho de que ahora hayan comenzado a establecer su influencia sobre la poesía en inglés del archipiélago es significativo, pues se trata de obras poderosas, y todo poder atrae hacia sí, pero su retórica resbala de las manos de nuestros poetas "revolucionarios" menores, quienes apuntan a la grandiosidad sin el lenguaje necesario para crearla, pues estos imitadores ven estos dos poemas a través de la historia, o a través de la sociología. Se sienten seducidos por sus temas. Esto ha dado lugar a las actuales nidadas de flacos, quejumbrosos pichones que hurtan trozos de Césaire para sus propios nidos, al tiempo que condenan a Perse de ser un animal distinto, un poeta blanco. Tales convulsiones de mala poesía aparecen cuando la sociedad pide cambio a gritos.

Puesto que solemos pensar en la tradición como historia, un grupo de anatomistas afirma que esta tradición es enteramente africana y que sus respuestas se ven alteradas por la nostalgia de una raza, pero este grupo debe admitir la misma ficción en el caso de los asiáticos y los mediterráneos; así, las desoladas terrazas de la memoria épica de Perse serán tan antillanas para los descendientes del Medio Oriente que viven entre nosotros, como los reinos de la costa de Guinea lo son para Césaire o la poesía china lo es para el tendero chino. Si nos es lícito hacer un poco de psicología, dividir, rastrear sin más los orígenes de esas degeneraciones, entonces debemos aceptar también el milagro de posibilidad que cada poeta aporta. La sensibilidad caribeña no está marinada en el pasado, ni padece agotamiento. Es nueva. Pero lo nuevo radica en su complejidad y no en sus simplezas históricamente explicadas. Sus rasgos de melancolía son los residuos químicos de la sangre que permanecen al cabo de la convalecencia del esclavo y del trabajador. Habrá de sobrevivir a la malaria de la nostalgia y al delirio de la venganza así como logró sobrevivir a su propio autodesprecio.

Así, mientras que muchos críticos de la poesía contemporánea de la sociedad de naciones rechazan la imitación, base de la tradición, en busca de la originalidad, falsa base de la innovación, acaban por adoptar la vieja actitud paternalista de la política contemporánea, pues su exigencia de naturalidad, novedad, originalidad o verdad está nuevamente fundada sobre ideas preconcebidas acerca del comportamiento; proyectan reflejos tan anticipados como la exuberancia, la espontaneidad y el refrescante dialecto de la tribu. Cierto tipo de actitudes son de rigor, incluyendo la incoherencia tan en boga de la ira revolucionaria; cumplidas éstas, y el mundo está otra vez tranquilo: el crítico masoquista por el obligado ataque a sus "valores", el poeta masoquista por el gesto aprobatorio de su víctima. Es difícil al principio distinguir las posturas juglarescas de las verdades privadas, pero su familiaridad pronto establece las viejas fórmulas del entretenimiento. La ira del negro es, en el fondo, entretenimiento o representación teatral si de la ira crea una estética, y esta "naturalidad" no es en ningún modo diferente del legendario júbilo o la espontánea risa del juglar. Sigue siendo club-nocturno y cabaret, pirofagia profesional y danza sobre botellas rotas. El crítico-turista sólo puede contener el aliento ante tales desplantes de naturalidad. En verdad no querría probarlos por sí mismo. Y así volvemos a la mujer predicadora del Dr. Johnson.

El entusiasmo que el liberal muestra ante el habla de los barrios bajos resulta bastante despreciable para el poeta, pues la buena voluntad del crítico liberal sólo sirve para perpetuar las condiciones sociológicas de dicha habla, a pesar de tener el recurso a la ira. Lo que una vez más predica, aunque ahora por medio de la crítica, es el viejo argumento de la igualdad en la separación. Los negros son diferentes: aquí el pathos radica en que a la mayoría de los negros se les ha hecho creer esto, la tragedia implícita de la proclamación de su diferencia. Las teorías chocan, ya que el radical busca nivelar el rango del desposeído con el del privilegiado, mientras que el liberal y sus inconscientes cómplices –los poetas del pobre y de la "retórica revolucionaria"– temen perder "lo suyo" si permiten que el pensamiento y la educación se amplíen mediante beneficios materialistas. A menudo es el mismo poeta culto y privilegiado quien encubre su educación y sus privilegios tras el falso exotismo de la pobreza y lo bucólico. Escriben de un modo y hablan de otro. Antes fue la traición de los clérigos, ahora tenemos la traición de los intelectuales.

La degradación de la técnica, cuando ésta permanece abierta como pregunta, se oculta en la originalidad. La mala poesía escrita por negros es preferible a la buena poesía escrita por blancos, ya que, dicen los revolucionarios, no es posible aplicar los mismos criterios. Esto se ve como orgullo, lo opuesto de la inferioridad. Asimismo, es posible aislar, de entre el proceder estilístico general de este escritor, esa ingenuidad beligerante o el júbilo ilimitado que caracterizan a la literatura pubescente; una literatura que de manera inconsciente acepta su condición susceptible de elogio o corrección; que tal vez llegue a resistirse –aunque también a insinuarse por medio de la resistencia– a los correctivos de un "superior" o por lo menos de una disciplina o tradición más añeja. Es defectuosa en tanto que también ve la historia como una escalera al logro, pero comporta una energía competitiva que, o a menudo fracasa por agotamiento, o deslumbra por su prolijidad. Es maníaca, es inferior, pero está segura de la ruta que toma y de los obstáculos que enfrenta. Atrae a semejantes. De modo que, por pureza, por un afro-arianismo negro puro, sólo es válido un negro inmaculado, y lo antillano es una mancha, mientras que otras razas lo adulteran. Los extremistas, los puristas, están comenzando a ejercitarse en tales infecciones, por lo cual un escritor de sangre "mixta", es decir "degradada", no puede ser más fuerte que un liberal. Esto dará lugar al desarrollo de un rico individualismo que pasa por el tamiz de una amargura más honda; intensificará el egocentrismo y el aislamiento, ya que los valores de estos escritores y poetas son más complejos. Parecerán más imperialistas, nostálgicos y al margen del ímpetu del proletariado antillano, pues no pueden en realidad simplificar las intricaciones y el pensamiento de la raza. Se volverán ermitaños o especies solitarias, híbridos cada vez más exóticos, puentes rotos entre dos linajes, Europa y el Tercer Mundo de África y Asia. En otras palabras, se convertirán en islas. Y por este aislamiento su destino crónico será el de parecer inaccesibles, irrelevantes, remotos. La maquinaria del radicalismo, que convierte en héroes culturales a escritores más violentos y que hace de la inmediatez una virtud, los pasará por alto. Están condenados a no rebasar la edad de los cuarenta.

Y todo esto ha sido consecuencia, en el fondo, de un rechazo del lenguaje. El nuevo culto a la incoherencia, a la repetición obsesiva, glorifica al aprendiz y atrofia asimismo a la juventud, a quienes se precave contra la asimilación. Es como si el instinto del negro siguiera siendo la fuga, la fuga hacia el laberinto, la fuga hacia una suerte de olvido muy particular ajeno a las banalidades de la pobreza y al peso de un nuevo imperialismo industrial: el de las "estructuras de poder" en ausencia que controlan la economía del archipiélago. Que siempre habrá erupciones de desafío es en sí casi una irrelevancia, pues el motor de tales estallidos, su filosofía política, sigue siendo simplista y superficial. El que todos los negros sean hermosos es una afirmación enervante; que todos los negros son hermanos parece más una reprimenda que una guía de acción; que el pueblo debe detentar el poder, casi un deseo de muerte, pues el verdadero poder en estos tiempos es silente. El arte no puede permanecer mucho tiempo en esta pizarra. Se derrumba del mismo modo que aquellas consignas, fragmentos y trozos de una falla histórica. El poder se subdivide y tribaliza cada vez más cuando se toma la genética por su fundamento. Desemboca en las justicieras guerras secundarias del Tercer Mundo, en la automutilación de las guerras civiles, en las fronterizas divisiones de los poderes de tercera del Tercer Mundo, manipuladas e impulsadas por los poderes primeros. Aumentan los genocidios, se multiplican las guerras tribales, y cada vez se vuelven más alucinadas y remotas. Nigeria, Bangladesh, Vietnam, el Oriente Medio –las Españas de nuestra época. Las revoluciones provinciales sólo pueden dispensar una compasión vaga y general, ya que bien se sabe quiénes las dirigen y escenifican. Están convencidos de que ellos mismos son víctimas de manipulación.

La revolución está aquí. Siempre lo ha estado. No requiere del decorado del turismo africano o las posturas y el discurso del momento de los ghettos metropolitanos. Sustitúyase la palabra "barriada" por la de "ghetto" y se obtiene la psicología del funk, una psicología de mercado de la que, de manera inadvertida, al cabo de la revolución física, se han ido apropiando los comerciantes mediterráneos y asiáticos. El alma (el soul ) es un objeto de comercio, es una prenda.

El énfasis "metropolitano" de la "revolución" ha opacado la condición del campesino, del hombre inevitablemente enraizado, y el revolucionario urbano es, bien por imitación o por naturaleza, un desarraigado y un desocupado –aunque a la moda– y con el tiempo un exiliado potencial. El hombre del campo no puede darse el lujo de estos cambios urbanos. Él es el verdadero africano que no necesita proclamarlo.

Sobre la historia como exilio

Si no quiere sentirse perdido, el colono en el exilio debe asumir cierta postura de cinismo metropolitano, a no ser que prefiera el total aislamiento o la desesperada, ruidosa nostalgia de sus hermanos exiliados. Este cinismo es una representación del intento de ahondar en el sentimiento de la historia que yace dentro de todo ciudadano inglés y europeo, pero que él nunca ha llegado a sentir por África o Asia. Aquí se desarrolla otro sentimiento: el de inferioridad. Nos vamos percatando de cuán cerca estamos de la locura aquí, pues dicho sentimiento no califica el significado de un acontecimiento, sino el acontecimiento mismo, la dinámica del acontecimiento como de segundo rango. Imposible convencer al exiliado a abandonar esta actitud. Ha elegido ver la historia de este modo, y en eso consiste su visión. Las simplificaciones que se hacen del imperialismo, de la herencia colonial, resultan más honrosas, pues dotaron a las toscas tribus de dignidad. Pero menos honesta aún que el colono en el exilio es la generación que le sigue. Ésta quiere dar un salto eugenésico del imperialismo a la independencia apoyándose en el anhelo de alcanzar la dignidad ancestral del guerrero-viajero. Costumbres misteriosas. Dioses difuntos. Rituales sagrados. Sin embargo, tan hijos son éstos del ideal decimonónico como el colono: el romance del soldado inglés y el guerrero salvaje, la simplificación de elegir ser el indio en vez del vaquero, filtrada a través de películas y literatura adolescente, son la visión romántica imperial llevada hasta el delirio. La postura es melodramática, el lenguaje de sus formas una idealización de la literatura de aventuras cuyo recuerdo nos conduce hasta el Capitán Marryat, Kipling o Rider Haggard. Se trata de una continuación del romance juvenil con tambores africanos, danzas tribales, sacrificios bárbaros pero sagrados, viajes dorados, ciudades perdidas. En el fondo del subconsciente yace una Atlántida negra enterrada en un mar de arena.

El colono es más rudo. Su idea de la historia es la del mundo que lo rodea, de una banalidad casi inexpresable. Ve el siglo veinte sin autoengaño o fantasía juvenil. El otro maldice la banalidad y se inclina por el mito. Los poetas del segundo grupo ahora comienzan a ver en la poesía una forma de educación histórica. Su objetivo es la literatura oficializada de las escuelas, los sociólogos, sus colegas historiadores y, sobre todo, la revolución. Se dejan hechizar por la eficacia de la poesía como aspecto del poder no a través de su lenguaje sino a través de sus temas. Su poesía se convierte así en una suerte de acompañamiento musical de ciertas tesis, y como historia se ve forzada a excluir ciertas contradicciones, pues la historia no puede registrarse con ambigüedades. Cualquiera que haya sido su motivo, el hecho tuvo lugar o no lo tuvo. Toda manifestación de piedad lleva la marca de la infamia; toda forma, la de la hipocresía.

Estos poetas inevitablemente caen en una creciente obsesión por la innovación de las formas, y asumen esta actitud como una estrategia crítica que servirá para atacar a otros y defender al mismo tiempo su propia postura, si es que ésta ha de verse como una elección espontánea. Desde un punto de vista conservador, es una imitación de lo que considera el modo tribal, y no repara en distinciones entre la artificialidad del gran estilo de la ceremonia tribal y el lenguaje que emplea para lograrlo. Llega incluso a utilizar fragmentos de la lengua original a manera de ornato, aunque este lenguaje no sea su lengua natural. Un nuevo tipo de conservadurismo hace su aparición, una nueva dignidad, más reaccionaria y pomposa que la dirección tomada por el lenguaje empleado. Se desplaza de manera errática entre el fácil aplauso del dialecto, el argot de la tribu y el discurso ceremonial, la "memoria" de la tribu, es decir, entre la recién adquirida dignidad y la popular; y en medio de esto no hay nada. La voz normal del poeta, su propia voz que habla, se ha perdido, y no hay un lenguaje escrito.

No, si buscamos la imaginación originaria de la literatura antillana, su aspecto "revolucionario", la encontraremos en plena evolución dentro de la narrativa antillana; el principio poético está más despierto en nuestra mejor prosa, y sea cual fuere el impulso étnico detrás de esta imaginación, ha servido para ahondar en las raíces del hombre contemporáneo con la misma fuerza que los poetas de otras razas que utilizan el inglés. En Otros leopardos, del novelista guyanés Denis Williams, aparece el siguiente pasaje:

Ahora, habiendo retirado mi cuerpo junto con sus últimas huellas, me encuentro sin contexto definido. Subiendo por este árbol, arrancando, una a una, todas las espinas, me envuelve la oscuridad de ninguna parte, no soy nada, en ninguna parte. Esto ya es ganancia. Hughie no ha logrado encontrarme: lo he burlado. He conseguido un estado valioso: una condición al margen de su método. Ahora sólo resta despojarme de mi conciencia. Y esto lo puedo hacer cuando quiera. Estoy libre de la tierra. No necesito bajar a ella por nada.

En "Wodwo", de Ted Hughes, leemos:

¿Qué soy yo? Olisqueando aquí revolviendo las hojas
siguiendo un tenue rastro en el aire hasta la margen del
/río
entro en el agua...

Al parecer
aparte del suelo no enraizado sino dejado caer
como si nada desde nada ya sin hilos
que me aten a nada puedo moverme a dondequiera
se me ha concedido al parecer ser libre
de este lugar qué soy entonces...

Lo cual –y perdonen las citas interrumpidas- es el tono del poema entero –lenguaje, tono, titubeo, certidumbre, la deliberada elección de nombres propios, el numinoso proceso en Williams de la reducción de un hombre, en Hughes un hombre en proceso de evolución. El pasaje de la novela y el poema completo de Hughes son lo mismo. Y no lo son sólo en cuanto al tema, la antropología; de hecho, son abiertamente distintos en estructura, y descartamos absolutamente la cuestión de la influencia mutua, a excepción de Hughes, quien había ya leído el libro de Williams publicado algunos años antes. Pero lo que sí está ahí es la desplazada, escrutadora psique del hombre moderno, la reversión del hombre del siglo veinte, sea éste de África o de Yorkshire, hacia sus orígenes preadánicos, hacia la prehistoria, y este contagio de locura compartido se da de manera universal en la poesía contemporánea, en particular en un poeta como Samuel Beckett.

Los vocablos se convulsionan, la búsqueda es angustiosa, la pronunciación de los sustantivos elegidos, el rechazo cínico o violento de la misma cosa nombrada, o la originaria o final exaltación del poder o la decadencia de la Palabra misma, un proceso compartido por tres escritores radicalmente distintos: uno africano-guyanés, otro británico-celta, y el tercero irlandés-celta. Lo que ellos comparten va más allá del lenguaje: es un taladrar, minar, un horadar de topo o grillo real en la entraña originaria de la vida, o en sus detritos. Logos como excremento. Logos como espasmo generativo.

En el sentido de que se trata de tres escritores negros, sólo nos es lícito emplear el término "negro" para referirnos a esa malevolencia dirigida al sistema histórico. El Viejo Mundo, o los paseantes en el Viejo Mundo, o aquéllos que existen en el Viejo Mundo, ya sea éste el África, o el subacuático mundo de Yorkshire, profundo como Inglaterra, o el beckettiano gris, innombrado e innombrable universo de una civilización náufraga; éstos, amargados por dichos mundos, escriben con negrura, con un pesimismo purgativo que va más allá de lo mórbido. Acaso el mismo proceso se advierte en el Nuevo Mundo entre los escritores que poseen una fuerza optimista o visionaria, se advierte el mismo lento nombrar de las cosas. Esto se da cabalmente en Wilson Harris. Pero esta negrura es luminosa. Lo negro en Williams vuelve en su locura nuevamente al inicio. Sube su árbol de espinas, retorna a los orígenes antropológicos de toda la humanidad, y sin duda habrá de descender una vez más, como el monstruo medieval de Hughes, al experimentar su exultante metamorfosis de demonio en hombre conforme empieza a dar nombre a las cosas, y podrá demoler y destruir a la civilización entera con todo y sus lenguajes una vez más como esos seres arrastrándose por el lodo primordial y postatómico en Beckett. Estos tres ciclos elementales constituyen la común agonía de tres escritores racialmente distintos. Estos crudos ciclos son el conocimiento histórico del poeta. Pero esto ¿qué prueba? Prueba que los escritores más verdaderos son aquéllos que ven el lenguaje no como un proceso lingüístico sino como un elemento vivo. Nos demuestra con claridad la pereza de los poetas que confunden el lenguaje con la lingüística y la arqueología. Asimismo, echa por tierra los conceptos provinciales de la imitación y la originalidad. El temor a la imitación obsesiona a los poetas menores. Pero en cualquier época aparece el genio común de modo casi indistinguible, y la perpetuidad de este genio es la única tradición válida, y no aquélla que cataloga la poesía según épocas y escuelas. Sabemos que los grandes poetas no tienen el deseo de ser diferentes, ni el tiempo para ser originales; que su originalidad emerge sólo cuando han absorbido toda la poesía que han leído, íntegra; que su primera obra aparenta ser la acumulación de la basura de otros, pero que luego se convierten en fogatas; y que sólo los académicos y los poetas asustadizos hablan de la deuda de Beckett con Joyce.

La tribu exige de sus poetas el lenguaje más alto y más que sentimientos predecibles. Ahora perdonen esta digresión autobiográfica. Desde la infancia yo sabía que quería ser poeta, y como a cualquier otro niño de la colonia se me enseñó literatura inglesa, mi heredad natural. Olvídense de la nieve y los narcisos. Éstos eran reales, más reales tal vez que el calor y las adelfas, pues vivían en la página, en la imaginación, y, por lo tanto, en la memoria. Hay en literatura una memoria de la imaginación que nada tiene que ver con la experiencia real, la cual es, de hecho, otra existencia, y esta experiencia de la imaginación seguirá trayendo a la realidad la aventura del caballero medieval o el continente entero de una ballena blanca, y todo gracias a una imaginación compartida. El mundo de la poesía era natural y nunca limitado por aquello que ningún niño en verdad acepta como el mundo real; y por supuesto, más tarde vendrán el desencanto y el apartamiento. Pero éstos no son del todo importantes, pasan a formar parte de la madurez. De manera más simple: una vez que hube decidido hacer de la poesía mi vida, mi vida actual, no la imaginativa, sentí a la vez rechazo y temor ante Europa conforme avanzaba en el aprendizaje de su poesía. He seguido así, pero las emociones han cambiado, pues tan lejos estoy de querer visitar Europa como para reconquistarla como de ir al África por el mismo motivo. Lo que en el esclavo sobrevive es la nostalgia de las formas imperiales, sean europeas o africanas. Y sentía, y sabía, que de ir a Inglaterra nunca me habría convertido en poeta, y mucho menos de las Indias Orientales, y eso era lo único en lo que veía que me podía convertir: en un poeta de las Indias Orientales. El lenguaje que utilizaba no me molestaba. Lo había dado, y me había sido dado irreparablemente; tan imposible de mi parte devolverlo como de la suya reclamarlo. Pero temía a las catedrales, la música, el peso de la historia, no tanto porque yo fuera un extraño como porque sentía que la historia era un fardo destinado a otros. No me entusiasmaba la continuación de su proceso, sino el descubrimiento, el simple fardo del trabajo, pues había demasiado por hacer aquí mismo. Sin embargo, mientras más viejo y confiado me volvía, más intenso era mi aislamiento como poeta, más sentía la necesidad de hacerme omnívoro en todo lo tocante a arte y literatura de Europa para empezar a comprender mi propio mundo. Escribo "mi propio mundo" porque no me cabía la menor duda de que era mío, de que me había sido regalado, no por la historia, sino por Dios, junto con mi talento. En aquel tiempo a nadie se le ocurrió realizar la anatomía de la honestidad de mi compromiso, nadie me apresuró a abandonar viejos valores, pero estas personas más tarde habrían de sufrir enorme angustia a causa de su rechazo y su arrogante presunción. Éstas son formas de calificar la fe, pero son de importancia. Nos engañan los nuevos profetas de la amargura que quieren advertirnos sobre ciertas experiencias que nunca hemos querido ni siquiera tener, pero la sociedad, en su conjunto, o no ha mostrado interés o no ha tenido la oportunidad de llevarlas, de cumplirlas. Estos profetas predican no a los conversos sino a aquéllos que nunca perdieron la fe. No me refiero a la fe religiosa sino a la realidad. Los pescadores y campesinos saben quiénes son, y cuando les mostramos nuestra sensibilidad herida, nosotros, la mayoría de nosotros, mostramos heridas causadas por nosotros mismos.

Acepto este archipiélago de las Américas. Yo le digo al ancestro que me vendió, y al ancestro que me compró: no tengo padre, no quiero semejante padre, aunque te puedo entender, fantasma negro, fantasma blanco, cuando ambos susurran "historia" al unísono, porque si intentara perdonarlos a ambos caería en su idea de la historia, que justifica y explica y expía, y no está en mí perdonarla, mi memoria no logra llamar hacia sí ningún amor filial, pues los rasgos de los dos son anónimos y borrosos, y no tengo deseos ni poder para perdonar. Cuando representaron los papeles que les encomendaron, sus históricos papeles de vendedor de esclavos y comprador de esclavos, eran ustedes hombres representando el papel de hombres; y también tú, padre en el intestino inmundo del barco de esclavos, para ti también eran hombres, representando el papel de hombres, crueles como los hombres –tu semejante, tu hermano de tribu, ni movido ni suspendido en su titubear en torno de la raza que los une, como tampoco mi otro ancestro bastardo, suspendido con el látigo en la mano. Es a ustedes otros, mis abuelos, íntimamente perdonados, a quienes, como el más honesto de mi raza, doy estas extrañas gracias; estas extrañas y amargas y ennoblecedoras gracias por el monumental gemido y la soldadura de dos grandes mundos, como las dos mitades de una fruta abierta por su propio amargo jugo; ustedes que, exiliados de sus propios Edenes, me colocaron en el asombro de este otro, y he ahí mi herencia, y vuestro regalo.

© Derek Walcott. "The muse of history", en What the twighligth says.
Essays, Nueva York, 1998, pp. 36-64.
Traducción del inglés: Sergio Negrete Salinas
Traducción de los poemas de Aimé Césaire
y de Saint-John Perse: José Luis Rivas


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"... en nombre de cosas tales, letras, libros y banderas andan las personas matándose unas a otras...". José Saramago

La seducción del poder

Conversación entre Mario Vargas Llosa y Enrique Krauze

Extensión: 3.314 palabras

Enrique Krauze: Te propongo que para empezar hablemos de dos misterios: el misterio del poder y el de la libertad, cuya tensión recorre nuestra historia latinoamericana. Tengo algunas ideas sobre el primero: un poder personal opresivo, dictatorial, tiránico, como el que ha caracterizado a las sociedades latinoamericanas. Tú hablas de este poder en tu libro. Hablas de los rasgos físicos de la dominación: la mirada, el mito del hombre que no sudaba; del patrimonialismo; del organigrama de esa dominación de Trujillo, que tenía su policía, su administrador personal, su asesor legal, que era Cabral, su poeta o su intelectual de cámara, que era Balaguer; hablas de la brutalidad escalofriante de ese régimen, y también dices que había una entrega de los cuerpos, almas y conciencias de millones de personas a un solo hombre. Y hablas del masoquismo. "Trujillo les sacó —dices— del fondo del alma una vocación masoquista, de seres que necesitaban ser escupidos, maltratados, y sintiéndose abyectos se realizaban". También hablas en otro momento del poder hipnótico del dictador, "algo más sutil e indefinible que el miedo", dices, refiriéndote a esa parálisis, ese adormecimiento de la voluntad y del libre albedrío. Y finalmente, en una frase que me parece clave, hablas de la consustanciación mística con el jefe en la que el dominicano había vivido 32 años. ¿Consideras estos elementos constitutivos, trágicamente constitutivos de la historia latinoamericana?

Mario Vargas LLosa: Creo que esta novela la escribí a partir del misterio de que Trujillo llegara a acumular un poder semejante. Ocurrió el año 1975. Yo estuve en República Dominicana cerca de ocho meses y oí muchísimas anécdotas sobre un tema que parecía inevitable en todas las conversaciones con dominicanos: la era de Trujillo. También leí algunos libros sobre este personaje, sobre la conspiración para acabar con él, sobre la vertiginosa represión que siguió al magnicidio. Y de todo eso quizá lo que más me impresionó fue la conducta de personajes como el general Román, conspiradores importantísimos que hicieron fracasar la conspiración, la cual tuvo éxito en su primera parte, el asesinato de Trujillo, pero fracasó en su segunda, el golpe de Estado y la constitución de una junta cívico-militar que llamaría a elecciones. ¿Por qué fracasó? Porque los principales conspiradores quedaron paralizados por lo que habían hecho, como si de pronto sintieran que habían violentado un tabú, algo sagrado, que les impidió seguir actuando e incluso los llevó a una actitud tan irracional como querer borrar su participación en la conspiración mandando asesinar a sus compañeros de conjura, sabiendo muy bien que eso era quimérico, que ya estaban condenados y que precisamente tratando de retroceder, de borrar lo imborrable, lo único que conseguían era acelerar su ruina. ¿Qué ocurrió con estos hombres, que no eran cobardes, ni muchísimo menos? Que Trujillo seguía dentro de ellos, vivo aunque el cadáver estaba allí; seguía dominándolos, avasallándolos, empequeñeciéndolos desde el interior de su propia personalidad. Ese fue uno de los incentivos mayores que tuve para fantasear una historia en ese contexto. Creo que lo que ocurrió con estos personajes, y con la inmensa mayoría de los dominicanos que vivió en ese estado de sometimiento al tirano, es algo que por desgracia ha ocurrido no sólo en América Latina sino en el mundo entero, y que es la tradición más robusta de la humanidad. La verdadera tradición histórica no es la de una sociedad de ciudadanos libres que tienen una relación democrática con el poder, hecha desde la libertad, la soberanía, sino exactamente la contraria. Esa tradición ha tenido manifestaciones diversas en distintos países. En América Latina desde luego, pero tiene un denominador común con lo que ocurría en Europa, en el África, en el Asia. Entonces, una de mis preocupaciones cuando escribí la novela era mostrar cómo lo que ocurre en la República Dominicana de ninguna manera es privativo ni de ese país ni, en consecuencia, de ese personaje.
También creo que es muy interesante advertir cómo eso es la culminación de un proceso. Cuando Trujillo toma el poder en 1930, en unas elecciones fraguadas, no es ni sombra de lo que será diez, quince o veinte años después. ¿Por qué? Porque su poder está al principio limitado, y entonces no hay esa entrega, esa sumisión que luego va ocurriendo a medida que ese poder se consolida y aumenta, porque es la mejor autodefensa, la mejor medida de supervivencia para un pueblo que entiende que sin esa entrega simplemente tiene la vida en peligro. ¿Cómo se llegó a esos extremos? Eso es lo que, aunque uno encuentre muchas explicaciones racionales, deja siempre una cierta perplejidad. Trujillo era seguramente un hombre odiado por una inmensa masa de dominicanos, y esa masa que lo odiaba al mismo tiempo lo adoraba. Y quienes sentían esta devoción por Trujillo, al extremo de haber abdicado a la más elemental dignidad humana, no eran ni mucho menos sólo los ignorantes, los humildes. No, llegaba también de la misma forma a los dominicanos más cultos, más informados. Quizás el caso más interesante sea el de Joaquín Balaguer, un hombre con ideas, con lecturas, que en una conferencia llegó a sostener, con argumentos muy bien formulados y en la buena prosa que llegó a tener, una teoría célebre, que formuló delante de Trujillo. La teoría comenzaba con esta pregunta: "¿Cómo es posible que este paisito pequeño, tropical, haya sobrevivido a tantos cataclismos?" En cuatrocientos años de historia ha debido resistir expediciones de conquista, ocupaciones extranjeras, guerras de exterminio, catástrofes naturales, incendios, y sin embargo no se ha desintegrado, como tantas otras sociedades en la historia de la civilización humana. ¿Por qué? La respuesta es: por decisión del ser supremo, que se echó sobre los hombros a lo largo de cuatrocientos años la tarea de salvar a este país de la extinción. Ahora, a partir del año 1930 el ser supremo —dice Balaguer— decide pasar la posta, confiar a alguien más la responsabilidad de salvar a la República Dominicana, y desde 1930 es Rafael Leónidas Trujillo Molina quien se echa sobre los hombros esta ímproba tarea, y la República Dominicana no sólo sobrevive sino que además deja de ser el paisillo atrasado, bárbaro que era, y se convierte en un país que se llena de carreteras, de luz eléctrica, que empieza realmente a ingresar en la modernidad.
Creo que el poder absoluto que llegó a acumular Trujillo lo convirtió en un semidiós para todo el mundo. Por eso uno ve con pasmo los extremos de humillación que podían soportar sus propios colaboradores, al resistir esas pruebas a las que los sometía simplemente para hacerles sentir quién era el jefe, recordárselos cada cierto tiempo, y medir los extremos de sacrificio y lealtad que podían darle. Creo que ese es uno de los aspectos más horrendos y extravagantes de la relación de Trujillo con sus súbditos. Por ejemplo, se acostaba con las mujeres de sus ministros, pero muchas veces uno tiene la sensación de que se acostaba no tanto porque esas señoras le gustaran, sino porque era una manera de comprobar si sus ministros estaban dispuestos a hacerle esa ofrenda y ese sacrificio. Esto parece una broma, una mojiganga y una farsa, y sin embargo no es así. Ministros a los que humilló de esta manera fueron hasta el final, e incluso después de muerto Trujillo, trujillistas absolutamente convencidos. Esa es la viejísima tradición de la humanidad de la que vino a librarnos eso que llamamos la cultura democrática.

EK: Hay que decir que un intelectual mexicano admirable, cuando menos el más admirable hasta 1929, es uno más en la lista de los intelectuales que admiraron a Trujillo, al grado de prologar un libro de su esposa. Se llamó José Vasconcelos. Volviendo a lo de la cultura política latinoamericana, ésta probablemente tiene su origen —el historiador Richard Morse lo ha estudiado muy bien— en un paradigma que proviene del neotomismo. Porque de acuerdo con esta reformulación, en los siglos XVI y XVII el pueblo no sólo está dispuesto, dice Morse, a delegar el poder, sino a enajenarlo de hecho a un centro patrimonial, llámese rey, virrey, cacique, caudillo, dictador, presidente, que coordina en un marco corporativo la energía social. La enajenación del poder en esta tradición es difícilmente revocable por medios pacíficos. Si a juicio de la soberanía popular el príncipe se comporta como un tirano o si flaquea en su apego teórico a la ley, en su vocación de bien común, el camino único es la insurrección y el tiranicidio. Es decir, debido a la falta de costumbres y de cultura democrática-liberal en nuestros países, no ha quedado más que la oscilación entre el poder enajenado de manera total y absoluta y, cuando éste llega a extremos inadmisibles, al grito de "¡Fuenteovejuna!", el tiranicidio. Uno de los personajes más conmovedores de tu libro, Estrella Sadhalá, es un hombre que encarna el otro misterio, el de la libertad. Es el libre albedrío que no puede tolerar al poder absoluto y que, motivado por la actitud de la Iglesia —es la época de Juan XXIII—, reacciona, vuelve a la teoría original del tiranicidio, y entonces se enrola para cortar la vida del tirano.
MVLL: Estrella Sadhalá efectivamente es un personaje muy conmovedor, porque personalmente no tenía absolutamente ninguna rencilla con el dictador, ni nada que reprocharle a la dictadura; al contrario, tenía muy buena posición: había recibido buenos contratos o buenos cargos de las empresas que la dictadura controlaba directa o indirectamente. En su caso, formar parte de la conjura es un movimiento puramente ético, que parte de su rechazo, su náusea ante lo que estaba ocurriendo en su país. Él era un hombre profundamente religioso, un católico que trató de vivir, sin conseguirlo por supuesto, absolutamente de acuerdo con los postulados de su fe; y eso lo torturaba, le provocaba crisis morales tremendas. En su caso, la carta pastoral de los obispos dominicanos criticando a Trujillo fue un paso definitivo para sentirse llamado a la acción. Qué tipo de acción era posible frente a Trujillo, tú lo has explicado muy bien: frente a un poder absoluto, no hay ninguna acción cívica pacífica posible; resulta, si se consigue realizarla, puramente retórica, transitoria, sin ningún efecto. Entonces él desde un principio llega a ese convencimiento: la única manera de acabar con este régimen es acabar con el centro, el corazón, el eje, la columna vertebral del régimen, que es Trujillo. Pero eso significaba matar y él era un católico. Esto le plantea un dilema moral, y consulta a su director espiritual, un padre canadiense que lo lleva donde el nuncio apostólico. El nuncio lo recibe, lo escucha y le acerca unos textos de Santo Tomás justificando el tiranicidio. Eso significa para Estrella Sadhalá una transformación extraordinaria: sale de ahí rejuvenecido, como liberado de un horrible peso, y se incorpora inmediatamente a una conspiración que sabía que estaba en marcha porque la dirigía uno de sus amigos más íntimos. El caso de Estrella Sadhalá de alguna manera contrarresta esa imagen tan deprimente, tan desmoralizante de un pueblo entero de rodillas y que parece satisfecho con la dictadura. No es el único caso. Hay personajes secundarios en mi libro que están ahí porque representan justamente esa alternativa que parece imposible, la de la resistencia al dictador; ahí están los conjurados, ahí está Estrella Sadhalá, y ahí están esas tres mujeres maravillosas que son las hermanas Miraval, que desde muy jóvenes comienzan a resistir en la medida pequeñita de sus posibilidades y que poco a poco —sobre todo una de ellas, mujer extraordinaria en la historia de América Latina, Minerva Miraval— se convierten en resistentes políticas, organizadoras de una acción clandestina, que pasan por la experiencia de la cárcel, las torturas, las humillaciones atroces a las que sometía Trujillo a las mujeres y sobre todo a las disidentes, que finalmente son asesinadas de la manera más atroz. Ese es un elemento fundamental en la conjura. Por lo menos cuatro de los siete conjurados realmente se deciden a dar el paso cuando ocurre lo de las Miraval. El único sobreviviente de ellos cuenta que la primera vez que lloró en su vida fue esa noche, cuando llegó la noticia a Ciudad Trujillo del asesinato, y exclamó una frase que aparece en todos los testimonios sobre la conjura: "Aquí nos matan a los padres, nos matan a los hermanos, nos matan a los amigos, y ahora también nos matan a nuestras mujeres. Esto es el límite: hay que matar a Trujillo".
En mi novela hay un personaje femenino central, Urania Cabral, que nace de esta idea: la dictadura desde luego fue feroz y sus efectos se hicieron sentir sobre toda la población dominicana, pero sobre la mujer esos efectos se ejercitaron con mucha más crueldad y violencia que sobre los hombres, porque en este caso al autoritarismo se sumaba el machismo. El machismo es un ingrediente central no sólo de la vida, sino de la política de control y de coerción de la sociedad dominicana ejercido por Trujillo, un dictador que desde un principio utiliza el sexo como uno de sus instrumentos de sujeción. De ahí viene el apodo El Chivo. Algunos, sobre todo entre los humildes, le mostraban al jefe su devoción haciéndole ofrenda de lo que más podían respetar dentro de una cultura machista: la virginidad de sus hijas. Esto, la primera vez que lo leí o lo escuché, me pareció de ciencia ficción, del famoso realismo mágico latinoamericano. Y sin embargo no es así, hay muchísimos testimonios. El testimonio para mí más fehaciente al respecto es el de un secretario de Trujillo que me contó esta historia alucinante: que en las giras de Trujillo no era infrecuente que en los pueblos aparecieran campesinos, hombres del lugar, que se acercaran "al jefe" con su hijita. Él me dijo: "Era un problema, porque el jefe naturalmente no podía recibir todos estos regalos, y entonces cómo no herir la susceptibilidad de estas gentes generosas que querían mostrarle respeto, cariño, admiración al superhombre". Bueno, es toda una idea de los extremos profundamente corruptores que tiene una dictadura a todos los niveles de la vida, incluso en lo más privado, en el interior de los hogares, en las costumbres más privadas. No era tonta esa ceremonia que obligaba a los dominicanos a tener dentro de su casa ese pequeño cartel que decía "En esta familia Trujillo es el jefe".

EK: Hay una larga genealogía de novelas de dictadores en América Latina. Es un género íntimamente ligado a la historia cultural, literaria, de nuestros países. Empieza en el siglo XIX, con las novelas sobre caudillos: el Facundo de Sarmiento, Valle Inclán con su Tirano Banderas, y luego las novelas de tu propia generación, o un poco anteriores, pero, en fin, publicadas en los cincuenta y sesenta: Yo el supremo, El señor presidente, las dos novelas de García Márquez, El otoño del patriarca y El general en su laberinto, y otras que tienen como escenario nuestros países y que atrajeron la atención de grandes escritores de habla inglesa, por ejemplo Nostromo de Conrad. Me gustaría que describieras cómo ves el lugar de La fiesta del Chivo en esta sucesión literaria, de cuál de esas novelas sientes que está cerca, de cuál lejos, por su actitud. Porque hay en ellas una diferencia entre el escritor que tiene una actitud libertaria o crítica, una distancia del poder, y el que tiene una fascinación por el poder. Porque muchas cosas pueden decirse y seguirán diciéndose sobre tu novela, pero tú logras revivir literariamente ese momento de América Latina y de la República Dominicana y a cada uno de esos personajes, pero en ningún momento sentí, en ninguna página, fascinación por el poder.

MVLL: No consigo juzgar mi obra con esa distancia, esa objetividad que me permita darle su posición exacta dentro de una clasificación. Quizá podría decir que en mi novela, por una predisposición natural, hay un tratamiento realista del tema del dictador, del caudillo, de la dictadura. Realista en el sentido de que a mí como escritor me gusta fingir la realidad, así como a los escritores de tipo fantástico les gusta fingir la irrealidad. En muchas novelas el tratamiento del dictador ha sido más bien farsesco, extravagante, teatral. Es el caso de El señor presidente de Asturias o El otoño del patriarca. Son personajes donde está fundamentalmente subrayado ese aspecto grotesco, extravagante, de anomalía humana y política. Ese es un tipo de aproximación que yo no haría. Conscientemente no creo haber tenido como modelos próximos ninguno de esos libros, aunque probablemente los he leído todos, y a algunos los admiro muchísimo. Uno de los libros que yo más admiro de la literatura latinoamericana es un libro sobre un dictador que es El reino de este mundo de Carpentier, una de las obras maestras que se han escrito en nuestra lengua, y una novela que parece de pura imaginación, y en la que en realidad, como demostró aquí una crítica del Instituto de Altos Estudios, todas las extravagancias, los excesos, las truculencias, las delirantes realizaciones están documentados en crónicas, en testimonios, en biografías.
Quizá lo que podría decir es que parece un poco absurdo seguir escribiendo novelas sobre el dictador habiendo tantas y tan buenas. Sin embargo, creo que, como a todos los escritores, me ocurre que yo no elijo realmente los temas con esa libertad; los temas se me van imponiendo de una manera impremeditada, van formando parte de mi experiencia a través de imágenes que están en la memoria y que luego generan un fantaseo, un embrión de historia, y cuando tomo realmente conciencia cabal de que estoy embarcado en esta aventura, la aventura está ya muy avanzada. Escribo sobre ese tema porque siento que a esas alturas no puedo dejar de hacerlo. Así he escrito todas mis novelas.
La segunda parte de tu pregunta toca un punto neurálgico de la creación literaria. Cuando uno escribe sobre algo a lo que dedica tanta curiosidad, tanto esfuerzo, puede mantener una distancia, una hostilidad, una actitud crítica como la que yo mantengo en la vida real contra las dictaduras. Si hay algo que yo odio, que me repugna profundamente, que me indigna, es una dictadura. No es solamente una convicción política, un principio moral: es un movimiento de las entrañas, una actitud visceral, quizá porque he padecido muchas dictaduras en mi propio país, quizá porque desde muy niño viví en carne propia lo que es esa autoridad que se impone con brutalidad. En La fiesta del Chivo, cuando escribía sobre Abbes García, la conducta de ese personaje me hizo sentir lo que es el mal, es decir, ese vértigo de crueldad, de frialdad que puede producir abominaciones tan horrendas como las que llegó a producir este personaje. Pero aun en el caso de Abbes García no hubiera sido posible inventarlo a partir del puro odio, eso es imposible. Uno no puede inventar a un personaje creíble sin mostrar de alguna manera su humanidad, es decir, junto a los demonios que lo habitan y que nos habitan a todos, algo de los ángeles que también nos habitan a todos, a los peores monstruos o a los seres respetables y dignos. Es esa paradoja de la literatura: al final el horror, la violencia, la crueldad, son también hijos de quien los crea y con los hijos uno tiene una relación entrañable, una relación que tiene que ver con los sentimientos, con la pasión, casi hasta con la admiración. Uno escribe sobre un personaje como Trujillo y aunque se toma una distancia crítica y la conciencia funciona con libertad, en ese proceso lento, largo, de convertirlo en algo que finge la vida y que llega a ser vida es imposible no sentir fascinación y hasta cariño por algo que nace de lo que uno hace. En la literatura lograda todo es bello. Incluso lo feo, lo horrible, lo atroz, tiene que convertirse en algo que nos seduzca para que le demos nuestra credulidad.

Letras Libres (México) Julio del 2000 N° 19


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"Historia y literatura -verdad y mentira, realidad y ficción- se mezclan en estos textos de manera a menudo inextricable. La delgada línea de demarcación que las separa está continuamente evaporándose para que ambos mundos se confundan en una totalidad que es tanto más seductora como más ambigua, porque en ella lo verosímil y lo inverosímil parecen una misma sustancia". Mario Vargas Llosa


¿Por qué fracasa América Latina?

Mario Vargas Llosa

Extensión: 2.861 palabras

Cuando llegué a España en el año 58 era frase bastante corriente el decir “los españoles no estamos preparados para la democracia. Si aquí desapareciera Franco esto sería el caos, quizás nuevamente la guerra civil”. Y sin embargo no ha sido así. Cayó la dictadura, vino una transición admirable, ejemplar, hacia la democracia, y la democracia en España ha tenido éxito. Ha habido consensos de las fuerzas políticas que dieron una estabilidad al país que le permitió a la democracia española resistir los intentos involucionistas, golpistas, y yo diría sin triunfalismo de ninguna especie. Nadie puede negar que España es la historia feliz de los tiempos modernos, lo cual se debe en cierta forma a la inmensa mayoría de los españoles de muy distintas convicciones políticas que han sido capaces de actuar civilizadamente, estableciendo justamente ese denominador común que hace que las instituciones funcionen y que un país crezca.

¿Por qué en América Latina no hay un clima así? ¿Por qué nuestros intentos de modernización una y otra vez fracasan? Creo que la idea del desarrollo, del progreso de la civilización tiene que ser simultáneamente económica, y política y cultural, y aquí empleo una palabra que a muchos va a pararles las orejas: ética o moral. En América Latina hay una falta de confianza total de la inmensa mayoría de latinoamericanos hacia las instituciones, y esta es una de las razones por las que nuestras instituciones fracasan. Las instituciones no pueden vivir en un país si la gente no cree en ellas y, por el contrario, tienen una desconfianza fundamental y ve en ellas no una garantía de seguridad, de justicia, sino exactamente todo lo contrario.

Dejen que les diga como anécdota personal. Después de un tiempo de estar viviendo en Inglaterra, de pronto me di cuenta de que me ocurría algo curioso, que no me sentía nervioso cuando cruzaba a un policía. Hasta entonces, a mí siempre me había pasado que frente a un policía yo sentía cierto nerviosismo, como si ese policía de alguna manera representara potencialmente para mí un peligro. Los policías en Inglaterra no me produjeron jamás ese sentimiento de recelo, de secreta inquietud. No iban armados, o simplemente porque los policías en Inglaterra parecían prestar un servicio público y no estar allí para aprovecharse de alguna manera de ese pequeño poder que les daba el uniforme, el palo o la pistola que llevaban encima. En el Perú y en la mayor parte de los países de América Latina, los ciudadanos tienen razón de sentirse alarmados, inquietos, cuando se cruzan con un uniformado, porque hay muchas posibilidades de que el uniformado utilice el uniforme, no para defender su seguridad, sino para esquilmarlos. Entonces, eso que ocurre para los policías ocurre también con las otras instituciones.

Esos ejemplos al final crean un estado de cosas en el que las instituciones simplemente no pueden funcionar porque no están sostenidas o respaldadas por aquello que es fundamental en una sociedad democrática, la confianza de la ciudadanía hacia ellas, la convicción de que estas instituciones están allí para garantizar la seguridad, la justicia, la civilización.

Esa es una de las razones por las que las reformas que se han hecho en América Latina han fracasado una y otra vez. Paulo Rabello de Brasil decía que las gentes que han votado por millones, por Lula, no han votado por el socialismo en la mayoría de los casos, han votado por algo diferente a lo que tienen y eso diferente lo ha conseguido encarnar a través de carisma o demagogia. Es lo mismo que ha pasado, por ejemplo, en Venezuela. Este país que potencialmente es riquísimo, que debería tener uno de los niveles de vida más altos del mundo, se debate en una crisis atroz, y tiene al frente del gobierno a un gran demagogo, que puede realmente destruir a Venezuela. Y sin embargo no es casual que el comandante Chávez esté en el poder. Él ha llegado al poder con el voto de una gran mayoría de venezolanos totalmente disgustados y asqueados de la democracia que tenían, una democracia que no era sólo de nombre, y a la sombra de la cual, la corrupción imperó de una manera realmente vertiginosa, eliminando las posibilidades de una inmensa mayoría de venezolanos, de sus expectativas, sus sueños y enriqueciendo pavorosamente a unas pequeñas, ínfimas, minorías unidas con el poder.

Reformas liberales

En ese contexto, las reformas liberales que nosotros defendemos, que nosotros promovemos, que nosotros sabemos son eficaces para desarrollar un país, ¿cómo pueden funcionar? Una reforma mal hecha es muchas veces peor que una falta total de reformas, y en este sentido, el caso del Perú es ejemplar. Nosotros, durante la dictadura de Fujimori y Montesinos entre 1990 y el año 2000 tuvimos aparentemente reformas liberales radicales, se privatizó más que en ningún otro país de América Latina. ¿Y cómo se privatizó? Se privatizó transfiriendo monopolios públicos a monopolios privados. ¿Para qué se privatizó? No para lo que se debe privatizar, según creemos nosotros, los liberales, para que haya competencia y para que la competencia mejore los productos y los servicios y baje los precios y para diseminar la propiedad privada en quienes no tienen propiedad como se ha hecho en las democracias occidentales más avanzadas en los procesos de privatización, como se hizo en Gran Bretaña, donde la privatización sirvió para difundir la propiedad privada enormemente entre los usuarios y entre los empleados de las empresas privatizadas. No, se hizo para enriquecer a determinados intereses particulares, empresarios, compañías, o los propios detentadores del poder.

¿Cómo pueden los peruanos creernos, cuando nosotros les decimos que la privatización es indispensable para que un país se desarrolle, si la privatización para los peruanos ha significado que los ministros del señor Fujimori se enriquecieron extraordinariamente, que las compañías de los ministros y asociados del señor Fujimori fueron las únicas compañías que tuvieron extraordinarios beneficios en estos años de la dictadura? Por eso cuando los demagogos dicen “la catástrofe del Perú, la catástrofe de América Latina son los neoliberales”, esas gentes esquilmadas, engañadas, les creen y como necesitan un chivo expiatorio, alguien a quien hacer responsable de lo mal que les va, pues entonces nos odian a nosotros los “neoliberales”.

El gobierno de Toledo ha intentado privatizar unas empresas en la ciudad donde yo nací, en Arequipa, y el pueblo arequipeño salió en masa, levantó los adoquines, llenó las calles de barricadas, e impidió la privatización. Si uno mira las cifras en el papel es algo insensato, algo absolutamente demencial. Las empresas privatizadas no servían para nada, no cumplían en absoluto con la función que les estaba encomendada y eran una rémora para el país, para el Estado, es decir, para los pobres peruanos, y las empresas que habían ganado la licitación, unas empresas belgas iban a inyectar un capital fresco, iban a instalarse en Arequipa. Habían, además, ofrecido una serie de inversiones colaterales, iban a beneficiar muchísimo a esta ciudad y nada de eso fue creído por gentes profundamente decepcionadas por esos diez años de supuesto liberalismo radical que vivió el país con Fujimori.

Bueno, eso es lo que ha pasado en la mayor parte de los países latinoamericanos. Esas reformas en el fondo no eran liberales, eran una caricatura de las reformas liberales, pero eso lo sabemos nosotros, eso no lo saben unos públicos desinformados, unos públicos buena parte de los cuales están en una lucha feroz por la mera supervivencia, porque América Latina, y esto es algo que es muy triste decirlo, se ha empobrecido tremendamente en las últimas décadas. Se ha empobrecido en el caso de algunos países de una manera verdaderamente pavorosa.

Yo estuve a fines del año pasado haciendo un recorrido por lo que se llama el Trapecio Andino del Perú, la parte de Ayacucho, una parte tremendamente maltratada en la época del terrorismo y una región tradicionalmente muy pobre en el Perú. Y yo la había recorrido mucho entre 1987 y 1990 y salí verdaderamente espantado del empobrecimiento que había experimentado esa región, por pobre o misérrima que ya la recordaba, estaba muchísimo peor y esta región es empobrecía como se empobrecía el resto del Perú, mientras un puñadito de bandidos, de gángsters encaramados en el poder, se enriquecían vertiginosamente. Entonces cuando hablamos nosotros del desarrollo, no podemos enfocar la idea del desarrollo fundamentalmente como una serie de reformas económicas que van a poner en marcha el aparato productivo del país y van a aumentar nuestras exportaciones y van a permitir que el país por fin entre en un proceso de modernización. No, el desarrollo que nosotros necesitamos tiene que ser un desarrollo simultáneo, un desarrollo que al mismo tiempo que mejore nuestros índices de crecimiento y producción, haga funcionar a estas instituciones que hoy en día no funcionan y consiga para estas instituciones la credibilidad, la confianza, la solidaridad que es lo que hace que las instituciones funcionen en una sociedad democrática. Eso no existe en América Latina y esa es una de las razones por las que fracasan las reformas económicas, incluso cuando están bien orientadas.

Ladrones en casa

Carlos Alberto Montaner decía una cosa que a mí me parece muy exacta. Tenemos que adecentar un poco la política. No es posible que unos países se desarrollen si quienes los gobiernan, o quienes tienen las responsabilidades políticas, pues, son Alemán (Nicaragua), Chávez (Venezuela), Fujimori (Perú), verdaderos gángsters, auténticos bandidos que entran al gobierno como entra un ladrón a una casa a robar, a saquear, a enriquecerse de la manera más cínica, más rápida posible. ¿Cómo va a ser la política una actividad atractiva para las personas idealistas? Los jóvenes ven la política naturalmente con espanto, como robo. Y la única manera de adecentar la política es llevando a la política gentes decentes, gentes que no roben, gentes que hagan lo que dicen que van a hacer, que no mientan o que mientan poco, lo inevitable.

Me han preguntado muchas veces: “¿a quién admira usted en América Latina?”. Y siempre cito a la misma persona, y me temo que muchos de ustedes no han oído nombrar o han ya olvidado, y es el ex presidente Alfredo Cristiani, de El Salvador. Es una persona que yo admiro mucho, y no es un político, es un empresario. Cristiani, un empresario que decidió en un momento entrar en política, en un momento terrible, trágico, cuando el ejército y las guerrillas se mataban en las calles de San Salvador y donde los muertos, los desaparecidos, los torturados eran incontables. Y en ese momento, el señor Cristiani, un empresario, un hombre fundamentalmente decente, nada carismático, nada del típico hombre fuerte latinoamericano, mal orador, decide entrar en política y entra y gana las elecciones y el gobierno. Y gobierna de una manera discreta, de una manera nada carismática y en los años que está en el gobierno deja a su país mejor de lo que lo encontró. Y eso parece muy poca cosa, pero, en realidad, fue una hazaña casi única. Cuando Cristiani entró en el gobierno se mataban en las calles de San Salvador y los muertos eran innumerables y cuando él salió, las guerrillas y el gobierno habían firmado la paz, y los guerrilleros se presentaban a elecciones y pedían los votos del público y entraban al Parlamento y desde entonces hay paz en El Salvador. Un país que, como lo contó bien Carlos Alberto Montaner, es un país que progresa, despacito, pero progresa de verdad, es decir en muchas direcciones a la vez. Bueno, eso es lo que nosotros necesitamos en América Latina, no sólo buenos economistas que digan estas son las reformas que hay que hacer. Necesitamos que gentes decentes como el señor Cristiani, empresarios, profesionales, que decidan entrar en política para adecentar esa actividad fundamentalmente sucia, inmoral, corrompida que por desgracia ha sido entre nosotros la política.

Y en otro aspecto en que es fundamental el desarrollo, que es el cultural. La cultura, por desgracia, en América Latina, con algunas excepciones, es un privilegio de las minorías, y en algunos sitios de muy escasas minorías. América Latina tiene una gran creatividad, ha producido músicos, ha producido artistas, poetas, escritores, pensadores, pero la verdad es que en la mayoría de nuestros países la cultura es un monopolio de minorías insignificantes y está prácticamente fuera del alcance de la mayoría de la sociedad. Sobre esas bases no se puede construir una democracia genuina, instituciones que funcionen y no se pueden hacer reformas liberales que dejen los resultados productivos y creativos que deberían dar. En ese aspecto, por desgracia, hay una falta de conciencia terrible en América Latina. La cultura todavía es considerada por quienes piensan que ella existe, como un mundo, como un pasatiempo, como una forma elevada del ocio, y no como lo que es, una herramienta fundamental para que una mujer o para que un hombre tomen las decisiones acertadas en su vida familiar, en su vida personal, en su vida profesional y, sobre todo, las decisiones políticas acertadas a la hora de elegir.

La cultura defiende contra la demagogia, defiende contra la equivocación terrible de elegir mal en unas elecciones. En ese campo por desgracia no se hace casi nada y quizás debería decir con un sentido de autocrítica que no hacemos casi nada, inclusive nosotros. Estos institutos liberales tan útiles, tan idealistas y, sin embargo, la cultura es la menor de sus prioridades. Ése es un error, un gravísimo error. La cultura es fundamental, porque la cultura ayuda a crear esos consensos que han permitido por ejemplo los casos muchas veces ejemplares de España y de Chile.

El caso Chile

Yo quisiera hablar de Chile un momento por unas cosas que dijo Hernán Büchi, mi amigo, una persona inteligente, una persona que hizo como ministro en Chile unas reformas admirables y que funcionaron. El caso de Chile es un caso único en la historia de América Latina, y un caso único porque una dictadura militar como era la de Pinochet tuvo éxitos económicos. Permitió que unos economistas liberales hicieran unas reformas bien concebidas y que funcionaran. Me alegro mucho por Chile, que es un país que yo menciono siempre, pero es un ejemplo que nosotros tenemos que citar haciendo toda clase de advertencias y la primera y la fundamental es que para un liberal una dictadura no es nunca, en ningún caso, justificable. Esto es muy importante decirlo y repetirlo. Ahí hubo un accidente bienhechor: qué suerte para Chile. Pero hay muchos latinoamericanos que quieren convertir ese accidente en un modelo y todavía nos repiten que lo que nos hace falta para desarrollar es un Pinochet.

En buena parte la popularidad de Fujimori se debió a que muchos peruanos vieron en Fujimori el Pinochet peruano. No es verdad, hay accidentes en la historia, pero si hay en la historia latinoamericana una constante, es que las dictaduras no han sido jamás una solución para los problemas latinoamericanos, y todas ellas sin ninguna excepción, salvo Chile, han contribuido a agravar los problemas que decían venir a solucionar: la corrupción, el atraso, el debilitamiento, o colapso de las instituciones. Ellas han contribuido más que nada a crear ese cinismo político que es una de las características quizás más generalizadas en América Latina: la política es el arte de enriquecerse, es el arte de robar, esta es la definición de la política para una inmensa mayoría de latinoamericanos.

Y lo creen así porque ha sido esa la verdad, en buena parte de nuestra historia, por culpa de las dictaduras. Las dictaduras han hecho de la corrupción una forma natural de gobierno que ha creado respecto a la política ese sentimiento tan terriblemente cínico que impera en la gran mayoría de los países latinoamericanos.

Chile ha tenido éxito también por otra razón. Porque Chile en el siglo XIX tuvo una sociedad civil que creció, tuvo una sociedad civil donde las instituciones funcionaron. Hubo allí figuras admirables, intelectuales, juristas, maestros, un venezolano que importaron que cumplió un papel importantísimo en Chile que fue Andrés Bello. Chile tuvo siempre fama de país legalista, es una tradición que afortunadamente ha servido muchísimo a la hora de las reformas económicas y de la transición política. El resto de América Latina no ha tenido como Chile esta sociedad civil fuerte en el pasado que hizo que las instituciones funcionaran.

Creo que es muy importante que los liberales, que es lo que se supone que somos nosotros, coordinen sus acciones, intercambien información en este momento de la historia en que curiosamente el liberalismo es víctima de muchos malentendidos y ha pasado para muchas personas, algunas de muy buena fe, a representar el enemigo del progreso, de la justicia. Ha pasado a ser sinónimo del explotador, del codicioso, del indiferente o el cínico frente al espectáculo de la miseria, de la discriminación, algo que nosotros sabemos no solo es inexacto sino una monstruosa injusticia, con una doctrina, con una filosofía que está realmente detrás de todos los avances políticos, económicos, culturales que ha experimentado la humanidad. El liberalismo es una tradición que hay que defender no solo por homenaje a la verdad, sino porque vivimos un momento difícil de la Historia en la que ese progreso y esa civilización están amenazados.

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"Las drogas del miedo y la ilusión"

Michael Moore

Extensión: 2.064 palabras

Quizá el mayor éxito de la guerra contra el terrorismo haya sido su habilidad para distraer la atención del país entero de la contienda que las grandes empresas mantienen contra todos nosotros. Tras los ataques del once de septiembre de hace dos años, las grandes compañías de EE.UU. reaccionaron como un boxeador grogui, lanzando furibundos golpes a diestra y siniestra hasta dejar a millones de norteamericanos sin ahorros, sin pensiones y con pocas o ninguna esperanza de un futuro mejor para ellos y para sus familias. Los bandidos de las grandes finanzas y sus cómplices en el Gobierno han tratado de echarle la culpa de la ruina económica a la que ellos nos han llevado a los terroristas, a Clinton y hasta a nosotros mismos, la gente de la calle.
Pero, en realidad, la destrucción total de nuestro futuro económico se basa exclusivamente en la avaricia de los "muyahidines" de las sociedades anónimas.
La toma del poder ha tenido lugar delante de nuestras propias narices. Se nos ha obligado a tomar algunas poderosísimas drogas para que no demos problemas mientras esta banda de consejeros delegados sin ley nos asalta. Una de estas drogas es el miedo y la otra es conocida como Horatio Alger.
La droga del miedo funciona así: se nos dice repetidas veces que gente malvada y espeluznante va a matarnos y que debemos confiar absolutamente en los directores de las grandes empresas, que ya se encargarán de protegernos. Ellos saben lo que es mejor y no hay que ponerlos en cuestión nunca, aunque nos pidan que corramos con los gastos de un recorte fiscal que les beneficia a ellos, o si deciden cortar de un tajo los subsidios por enfermedad o subir el precio de la vivienda. Y si no cierras la boca, te conformas y trabajas como un mulo, te despiden. Trata entonces de encontrar un nuevo puesto de trabajo con esta situación económica, infeliz.
La otra droga es más dulce. Nos la recetan de niños en forma de cuento de hadas, ¡pero un cuento de hadas que puede hacerse realidad! Se trata del mito creado por Horatio Alger. Alger fue uno de los escritores norteamericanos más populares de finales del siglo XIX. Sus historias presentaban personajes de ambientes empobrecidos que, echándole agallas, determinación y trabajo duro, eran capaces de alcanzar grandes éxitos en esta tierra de oportunidades sin límite. El mensaje era que cualquiera podía triunfar en EE.UU. y triunfar a lo grande.
En este país somos adictos a este mito feliz de que se puede pasar de la pobreza a la riqueza. En otras democracias industrializadas la gente se siente satisfecha con ganar lo suficiente para pagar las facturas y mantener a sus familias. Son pocos los que tienen un deseo criminal por hacerse ricos. La mayoría vive con los pies en el suelo, donde son solo unos pocos, siempre otros, los que se hacen ricos, así que más vale irse acostumbrando.
Eso sí, los ricos en esos países tienen mucho cuidado de no tensar demasiado la cuerda y a los avaros hijos de puta, que también los hay, se les somete a algunas restricciones. En el sector industrial, por ejemplo, las mayores diferencias en Europa se dan en el Reino Unido, donde los consejeros delegados británicos ganan 24 veces más que el promedio de sus trabajadores. Los consejeros delegados alemanes y los suecos ganan, respectivamente, "sólo" 15 y 13 veces más que sus empleados. En cambio, aquí, en EE.UU., el consejero delegado promedio gana 411 veces el salario de sus trabajadores. Los europeos adinerados pagan hasta un 65% en impuestos y saben muy bien que no les conviene quejarse demasiado por ello o el pueblo les podría complicar las cosas aún más.

En EE.UU. tenemos miedo de ponerlos en su sitio. Odiamos mandar a nuestros altos ejecutivos a la cárcel cuando se saltan la ley. Siempre estamos dispuestos a rebajarles los impuestos, aunque los nuestros suban. No queremos hacer nada que quizá pueda perjudicarnos el día que acabemos por ser millonarios nosotros también. Esta idea resulta tan creíble porque la hemos visto hacerse realidad. En cada comunidad hay al menos una persona que va por ahí pavoneándose y recordándonos a todos que sí, que es posible pasar de la pobreza a la riqueza. El mensaje que se nos lanza no tiene nada de sutil: "¿Te das cuenta? ¡Yo lo conseguí! ¡Tú también puedes hacerlo!".
Fue este mito tan seductor el que llevó a millones de trabajadores a invertir en bolsa durante los noventa. Habían sido testigos de cómo los ricos habían ganado muchísimo dinero en los ochenta y pensaron, "hombre, esto también me podría pasar a mí".
La gente con dinero hizo todo lo que pudo por potenciar esta actitud. Hay que tener en cuenta que en los años ochenta sólo un 20% de estadounidenses poseía acciones. Wall Street era el juego que sólo los ricos podían permitirse y estaba muy por encima de las posibilidades del ciudadano medio.
Hacia finales de los años ochenta, sin embargo, los ricos parecían no tener bastante con los beneficios extraordinarios que habían conseguido hasta entonces y no acababan de encontrar la manera de que el mercado continuara creciendo.
No sé si fue la genial idea de un corredor de bolsa en una reunión creativa o la sigilosa conspiración de todos los ricachones juntos, pero el caso es que el juego dio comienzo. "¿Oye, y si convencemos a la clase media para que nos dé su dinero y nos hagamos aún más ricos?".
De repente era como si todo el mundo que yo conocía se hubiese subido al carro de la bolsa. Dejaban que sus sindicatos invirtieran todo el dinero de sus pensiones en acciones. Una y otra vez aparecían noticias en los medios de comunicación de gente trabajadora normal y corriente que se habían hecho prácticamente millonarios y podían permitirse dejar sus empleos. Era como una fiebre que estaba afectando a todo el mundo. Había currantes que corrían a canjear los cheques de las nóminas y llamaban a sus "brokers" para que comprasen más acciones. ¡Sus "brokers"!
Había subidas y bajadas, pero la mayoría eran subidas, muchas subidas. Y te podías oír a ti mismo diciendo, "mis acciones han subido un 120%" o "He triplicado todo mi capital". Uno aliviaba el dolor de la vida diaria imaginando la residencia que tendría algún día cuando dejara de trabajar, o el deportivo que se podría comprar mañana si quisiera vender hoy. ¡Pero no, no vendas! ¡Va a seguir subiendo! ¡Hay que aguantar el tirón! Y uno se frotaba las manos en anticipación de la buena vida que le esperaba.

Pero todo era una farsa, tío. Una treta tramada por los poderes empresariales, sea eso lo que quiera que sea, que nunca tuvieron ninguna intención de permitirte la entrada en su club. Tan sólo necesitaban tu dinero para poder así pasar al nivel siguiente, el nivel que les liberaba para siempre de la obligación de volver a tener que trabajar de verdad para ganarse la vida.
Sabían que el gran auge repentino de los noventa no podía durar, así que necesitaban tu dinero para inflar artificialmente el valor de sus compañías y que sus acciones alcanzasen un precio tan desorbitado que, a la hora de vender, pudieran retirarse de por vida, sin importar lo mal que la situación económica llegara a ponerse.
Y eso es lo que pasó. Al mismo tiempo que el "pringao" promedio estaba escuchando a todos los fanfarrones diciéndole en la cadena de televisión por cable CNBC que debería comprar aún más acciones, los absolutamente ricos se estaban saliendo tranquilamente del mercado, vendiendo en primer lugar las acciones de sus propias compañías. En septiembre del año 2002, la revista Fortune publicaba una lista asombrosa de estos chorizos empresariales que se habían dado a la fuga como vulgares bandidos mientras los precios de las acciones de sus compañías habían caído un 75% o más entre los años 1999 y 2002.
A la cabeza de la lista de estos malhechores estaba Quest Communications. En su momento máximo, las acciones de Quest se negociaban a casi 40 dólares (unos 35 euros aproximadamente) Tres años después las mismas acciones valían un dólar. Durante ese período, el director de Quest, Phil Anschutz, su antiguo consejero delegado Joe Nacchio y los otros cargos directivos se largaron con 2.260 millones de dólares, mediante el sencillo procedimiento de venderlo todo antes de que el precio tocara fondo.
Mientras tanto, el inversor medio, fiándose de los consejos nefastos que le daban, seguía aguantando. Y el mercado bajaba y bajaba y seguía bajando. Más de cuatro billones de dólares se perdieron en la bolsa. Otro billón de dólares en fondos de pensiones y en ayudas para ir a la universidad también se esfumó.
Y, ahora, ésta es mi pregunta: ¿cómo es posible que, después de desplumar al pueblo estadounidense y romper el sueño americano de la mayoría de los trabajadores, en lugar de arrastrarlos, descuartizarlos y colgarlos al amanecer a las puertas de la ciudad, el Congreso les haya premiado con un gesto de amor en forma de un respiro fiscal récord, y nadie diga nada? ¿Cómo es eso posible?

Creo que se debe a que todavía somos adictos a la droga del cuento de Horatio Alger. A pesar de todo el daño causado y de todas las pruebas en contra, el estadounidense medio todavía sigue queriéndose agarrar a la fantasía de que quizá, a lo mejor, él o ella (normalmente él) acabará algún día por triunfar a lo grande. Así que, por si acaso, dejemos en paz a los ricos; algún día el rico puedo ser yo.
Mira, tío, tienes que aceptar la realidad: Tú nunca te vas a hacer rico. La probabilidad de que eso suceda es aproximadamente de una en un millón. Y no sólo no te vas a hacer rico, sino que además vas a tener que vivir el resto de tu vida rompiéndote los cuernos para poder pagar la factura de la televisión por cable y las clases de arte y de música de tu hijo en la escuela pública, que antes eran gratis.
Y la situación va a empeorar. Olvídate de la pensión, de la seguridad social y de que tus hijos cuiden de ti en la vejez, porque apenas si van a contar con el dinero justo para cuidar de sí mismos.
Por si todavía hay alguien que crea que no todas las grandes empresas norteamericanas son tan malas, echemos un vistazo a lo que nuestros buenos magnates de la industria han estado haciendo recientemente.
Por ejemplo, ¿te has enterado de que tu compañía quizá te haya hecho un seguro de vida? Qué bien te tratan, ¿no? Vale, ahora verás lo bien que te tratan.
Durante los últimos 20 años, algunas compañías tales como Disney, Nestle, Proter & Gamble, Dow Chemical, JP Morgan Chase y Wal-Mat, han estado haciendo en secreto seguros de vida a los empleados que ocupaban un nivel medio o bajo en la jerarquía de la organización, pero con un detalle: ¡se nombraban a sí mismos (la compañía) como los beneficiarios! Lo que oyes. Cuando fallezcas, será la compañía, y no tu familia, los que se queden con el dinero. Si falleces cuando todavía estás trabajando, mejor, ya que la mayoría de las pólizas de seguro de vida están pensadas para pagar más cuando la persona muere joven. En caso de que vivas hasta una edad muy avanzada, incluso aunque haya pasado mucho tiempo desde que dejaste el puesto de trabajo, la compañía no dejaría de beneficiarse económicamente de tu muerte. Además, y a parte ya del momento en que estires la pata, la compañía puede solicitar un préstamo con la póliza como garantía y deducir el interés de sus impuestos.
Muchas de estas compañías han establecido un sistema para que el dinero así obtenido se utilice para costear las primas extras de los ejecutivos, sus coches, sus casas o sus viajes al Caribe. Imagínate a tu jefe sentado en su jacuzzi allá en la isla de San Bartolomé, ¿crees que se va a poner muy triste cuando se entere de que te has muerto?
¿Sabes como se refieren privadamente las grandes compañías de EE.UU. a esta modalidad especial de seguros de vida?
Seguro de los Palurdos Muertos.
Como suena. "Palurdos Muertos". Eso es lo que somos para ellos: palurdos. Y a veces les somos más valiosos muertos que vivos.

Extracto de "Dude, where is my country?" (Amigo, ¿dónde está mi país?) de Michael Moore (www.zmag.org/Spanish/1203moore.htm)

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"1492: La primera invasión de los globalizadores"

Entrevista a Noam Chomsky realizada por Heinz Dieterich

Las celebraciones oficiales del descubrimiento de América, hablan del encuentro de dos mundos, ¿es ésta una manera correcta de referirse a la efeméride?
Sin duda hubo un encuentro de dos mundos; pero la frase descubrimiento de América es obviamente errónea. Lo que descubrieron fue una América descubierta miles de años antes por sus habitantes. Se trató, entonces, de la invasión de América; la invasión de una cultura muy ajena.

¿Y cuando los pueblos indígenas hablan de la conquista o de la invasión, están en lo correcto?
Éste sería obviamente el caso. Se puede descubrir un área inhabitada mas no un lugar donde ya viven personas. Si yo hago un viaje a México no puedo escribir un artículo que se llame El descubrimiento de México.

El 12 de octubre de 1492, ¿es una fecha que debería o podría celebrarse, como dicen algunos?
Creo que se le debería prestar atención; se trata de una fecha extremadamente importante en la historia moderna. Hay pocos sucesos en la historia moderna que hayan tenido tan formidables implicaciones; tan sólo en términos estadísticos, que no suelen decir mucho acerca de la realidad, un siglo y medio después de la conquista habían desaparecido casi cien millones de seres humanos.
Esto es desproporcionado. Es difícil pensar en acontecimientos comparables en la historia de la humanidad. Por supuesto, los efectos de la conquista cambiaron de una manera realmente dramática el hemisferio occidental y, en consecuencia, a la civilización occidental. De ahí que, sin lugar a dudas, sea un punto de viraje muy importante en la historia mundial. Sin embargo, celebrar es una palabra extraña; yo no creo que celebremos la toma del poder por Hitler, por ejemplo, si bien y con toda seguridad le prestamos atención.

Cuando Colón llegó al hemisferio occidental, llamó a los habitantes indios, porque pensó que estaba en las Indias. A quinientos años de haberse aclarado ese error geográfico se sigue llamando indios a estas personas, ¿por qué?
Esto refleja el desprecio general por los pueblos indígenas: si realmente no tenían ningún derecho de estar donde se encontraban, tampoco tendría mayor importancia cómo se les llamase. Los conquistadores podrían haber llamado a los animales que encontraron aquí con nombres igualmente erróneos y a nadie le hubiera molestado demasiado.
La situación fue diferente en las distintas partes del hemisferio; pero, por ejemplo, en las partes donde se asentaron los colonos ingleses o que hoy son de habla inglesa, se impuso de hecho la ley no escrita vigente en Inglaterra, según la cual los habitantes de estas tierras no tenían derecho a ellas porque se trataba de cazadores-recolectores y no de pueblos sedentarios. Esto era completamente falso. Y así hubo muchas falsificaciones de los hechos para que éstos fueran compatibles con la ley.
Hasta los años setenta, por ejemplo, distinguidos antropólogos nos informaban de que debíamos rechazar la información arqueológica y documental que demostraba muy claramente que se trataba de pueblos sedentarios y, dentro de los estándares de aquéllos, de civilizaciones relativamente avanzadas. Por el contrario, debíamos pretender que eran cazadores-recolectores y que, por ende, se trataba de muy pocas personas: quizá un millón al norte del Río Grande, en lugar de los diez millones o más, que eran en realidad.
Y si nos preguntamos por qué durante siglos se hicieron estas falsificaciones, la respuesta es, básicamente, que se trataba de asentar el principio de que la gente que vivía aquí no tenía ningún derecho sobre la tierra, dado que simplemente la atravesaba cazando, etcétera, y que, por ello, no había ningún problema moral o legal en quitarles su tierra y usarla para los europeos. Yo creo que éstos son los fenómenos de trasfondo que resultan de la naturaleza de lo que estaba ocurriendo. En cuanto a los pueblos involucrados: si no tenían derecho a la tierra, no importaba quiénes eran, si venían de la India o de algún otro lugar.
Como resultado de los acontecimientos de los años 1960's, ha habido una especie de cambio cultural real en los últimos veinte años. Mucho de lo que sucedió en los sesenta fue extremadamente sano y significativo; como parte de esto se hizo posible, por primera vez, enfrentarse a la pregunta acerca de lo que había pasado y de lo que se le había hecho a la población indígena, a la población de americanos nativos. Esto produjo alguna concientización del significado racista de nuestra disposición para continuar con el uso de términos tales como 'indios', como si no tuviera ninguna importancia quiénes fueran.

¿Cuál sería la actitud correcta de la gente y de los movimientos de solidaridad frente a los cinco siglos de 1492?
Sobre todo, enfrentarse honestamente a los hechos y tener una clara conciencia de ellos; emplear la ocasión para que se conozcan los hechos sobre la invasión europea en el hemisferio occidental; las consecuencias de lo que ocurrió; las circunstancias de los pueblos indígenas; la forma en que han sido tratados desde entonces, todas esas matanzas y la opresión de los pueblos indígenas que comenzaron en 1492 y siguen hoy en día.
Lo único que hay que hacer es ver lo que sucede en Guatemala o en las reservaciones del oeste de Estados Unidos o de uno a otro extremo del hemisferio, para darse cuenta de que la persecución y la represión continúan debajo de nuestras narices, frecuentemente en una forma brutal.

A partir de 1492, los pueblos latinoamericanos fueron integrados de manera dependiente al sistema mundial occidental; desde entonces, ¿han logrado recuperar su autonomía?
No. La relación entre los invasores y la población indígena fue diferente en las diversas partes de América. En ciertas áreas la población indígena fue integrada de alguna manera y en otras fue simplemente eliminada o desplazada y puesta en reservaciones. Entonces, las relaciones varían, pero el resultado final de todo esto es que la mayor parte del hemisferio se encuentra todavía subyugada. Por razones que tienen que ver con la historia mundial, las zonas de habla inglesa se volvieron potencias mundialmente dominantes, particularmente Estados Unidos, que es la primera potencia realmente global en la historia, y a la América Latina se la ha subordinado al poder imperial occidental y a su violencia. Y esto continúa: en la crisis del endeudamiento externo; en las amenazas de intervención; en las formas altamente distorsionadas de desarrollo; en el retraso social, frecuentemente extremo, de muchas áreas que tienen una gran riqueza cultural. Todos éstos son fenómenos que se han desarrollado en el transcurso de las interacciones de la historia mundial y han llevado, por varias razones, a una situación altamente dependiente y subordinada de opresión, a la mayor parte del continente.

¿Quiere esto decir que el 12 de Octubre tiene un significado anticolonialista para la gente crítica y honesta?
Esta fecha debería llevarnos también, y quizá nos lleve, a considerar la fórmula contemporánea de dominación en la esfera internacional. No reviste por completo la forma del colonialismo tradicional pero presenta otros aspectos que deberían ser inaceptables para cualquier persona honesta, y a menudo trae consecuencias nefastas. Sería suficiente con mirar los acontecimientos en Centroamérica durante la década de 1980 para ver cuán graves pueden ser estos efectos.

Muchos apologistas de las celebraciones del 12 de Octubre de 1492 dicen que los españoles trajeron consigo la civilización, es decir, básicamente, "el maravilloso idioma de Cervantes", e insinúan que debido a esta incomparable lengua todo tuvo su valor, a pesar de algunas atrocidades cometidas.
No conozco suficientemente bien el periodo nazi como para saber si alguien dijo que los alemanes llevaron el maravilloso idioma de Goethe a los ghetos de Varsovia, pero, si fuera así, sería una afirmación comparable. Una afirmación también similar a la que han hecho personas que dicen que aunque vinieron penas con la llegada del cristianismo, con la fe cristiana se compensan. Puedo hacer la misma analogía: los alemanes llevaron la fe cristiana a los ghetos de Varsovia.

En el año que se celebró el V Siglo del "Descubrimiento", en la Ciudad de Puerto Real, España, se estaba construyendo un monumento a las víctimas de la invasión europea de 1492, una acción tan inocente...
No tiene nada de inocente. Todo lo que genere conciencia y comprensión entre los pobres del mundo no es inocente.

¿Es peligroso?
Muy peligroso. Se sobreentiende.

Así que somos una especie peligrosa.
Totalmente. Por eso mandaron a los profetas al desierto hace miles de años.

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"Vuestra civilización es vuestra enfermedad; mi barbarie es mi restablecimiento". Gauguin a Strindberg




El petróleo y la hegemonía del dólar

Luis Aguilar



Lo que en verdad se trata de dirimir, en la confrontación entre Estados Unidos e Irán, es la supremacía del dólar cómo la moneda exclusiva para compra y venta del petróleo; y la libre capacidad del gobierno estadounidense de imprimir dólares sin control alguno

Los reyes y los Césares fueron unos de los primeros en descubrir como "inflar" su moneda: reduciendo la cantidad de oro en las monedas que acuñaban —de esta manera tenían más oro y podían fabricar más monedas para adquirir más bienes—. Pero tarde o temprano la gente siempre se daba cuenta, y la avaricia por tener más monedas crecía. Esto obligaba a los gobernantes a buscar más oro, conquistando otros lugares y robando el metal precioso. Los sudamericanos sabemos muy bien esa historia, ocurrida durante el saqueo del oro y la plata durante la conquista del Imperio Español durante casi tres siglos. Esta acumulación del oro permitía que, dentro de los imperios, mucha gente viviera con mucho más de lo que producía, y era evidente que conquistar y robar era más fácil que producir. Además, las conquistas le permitían a los imperios tener esclavos (mano de obra sin tener que pagar un salario), e imponer impuestos a la gente que vivía en sus territorios conquistados —una de las causas de la rebelión de los terratenientes y colonos en Norteamérica contra el Imperio Británico—. Sin embargo, el método de conquistar y robar para vivir bien sin tener mucho que producir, hacía que la gente en los imperios vivieran una vida muy fácil y, poco a poco, se convertían en generaciones poco productivas. Entonces, cuando las riquezas se agotaban en los territorios conquistados y los costos de las guerras imperiales drenaban los cofres de las monarquías, el fin del imperio estaba en el horizonte. Sin embargo, en aquellos días, quienes podían retener los cofres de oro, podían vivir bien y hacer la transición hacia el próximo imperio. Eso era cuando el oro era usado como un respaldo monetario y era bueno cuando los gobernantes protegían el comercio honesto, lo que implicaba un crecimiento de la riqueza real. Hoy eso ya es historia porque el metal precioso ha dejado de ser, hace mucho tiempo, la reserva del papel moneda que usted lleva en su bolsillo. Hoy en día, el respaldo a esa moneda que llamamos dólar es el petróleo. El sistema, sin embargo, sigue adoleciendo de los mismos defectos e irónicamente está haciendo tambalear al imperio dominante. La mayoría de la clase gobernante y los grandes medios de comunicación prefieren no decirlo, pero otros dentro de la propia elite están seriamente preocupados.

El origen del "petrodólar"

Uno de los miembros de la elite que ha decidido hablar sin temor es el congresista Dr. Ron Paul, un Republicano de Texas y el único economista de la escuela austriaca del libre mercado en el Congreso de EE.UU. Ante el pleno de la Cámara, el pasado miércoles 15 de febrero del 2006, él ofreció un discurso titulado El Fin de la hegemonía del dólar. En su alocución (1), Paul explica cómo el acuerdo de Bretton Woods (en 1944, tras el fin de la II Guerra Mundial) estableció al dólar como la moneda mundial de reserva, al mismo tiempo que se transfería grandes cantidades de la reserva de oro de EE.UU. al exterior, lo que dio como resultado que el gobierno de Richard Nixon incumpliera con la entrega de las reservas en 1971, acabando por siempre la promesa de pagar en oro a los portadores de dólares estadounidenses que lo solicitaban. En este punto, el Dr. Paul explica: "Percatándose de que el mundo se embarcaba en algo nuevo y abrumador (a principios de los 70'), la elite que manejaba el dinero, con el especial y fuerte apoyo de las autoridades de Estados Unidos, hizo un trato con la OPEC para valorar el petróleo en dólares de Estados Unidos exclusivamente, para todas las transacciones mundiales. Esto le dio al dólar un lugar especial entre las monedas circulantes del mundo y, en esencia, el dólar era "respaldado" con el petróleo. A cambio, EE.UU. prometió proteger a las diversas monarquías ricas en petróleo en el Golfo Pérsico, contra la amenaza de una invasión o insurrecciones internas. Este acuerdo ayudó a encender el movimiento islámico radical, que resintieron nuestra influencia en la región. El acuerdo le dio al dólar una fuerza artificial, con beneficios financieros tremendos para los Estados Unidos. Nos permitió exportar nuestra inflación monetaria comprando petróleo y otros bienes a precios rebajados, en tanto la influencia del dólar florecía". "Este sistema, posterior al acuerdo Bretton Woods, fue mucho más frágil que el sistema que existió entre 1945 y 1971. Aunque el acuerdo dólar/petróleo fue de ayuda, no era estable como lo fue el estándar del pseudo-oro bajo Bretton Woods. Ciertamente fue menos estable que el estándar del oro real a finales del Siglo 19". En este contexto, ha sido evidente que, en las últimas cinco décadas, la mayor preocupación de la elite petrolera al interior de Estados Unidos fue, y es, el control de los recursos petrolíferos. En este sentido, el Dr. Paul indica: "Hemos esparcido nuestras tropas a través de 130 naciones en el mundo. Nuestro gran esfuerzo de propagar nuestro poder en el Oriente Medio, rico en petróleo, no es una coincidencia. Pero a diferencia de los tiempos pasados, no asumimos una propiedad directa de los recursos naturales —ahora sólo insistimos que podemos comprar lo que queremos y pagar por eso con nuestro papel moneda. Cualquier país que ponga en duda nuestra autoridad —en tal sentido— corre un gran riesgo". Un nuevo reto a esta autoridad, sin embargo, ha vuelto a aparecer en el panorama.

El reto de Irán

¿Cual es la base de la enemistad de Estados Unidos contra Irak, Irán y Siria? ¿Es porque ellos podrían darle Armas de Destrucción Masiva a los terroristas, porque son enemigos del estado de Israel, o porque viven sobre "nuestro petróleo"? o ¿son simplemente sujetos de un proyecto de ingeniería social norteamericano para "liberar al mundo"? Diversos analistas han concluido que el verdadero crimen de Saddam Hussein fue convertir sus ventas de petróleo en Euros, en el otoño del año 2000, diciendo que con su cambio retaría la preeminencia del dólar estadounidense en el mundo. Hoy en día, al parecer, los iraníes intentan hacer el mismo reto. Desde hace varias semanas —en particular, desde la aparición de dos reportes de un grupo de académicos europeos (LEAP/E2020) advirtiendo el inicio de una crisis política y económica global a fines de marzo— hay un intenso debate sobre los planes de Irán para abrir su propia bolsa mercantil de petróleo —el tercero en el mundo después de los de Londres y Nueva York. Y lo que quizá no es coincidencia, se habla también de un inminente ataque militar estadounidense o israelí contra Irán —al margen de los embates diplomáticos encabezados por las Naciones Unidas, a instancias de Washington, sobre el programa nuclear iraní. Que Irán abra una nueva Bolsa de Petróleo no sería mayor inconveniente para los Estados Unidos sí las transacciones del oro negro se continuaran haciendo en dólares. Irán, sin embargo, tiene programado intercambiar sus petrodólares en una bolsa mercantil basada en Euros. El efecto sobre el valor del dólar será significativo, si no, a largo plazo, desastroso. Podría causar que diferentes gobiernos del mundo remuevan una cierta cantidad de sus activos en dólares con el fin de poder ahorrar en Euros, en los casos de grandes transacciones, y esto podría amenazar la hegemonía del dólar estadounidense —el cual, claro está, es simplemente una simple hoja de papel respaldada por una política de poder desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Si el mundo abandonara el dólar estadounidense como la moneda circulante de la reserva, todos esos dólares regresarían flotando a su país de origen, causando una masiva inflación.

La "manzana podrida"

Entre los expertos hay una desacuerdo en lo que se refiere a que si los movimientos financieros de Irán serán lo suficiente fuertes como para desestabilizar la supremacía del dólar. Por ejemplo, un regular colaborador de Antiwar.com (AWC) y subsecretario del Ministerio de Hacienda bajo la presidencia de Ronald Reagan, Paul Craig Roberts, le escribió al director de AWC, Eric Garris, que eso era improbable.
Sin embargo hizo notar que: "Los Estados Unidos está abusando de la función del dólar como una moneda de reserva. Cuando una (moneda) alternativa aparezca, es posible que el dólar pierda su función de moneda circulante de reserva. Irán, sin embargo, no puede causar esa transición".

Quizá entonces, la pregunta real no es si Irán puede causar la transición, sino sí los políticos estadounidenses dejarán que uno de los principales países productores de petróleo establezca un "mal ejemplo" ante los demás, y que la "manzana podrida" infecte a las otras que están en el mismo canasto.
E Irán al menos ya infectó a una manzana. El gobierno de Siria ya anunció que, desde el lunes 20 de marzo, empezará a usar Euros para todas sus transacciones internacionales —el mismo día que está supuesto a comenzar la bolsa de petróleo iraní. La opción para evitar que más manzanas se infecten, como el caso de Irak y decenas de otros ejemplos más a lo largo de los últimos 50 años, es el uso de la fuerza bruta.
En este sentido, nos gustaría agregar otro reciente ejemplo, además de Irak. Después de describir el posible rol que desempeñó el cambio de Saddam por el Euro a finales del 2000, en la decisión de "cambiar el régimen", en su discurso ante el Congreso, el Dr. Paul nos recuerda: "En el 2001, el embajador de Venezuela en Rusia habló de que el gobierno de su país se cambiaría al Euro para todas sus ventas de petróleo. Al año siguiente hubo un breve golpe de estado contra (Hugo) Chávez, supuestamente con la asistencia de la CIA. Después que los intentos de darle un empujón al Euro para reemplazar al dólar como una moneda de reserva mundial, tuvieron una enconada resistencia, la caída vertiginosa del dólar frente al Euro (casi 1.30 por 1 dólar en su mejor momento) se revertió. Estos acontecimientos pueden haber jugado un rol significativo en mantener la dominación del dólar". "Y fue muy claro que el gobierno de Estados Unidos tuvo simpatías con quienes tramaron el derrocamiento de Chávez, y se avergonzaron por su fracaso. El hecho de que Chávez fue democráticamente elegido tuvo poca influencia en la decisión de elegir el lado que apoyamos", dijo Paul. De modo que el verdadero "terror" en la "guerra contra el terror" del gobierno de Bush, es el fin del petróleo barato y de la hegemonía del dólar como moneda de reserva del petróleo. Es por eso que los petroleros en los altos puestos del gobierno de Bush necesitan que los norteamericanos respalden sus aventuras imperiales. Es por eso que Bush nunca dejará Irak y tiene el propósito de convertirlo en su base de operaciones para controlar las reservas de petróleo en el Medio Este y Asia Central, y así poder seguir teniendo el medio por el cual respaldar el valor ficticio del dólar —e imprimirlo sin control— razón por la cual, según los expertos, la Reserva Federal dejará de publicar desde el 23 de marzo el indicador M3, que dice cuantos dólares están circulando en el mundo. En la visión del gobierno de Bush es la mejor estrategia para contener el ascenso político y económico de China e India, en un intento de asegurar un "Nuevo Siglo Americano" de ganancias y privilegios sin retos.

Guerra con plata ajena

El verdadero problema, sin embargo, es que como lo escribe Craig Roberts, "hoy en día, nuestra capacidad de hacer la guerra depende de que el resto de mundo nos lo financie". De acuerdo al Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, la aventura militar en Irak ya le ha costado a los Estados Unidos $2 trillones de dólares, mientras que la deuda del país ha alcanzado la colosal cifra de $8 trillones (miles de miles de millones), y el déficit comercial asciende a más de 600 billones de dólares. Y el asunto de financiar la guerra con préstamos es tan serio que, como lo notó recientemente Warren Buffet, el segundo hombre más rico del mundo, "el resto del mundo posee $3 trillones más de lo que nosotros les debemos. En mi opinión, esto creará una conmoción política muy pronto". [Y este hombre quizá teme algo muy serio, pues según la revista Forbes, el propio Warren Buffet "ha invertido en el último año cerca de $21 billones de dólares de su fortuna en otras divisas, apostando de esa forma en otras monedas" (ver Forbes 10-03-2006 www.forbes.com). O Warren, está bien informado, o no sabe nada de negocios.] Sin embargo, a pesar del peligro financiero, "el Congreso ha comprado otra vez la propaganda de guerra", esta vez contra Irán, "tal como hizo en contra de Irak. Las discusiones de ahora son cómo atacar Irán económicamente, y militarmente si es necesario. Todas estas discusiones están basadas en las mismas razones falsas que se dieron para la aciaga y costosa ocupación de Irak", dijo el Dr. Paul en su discurso. Y el común de los norteamericanos, al parecer, también se ha creído la propaganda oficial. Ocho de cada diez de ellos, según la agencia UPI, creen que Irán es una amenaza nuclear para los Estados Unidos. Aparentemente, la única cosa que estorba para lanzar una guerra con Irán está en el hecho de que, de acuerdo a los análisis y advertencias dadas, sería destructiva no solo para la economía de EE.UU. sino también para el resto del mundo. Esto trae a colación la pregunta obligada: ¿Cual será la respuesta del Partido de la Guerra? Quizás el ajedrez nos de una pista.

El "Gambito Khuzestan"

Para detener la bolsa de Irán, Bush no necesita invadir todo Irán con su poderío militar, le basta con ocupar solo una parte del territorio iraní. Bajo el pretexto de desarmar el programa nuclear de Irán, EE.UU. bombardeará las principales instalaciones militares y los almacenes de armas, asegurará el control del Estrecho de Ormuz (desde donde sale el petróleo para Europa y Asia), y cortará el abastecimiento de petróleo al ejército iraní ocupando la provincia de Khuzestan, un territorio que limita con Irak y que contiene el 90% de la prodigiosa riqueza petrolera iraní.
En octubre de 1999, Irán anunció que había hecho uno de los más grandes descubrimientos en 30 años, un gigante campo petrolífero en Azadegan, localizado al suroeste de la provincia de Khuzestan, a algunas millas del límite con Irak, conteniendo reservas probadas de petróleo de 26 billones de barriles. De acuerdo a Oil and Gas Journal (1/1/04), a principios del 2004 Irán tenía una reserva probada de 125.8 billones de barriles, alrededor del 10% de las reservas mundiales, 90 billones de barriles más de los que tenía en el 2003. Pero en Julio del mismo año, el ministro iraní de petróleo estableció que las reservas probadas de su país se habían incrementado nuevamente, esta vez a 132 billones de barriles, tras nuevos descubrimientos en los campos de Kushk y Hosseineih, en la provincia de Khuzestan. Un tesoro petrolero codiciado por cualquier país. Si este plan militar —descrito en www.globalsecurity.org— logra llevarse a cabo, Estados Unidos tendría el control masivo de los campos de petróleo en Irak e Irán, y forzaría a países dependientes del petróleo, como la China, Japón e India, a continuar comprando petróleo en dólares, asegurando que el sistema de cambiar dólares sin valor por bienes y mercancía valorables, además de trabajo y recursos, continúe. La gran pregunta es si el mundo le seguirá prestando dinero al gobierno de Estados Unidos, para seguir haciendo un planeta más inestable a causa de las guerras por los recursos naturales.

(1) www.antiwar.com/blog/comments.php?id=P2651_0_1_0



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martes, diciembre 21, 2004

Periodismo

"Cuando la Historia duerme, habla en sueños: en la frente del pueblo dormido el poema es una constelación de sangre. Cuando la Historia despierta, la imagen se hace acto, acontece el poema: la poesía entra en acción.
Merece lo que sueñas". Octavio Paz



"China, megapotencia"

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique

“El día que China despierte…” se decía hasta hace poco, dejando planear la idea de una amenaza gigantesca sobre el planeta. Ahora sabemos que ese inmenso país ya está despierto. Y se trata de preguntarse sobre las consecuencias que puede tener su impresionante resurgimiento sobre la marcha del mundo.
China, coloso demográfico con sus 1.300 millones de habitantes, inició su gran reforma económica sólo después de la muerte de Mao Tse Tung en 1976, y sobre todo a partir de 1978, cuando Deng Xiaoping asumió el poder. Su modelo de desarrollo, basado en la abundancia de una mano de obra mal pagada, la masiva recepción de fábricas de ensamblaje, la exportación de productos baratos y la afluencia de inversiones extranjeras, fue considerado durante mucho tiempo "bastante primitivo", propio de un país atrasado y gobernado con mano de hierro por un partido único, dado que hasta el necesario control de su demografía se realiza de manera autoritaria.
Sin embargo, China, siempre comunista, no sólo dejó de dar miedo, sino que en la euforia de la globalización incipiente fue presentada por cientos de empresas que instalaban allí sus fábricas, tras haber despedido a millones de trabajadores, como una verdadera ganga para inversores avispados. En poco tiempo, gracias a la red de "zonas económicas especiales" instaladas a lo largo de su frente marítimo, se convertía en una gran potencia exportadora, que encabezaba la lista de los países exportadores mundiales de productos textiles, indumentaria, calzado, productos electrónicos y juguetes. Sus productos invadían el mundo. Especialmente el mercado de Estados Unidos, respecto del cual presentaba un desequilibrio gigantesco: ¡en 2003, el déficit comercial estadounidense ante Pekín alcanzó los 130.000 millones de dólares! (1).
La furia exportadora desataría un despegue espectacular del crecimiento, que desde hace dos décadas supera el 9% anual (2). Este "comunismo democrático de mercado" significó para millones de hogares un incremento en el poder adquisitivo y el nivel de vida (3). Además, favoreció el ascenso de un auténtico capitalismo chino. Siguiendo el mismo impulso, el Estado se lanzó a modernizar el país a marchas forzadas, multiplicando la construcción de infraestructuras: puertos, aeropuertos, autopistas, vías ferroviarias, puentes, embalses, rascacielos, estadios para los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, instalaciones para la Exposición universal de Shanghai en 2010, etc.
Esta masa demencial de obras y la nueva fiebre consumista de los chinos agregaron a la economía una nueva dimensión: en muy poco tiempo, China, que infundía miedo como potencia exportadora invasora, se ha convertido en un país importador cuya voracidad insaciable inquieta seriamente. El año pasado fue la primera importadora mundial de cemento (importó el 55% de la producción mundial), carbón (el 40%), acero (el 25%), níquel (el 25%) y aluminio (el 14%). Es el segundo importador mundial de petróleo, después de Estados Unidos. Estas importaciones masivas dieron lugar a una explosión de los precios en los mercados mundiales, especialmente los del petróleo.
China, admitida en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001, es en la actualidad una de las economías más grandes del mundo, exactamente la sexta (4). Mueve el crecimiento planetario y toda convulsión en ella tiene un impacto inmediato sobre el conjunto de la economía mundial. "A pesar de la rapidez de nuestro crecimiento –evalúa el primer ministro Wen Jiabao– China sigue siendo un país en vías de desarrollo, y necesitaríamos otros 50 años de crecimiento al ritmo actual para llegar a ser un país medianamente desarrollado" (5).
Pero si China sigue con este ritmo, a partir de 2041 va a superar a Estados Unidos para convertirse en la primera potencia económica del mundo (6), lo que tendrá consecuencias geopolíticas fundamentales. Esto significa que desde 2030 su consumo de energía equivaldrá a la suma del consumo actual en Estados Unidos y Japón, y que al no disponer de petróleo suficiente como para satisfacer una necesidad tan monstruosa, de aquí a 2020 se verá obligada a duplicar su capacidad nuclear y a construir dos centrales atómicas anuales durante 16 años…
Aun así, y aunque ratificó el protocolo de Kyoto en 2002, China, que ya es el segundo país contaminante del planeta, va a llegar a ser el primero, porque emite colosales masas de gases con efecto invernadero que agravan el cambio climático en curso.
En este sentido, China constituye un caso de manual y anticipo de la cuestión que se planteará a propósito de la India, Brasil, Rusia o Sudáfrica: ¿cómo arrancar a miles de millones de personas de la angustia del subdesarrollo sin sumirlas en un modelo productivista y de consumo "a la occidental", nefasto para el planeta y para el conjunto de la humanidad?

NOTAS:
(1) Véase "Quand la Chine éternuera…", Cyclope. Les marchés mondiaux 2004, bajo la dirección de Philipe Chalmin, Economica, Paris, 2004.
(2) 9,7% en el primer semestre de 2004.
(3) El PIB por habitante alcanzó 4.690 dólares en 2003.
(4) Se sitúa entre el Reino Unido e Italia, después de los Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia, y debería integrar el G8, el grupo de países más industrializados, que incluye además de los mencionados a Rusia y Canadá.
(5) El País, Madrid, 6-6-2004.
(6) De acuerdo con la experta Maryam Khelili, para esa fecha la lista de seis países más prósperos del mundo será la siguiente: China, Estados Unidos, India, Japón, Brasil y Rusia.

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domingo, febrero 01, 2004

"... y no hizo diferencia entre Jesús y los Ladrones, por la simple razón de que todo esto son cosas de la tierra, que van a quedar en la tierra, y de ellas se hace la única historia posible".José Saramago

Independencia y malinchismo

Revista Proceso*

Extensión: 664 palabras

Cuenta la leyenda que, durante la conquista de México por Hernán Cortez, éste se hizo de la ayuda de la india Malintzin -la Malinche o doña Marina- para que le